“SUEÑO DEL FEVRE”, de G.R.R. MARTIN. Regreso al Mississippi más sangriento

Cuando regresas al Mississippi sangriento de Sueño del Fevre treinta años después de su lectura (propuesta del Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga para octubre), lo haces con sentimientos enfrentados: a la ilusión de un recuerdo gratificante se une el recelo, la desconfianza que genera un autor cuyos últimos pasos y obras, siendo magníficas e imaginativas, lo han llevado por derroteros comerciales que, en mi opinión -la de muchos-, no demuestran sino desprecio por unos lectores que, en otras circunstancias, continuarían rendidos a su talento.

Pero, tranquilos, no es un problema. Tras las primeras páginas la ilusión regresa y compruebas que mantienen la frescura del George R.R. Martin de los inicios, previo a su paso por televisión, en guiones de series míticas como En los límites de la realidad o la producción de telefilmes, donde domina la técnica del folletín televisivo que tan bien ha utilizado después.  Conforme avanzas en la lectura, piensas que navegas de nuevo por ese río de aguas turbias preñadas de barro, que tan a conciencia describe; sientes el poder, la magia de aquellos vapores de lujo, enormes hoteles flotantes que, en 1857, antes de la guerra de secesión norteamericana, transitaban con orgullo la ruta comercial del gran «padre de las aguas», el Meschacebé de los amerindios que tan bien nos contó Mark Twain; Martin no le anda a la zaga.  Sobre todo, disfrutas sus personajes, tan bien construidos como todos los que diseña el autor; humanos, hasta cuando no lo son; tan cercanos que te invaden y se meten dentro; repletos de vicios y defectos, pecados entre los que el asesinato, tal vez, no sea el peor, cuando está justificado; también virtudes, entre las que destaca la lealtad, la amistad, el deber para con los suyos o los amigos.

Especial es el capitán Abner Marsh, un hombre del río, malcarado, malhablado, impulsivo, corpulento (un posible trasunto del propio Martin, barba enorme y apetito voraz incluidos), pero honrado y generoso; puede que no sea el más inteligente o rápido en sus decisiones, mas ni por asomo es torpe u obtuso y, cuando medita y toma una decisión la mantiene hasta sus últimas consecuencias, aunque en ello le vaya la vida; más si es por su socio, un amigo.

Joshua York es un vampiro; extraño, albino, atípico, muy poco al uso, pero vampiro.  Abner Marsh no lo sabe, al menos de inicio; nosotros sí, que para eso hemos leído mucho al respecto. Y es su socio. Desconcertante, afable, de buenos modales y extrañas costumbres, elegante, con dinero, poderoso pero noble y con un proyecto secreto entre manos («si no me presiona no tendré que mentirle…») que les llevará a compartir el Misisipi entre San Luis y Nueva Orleans, socios en un vapor con alma de mujer que es el más grande y rápido, el más bello y lujoso de cuantos surcan sus aguas: el Sueño del Fevre.  Entre ambos va surgiendo -y somos testigos de ella- una relación diferente, un trasvase mutuo de sensaciones, respeto y dudas, sentimientos compartidos que conducen a la amistad.  Una amistad puesta a prueba tras los secretos, el comportamiento extraño de York y sus amigos, que aman la noche y rehuyen el sol.  Prueba que, sin embargo, llevará a Marsh a descubrir el engaño y exigir la verdad, en un precioso capítulo que emociona por su sensibilidad, al son de versos de Lord Byron en «Las Tinieblas». Y con la verdad llegará la catarsis, la confianza.

«Tuve un sueño que, sin embargo, no era un sueño.

Habíase el sol extinguido, las estrellas cruzaban a oscuras el espacio sin fin, faltas de luz y sin guía.  La tierra, álgida y ciega recorría los cielos sin luna;

(…) el precio del sustento era derramar sangre, y todos se ocultaban, hoscos, a saciar su desazón sin rastro de amor.

Es entonces cuando conocemos su historia y la de su pueblo, el pueblo de la noche, y sabemos de la sed roja, de amos de sangre y la maldad que anida en ciertas criaturas nocturnas que consideran a los humanos seres inferiores, a los que trata y llama ganado, del que se alimenta.  Conoceremos, también, los verdaderos planes de Joshua York para el Sueño del Fevre, un proyecto muy especial, al que Abner Marsh (“esta vaca“) decide unirse.

Damon Julian es una de esas criaturas de la noche, su amo de sangre.  Despiadado y cruel, poderoso, sangriento, que fomenta y comparte impasible el natural sacrificio del ganado humano más bello, que ofrece a su grupo en comunión sangrienta (tomad y comed su cuerpo, tomad y bebed su sangre…), en un ritual compartido, una inmolación atávica que sirve de nexo de unión a la comunidad y es símbolo efectivo de su dominio sobre ella.

 «Lo que me ennoblece, lo que me convierte en amo, no es la sangre. Es la vida.  Bebe sus vidas y tus días serán más numerosos.  Come su carne y la tuya se hará más fuerte.  Devora su belleza y te embellecerá». 

No hay maldad implícita en ese acto sangriento, más allá de la necesidad innata de saciar la sed roja que domina al pueblo de la noche.  Sí crueldad, desprecio ante el ser humano que considera inferior.  Es significativa -uno de los aciertos de Martin en esta novela- la defensa que hace Julian de sus actos ante el contrario, en el encuentro previo al enfrentamiento, cuando utiliza -en una sociedad aún esclavista- el símil del hombre blanco superior al negro, que desprecia, mientras sacrifica a sus ojos y les ofrece compartir como cena un “lechón“: un bebé humano de raza negra. 

El enfrentamiento está servido.  Dos amos de sangre frente a frente: Damon Julian, el vampiro clásico, insensible y cruel, y Joshua York, el mesías blanco del pueblo de la noche, que defiende la vida y consigue calmar su sed roja por otros medios, efectivos, que aspira a una vida eterna más humana para su comunidad.  Un enfrentamiento que será mortal.

