MÁS ALLÁ DEL RÍO NEGRO en BD (Conan le Cimmérien, vol.3)

“La barbarie es el estado natural del hombre.  La civilización es antinatural, un capricho de las circunstancias. Y, en definitiva, siempre acabará triunfando”.

Se trata de la adaptación de una de las últimas novelas de Conan que escribió Robert E. Howard, ya en su plena madurez como autor.  A decir de muchos aficionados y especialistas, su mejor relato; quizás, junto a Clavos Rojos.  Escrito sobre agosto de 1934, tras una racha de éxito personal (en esos momentos, encadena varios relatos vendidos; Conan es ya un personaje consolidado entre los lectores y lectoras) y sin necesidad económica que le acucie, decide escribir el relato que le pide el cuerpo, sin concesiones comerciales o sexuales (-1-), con un entorno que refleja sus inquietudes por aquella época (los primeros colonos americanos, que le son tan cercanos, enfrentados a los indios en la frontera de su propia tierra: Texas, Nuevo México…), y con el mensaje principal que siempre quiso transmitir, esta vez sin tapujos ni distracciones que atenúen su salvajismo: la barbarie natural, frente a la decadencia de la civilización. 

Y bien que lo consigue.

Más allá del Río Negro es una obra completa, contundente, donde el tejano nos muestra la personalidad más sombría y concentrada, silenciosa, del cimmerio, acorde a las circunstancias del relato.  Tan orgulloso se siente REH del resultado que así lo transmite a August Derleth  H.P.Lovecraft  en sendas cartas personales.  O -como recuerda Patrice Luinet, co-director de la colección-, se lo confiesa a Novalyne Price, en una de las conversaciones que recogió su amiga en su diario personal: «He escrito esta novela de forma experimental, para ver qué hacía Wright (editor de “Weird Tales“).  Tenía miedo de que no la aceptara, pero la ha comprado» (-2-)

La adaptación del relato a BD que realizan Mathieu Gabella y Anthony Jean (-3-) es, como el original, contundente, una adaptación muy fiel al relato de Robert E. Howard.  La pareja, cuyo trabajo conjunto se remonta a 2005, cuando deciden iniciar su andadura con La Licorne, una sola historia, una obra que, hasta el momento, contempla 4 álbumes (-4-), consigue recoger en las 48 páginas de la historia el ambiente opresivo de las selvas situadas entre el río del Trueno y el Negro, tierras pictas, la región de Conajohara, que los aquilonios empiezan a colonizar tras arrebatarla a sus dueños, al amparo del Fuerte Tuscelan, en la frontera del Rio Negro.  Los pictos, pequeños clanes y tribus dispersas, no lo pueden impedir si alguien no los une.  Y ese alguien será Zogar Sag, un picto ultrajado por los hombres del fuerte, que ha jurado venganza; también un mago, capaz de convocar demonios de los pantanos y bestias antiguas, que pueden desequilibrar la balanza a su favor.

El Conan que dibuja Anthony Jean es también contundente, sombrío; refleja espléndidamente el carácter rudo, maduro, cínico y a vueltas de todo  y no por ello menos comprometido, del mercenario veterano en mil batallas que tan bien retrata Howard en su relato.  Un Conan que, según la nueva cronología “oficial” de Dale Ripppke tiene casi 35 años (unos 40 en la de Miller y Clark, que sigue deCamp (-5-)), y ha sido de todo en la vida (bromea con que sólo le falta ser rey).  Su imagen poco convencional con las sienes rapadas (tan a la moda hoy) podrá disgustar a unos y entusiasmar a otros, entre quienes me encuentro, pero fue una acción consciente del dibujante, admitida por los directores de la colección (Louinet uno de ellos), a quienes se la dedica y agradece en los créditos finales (-6-) que, además, no desentona ni con el cimmerio de REH en esta época de su vida, ni con la intención declarada para la colección de ofrecer en cada obra una nueva visión del personaje, por un autor diferente.  En este caso, como digo, aciertan de pleno, pues aporta frescura a un personaje ya muy manido tanto en imágenes como en aventuras impropias.

