SIDI, de Arturo Pérez-Reverte. Un relato de frontera.

«Eran hombres cuyo valor tranquilo procedía de mentes sencillas: resignados ante el azar, fatalistas sobre la vida y la muerte, obedecían de modo natural sin que la imaginación les jugara malas pasadas. Eran guerreros natos. Soldados perfectos».

Pérez-Reverte consigue, con Sidi, su última novela, un verdadero relato de frontera, como subtitula la obra. Y para hacerlo utiliza la figura legendaria de Ruy Díaz de VivarEn el Cid hay un 20-25% de verdad y un 75-80% que es leyenda«), un infazón de Castilla que, más allá de sus propios logros -que fueron muchos- llegó a ser ensalzado después como héroe nacional de la Reconquista y unificador de España, cuando en aquella época los conceptos «Reconquista» y «España» no se utilizaban, ni gozaban del sentido que hoy se les da, tamizados por el baño autárquico del imperialismo más rancio de una época pasada. Por ello ha recibido (sobre todo en twitter) una avalancha de comentarios despectivos, insultantes y fuera de lugar sobre la obra y, sobre todo, su persona, nunca exenta de polémica.

Sidi se centra en un periodo corto de la vida de Rodrigo Díaz, poco más de un año, tras caer en desgracia con el rey Alfonso VI, cuando ha sido desterrado y comienza su batallar por la frontera entre reinos. Un año y medio, entre 1081 y 1082 en el que asienta su leyenda y obtiene el sobrenombre de Sidi (Señor) con el que lo conocen los moros, por sus continuadas campañas de victoria, sin una derrota. «Sidi alQanbīṭūr» según fuentes árabes del siglo XI y XII. «Rodric o Ludriq alQambiyatur» en la forma romance (él firmaba Ruderico). «Mío Cid Campeador» en el Cantar del mío Cid.

El CID, de Antonio Hernández Palacios. Todas la imágenes no acreditadas son de este autor.

UN POCO DE HISTORIA PREVIA...

Ruy Díaz nace en Vivar (cerca de Burgos, ¿1048?), en el seno de una familia noble, los Laínez o Flaínez; aunque su padre, Diego, tuvo dos cosas en contra: ser segundón en su familia y haberse puesto del lado equivocado en un conflicto de familia real (como su hijo más tarde, junto al verdadero rey, pero cuando éste muere, caerá en desgracia), por lo que salió de la corte y se dedicó a ser capitán de frontera, obteniendo para sí las tierras que conquistase (salvo el quinto obligado del rey). Pero murió pronto. Su madre, también noble y en mejores relaciones con la familia real, consiguió que se educara en la corte como paje del príncipe Sancho.

Los dos jóvenes congeniaron desde inicios; ambos tenían los mismos gustos, sobre todo la guerra, donde destacaron. A los 16 años acompaña a Sancho en la defensa de Graus contra el rey de Aragón, Ramiro I. Graus pertenecía al rey al-Muqtadir de Zaragoza, aliado de León, al que pagaba parias para que la defendiese (en aquella época eran casi más frecuentes las reyertas entre reyes cristianos, o moros entre sí, que los enfrentamientos entre moros y cristianos). Con el tiempo, Rodrigo progresa. A los 19 años es nombrado alférez, segundo en el mando del ejército tras Sancho; sabía leer y escribir, conocía las leyes y las interpretaba, sabía calmar los ánimos destemplados de su príncipe y era un gran estratega, además de buen guerrero individual. En una disputa territorial, vence al alférez de Navarra en combate singular, lo que, junto a otras victorias le hace obtener el título de Campidoctor (Campeador = guerrero que sobresale en el campo de batalla con acciones señaladas).