Sueño del Fevre, publicada en 1982 (mismo año en España), es una novela espléndida. George R.R. Martin obtiene con ella un producto casi redondo, por el diseño de personajes, su vívida descripción del ambiente sórdido de la época (algún fallo comete en lo económico, al parecer), la belleza y emoción que suscitan los vapores de río, o el misterio y suspense que acompañan a la investigación de Abner Marsh sobre su socio.  Sin embargo, la intensidad de la acción, la pasión y el misterio decaen en el último cuarto de la obra; aunque el final es redondo.  

Martin utiliza aquí el concepto del vampiro social, miembro de una comunidad de intereses compartidos, que introdujo Anne Rice en Entrevista con el vampiro, en 1976 (1).  Hasta entonces, desde Polidori (1819), o Varney el vampiro en los Penny Dreadfull (1845-1847), a J.Sheridan Le Fanu (Carmilla, 1872) o Stocker (Drácula, 1892) y el resto de los románticos victorianos, el vampiro era un ser solitario, todo lo más amo de vampiras esclavas, rendidas a su atractiva lujuria, además de constituir la encarnación del mal eterno, si no el mismo demonio.  Con Rice el vampiro cambia, se humaniza, tiene dudas, incluso algunos siente la culpa de segar vidas humanas para alimentarse, seguir viviendo.  En Sueño del Fevre se contemplan ambos conceptos que, necesariamente, al final, se enfrentan, y ambos, vampiros malvados o humanizados, requieren de un esclavo (o socio) humano para conseguir sus planes.  Martin sigue a Rice en la desmitificación de la leyenda y desmiente los bulos que la acompañan: el miedo o repulsión a la cruz, la plata o el ajo, su no reflejo en el espejo por falta de alma: sus vampiros son ateos por necesidad, en ocasiones más antiguos que el dios o persona a quien se adora. Adopta, además, el maravilloso entorno de Louisuana y New Orleans, con sus plantaciones y criollos, al que añade el atractivo especial de los grandes vapores que recorren el Misisipi mientras escupen humo por sus chimeneas; su grandiosidad y lujo, sus fascinantes carreras sobre las aguas que tanto le entusiasmaron de joven, añaden un plus único a la ambientación de la historia.

Sueño del Fevre es una de esas obras que merece la pena leer, que hay que disfrutar en algún momento; y -a juzgar por el sentir de sus miembros- una excelente propuesta para el Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga.

NOTAS:

(1)  –  Existe la errónea creencia entre aficionados españoles (yo mismo, y otros con quienes lo he comentado) que Sueño del Fevre es anterior a Entrevista con el vampiro y Anne Rice fue quien tomó ideas de G.R.R.Martin.  No es así, como se ve por las fechas, pero es así como se percibe.

  • Puede ser debido a que Sueño del Fevre (ver ficha en Tercera Fundación) se publicó en España en 1982, como en EEUU, por Acervo, una de las grandes dedicada al género entonces, con traducción de Hernán Sabaté y reediciones en 1983 y 2004.  Posteriormente en Gigamesh, con ediciones en 2009, 2012 y 2017, con nueva traducción de Cristina Macías.
  • Entrevista con el vampiro (Confesiones de un vampiro) fue publicada en 1977 (1976 en USA), por Grijalbo, con traducción de Marcelo Covián (ficha en Tercera Fundación).  Pero pasó sin pena ni gloria.  No volvió a reeditarse hasta 1990, por Timún Mas y, más tarde, en 1994, con motivo del éxito de la película.  Desde entonces no ha dejado de tener reedición, casi anual hasta 2014, bien por Ediciones B, RBA, Punto de Lectura, Mediasat, Z o Planeta de Agostini, siempre con la misma traducción inicial.

No es de extrañar, pues, que la percepción del aficionado español en cuanto a fechas sea inversa a la realidad.

EL ETERNO REGRESO A CASA de Ursula K. Le Guin

por MANUEL BERLANGA

«Resulta difícil traducir de un idioma que no ha llegado a existir, pero tampoco hay que exagerar.  Al fin y al cabo, el pasado puede ser tan oscuro como el futuro».

No es una novela, es más; mucho más.  Algo así como un tratado arqueológico sobre una cultura y sociedad futura, que aún no existe, pero se ha extinguido. El eterno regreso a casa es una obra personal, donde Le Guin (aunque no lo cita, ni le dedica el libro) rinde homenaje al trabajo de su padre, el afamado antropólogo cultural Alfred Kroeber.  Pero lo hace a su estilo: utilizando la fantasía y la ciencia ficción de las que es maestra, mediante el lirismo y el arte de unir palabras con la belleza y serenidad que le caracteriza.

El eterno regreso a casa nos cuenta la historia de Piedra Parlante, una mujer de una sociedad futura del Valle de Napa, en una California post-cataclísmica (no se indica si debido a una guerra, o la temida falla de San Andrés) que ha evolucionado (involucionado) hacia una sociedad similar a la de aquellos indios originales que lo poblaron siglos atrás.  Pero, sobre todo, narra la historia imaginada del pueblo Kesh, una sociedad de corte primitivo, que la autora, en un verdadero ejercicio de antropología-ficción, reconstruye con detalle y maestría, sin duda heredada. Una sociedad agrupada en tribus -que son todo menos salvajes- entroncadas y en equilibrio con la Naturaleza sobre la que pivota su vida y cultos; una vida sencilla y artesanal, un ejercicio organizado de supervivencia con medios limitados (aunque poseen artefactos y armas -fusiles- heredados de una época anterior). 