Algo menos conseguido puede quedar el otro protagonista de la historia, Balthus, el aquilonio de Tauran, verdadero trasunto del autor, en quien se refleja (junto a su perro Patch, como Segador) y con quien el lector puede identificarse  (no con Conan, demasiado elevado aquí, en su elemento, para un simple mortal).  No sé si su heroísmo y actitud heroica, su concepción como verdadero hombre de la frontera en el relato, queda suficientemente patente en BD tras el brindis en su honor del cimmerio, o ensombrecido por su figura. Pero no desentona, en ese ambiente opresivo de las selvas y eriales pictos, sombríos por cerrados y en una acción que transcurre de noche.

Más allá de cómo dibuja Jean la figura humana o su realismo, agrada la definición de página que utiliza la pareja, en composición individual -ninguna página doble al estilo de Brugeas y Toulhoat, como en el álbum anterior- en la que se intercalan y alternan de forma sucesiva viñetas horizontales o verticales, entre 6 y 10 por página que no por ello resultan sobrecargadas, gracias a un dibujo fino y puntillista que, en ocasiones, resulta grandioso: grandes espacios naturales, abiertos en planos generales y lejanos, al tiempo que opresivos, incluso asfixiantes, en la mayor cercanía del plano medio y americano.  Todo en el diseño genera una sensación de movimiento y dinámica; una acción que, lejos de utilizar las descripciones y narrativa de Howard -como hacía en abundancia Roy Thomas-, deja paso a una sucesión de viñetas mudas, sin palabras, en la que el propio dibujo, con cambios continuos en planos y enfoques, se erige en protagonista único de la acción y consigue un dinamismo extraordinario.  El resultado es excelente, a mi entender, hasta el punto de que, sin ser perfecto, lo considero el mejor álbum de los publicados hasta el momento.

Un álbum que, al igual que los anteriores, se ofrece en dos versiones, en edición estándar (a color, 64 págs. 24×32 cms. 14,95 €) y en edición coleccionista (blanco y negro, 64 págs. a mayor tamaño: 27,5×36,8 cms. y tirada limitada, por 29,50 €). Ambos incluyen el habitual artículo de Patrice Louinet: tres páginas en la que sitúa al lector en el contexto de la obra y Howard en el momento en que escribió el relato; una amplia galería de dibujos y estudios de personajes de Anthony Jean, y otra con sendas láminas de seis dibujantes: Mikaël Bourgouin, Laurence Baldetti, Cristophe Regnault, Yann Tisseron y Jean-Baptiste Andreade.

Tanto una versión como otra no desmerecen su contenido: en una, el trazo fino y sombreado detallista en blanco y negro de Jean resalta con fuerza; en otra, el color suave que él mismo aplica en tonos casi pasteles y distintos degradados, contrasta con las tintas sin ocultarlas. Para que podáis comprobarlo y decidir cuál os gusta más incluimos dos planchas en ambos formatos (se amplían al pinchar en ellas).

Curiosamente, de este álbum se ha editado por Bruno Graff una tercera versión, de lujo, con las siguientes características:
– Edición limitada a 300 ejemplares 
– Nuevas ilustraciones de portada (abajo) y contraportada
24 páginas adicionales en color no publicadas previamente
96 páginas en blanco y negro con el story-board y las planchas entintadas 
– La historia en color publicada en el álbum de Glénat 
– Un ex libris firmado por Anthony Jean

Eso sí, al módico precio de 109,00€ …

NOTAS:

  • -1-  Muy al contrario de lo ocurrido en sus inicios, sus primeras obras, como se ha comentado en la reseña anterior, para  El Coloso Negro.
  • -2- Sin duda, Farnsworth Wright era consciente de su calidad, pero no llegó a encontrarle suficiente “punch” comercial hacia sus lectores, pues publicó el relato dividido en dos números de WT (mayo y junio de 1935), y en ninguno le concedió portada (previamente, parecía abonado a las portadas “picantes” de Margaret Brundage).
  • -3- Fichas en Wikipedia de Mathieu Gabella, y Anthony Jean, autores desconocidos en España, excepto por su obra conjunta El Unicornio, a continuación. De este último incluimos aquí un enlace a su blog, donde se recoge un reportaje fotográfico sobre la exposición de planchas del álbum en la Galería 9ºArte, así como numerosas muestras de éstas.
  • -4- El Unicornio integral, publicado en España por Ponent Mon en 2018, en base al volumen francés de 2014, que reúne los 4 álbumes previos: 1 – El último templo de Asclepios (2006), 2 – Ad Naturam (2008), 3 – Las aguas negras de Venecia (2009) y 4 – El día del bautismo (2012).
  • -5- Miller y Clark sitúan a Conan en este relato con casi 40 años y poco antes de hacerse con el trono de Aquilonia; una solución factible, teniendo en cuenta que es mercenario de sus tropas en la frontera. Pero en el esquema original de la cronología que ambos remiten a Howard y éste acepta, no aparecen los últimos relatos que escribió, algunos sin publicar en ese momento; entre ellos, El Negro desconocido, íntimamente ligado a éste, y donde se ofrece información adicional:
    • DeCamp alteró después el relato a su conveniencia y lo publicó como El Tesoro de Tranicos, en el que, sin reparo alguno para cambiar su final, utiliza dicho tesoro (que no pueden conseguir en el original) para financiar la campaña de Conan contra Numédides.
    • En El Negro desconocido queda claro que tanto Zarono como Strom conocen a Conan, como capitán pirata de la Barachas. También se indica (capítulo V) que el hundimiento del Wastrell, el barco del que es capitán (tras El Estanque del Negro), acontece tres años antes de los hechos que
      aquí se narran. Conan tiene unos 32 años cuando pierde su barco.
    • Cierta información sobre un personaje que aparece en Lobos Más allá de la Frontera (fragmento incompleto de unos hechos que suceden mientras Conan asciende al trono de Aquilonia, y Miller y Clark no llegaron a conocer) y que recuerda los hechos de Conajohara siendo un niño hace pensar que han pasado 5-6 años desde entonces.
  • -6- “Gracias al equipo editorial, Benoit, Jean-David y Patrice, por confiar en este álbum y permitirme ofrecer un nuevo corte de pelo al cimmerio más conocido del planeta”.

LA DANZA DEL GOHUT | PROCESO DE REALIZACIÓN DE LA PORTADA

El pasado 26 de octubre tuve el honor de presentar en Málaga, junto a su autor y editora, una de las novelas más importantes de las publicadas durante 2018: «La Danza del Gohut», de Ferrán Varela (reseña y comentarios aquí).  Fue en ese evento donde conocí también a Manuel Gutiérrez, autor de la impactante portada que la precede y enriquece, y sus no menos impresionantes bocetos. Y supe que tenían que publicarse.  De ahí surgió el post anterior, en el que Manuel nos regaló ese avance dibujado del proceso de creación de la portada (ver aquí).  No contento, le pedí más.  El resultado: 


PROCESO DE REALIZACIÓN DE LA PORTADA DE «LA DANZA DEL GOHUT»

Por Manuel Gutiérrez

En el verano de 2018, Ediciones El Transbordador me encargó la realización de la portada de la primera novela de Ferran Varela, La danza del gohut.  En las siguientes líneas, hago un resumen del proceso de elaboración, desde su concepto a la maquetación.

Lo abstracto y la dirección.
Me enfrenté al diseño de la portada a partir de las primeras páginas de la novela. En ella hay dos momentos poderosos de la acción que Pilar Márquez, la editora, me sugirió como imágenes clave (a elección) para plasmar en la portada.
No obstante, me faltaba información sobre el mundo que Ferran había creado, de los personajes, los ambientes… Pedí estos datos y pronto tuve una perspectiva global que me permitió acercarme al universo del autor.
Pero me alejé de lo evidente y tomé otros caminos. Unas rutas no citadas en esas primeras páginas. Una senda que me enfrentaba a los personajes principales de la novela sin saber muy bien a dónde me llevarían.  Al menos ya tenía un objetivo.

Los bocetos de los bocetos.
Para centrarme en la idea y no perderme en detalles innecesarios, en esta fase suelo trabajar en un formato muy pequeño. Apenas unos 3×5 cm. donde respeto la proporción del tamaño final de la portada.
Poco a poco, con la dirección elegida y los personajes danzando en mi cabeza, me lancé a esquematizar con dibujos rápidos la esencia de lo que quería contar. En esta etapa no me pongo trabas creativas y acepto cualquier idea, por alejada que parezca en un primer momento.
El resultado para La danza del gohut fueron 38 esquemas. Bocetos arcaicos que ya hablaban el idioma que quería transmitir y que, sin estar reflejados literalmente en la novela, eran trozos de ella. O lo que es lo mismo, el germen del nacimiento de los verdaderos bocetos.