Pero Fernando I muere y divide el reino entre sus hijos: Castilla para Sancho, León para Alfonso y Galicia para García, el menor; a Urraca le da la ciudad de Zamora. Sancho, el mayor, que esperaba el reino completo, arrebata Galicia a su hermano con ayuda de Alfonso y, más tarde, vence a éste en la batalla de Golpejera, en 1072 (con Rodrigo al mando del ejército). Tras siete años de guerra, Sancho II se corona rey de Castilla, León y Galicia; el reino unificado de nuevo. Alfonso se exilia en Toledo, reino de su vasallo al-Mamún. Pero en la toma de Zamora, el traidor Bellido Dolfos asesina a Sancho y Alfonso VI sube al trono. Tiene lugar entonces la jura de Santa Gadea (Burgos), un episodio no documentado (aunque aparece en diversos Cantares de Gesta y la Crónica Najerense [S.XII]), donde Rodrigo, al mando de las tropas, le hace jurar que nada tiene que ver en la muerte de su hermano. Este hecho, y el haber vencido a sus tropas en Golpejera, es el origen de la enemistad de Alfonso y Ruy, a quien desprovee del título de Armíger (el que porta sus armas) y Alférez, en favor del conde García Ordóñez. Pero no es la causa de su destierro, ni llega a perder su favor: durante unos nueve años (en la novela seis meses) sigue desempeñando cargos de confianza, se casa con Jimena, sobrina o prima del rey (con quien tuvo tres hijos, Diego, Cristina y María), y es encargado de cobrar parias a reinos andalusíes, incluso luchando en batallas de unos contra otros (en una de ellas fue hecho prisionero García Ordóñez, que lo considera una humillación). En otra ocasión entró en el reino de Toledo y al-Qadir, amigo del rey, se queja de él. Este (y las rencillas de García Ordoñez) sí fue el origen de su destierro. El primero de dos.

SIDI. LA NOVELA.

Justo en este punto inicia la novela. Poco de lo anterior recogen sus páginas, salvo en flashbacks, recuerdos etéreos que asaltan al protagonista en momentos previos a la batalla o circunstancias concretas que lo requieren. La historia se centra en los hechos tras el exilio («si vos, señor, me desterráis por un año, yo me destierro por dos». Después serían cinco).

La Cabalgada, primer cuarto de la obra, recoge aquellos primeros momentos en que Ruy Díaz, junto a unos cien seguidores, la mayoría de Vivar, e inicia su aventura mercenaria en la frontera; sin reino, sin víveres ni auxilio de nadie por orden del rey, sin señor al que servir… Consigue un contrato del burgo de Agorbe para dar caza a una aceifa morabí que recorre la amplia franja fronteriza entre los reinos asaltando granjas y ermitas por pillaje, asesinando a cuantos colonos hayan a su paso, familias dispersas de castellanos o mozárabes asentados en tierra de nadie en busca de su sustento. De ahí la similitud con el oeste americano de las películas; un western medieval.

La persecución, lenta y pesada, plagada de flashbacks retrospectivos, define el carácter de Ruy, un hombre frío y calculador, que actúa sin precipitarse, que analiza cada detalle y mantiene la calma; también la distancia con sus hombres («las leyendas sólo sobreviven vistas de lejos»), pero a los que conoce y llama a cada uno por su nombre, y ellos saben que no exige a nadue nada que él mismo no haga y es el último en abandonar la batalla. Por eso le siguen. Por eso le admiran. Exiliados, hombres de frontera que buscan su pan de la única forma que saben; que conocen la piedad pero no rechazan la crueldad de sus actos y una vida que la exige (las cabezas cortadas de los morabíes son la prueba del trabajo realizado). Hombres duros y alegres, hechos a la vida que llevan, los mejores en su oficio; desfilan ante nuestros ojos a pinceladas que se irán concretando durante el resto de la obra. Como Minaya Álvar Fáñez, segundo al mando, amigo y consejero, leal ejecutor de sus órdenes, prefiere no decidir; Galín Barbués, el alegre almogávar, fiable como explorador; Martín Antolínez, eficaz con los números, responsable de provisiones, reparto de bienes y botín; Pedro Bermúdez, su sobrino y alférez, siempre a su espalda con el banderín; Diego Ordóñez, deslenguado y brutal, un animal de la guerra… y tantos otros.