Le Guin ejerce aquí de arqueóloga (no sabemos si del pasado o del futuro) que, como Heinrich Schliemann con Troya, descubre -intuye- la pequeña ciudad (campamento) de Sinshan, a partir de la cual reconstruye (mapas y cartografías incluidos) con una minuciosidad entrañable, las pautas, ritos y costumbres que conforman su sociedad, organizada en logias funcionales, al tiempo que “compila” una muestra inagotable del incomparable acervo cultural de los Kesh: relatos, canciones, poemas, obras de teatro que “traduce y anota” ella misma, recetas de cocina; incluso un diccionario, un glosario completo (¡26 páginas!) de términos y vocablos de su lengua que nada tiene que envidiar a J.R.R. Tolkien.  No contenta con ello, nos habla de zoología, geología o botánica, música y bailes, estructura social o el papel de la mujer; una inmersión total en una cultura imaginada con una exquisita capacidad creativa que nos hace creer que existió (¿existirá?) en realidad.

No es una novela, sino mucho más, como veis.  Para que os hagáis una idea: las novelas de Le Guin suelen ser cortas; en este caso, la historia de Piedra Parlante alcanza las 148 páginas, en tres partes.  El resto, hasta completar las 762 páginas que componen el libro es eso que llamamos antropología-ficción, la reconstrucción de una sociedad y todos sus componentes.  No es, por tanto, un libro para leer de corrido, sino de forma pausada, con tiempo, a ratos, para disfrutarlo con intensidad; y se disfruta, pues Le Guin hace gala de ese estilo sereno y poético que le caracteriza, esa belleza armoniosa y lírica que es marca de la casa.

Para colmo, la edición de Edhasa de 2005, es hermosa: no sólo está repleta de dibujos e ilustraciones de Margareth Chodos, geomancia de George Herst y mapas dibujados por la propia autora, sino que la tapa y cubierta del libro, o las guardas interiores contienen unas magníficas ilustraciones de Carlos de Miguel.  En suma, El eterno regreso a casa es una de esas obras que deseamos tener aquellos que no sólo amamos una buena lectura, sino también los libros.

CINCO HORAS CON URSULA K. LE GUIN

Sé que esa noche, en su cielo del Ekumen o Terramar, donde quiera que se encuentre, Úrsula sonrió complacida.

Porque pocas veces en esta vida 15 personas habrán pasado tanto tiempo comentando (entre bebidas y comida, por supuesto) lo más destacado de su obra (1).  ¡¡5 horas seguidas, sin parar!!, disfrutando entretenidos de esa palabra que libera y el poder que evoca un nombre, el de Ursula Kroeber Le Guin, gran dama americana de la literatura (sin etiquetas), eterna aspirante al Nobel para muchos, nombrada y considerada por todos Gran Maestra de la Fantasía y la Ciencia Ficción, géneros en los que recibió su mayor reconocimiento (2).

Fue una convocatoria extraordinaria del Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga, un oportuno descanso en nuestra revisita a Sapkowski mediante la Saga de Geralt de Rivia y un necesario homenaje, que propuse en el encuentro del mes pasado, tras su fallecimiento días antes, el 22 de enero. La propuesta -acogida por todos con entusiasmo- era simple: leer cada uno una de sus obras, a elección, y compartir después la experiencia, las sensaciones que nos había causado.  Creo que es el mejor homenaje que, en la modestia de un grupo de amigos amantes de lo fantástico como el nuestro, se le podía rendir a una gran escritora.  Y ella -estoy convencido- lo habrá acogido complacida.

El encuentro no fue un monólogo, como esa obra inolvidable de Miguel Delibes cuyo titulo remeda el de esta crónica (Cinco horas con Mario, de emotiva y magistral interpretación de Lola Herreraotra gran dama, esta vez de la escena) sino, al contrario, una reunión donde manifestamos opinión y sentimientos, las sensaciones que la autora nos transmitía en su obra.  Pero algo más que el título hay de semejanza en esa comparación: si la obra de Delibes representa una crítica feroz a la burguesía española en los años sesenta a partir de un velatorio intimista, el homenaje de ayer -casi un velatorio emocionado tras la muerte de la autora- fue el recuerdo a una mujer precursora que transmitió con su obra un análisis crítico de la sociedad, con mensajes y toma de posición militante desde el feminismo, el anarquismo utópico y pacifista, o la búsqueda de un mundo sostenible y en equilibrio con la naturaleza, consecuente con sus ideas taoístas.  Sobre todo, fue el reconocimiento particular del grupo a una excelente autora, de narrativa accesible y sencilla, humanista y serena, bella hasta rozar en ocasiones la prosa poética; suave, al tiempo que radical y contundente en su contenido e ideas.  Una mujer precursora (poco reconocida, la verdad), que utiliza protagonistas de piel oscura en una época donde no era habitual y -como vimos a lo largo de la noche-, ideas y conceptos en los que se han “inspirado” obras posteriores que han alcanzado fama y prestigio (3).

EL CICLO EKUMEN (o Universo Hainish).

La primera inmersión en su obra fue en el universo Hainish, el Ekumen, ese “hogar universal” de la humanidad, que utiliza como entorno en el que situar sus historias de ciencia ficción; una confederación galáctica de planetas habitados por seres humanoides, descendientes todos (La Tierra incluida) de un misma rama común, miles o millones de años después de haber sido colonizados por seres humanos del planeta Hain.  Con el transcurso del tiempo, ese origen común ha sido olvidado o convertido en leyenda; cada planeta ha seguido su discurrir y evolución propios y, ahora, con el resurgir de los viajes interestelares, la historia se repite.  Primero una Liga de Mundos (en sus tres novelas iniciales), más tarde el Ekumen, una Confederación inter-planetaria similar a la Federación Unida de Planetas de Star Trek, de Gene Rodenberry (4) y que, como en ésta, viaja a mundos lejanos con la intención de incorporarlos a la Federación -si están preparados-, y la directiva de no intervenir -si no lo están-.  Una directiva que no se cumple, normalmente.

«Encontré la palabra griega oikumene, que significa hogar -como en ecuménico (universal)-, en uno de los libros de antropología de mi padre, y la recordé más tarde, cuando necesitaba una palabra que implicase una humanidad más amplia, extendida desde un hogar original. La deletreé Ekumen. Cuando escribes ciencia ficción, puedes deletrear las cosas como más te interese, casi siempre». (“El cumpleaños del mundo”, en  www.ursulakleguin.com).