Los bocetos.
Comencé la fase de selección y eliminé aquellos que no pasaban un filtro autoimpuesto de contenido, forma y coherencia.  Me quedé con 9.
Con la selección hecha, aumenté el tamaño de estos bocetos a un formato A5. Sobre la marcha, cambié todo lo que fue necesario de estos esquemas rápidos en pos de los filtros antes mencionados.
Una vez terminados, era el momento de que, tanto la editorial como el autor, dieran su opinión de los enfoques de los bocetos. No hubo muchas dudas y la elección fue rápida. El primer boceto del documento fue el elegido.

El lápiz y el falso entintado.
Con el modelo seleccionado, empecé la documentación anatómica y realicé un lápiz muy terminado tanto en contraste como en matices. Así, evitaba la posterior fase de entintado que me suele matar la frescura de los trazos.
A pesar de todo, en la posterior etapa de edición digital, subí los contrastes para obtener un negro más intenso en aquellas partes que lo necesitaban. O lo que es lo mismo, hice un falso entintado.

El color.
Con el dibujo escaneado, limpio y editado, comencé el color digital.
En mi caso, esta parte no tiene mucho misterio ya que suelo usar paletas cromáticas muy sencillas, bastante veladas, que complementan el lápiz de fondo y dan el contraste necesario para que el mensaje sea claro.  Ya solo tocó pintar, elegir la tonalidad global y poco más.

La maquetación.
De la maquetación se encargó El transbordador. Para ello, usaron una tipografía sencilla que no competía con la ilustración y la dejaba respirar.

No me queda más que agradecer que pensaran en mí para este trabajo, fue grato de hacer, salió relativamente rápido y acabé contento con la edición. Además, la novela es una joya y las críticas están siendo excelentes.

Como curiosidad final, añadiré que me leí la novela una vez editada. Ahí fue cuando me di cuenta que la portada había dado con uno de los pilares conceptuales de la obra sin ser consciente de ello hasta terminarla. Como dice el propio Ferran: “La portada es mejor sinopsis que la sinopsis”.  La mejor crítica que tendré sobre este trabajo nunca.

Posfacio
Desde que hice la portada ya no soy yo, volví a nacer con otro nombre.  Ahora soy Raíz Osada. Soy un gohut.

El Proceso del Gohut, de Manuel Gutiérrez

La danza del gohut, de Ferran Varela, es una obra que impacta.  Publicada por Ediciones El Transbordador lleva desde su aparición, semana a semana, siendo número 1 en ventas entre ediciones de género.  Algo debe tener que lo cause. Y algo podéis leer al respecto en la entrada dedicada a la obra en estas páginas (aquí) con motivo de su presentación en Málaga.

Pero en algo, también, contribuirá esa portada impactante de Manuel Gutiérrez, un artista cuyos dibujos poseen una fuerza extraordinaria.

Puede que algún día, en otro momento, podamos disfrutar la reseña de La danza del gohut acompañada de sus imágenes, los bocetos y borradores que compuso como muestras para la portada, diversas composiciones de fuerza increíble que recogen, en blanco y negro, diferentes momentos de la historia.  Por ahora, nos conformamos con  la evolución, el proceso de creación de la portada del libro, que Manuel ha cedido para que comprobemos su trabajo.  Aquí, a continuación o, ya en grande y en movimiento, picando sobre la imagen de arriba (recomendado).  Disfrutadla.

 

LA DANZA DEL GOHUT, de Ferrán Varela.

Pensaba iniciar esta entrada indicando que, de haber escrito hace treinta años (su edad actual), Ferrán Varela hubiese publicado en Berserkr y ese relato sería hoy objeto de culto, como lo es el fanzine entre los aficionados al género.

¡Menuda tontería!

La obra de Ferrán Varela ya es objeto de culto (o lo será en breve), pues muy pocos de los autores actuales del panorama fantástico español pueden presumir de haber publicado, codo a codo, con los más reconocidos autores internacionales de género, ganadores, nominados o finalistas de los premios con mayor prestigio en el mundo del fantástico (Hugo, Nebula, World Fantasy, Locus…).  Y no una, sino dos veces, en sendos volúmenes antológicos: “Dark Fantasies / Oscuras Fantasías” y  “El Viento Soñador y otros relatos“, seleccionados ambos por Mariano Villarreal, quien también prologa, y de forma muy acertada, La Danza del Gohut, su primera novela, publicada por Ediciones El Transbordador (otro lujo, añadiría yo).