Exiliado de Castilla, con nuevos hombres que se han unido a sus huestes, doscientas lanzas, aclamado como Sidi por enemigos y amigos, Ruy Díaz busca un señor cristiano al que ofrecer sus servicios a cambio de una soldada y un techo para sus hombres. El rey de Aragón anda en conflictos con Alfonso, su señor natural pese al destierro y no se lo plantea; además, en la batalla de Graus había muerto el anterior rey y no sería bien recibido. Acude pues a Berenguer Remont II, conde de Barcelona, en pleitos con demasiados vecinos y necesitará sus fuerzas; su única exigencia, guerrear contra cualquiera menos Castilla. Pero el conde, altivo y pedante, poseedor de una espada única, la Tizona, le trata con desprecio y exige lealtad total y única, que el de Vivar rechaza. Sólo le queda la taifa de Zaragoza, cuyo rey, al-Muqtadir fue aliado de Castilla, aunque sus hombres recelan de servir a un musulmán. Su heredero, al-Mutamun, hombre sabio, educado y listo, que domina el castellano y piensa que Alfonso ha cometido un error al no mantenerlo a su lado, lo recibe con brazos abiertos, le pide doblar sus huestes y le encomienda la campaña contra al-Múndir, su hermano y gobernador de Lérida, que a la muerte de su padre se ha proclamado rey y no acata sumisión a Zaragoza, aliado con Sancho Ramírez de Aragón y el conde de Barcelona. Berenguer Remont II (aunque su figura aparezca ciertamente desdibujada y, muy posiblemente, viciada por el error) queda establecido como el villano de la historia, la némesis particular de Ruy Díaz en esta etapa de su vida, el enemigo a vencer.

Considero oportuno resaltar dos personajes musulmanes que resultan atractivos en la novela: Yúsuf al-Mu’taman, rey erudito y sabio de la taifa de Zaragoza, a cuyo servicio se pone Ruy con sus hombres, sin comprometer su lealtad a Castilla. Aquí se nos presenta como hombre educado y de modales suaves, comprensivo, cercano, defensor de la cultura y tolerancia andalusí, de costumbres civilizadas en la aplicación del Islam frente a la intransigencia divina de otras tendencias árabes o su Yihad. Pero fue ás, en realidad: el ejemplo palpable de un rey sabio. Como su padre, se rodea de una cohorte de eruditos; él mismo sabe de astrología, filosofía y matemáticas, disciplina a la que aporta, incluso, un tratado, el Kitab al-istikmal o Libro de perfección, que no sólo compendia y supera las matemáticas griegas de Euclides y Arquímedes o las amplía con aportaciones musulmanas, sino que formula él mismo un teorema de geometría elemental que no sería conocido en Europa hasta seiscientos años después, cuando lo plantea Giovanni Ceva. Hay un párrafo, al final, en el que conversa con Ruy, que marca el espíritu de la novela:

—No somos tan diferentes, ¿verdad?
No, mi señor. Creo que no lo somos.
De religión distinta, pero hijos de la misma espada y la misma tierra.

La segunda figura atractiva es la de Yaqub-al-Jatib, rais de las fuerzas musulmanas de Zaragoza que al-Mutamán pone bajo mando del Cid. Guerrero poderoso y líder de sus tropas, de clara ascendencia omeya, pues se nos presenta rubio y con ojos claros (sí, había moros así -y no pocos- en el Al-Andalus del Califato Omeya, fruto de los cruces de sangre entre distintas culturas; el propio Abderramán III, tenía tres cuartas partes de ascendencia visigoda, pelo rubio rojizo y ojos azules; se teñía la barba de oscuro para parecer más árabe). Su relación con Ruy, tensa al principio, mera obediencia de órdenes de su señor, pasa de la sorpresa al reconocimiento cuando lo conoce, alcanza la admiración personal mientras lo trata, y termina en confianza y lealtad absoluta en poco tiempo; virtudes que son recíprocas por parte del Campeador, que lo considera uno más de sus capitanes.

VALORACIÓN.

Literariamente, la novela no es ninguna maravilla, pero sí interesante -como casi todo lo que escribe Arturo Pérez-Reverte-, en especial por la figura del protagonista, tan especial para muchos, cercana a todos. Él lo desmitifica y llama por lo que es: un mercenario, que lucha por su pan y el de los suyos; la desprovee del halo casi místico que se le ha pretendido otorgar y dibuja como un hombre -un gran hombre- de frontera en tiempos duros; muy duros.