Pero la ciencia ficción de Le Guin no es de aventura o acción; ni hard (dura), en la que predominan aspectos científicos, físicos o astronómicos.  La suya entra en esa evolución posterior denominada soft (blanda) en contraposición, que introduce aspectos antropológicos y sociales y da preferencia a las relaciones humanas, su cultura, el entorno que le rodea, el análisis del comportamiento humano y cómo influye en el hombre la sociedad que ha creado.  Curiosamente, sus explicaciones son a veces más exactas que otras coetáneas de la rama hard.

«La ciencia ficción no es algo menor. No es solo la EnterpriseStar wars o las Tropas del espacio. Significa experimentar con la imaginación, responder preguntas que no tienen respuesta.  Implica cosas profundas…  La ciencia ficción es una gran metáfora de la vida» (Entrevista de Jacinto Antón en “El País Semanal”, 28-10-2012)

TudorPopa en Devianart

No hay orden lógico de lectura en el ciclo de Ekumen, ni continuidad entre sus historias (la dilatación del tiempo lo impide); relatos que transcurren en mundos muy diferentes, separados entre sí por años luz de distancia y tiempo.  Aunque casi todos poseen un elemento común que los une, además del “ansible(5): la presencia de un explorador exterior, un extraño que, a través de sus ojos y mentalidad humana, analiza y contrasta una cultura ajena, en la que se ve inmerso y con la que debe interactuar. Unas pautas ya marcadas en El mundo de Rocannon (1966), su primera novela, y que se repiten en casi todas las novelas del ciclo.

«No era importante, después de todo. Él no era sino un hombre. El destino de un hombre no tiene importancia».

  • EL MUNDO DE ROCANNON, por FRAN M. ROMERO. 

Pautas siempre inteligentes, que permiten a la autora observar con ojos distintos, desde fuera, nuestra sociedad (la de su época, aunque no ha cambiado tanto) y realizar un análisis nue-vo, profundo y crítico de temas poco habituales en la ciencia ficción. Como el sexo y las relaciones de género en un mundo donde no existe la dominación de uno por el otro, en La mano izquierda de la oscuridad (1969), ganadora de los premios Nebula 1969 y Hugo 1970, que supuso todo un hito para la época en que fue escrita (6).

«La luz es la mano izquierda de la oscuridad, y la oscuridad es la mano derecha de la luz; las dos son una, vida y muerte, juntas como amantes».

El medio ambiente, la no violencia y la desforestación de todo un planeta se erigen en protagonistas en El nombre del mundo es Bosque (1972, 1976), una de sus historias más aclamadas (Premio Hugo 1973 a la mejor novela corta).  Ocupación colonial y arrogancia de un militar invasor terrestre, violento en extremo, frente a un pueblo pacífico en los inicios de su evolución…¡Cuánto de inspiración nunca reconocida le debe “Avatar” de James Cameron (2009) a esta novela!

«…cuando se consigue una enorme cantidad de dinero apropiándose de las ideas de otros artistas (…) hay cierto sentido de violación. Me siento obligada a sentir desprecio por el que se ha aprovechado» ( “El País Semanal”, 28-10-2012)

«La ecología de un bosque es muy delicada. Si el bosque perece, la fauna puede extinguirse con él».

Los Desposeídos: una utopía ambigua (1974), quizá sea la novela más polémica de la autora, al tiempo que interesante y premiada (Nebula 1974, Hugo 1975, Locus 1975, Gigamesh 1984, Prometheus 1993); una de las grandes obras de la literatura del S.XX.  Sin etiquetas.  Porque Le Guin utiliza en ella la CF como una de esas «metáfora de la vida» que cita, un medio para analizar capitalismo y comunismo en plena Guerra Fría, sin maniqueísmos ni concesiones a su ideología; al tiempo que reflexiona sobre cómo el uso del lenguaje condiciona las relaciones sociales.

«Los desposeídos tienen todo un mundo que ganar». (Karl Marx).

Para finalizar el ciclo de EkumenMaría Jesús Sánchez comentó El Relato (2000), una historia sobre la importancia de la tradición oral y la palabra escrita; también del enfrentamiento entre una sociedad en progreso y la tradición que conforma su identidad, o el equilibrio entre ambas.  Pero, especialmente, Mª Jesús definió la influencia que la etnografía tiene en Le Guin a través de su padre, el prestigioso antropólogo Alfred Louis Kroeber, autor de diversos tratados sobre culturas indígenas de los indios americano, en las que la tradición oral era predominante, y profundizó en las escuelas y métodos de investigación sobre sociedades antiguas,  un tema que domina, pues no en vano dedicó tres años de su vida a una tesis que le acercó a ellas. 

«El Futuro, en la ficción, no es más que una forma de mirar el Presente». (El Relato)

  • EL RELATO, por Mª. JESÚS SÁNCHEZ.


LEJOS DEL UNIVERSO HAINISH.

De entre las obras de ciencia ficción no ambientadas en el universo Ekumen,  El Ojo de la Garza, transcurre en un planeta que es colonia penal de una Tierra futura donde son desterrados presos peligrosos sin posibilidad de regreso.  Organizados en dos comunidades, una descendiente de presos comunes y otra de presos políticos, herederos del antiguo movimiento pacifista, la autora construye una sencilla historia sobre la toma de posición de una mujer, en su camino a la libertad.

«Somos volcanes. Cuando nosotras las mujeres ofrecemos nuestra experiencia como verdad, como la verdad humana, cambian todos los mapas».

El Eterno regreso a casa es una obra distinta, muy diferente a otras de la autora, no sólo por su extensión (762 páginas) sino por su contenido, donde Le Guin, con la belleza de una prosa poética que llega al alma del lector, construye y analiza toda una sociedad futura que ya se ha extinguido, en un sorprendente ejercicio de antropología-ficción digno de los mejores estudios de su padre.  Una obra que es más que una novela, y constituye un pequeño tesoro para todos aquellos que aman los libros, además de la lectura.