Y es que Ferrán Varela, pese a su juventud, es un nombre que comienza a sonar con fuerza en la literatura de género en España, despierta verdadera expectación entre los aficionados y, precisamente por ello, por su juventud, está llamado a convertirse en uno de sus más destacados representantes.  La Danza del Gohut es buena prueba de ello.  No me extrañaría verla entre los finalistas -o ganadora- del premio Ignotus a la mejor novela corta publicada en España en 2018.

«La vida de Leara Viera, una mujer de sangre plebeya que ha conseguido el modesto rango de tutora de la Academia de Tiuma, cambia de rumbo el día en que recibe un inesperado encargo de manos del mismísimo Pleni-potenciario de la ciudad.  Gerrin, el primogénito de este, al que se dio por muerto hace cuatro años, ha sido rescatado del cautiverio al que una horda gohut lo mantenía sometido.  La alegría del Plenipotenciario, sin embargo, se ve eclipsada por el hecho de que el joven Gerrin ha perdido el juicio: está convencido de ser un gohut y reniega de la cultura humana.

La misión de Leara consistirá en reeducarlo a tiempo para el siguiente otoño, momento en que Gerrin deberá participar en la batida anual de caza de gohut y cobrarse unas cuantas de sus pequeñas y rojas cabezas para limpiar el buen nombre de su familia».

Más allá de lo indicado en la reseña editorial, la historia de Leara -como la de Rin– es un relato de crecimiento, de cambio personal y maduración, la prevalencia del yo individual sobre las convenciones establecidas por una sociedad conservadora, que define y establece pautas de comportamiento para cada clase.  Leara, plebeya  en una sociedad de corte medieval que, gracias a su esfuerzo (y romper las normas), ha alcanzado una elevada cota de reconocimiento en la Academia (una mujer, claramente, empoderada para la época) es elegida -tentada- (precisamente por sus métodos poco ortodoxos) para una misión difícil, un reto arriesgado si falla pero altamente gratificado si lo alcanza (su nombramiento como decana, un puesto reservado sólo a la nobleza).  Y ella, por supuesto, acepta.

Leara es idealista, soñadora, una luchadora de convicciones fuertes y voluntad decidida, que consigue avanzar y triunfa donde parecía imposible.  Y, cuando lo hace, sus convicciones, sus creencias profundas, su educación adquirida se derrumban frente a Rin, el dos veces nacido; un gohut del clan de la Noche Ululante, un salvaje, una alimaña de mirada insondable y profunda, dispuesta a desgarrar a todos; pero un ser libre también, un pájaro que vuela por encima de limitaciones humanas, un espíritu indomable… y un estratega.  Cuando ambos conectan –a cambio de un crisantemo y una pluma de halcón diarios- y ella logra que se abra, sus diálogos inteligentes devienen en duelo intenso, una confrontación de culturas diferentes, enfrentadas de inicio y por siempre. 

Hay mensajes subliminares (y muy directos) en este juego dialéctico que Ferrán Varela propone a través de una danza gohut; danza salvaje que es un canto a la libertad individual frente a la sociedad que constriñe; la máxima expresión del kieth, un término imposible de traducir en lengua humana («libertad» es el término más cercano, supongo, aunque no llega ni a ser su sombra»).  Mensajes que nos llegan revestidos de una pátina libertaria que recuerda al anarquismo utópico imbuido en la obra de Ursula Kroeber Le Guin,

“No sois libres.  Sois esclavos unos de otros”

“En lugar de adaptaros al entorno tratáis de domarlo”.

también el poder de los nombres (un tema recurrente),

“Ponéis nombres como se le pondría una correa a un perro…  Asignáis roles”.

“Era un asqueroso nombre humano, un nombre nacido para atar y restringir la volunta”.

o su dualidad taoísta:

“Debe haber noche para que haya día.  Debe de haber dolor para que haya gozo.  Debe haber muerte para que haya vida”.

Y, como en Le Guin, hay belleza en sus palabras.