La imagen de Ruy Díaz de Vivar –Sidi Qambitur para amigos y enemigos-, resulta en la novela un muestrario claro de las cualidades de un líder: frío y distante en el análisis; cercano y cálido con los hombres antes de la batalla; arrojado en el peligro, paternal en la lucha; dialoga y admite sugerencias, pero él toma las decisiones; comprensivo, abierto a las diferencias (de cultura o religión) pero inflexible en el cumplimiento de sus órdenes… Todo un compendio de estilos de liderazgo, válido para un manual de auto-ayuda y cualquier escuela de negocios, pues recorre todas -o muchas de- sus variantes para conformar la figura de un líder nato, reconocido por todos.

Por el contrario, la presencia femenina es prácticamente inexistente. Bien es verdad que en un relato de frontera, un western medieval como éste resulta difícil, cuanto no forzado o producto de la fantasía. Pero, en ella, ni Jimena alcanza la categoría de personaje, unas líneas de diálogo, una escena que recoja su figura o personalidad; queda limitada a una estampa efímera en la memoria a las puertas de San Pedro de Cardeña, al amparo de la Iglesias junto a sus hijas. Ni tan siquiera merece del Cid un atisbo de culpabilidad tras aceptar los favores de Raxina, la hermana viuda del rey de Zaragoza, mujer instruida, espléndida, que cita versos de la poetisa cordobesa Walida al-Mustaqfi para definirse; que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. La única mujer con personalidad propia en el relato, también con sangre nezrani en sus venas, el carácter decidido de su madre navarra. Poca justicia al magnífico cuadro de Ferrer Dalmau, La Despedida, que luce como portada.

Echo en falta un recuerdo a su hijo Diego (1), que ni aparece en la obra, como si no existiera. Es cierto que en el destierro podría no estar con su madre y hermanas; por aquella época tenía cinco o seis años, y era habitual que se educase como paje de algún noble. Pero un hijo, su heredero, debía ser importante para el hombre (se dice que, con su muerte, el Cid, ya señor de Valencia, quedó desolado)… y no merece ni un sólo recuerdo en la obra…

No soy entendido en Historia ni la figura del Cid, pero cuando leo novela histórica me gusta indagar en las fuentes, acudir a libros y revistas que traten el personaje y su entorno, que confirmen y amplíen lo tratado. Y de Ruy Díaz hay mucho escrito o indagado más allá de la leyenda. Y junto a datos documentados o posibles que confirman lo narrado, también he hallado dudas y contradicciones, fechas, que no cuadran y deben considerarse enfoque personal o licencias artísticas del autor. A la ya citada ausencia de Diego, ha de unirse el periodo que transcurre entre la muerte de Sancho II y el exilio, definido aquí en seis meses (2). Por último, la muerte de Ramón Berenguer II por su gemelo, Berenguer Remont II, que se da por ocurrida en la novela, cuando parece suceder meses después de su derrota en la batalla de Almenar (3).

Personalmente, no considero SIDI una de las mejores obras del autor; he disfrutado más otras, donde el suspense y la tensión de una trama bien llevada o varias líneas de acción me han gustado. Pero, como he dicho, me ha interesado. Incluso me gustaría una continuación, pues materia hay: si Pérez-Reverte quiere limitarse a escribir un relato de frontera, aún dispone para contar tres años de destierro y victorias, junto al polvo, sudor y hierro del poema de Manuel Machado; y muchas peripecias más, si lo desea, hasta su muerte. Pero el autor ha comentado que SIDI está concebida como obra única, sin continuidad.

Insha’Allá. Dios es grande y el tiempo lo dirá.

NOTAS:

(1) Diego Rodríguez, o Diego Ruíz. En el segundo destierro sí anduvo con su padre en la campaña de Levante. Murió joven, en la Batalla de Consuegra (1095). Desde 1997, se conmemora anualmente su recuerdo en Calahorra.

(2) La muerte de Sancho en Zamora se data en octubre de 1072. El destierro de Rodrigo a finales de 1080 o inicios de 1081.