«Resulta difícil traducir de un idioma que no ha llegado a existir, pero tampoco hay que exagerar.  Al fin y al cabo, el pasado puede llegar a ser tan oscuro como el futuro».


SAGA DE  TERRAMAR.

Mapa de Terramar, por Lyam Davis

El mundo de Terramar y su inmenso piélago de islas conforma el ciclo más famoso de la autora; puede que no el más premiado -quizá por ser fantasía y no ciencia-ficción-, pero sí el más conocido y el que más ediciones disfruta, siendo difícil encontrar un momento en el que se encuentre descatalogado, como ocurre con la mayor parte de su obra.  Y no es difícil de entender, pues si entre sus páginas habitan dragones,  magos, hechiceras,  espectros y talismanes junto al nombre verdadero de las cosas, también lo hace gente cercana, de sabiduría sencilla, pacífica, y sus historias de hermosas palabras contienen la belleza y armonía que sólo te ofrecen las pequeñas lecciones sobre la vida.

«El sabio no pregunta.  El necio pregunta en vano» (Un mago de Terramar).

Un Mago de Terramar (1968) contiene una historia de contrastes y crecimiento, de lucha y superación de los propios miedos y fantasmas de Gavilán siendo aprendiz, antes de convertirse en el gran Archimago que se nos anuncia.  Una historia que liga la magia a la naturaleza y fija el precio, el coste, que supone usarla.  Un poder que, si bien se posee, también se aprende… en una escuela de magia ideada como tal 30 años antes de que J.K.Rowling imaginara Hogwarts.  Tampoco  costaba tanto acreditarla…

«Me parece convencional y predecible. Pero está bien para los niños.  Ella podría ser generosa y reconocer la influencia de Un mago de Terramar. En fin, son obras muy diferentes» (“El País Semanal”, 28-10-2012)

Si la trilogía inicial se completa con Las tumbas de Atuan (1971) y La costa más lejana (1972), todo un tratado sobre crecimiento personal, a partir del viaje iniciático de unos jóvenes adultos, bajo la ética de su autora, 18 años más tarde reemprende un “regreso a los orígenes” bajo perspectivas adultas con Tehanu, su continuación (1990, Premios Nebula 1990 y Locus 1991); Cuentos de Terramar (1999), un libro de relatos ambientados en distintas épocas del archipiélago y enlace a En el otro viento (2001), el último de la serie.  Un regreso con las mismas hermosas palabras que utiliza, pero con personajes y enfoques feministas mucho más adultos y complejos.

«Sólo en el silencio la palabra, sólo en la oscuridad la luz, sólo en la muerte la vida; el vuelo del halcón brilla en el firmamento vacío».

  • CRÓNICAS DE TERRAMAR, por MANUEL BERLANGA.


CUENTOS.

Parte importante de la producción de Le Guin son sus relatos, más de cien, de todo tipo, frecuentemente premiados.

Carlos de Miguel (2004)

Las doce moradas del viento (1975, Premio Locus 1976 a la mejor colección), fue elegida por dos veces. Recopila historias previas, cuentos que en muchos casos son el embrión de novelas posteriores, como La palabra que libera (1964) o El poder de un nombre (1965), que darían paso a Terramar; El collar de Semley (1964), prólogo al El mundo de Rocannon; El rey de Invierno (1969), sobre el planeta de La mano izquierda de la Oscuridad; o El día antes de la Revolución (1974, Premios Nebula 1974 y Locus 1975 al mejor relato corto), que cuenta la historia de Odo, la anarquista líder de Anarres en Los Desposeídos…  Y Los que se alejan de Omelas (1974, Premio Hugo al mejor relato corto), de una sensibilidad exquisita… y crudeza trágica.


RESUMEN.

Cinco horas continuadas podrían parecer muchas, demasiadas, para hablar de una autora.  Sin embargo, en el caso de Ursula Kroeber Le Guin, son pocas, muy pocas para disfrutar de su obra.  La noche se hizo corta y, al final, tuvimos que aligerar para no abusar de la paciencia y disposición de Miguel, en La Marítima, que tan bien nos atiende siempre.  No dio tiempo a conclusiones, un resumen de pareceres o conjunción de ideas comunes, que dejo a la memoria.

Le Guin es, más allá de su obra (y también en ésta), una gran dama, sencilla, apacible como sus textos, de ideas claras y pensamientos serenos aunque rotundos, alguien que te gustaría haber conocido y tratado en persona; sólo hay que leer sus palabras en una entrevista o un texto, una colaboración, para saber que las cosas que dice son las que escribe, está convencida, las siente como las cuenta, sólo que bajo el tamiz de la alegoría y componiendo metáforas sobre la vida.  Y lo hace con hermosas palabras trenzadas con arte, urdidas con belleza ya desde el título ¿Os habéis fijado?: todos parecen extraídos de un poema.  Decir que hay poesía en un título suena a exageración… salvo que sea de Le Guin. ¡Qué  decir del resto de la obra!

«Entre el pensamiento y la palabra hablada existe una fisura en la que puede penetrar la intención…» (La ciudad de las ilusiones).

Tal vez, si algo puede achacarse a su estilo sea una cierta calma en la trama y un desarrollo rápido de acontecimientos; como si, concebido el mensaje que desea transmitir, le importase más cómo contarlo.  Temo que, en la actualidad -cuando los efectos especiales priman sobre el contenido y la acción al razonamiento-, a las nuevas generaciones, curtidas en la adrenalina de los vídeo-juegos, no les atraiga igual la magia de las palabras, la construcción de una idea y el mensaje se pierda; no porque no lo entiendan, sino porque ni les llega, no les da tiempo.  Démosle tiempo… ya crecerán:

«El hambre de un dragón tarda en despertar, pero luego es difícil saciarla»  (Un Mago de Terramar)

Fue una gran noche. ¡¡5 horas con Ursula K. Le Guin!!  La mayor satisfacción para quien convoca este Club de Lectura fue que muchos de los asistentes accedían a la autora por primera vez y, prácticamente todos, manifestaron entusiasmados su interés por repetir.  ¡Sabia decisión!