Si en los diálogos -vivos, cargados de contenido- Varela utiliza un lenguaje directo, escueto en juegos semánticos, en las descripciones su narrativa posee un lenguaje poético, hermoso sin ser recargado, muy natural; con descripciones vívidas que dibujan escenas repletas de magia o sensualidad, palabras bellas, metáforas y alegorías que, sin poder evitarlo, recuerdan a Robert E. Howard, el hombre que, en palabras de Patrice Louinet, sentó las bases de la fantasía moderna (1).  Si el maestro Howard era experto en enriquecer con metáforas sus descripciones más duras y épicas (“el mantel de los cuervos” … “la canción de las espadas”), la prosa de Varela no le anda a la zaga (“…sabor a azul oscuro, magia totémica y el crepitar de una llama” … “la melodía de la madera quebrada”…).  Ferrán Varela posee un don: pese a lo dicho, cuenta las cosas con una escritura concisa, un estilo sencillo pero trabajado.  Con pocas palabras, un par de frases dibuja una escena, resuelve una duda, define el escenario o da un giro a la historia.  No sólo en esta obra; también en las anteriores que he leído: Profundo, profundo en la roca, una fantasía oscura de geomancia, magia de la Tierra y un sacrificio humano a los genios que la canalizan, y Las cadenas de la Casa de Hadén, un relato de corte épico-filosófico donde la trama central es un combate entre un padre y su hija; combate que Ferrán resuelve en sólo unas frases.  Y, sin embargo, no precisa más, está completo, cerrado y perfecto.

Como sus mujeres, protagonistas únicas en cada una de sus historias aunque, a veces, sea un hombre quien lleva el peso del relato.  Osa (ese no es su nombre, entregado como tributo a un espíritu) en Profundo, profundo…, Deva, el guirivilo, matriarca de la casa de Hadén, en Las cadenas…  Mujeres decididas, fuertes aún en la duda, completas pese a que sólo vemos un esbozo de su vida, una parte de esa historia que sabes mayor y querrías conocer completa, pero que llena, y te conformas, porque sabes que alcanza el punto justo para interesar sin cansarte…  La esencia de un buen relato.

A muchos extrañará (a mi me sorprendió) que en La danza del gohut encuentre más rastros de R.E.Howard de lo que a primera vista parece. Si -inicialmente- los gohuts se presentan como salvajes violentos, enemigos jurados de la sociedad civilizada, que asolan cosechas y a los que, necesariamente, hay que exterminar, conforme avanza el relato se transforman en seres cercanos a la naturaleza, muy en la onda del piel roja o nativo amazonio enfrentado a la civilización, el bárbaro identificado con lo natural y no por ello menos salvaje o cruel, que nos trajo el cine en los ’70, ’80 y ’90 (2), o los cómics europeos de la época (3).  Pero que, antes, en la década de los ’30 fue la marca distintiva de R.E. Howard en Conan:

«No era un mero salvaje; era parte de lo salvaje, era uno con los indomables elementos de la vida». El Coloso Negro.

«La barbarie es el estado natural del hombre (…) La civilización es antinatural, un capricho de las circunstancias.  Y, a la postre, la barbarie siempre acabará triunfando».    Más allá del Río Negro.

Aquí Varela, y su gohutestarían cerca del concepto de “existencialista inconsciente” con el que Charles Hoffman identifica aHoward (4).  Un aspecto crucial que, como indica Luis F. López-Espinosa (5)define y diferencia su obra de la de otros autores de fantasía heroica como Tolkien o Moorcock: no existe un Destino predeterminado para el héroe.

«En cada una de las historias de Howard, Conan crea y soporta su propio destino».

Y es el caso de los gohut:

«Debes saber que tu papel en el mundo es sólo el que tú escribas».

Dice López-Espinosa que «El héroe howardiano es un “nihilista activo” en el sentido nietzscheano. (…)  Nihilismo activo presente en el texto “El carácter destructivo” de Walter Benjamin»(6):

«El carácter destructivo solo conoce una consigna: hacer sitio; solo una actividad: despejar. Su necesidad de aire fresco y espacio libre es más fuerte que todo odio.»

Si contrastamos el texto con las palabras de Rin:

“La destrucción es la esencia del cambio.  Para erigir algo nuevo hay que destruir antes lo antiguo”.

podríamos concluir lo mismo sobre Varela y sus gohuts (igual es suponer demasiado… pero se lo preguntaré). 