(3) La derrota y captura de Berenguer Ramón II en Almenar tiene lugar durante el verano de 1082. En la novela se sugiere (y el propio Ruy se lo echa en cara al Conde) que estuvo implicado en el asesinato de su hermano. Sin embargo, éste no ocurre hasta el 5 de diciembre del mismo año, y la gesta donde se dilucida la acusación, que pierde, sobre el 1097 (se cree que, a raíz de ello parte a Jerusalén en la primera cruzada y allí muere).

La Despedida. Arturo Ferrer-Dalmau.

PÁNIKAS, de Pilar Pedraza: El gran Dios Pan no ha muerto.

Qué decir de Pilar Pedraza (Toledo, 1951); doctora en Historia, investigadora, profesora titular de universidad, ex-Consellera de Cultura en la Generalitat Valenciana y reconocida escritora de ensayo o narrativa de terror, en la que se mezclan rebeldía y feminismo, mitología y sensualidad, horror y muerte. Por sus escritos ha recibido todos los premios posibles.

Su último trabajo, Pánikas, publicado por Ediciones El Transbordador a inicios de año, es una excelente novela corta (se lee de un tirón) que le confiere, sin duda, el distintivo de gran dama gótica y sublime de la literatura española (su obra trasciende el género, sin dejar de serlo).

La acción transcurre en 1993. La vida de su protagonista, Sofía Fontbona O’Connor −profesora universitaria de literatura griega, casada, feúcha y con gafas, aquejada de síndrome bipolar− ha estado siempre relacionada con el mundo antiguo; ahora se cubre de una pátina hermosa de mitología pagana, en el curso de verano al que asiste en la isla griega de Astipalea.  Allí, los dioses de antaño se confunden y hacen presente, toman cuerpo de sátiro y despiertan en ella sueños pánicos de sensualidad y deseo; pasiones no satisfechas que, a su regreso a España, derivan en pesadillas, alucinaciones surrealistas de su síndrome bipolar, que la desconectan del mundo días enteros y la hunden en un mar de opresión.  Y es ahí, en ese surfear en los infiernos, donde la maestría de Pedraza como escritora se desata; su narrativa eficaz y fácil y unas descripciones intensas, nos lleva a vivir, a su lado, las terrible pesadillas que agobian sus sueños hasta la asfixia.

Su tratamiento y proceso de curación, desde la experiencia lisérgica de Lucy in the Sky with Diamonds, los fármacos más fuertes (“Menos pastillas y más Teócrito”) o la meditación budista, deben mucho a quienes la rodean; personajes entrañables que Pilar Pedraza retrata e ilumina con destreza: Amador, su adonis-marido, la armonía de Freddy LaBerge y su sueño lúcido (un concepto muy atractivo), o el magnetismo animal del seductor Janos Hunyàdi. Cuando los lazos del sueño se restauran con el cosmos, en un proceso dramático donde no falta la muerte, presente siempre en la obra de Pedraza, la enfermedad remite. Y Sofía regresa a lo pagano…

Pánikas es un canto sublime a la esencia del ser humano encarnado en mujer; en palabras de Luis Pérez Ochando (en un prólogo excepcional), es la obra más femenina e interna de Pilar Pedraza.  En ella, sensualidad e intelecto se entremezclan; lo sagrado y lo mundano, la razón y la locura se fusionan con la parte más salvaje del ser, esa que desea con anhelo el abrazo imaginario de Pan. 

Pero el gran dios Pan no ha muerto…

El Transbordador se luce con una edición espléndida (como merece la obra), que recrea el color y dibujos de su portada (también compuesta por el prologuista) y la convierte en una obra imprescindible para todo aquel que ame la buena literatura.

Mujeres Guerreras (IV): DARK AGNES DE CHASTILLON y otras espadachinas de R.E.Howard

Pocos, a estas alturas, desconocen que Robert E. Howard fue uno de los precursores (y quien asienta el prototipo) de la mujer guerrera como protagonista en la literatura fantástica (considerando como tal a la que, sin perder su esencia, se presenta en plano de igualdad con el hombre protagonista y destaca como éste -cuando no lo supera- en destreza con las armas, bebida, juramentos, o libertad para conducirse a su antojo cuando lo desea). Basó este prototipo de luchadoras en las guerreras de las tribus norteñas de la antigüedad, que tan bien conocía y amaba, muy diferentes de las doncellas que aparecían en los pulps de la época, para quienes se reservaba el papel de princesas, villanas, concubinas, prostitutas o brujas, nunca el de protagonista o camarada igual al héroe… Hasta entonces.