.NOTAS:

  1. 6 libros de poesía, 20 novelas, más de 100 relatos, 4 antologías de ensayos, 11 libros para niños, diversas traducciones de autores del español, chino o francés.
  2. Más de 30 premios en total, entre ellos los cuatro “grandes” de fantasía y ciencia ficción: Nebula (en 6 ocasiones), Hugo (5), Locus (8), y World Fantasy (3), además del J.Teptree (3), Gran Premio de lo Imaginario, Librería del Congreso a una leyenda viviente… En 2003 fue nombrada Gran Maestra por la SFWA (asociación de escritores americanos de Ciencia ficción y Fantasía), siendo la primera mujer que consiguió tal distinción.
  3. Diversos conceptos iniciados por Le Guin han inspirado otros:
    • El Nombre del mundo es Bosque (1972) <=> Avatar, de James Cameron (2009)
    • La Escuela de Magia de Roke (1968) <=> Hogwarts, de J.K. Rowling (1997)
    • La sombra oscura de Ged (1968) <=>  El reverso tenebroso de la fuerza (Star Wars, 1977)
    • Los Magos se vacían de poder, olvidan las palabras y se convierten en gente gris y sin alegría (La Costa más Lejana<=> La  Nada, de la Historia Interminable, de M. Ende (1979)
  4. Ambos, la primera emisión de la serie y su primera novela, son simultáneos, de 1966
  5. Dispositivo que permite la comunicación instantánea entre dos puntos, indepen-dientemente a la distancia.  Más tarde ha sido utilizado por otros autores, como Orson Scot Card, en La Saga de Ender.
  6. No es la única vez que Ursula K. Le Guin utiliza y profundiza en el tema del sexo y las relaciones de género como fondo de la historia, con propuestas novedosas, capaces de explorar planteamientos distintos y combinaciones diversas. Ella misma confiesa que, en 1969, «yo era muy joven, y la sociedad americana muy puritana», tal vez, por ello, no pudo avanzar más en sus propuestas.  Lo hará años más tarde, en 1995, con el cuento Mayoría de edad en Karhide, publicado en El cumpleaños del mundo y otros relatos. «Ahí sí se explica pormenorizadamente cómo es el sexo en Invierno-Gueden, “clitopenis” incluido. Completa la novela en cierta manera». No comentamos esta selección, pero en gran parte de sus relatos  (1995-2002, con premios Nebula 1995,  J.Tiptree 1995 y 1997Locus 1997 y 2001) utiliza la diversidad cultural de planetas del universo Hainish para explorar las relaciones de género en diferentes vertientes: sexo, amor, matrimonio, dominación, soledad… y combinaciones de todo tipo, incluida una donde las mujeres dominan la sociedad y los hombres (en proporción 1/16) son utilizados para diversión y como objetos sexuales, pagando por sus servicios

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Club de Lectura Geralt de Rivia. Revisitando a Sapkowski (I)

Entre las actividades de Termal (Tertulia Malagueña de Ciencia Ficción y Fantástico), y aprovechando la noticia de que HBO va a realizar una serie de televisión sobre las aventuras de Geralt de Rivia, El Lobo Blanco, El Brujo (Wiedźmin, The Witcher), el carismático personaje creado por el escritor polaco Andrzej Sapkowski, varios de quienes en su día quedamos entusiasmados con la obra, decidimos volver a leerla y rememorar, después de años, las emociones que sentimos entonces y compartirlas en grupo, en el Club de Lectura de la Termal, creado para ello.

Como primera experiencia abarcamos el llamado Ciclo del Brujo, los dos primeros libros, «El Último Deseo» y «La Espada del Destino», que forman un “corpus literario” propio dentro de Canon, previo a “la Saga“, y al que, necesariamente, ha de añadirse «Estación de Tormentas», pues cronológicamente transcurre entre ambos.  Y ha supuesto una experiencia fantástica:

Retomar -tras más de diez años- un personaje y obra que me entusiasmaron en su día, conllevaba riesgos. ¿Soportaría bien el paso del tiempo, las nuevas tendencias?  ¿Conservaría esa misma frescura y novedad en estilo y lenguaje que tanto sorprendió? Sin duda.  Sapkowski no cambia, no envejece.  Tampoco Geralt.

Una segunda lectura de aquellos volúmenes, con la experiencia y bagaje del conocimiento posterior (aparte del éxito de los vídeo-juegos “The Witcher“) me ha supuesto recobrar las vivencias y emociones de entonces, la frescura de sus planteamientos.  Y ese lenguaje tan personal y apropiado con el que Sapkowski consiguió romper los envarados esquemas narrativos vigentes hasta entonces, para configurar y dar forma a un nuevo estilo de escritura, popular y vibrante. El lenguaje como herramienta. Utilizado para introducir al lector en la variedad y normalidad de un mundo imaginario, al que otorga cercanía y visos de realidad, mediante el uso de faltas de ortografía en los diálogos, construcciones sintácticas imprecisas e incorrectas, giros anacrónicos del lenguaje, con los que diferencia gente culta de la no formada, alta alcurnia y baja sociedad o el pueblo llano; diferente, además, en cada localización geográfica.  Su éxito en España (más que en el mundo anglosajón antes de los video-juegos), debe mucho a esa excelente labor de adaptación que realiza su traductor, Jose María Faraldo, felizmente reconocido como primer valedor del autor en nuestro idioma

Pero sumergirse en el Ciclo del Brujo supone también experimentar una vuelta a esa cercanía olvidada de nuestra infancia; un regreso a los orígenes literarios de aquellas obras que subyacen y duermen en nuestra consciencia temprana como lector u oyente, aquellos cuentos tradicionales que (a los más afortunados) narraban nuestras madres, abuelas o ayas antes de dormir, o hemos descubierto después, en esos primeros pasos y titubeos como lector incipiente.  Cuentos que suenan a Hans Christian Andersen o Hermanos Grimmrecopiladores de una cultura y acervo popular que se hubiese perdido de no mediar ellos; nunca le estaremos bastante agradecidos por esa labor.  Cuentos que reviven, renacen como guiños, sugeridos o explícitos, entre las páginas de El Brujo en este primer ciclo de sus aventuras, recubiertos ahora de una pátina de dureza, ironía, crueldad incluso, de tintes adultos, mas no por ello menos reconocibles.  Por eso Geralt, un brujo, un extraño, un mutante, nos llega a resultar tan cercano, sus historias tan nuestras. (Merece la pena que dediquemos una entrada concreta a desarrollar este punto).