La danza del gohut es una novela de fantasía, una de las pocas que se publican últimamente en España sin componente de CF o Terror.  Y me encanta que sea El Transbordador quien la publique, en una de esas ediciones impecables a las que nos tiene acostumbrado.  Quizá por la violencia y crudeza de algunas acciones o el tono crepuscular de la obra, se le han adjudicado diversas etiquetas comofantasía weirdfantasía oscura con las que no estoy del todo de acuerdo (Profundo, profundo en la tierra sí lo es).  En todo caso, sería “grimdark“, que no es sino una palabra moderna para la “fantasía épica” de siempre y, en este caso, como hemos visto, lo es, por mucho existencialismo, introspección y otras cualidades que le acompañen. De todas formas, no son sino eso, etiquetas innecesarias, que constriñen la pura Fantasía sin más, con mayúsculas y sin etiquetas.

Tengo claro que Ferrán Varela escribe bien, muy bien y me gusta.  Me gustan sus personajes y cómo construye historias con pocas palabras -las justas- que te dejan ganas de más.  En las distancias cortas me parece bueno, muy bueno y prometedor.  Habrá que verlo en una novela más larga (a no mucho tardar, por lo que parece).

Yo, por si acaso, me apunto.  Quiero comprobar si -como dice Rinconsigue «el mejor relato que hayas leído en tu vida, a cambio de un trocito de cielo».

NOTAS:

  1. Louinet, Patrice. “Le Guide Howard (Les trois souhaits), Amazon. 2018:        «Se puede decir que la fantasía (fantasía heroica, o no importa qué otra etiqueta desees utilizar) nace con la epopeya de Gilgamesh, lo que no impide que sea el tejano quien fije, con esta novela (“El Fénix en la espada“), la casi totalidad de los códigos presentes hoy en la fantasía moderna».
  2. Un hombre llamado caballo” (Elliot Silverstein, 1970). “Pequeño gran hombre” (Arthur Penn, 1970).  “La selva Esmeralda” (John Boorman, 1985).  “Bailando con lobos” (Kevin Costner, 1990), son algunos ejemplos.
  3. Teniente Blueberry” (Charlier/Giraud, 1963), “Ken Parker” (Milazzo/Berardi, 1974), “Jonathan Cartland” (Blanc-Dumont, 1974), entre otros
  4. Hoffman, Ch: “Conan The Existential“, en Herron, D. (ed): “The barbaric Triumph”, Maryland: Wildside Press, 2004
  5. López-Espinosa,L.F. “Robert E. Howard: La espada salvaje de la ideología“. Thémata, Revista de Filosofía, nº 55,  2017

JUEGO DE TRONOS T7. Ep. 5: Guardiaoriente (en frases)

«Sólo era uno de ellos… Tiene dos más. Si decide usarlos, usarlos de verdad…».  Jaime, Bron (sobre los dragones)

«Drakarys».  Daenerys Targaryen, a Drogon, Lord Randyll y Dickon Tarly

«Vi a los Dothrakis luchar por su reina.  Venerán a los mercenarios y a cualquier ejército que haya visto».  Jaime, Cersei

«Son preciosos, ¿verdad?».  Daenerys (sorprendida), Jon (tras apaciguar éste a Drogon)

«Regreso a vuestro servicio, mi reina.   Si me aceptáis».  Jorah Mormont, Daenerys

«Cuervos… Debemos enviar cuervos».  Bran, al Maestre Volkan, tras ver cómo el ejército de los muertos avanza hacia GuardaOriente.

«Muertos, dragones y Reinas dragón… cuanto se nos interponga, lo destrui-remos.  Por nosotros, por nuestra casa… por ésto».  Cersei Lannister, a Jaime (mientras indica que está embarazada de nuevo…)

«Soy Gendry, majestad, hijo de Robert Baratheon.  Hijo bastardo».  Gendry , a Jon Nieve

«El Maestre dice aquí que cursó una anulación (matrimonial) para el príncipe Rhaegar y lo casó con otra al mismo tiempo, en una ceremonia secreta, en Dorne».  Gilly, a Sam (quien no se da cuenta de la gran revelación que supone…)

(Sin Palabras).  La cara de Petyr Baelish cuando comprueba que Arya ha caído en la celada que le tiende para predisponerla en contra de Sansa.

«¿De verdad queréis salir (tras el Muro) de nuevo…? No sois los únicos».  Thormund Matagigantes, a Jon Nieve

«Es verdad, estamos en el mismo bando: todos respiramos».  Jon Nieve, a Gendry, Thormund, Mormont, El Perro, Beric Dondaryon y Thoros de Myr (¿Los 7 Magníficos tras el Muro?)