Weird Tales – Ago-Sep. 1936 (Margareth Brundage). (Todas las imágenes se amplían, picando en ellas).

Es cierto que él también utilizó esos roles en sus historias, movido por necesidades econó-mica, la demanda del público o el gusto de los editores, que no dudaban -también hoy- en utilizaban el cuerpo desnudo de la mujer en las portadas (e interior) de sus revistas para incrementar las ventas (y Margareth Brundage, una mujer, autora de la mayoría de ilustraciones de Weird Tales entre 1933 y 1938, fue un buen ejemplo). Pero no es menos cierto que, a veces, el papel de sus personajes femeninos sólo recogía el que históricamente ejercían las mujeres en un mundo salvaje y violento, dominado por los varones, como los que él describía. Con el tiempo -consolidado ya como escritor-, se alejaría del tópico.

«La tortura de una mujer desnuda e indefensa… especialmente cuando se trata de un miembro del sexo femenino de formas voluptuosas… parece excitar un cierto placer en algunas personas, las cuales, por el contrario, muestran su desagrado ante una sana carnicería en el calor y la furia de un campo de batalla. Lo primero me parece mucho más deleznable que hacer trizas a unos hombres armados… o la matanza de prisioneros en la locura de un combate»

Carta dE R.E.HOWARD a HP.LOVECRAFT (1)

Es en su serie más conocida, Conan el cimmerio, cuya publicación se inicia en 1932, donde introduce por primera vez personajes femeninos protagonistas a su altura, entre las que destacan por méritos propios Bêlit, «La reina de la Costa Negra», en el relato del igual nombre (mayo de 1934), y Valeria de la Hermandad Roja, en «Clavos rojos» (publicado en octubre de 1936, unos meses después de su muerte). Otras mujeres se acercan al prototipo de mujer liberada, independiente y poderosa. Fred Blosser, el genial analista del mundo hiborio en «La Espada Salvaje de Conan» (que volveremos a leer en las páginas del ómnibus #1, en breve) incluye también a la Devi Yasmina de Vendhya, de «El pueblo del Círculo Negro», cuya despedida descarada y orgullosa le hace elevar posiciones tras su debilidad anterior; pero, estrictamente, no se puede considerar una guerrera pues, dada su posición superior, no se haya en igualdad con el cimmerio. Tampoco Red Sonja, de Hyrkania, que es la traslación a la era hiboria en los cómics de otro personaje de Howard, que también veremos.

Conan y Bêlit, por Brom

Bêlit fue el primer y único amor verdadero del cimmerio; la conoce siendo aún muy joven y queda impresionado por su fuerte personalidad. Salvaje y despiadada, cruel con sus enemigos, muestra una feroz atracción hacia el bárbaro, a quien entrega una pasión sensual, hasta la lujuria más desenfrenada. Líder de un grupo de bucaneros negros a bordo del Tigresa, no duda ella misma en empuñar la espada para asaltar cuantos barcos hiborios encuentra a su paso y masacrar a sus tripulantes, sobre todo estigios, a quienes odia. Conan no duda en acompañarla y seguir los designios de una mujer, como lugarteniente a sus órdenes. Su regreso tras la muerte para defender a su amado en peligro, repesenta uno de los episodios más emotivos de Howard.

Ilustración de Harold Saylor De Lay para el interior de Weird Tales (agosto-sept. de 1936).

Valeria, una aventurera de la Hermandad Libre del Vilayet, es otra pirata de la que Conan quedará prendado, hasta el punto de desertar y seguirla cuando ella abandona. Espadachina hábil como pocos hombre, no duda en cruzar su arma con el bárbaro para defender su independencia y libertad. Tras un episodio con un dragón, vivirán juntos, como compañeros, una sangrienta aventura en la ciudad perdida de Xucholt, en un enfrentamiento de dos tribus hermanas que conllevará su extinción mutua.

Tanto H.S. De Lay en Weird Tales, como más tarde Barry Windsord-Smith en los cómics, siguieron con fidelidad en sus ilustraciones la imagen de la mujer, como la describe Robert E. Howard.