No sólo cuentos tradicionales. En la obra de Sapkowski, claramente identificada como de Fantasíavamos a encontrar también personajes extraídos de los mitos y leyendas centroeuropeas, elfos, enanos, medianos, gnomos y trolls, tan habituales en el género desde la irrupción arrolladora en el mercado de «El Señor de los Anillos» de J.R.R. Tolkien, sin duda una de sus influencias, aunque no la única. ¿Por qué hablar  entonces de renovación de un género, encastrado hasta ese momento en los mismos clichés repetidos hasta la saciedad, si él también los utiliza?  Recordemos y pongámonos en situación:

Tradicionalmente, y en especial desde los ochenta, el género de Fantasía se había dividido en dos vertientes. Grosso modo, y sin ser excluyentes:

  • La Fantasía Épica, que seguía un esquema tolkienieano (sin llegar a Tolkien), con personajes similares a los de la Compañía del Anillo y desarrollos un tanto maniqueos de enfrentamientos grandiosos entre el Bien y el Mal, éste último personificado en un Señor Oscuro superior, su representante en la tierra o un objeto, a los que se ha de destruir.  Por lo habitual, de tono más ligero en las relaciones, y protagonistas adolescentes,
  • La Fantasía Heroica, o de “Espada y Brujería“, con planteamientos algo más complejos y adultos; los personajes y situaciones no se definen en tonos absolutos, blanco y negro, Bien o Mal, sino que admiten y se mueven en una gama amplia de tonos grises, dominados por las pasiones humanas, no necesariamente siempre honorables, pero naturales.

Desde los ochenta y hasta mediados de los noventa, el ganador indiscutible a nivel comercial, al influjo de los juegos de rol, había sido una Fantasía Épica cuyo mayor exponente eran las «Crónicas de la Dragonlance» de Margaret Weis y Tracy Hickman, con sus múltiples derivados. 

La Fantasía Heroica había domina-do la década anterior con  las reediciones de «Conan», de Robert E. Howard, y su renacimiento en pastiches no siempre afortunados, «Elric de Melniboné», de Michael Moorcock, y «Fafhard y el Rato-nero Gris», de Fritz Leiber  entre otros (en este tiempo, destacaría «La Compañía Negra», de Glenn Cook, aunque sin el éxito comercial de los antes citados).

Así las cosas, utilizar razas no humanas (pre-humanas) en un libro de fantasía heroica para adultos requería un tratamiento diferente sobre las mismas. Y Sapkowski lo da:

Aunque los enanos mantienen un plano de cierta dignidad frente a los humanos, por su capacidad de trabajo, combate y para el comercio, incluso poseen la Banca  Vivaldi posiblemente gracias a la minería de piedras preciosas en las montañas de Mahakam (¿recordáis “Blancanieves“?), el resto de razas inteligentes de sangre antigua, derrotadas en el enfrentamiento con los humanos cuando éstos llegaron al continente 500 años atrás, sufren discriminación y racismo, o se ven obligados a vivir relegados a zonas desérticas o deshabitadas:

  •  Las dríadas -o rariesposas– son algo así como amazonas ecologistas, recluidas en el bosque profundo y mágico de Brokilón, temidas por los humanos que se acercan hasta sus lindes y caen, indefectiblemente, abatidos bajo sus flechas certeras.  Como las amazonas clásicas, se cruzan con hombres o elfos para obtener descendencia, y sólo conservan las niñas surgidas de esa unión, para perpetuar la especie; en su decadencia, raptan también pequeñas humanas, que integran y hacen una de ellas. 
  • Algunos Aen Sidhe (elfos) optan por vivir en ciudades (los Aen Elle habitan en otra dimensión); pero son pocos los que logran convivir con normalidad entre humanos.  Hay zonas del continente en las que lo hacen recluidos en guetos, odiados bajo un racismo que les teme y no comprende, mientras ellos mismos temen una revuelta que les elimine. Y el odio, fruto del miedo, crece.  Otros se esconden en bosques del confín del mundo, en Dol Blathanna, “El valle de las flores”lugar fértil como no hay otro; pero sin medios para alimentarse y con miedo, se ven obligados a robar para sub-sistir.  No tardarán en agruparse en guerrillas Scoia’tael, en lucha contra la discriminación de los humanos.
  • En Novigrado, capital del mundo, centro y cuna de la cultura y el comercio, habitaban los vexling, doppler o mímicos, seres inteligentes originarios de la zona, capaces de adaptar su forma y replicar la de cualquier humano; ahora se han extinguidos, o eso se cree.  La presencia de un superviviente en la Ciudad del Fuego Eterno, da lugar a un tratamiento diferente, ingenioso como pocos, en la resolución del conflicto que podría generar. 
  • Tampoco el trato que se da a vampiros, lobisomes u otras bestias inteligentes resulta el habitual.

Otra novedad que aporta Sapkowski a su obra y contribuye a revitalizar una Fantasía heroica enquistada, es el cruce de géneros (o subgéneros), la introducción en la trama de monstruos y tópicos más propios de una obra de terror.  Sí, ya lo hicieron antes Robert E. Howard y otros.  Pero, salvo honrosas excepciones en Solomon Kane, la mayoría de éstos son demonios lovecraftiano, originarios de los Mitos de Cthulhu, bestias gigantes y desproporcionadas o restos de un pasado ya extinto.  Aquí, por lo general son monstruos comunes, más cercanos, casi familiares, nacidos del miedo y la leyenda tradicional, incluso típicos de una película de la Hammer; monstruos frutos de la mutación de un entorno natural contaminado por la presencia creciente del hombre, cuando no originados por la ciencia y experimentos genéticos de la Hermandad de Hechiceros, en pro de la investigación y búsqueda del conocimiento, en  un beneficio supuesto para la humanidad.  Y eso es ciencia… ficción.  También, junto a la magia declarada de hechiceros y magos, aparecen leves toques steam-punk, en el uso de artilugios imposibles en un mundo de corte medieval, artefactos en parte anacrónicos para esa edad indeterminada que podríamos situar en las postrimerías de la Baja Edad Media, o una Edad Moderna incipiente.

En todo caso, conviene destacar que, pese a que la función de un Brujo, la profesión de Geralt, es la de cazador de monstruos y su presencia constituye un leitmotiv recurrente en las tramas, éstos no se convierten nunca en el corazón de las historias, basadas más en los sentimientos y relaciones humanas del propio Geralt y las personas que le rodean, o  un análisis sociológico de los colectivos con que interactúa.  Y en ellos, la rareza del personaje principal, su distanciamiento con la “humanidad natural” le confiere esa perspectiva alejada que facilita y permite un análisis objetivo de las situaciones. También le otorga un punto de vista crítico con la sociedad, que Sapkowski aprovecha para introducir esa fina ironía y crítica social ácida que le caracteriza, sobre temas que, en una obra de fantasía, resultan de rabiante actualidad: discriminación y racismo, ecología, feminismo, el papel de la mujer en la sociedad, el aborto, la manipulación genética, por no decir ya su visión nefasta de la política o la justicia y quienes detentan su ejercicio y el poder.

Y, tras tanto hablar, nada he dicho de los personajes…

Parece que, para no hacer demasiado extenso este comentario, la revisita a Geralt de Rivia y Sapkowski va a requerir una segunda entrada.

JUEGO DE TRONOS T7. Ep. 7: El Dragón y el Lobo (en frases)

 

«Creo que los perdedores vamos a ser nosotros».  Bron a Jaime Stark

«Si algo sale mal, matad primero a la ramera de pelo plateado, luego a mi hermano, luego al bastardo que se hace llamar rey; a los demás podéis matarlos en el orden que consideréis».  Cersei Lannister a Ser Gregor Clegane

«Toda mala idea tiene un necio Lannister detrás».  Sandor Clegane a Tyrion

«He recorrido el mundo.  Lo he visto todo, cosas que ni imaginaríais.  Y esto (un espectro) es lo único que ha conseguido aterrarme.  Me vuelvo a mi isla».  Euron Greyjoy a Cersei

«La corona acepta la tregua.  Hasta que los muertos sean derrotados».  Cersei Lannister a Daenerys

«Tan sólo se lo pido al hijo de Ned Stark.  Sé que será fiel a su palabra».  Cersei a Jon Nieve

«No pienso pronunciar un juramento que no pueda cumplir».  Jon Nieve a Tyrion

«Estoy a punto de entrar en una sala con la mayor asesina del mundo.  Ya intentó matarme dos veces, que yo sepa.  ¿Quién es el necio?».  Tyrion Lannister a Jaime

«He pensado en matarte más veces de las que recuerdo…».  Tyrion a Cersei

«La oscuridad llega para todos.  La afrontaremos juntos».  Cersei Lannister a Daenerys Targaryen

«Y, tras asesinaros, (Arya) ¿en que se convierte…? En la señora de Invernalia».  Petyr Baelish a Sansa

«No vengo a conquistar el Norte.  Vengo a salvar el Norte».  Daenerys a Jon

«No debes elegir: eres Greyjoy… y eres Stark».  Jon Nieve a Theon

«Vamos a encontrar a Yara.  Y vamos a liberarla».  Theon a Soldados Greyjoy

«Se os acusa de asesinato.  Se os acusa de traición.  ¿Qué respondéis ante tales cargos…»  Sansa mirando a Arya «…Lord Baelish?».  Sansa mirando a Meñique

«Asesinásteis a mi tía, Lisa Arryn… Antes, conspirasteis para asesinar a Jon Arryn… El conflicto entre los Stark y los Lannister, fuisteis vos quien lo inició…  Conspirasteis con Cersei y Joffrey Baratheon para traicionar a nuestro padre, Ned Stark…».  Sansa Stark a Petyr Baelish

«Siempre supe que eras el Lannister más estúpido.  Los Stark y los Targaryen se han unido contra nosotros, ¿y quieres luchar junto a ellos? (…) ¿De verdad crees que Euron Gryejoy huyó y regresó a las Islas de Hierro? Navega con su flota a Essos.  Va a traer La Compañía Dorada para ayudarnos a ganar la guerra por Poniente». Cersei a Jaime

«He jurado marchar al Norte.  Y pienso cumplir mi juramento».  Jaime a Cersei

«Jon es hijo de Raegar Targaryen y mi tía, Lyanna Stark… Su apellido en realidad no es Nieve.  Los bastardos en Dorne se apellidan Arena».  Bran a Samwel Tarly

«Un Septón supremo anuló el matrimonio de Raegar con Elia.  Casó a Raegar y Lyanna en una ceremonia secreta».  Samwel a Bran

«Y Jon, su auténtico nombre es Aegon Targaryen, nunca ha sido bastardo.  Es el heredero del Trono de Hierro».  Bran a Samwel Tarly

«Cuando cae la nieve y soplan los blancos vientos el lobo solitario muere, pero la manada sobrevive».  Sansa a Arya Stark

Sin palabras: 

  • La unión entre el Fuego y el Hielo, el Dragón y el Lobo
  • Viserion, cabalgado por el Rey de la Noche
  • El Muro, cayendo derretido por el fuego azul