DARK AGNÈS DE CHASTILLON

Agnès de Chastillon. Ken Kelly

Agnès de Chastillon, Agnès de La Fère, o Agnès «la negra» como también se la conoce, es el mejor prototipo de espadachina o mujer guerrera, liberada y protofeminista a la fuerza. Sus relatos, escritos en algún momento entre 1932 y 1934, debido a su muerte prematura, no verían la luz hasta 1971 (aunque Catherine L. Moore -a quien se lo envió tras publicar el primer relato de Jirel de Joiry– se mostró entusiasmada con el personaje).

En «La Espadachina» («Sword Woman»), el primero de los relatos, Agnès es la hija pequeña de un bastardo que el duque de Chastillon, en Normandía, tuvo con una campesina, y que mantiene su nombre; antiguo soldado de muchas campañas junto a los Compañeros Francos, trata a las mujeres con el mismo desprecio que lo hacía cuando saqueaba, mataba y las violaba tras la batalla. Ha concertado su matrimonio con François, un petimetre de la región, que Agnés define como

«un buen cerdo, un puerco de grasa rancia, que no piensa más que en atiborrarse, hincharse, emborracharse y correr detrás de las faldas».

ROBERT E. HOWARD. «LA ESPADACHINA» (2).

Justo antes de su boda recibe la visita de Isabel, su hermana, sólo unos años mayor, casada y con un hijo, que termina por confesarle:

«…La vida es algo difícil para una mujer. Tu cuerpo esbelto y ligero se arrugará y encorvará como el mío, será arrasado por los sucesivos embarazos; tus manos se deformarán… tu mente se convertirá en algo turbio y melancólico… con tanto trabajo, tantas penas… y el rostro de un hombre al que odias siempre al alcance de tu vista (…) Mírame, ¿Te gustaría verte como me ves a mí?»

Y le entrega una daga de hoja afilada, para que se quite la vida con ella.

ROBERT E. HOWARD. «La espadachina» (2).
  • (Creo oportuno incluir estos párrafos porque nos muestran sin ambages, con sus propias palabras, el pensamiento real del autor tejano, acusado, a veces, de machismo).
alexasharpe-art.tumblr.com

Tras ello, mientras su padre la arrastra al altar y observa los rostros y cuerpos envejecidos de su madre y hermana, considera seguir su consejo. Pero cuando el cerdo de François se pone a su lado «sonriendo como un mono sin cerebro», Agnés cambia de opinión e incrusta la daga en su corazón. Después, con el vestido de boda, huye de su casa y se interna en el bosque, evitando el dardo que su padre le dispara con una ballesta.

Y es sólo el principio. Un comienzo de folletín, que se irá confirmando conforme avanza, hasta quedar transformado en una auténtica aventura intensa de capa y espada con toques históricos, cuya acción transcurre en Francia, en el primer cuarto del siglo XVI. Entre sus páginas se encuentran numerosos guiños o referencias a personajes de la época, desde el emperador Carlos (I de España y V de Alemania) a Lautrec en Milán (es de suponer que Odet de Cominges, hermano de Françoise de Foix, quien sí aparece en el siguiente episodio, y nos lleva a relacionar al villano D’Alençon con Charles IV de Valois y cuñado de Francisco I, cuyo reinado se inicia en 1515).

Etienne Villiers, diseño de Aaron McDonell

En el bosque, Agnès se encuentra con Étienne Villiers, un aventurero de pasado noble, vividor y aprove-chado, de excelentes modales y propósitos oscuros, que queda deslumbrado ante su porte; la acoge, viste como un hombre y le ayuda a escapar. Pero la intención de Villiers es venderla en un prostíbulo. Como está perseguido por los hombres de D’Alençon (es el único que conoce su traición a Francia con Carlos, el emperador) lo hace a través de Thibaud, uno de sus compinches. Cuando Agnés descubre la transacción, hunde su daga en el corazón de Thibaud y deja maltrecho a Étienne (a última hora se arrepiente, porque le salvó la vida). Pero comete el error de llamarle por su nombre y el posadero lo vende a D’Aleçon. Sintiéndose responsable, carga con él hacia la taberna de un amigo.

Allí encuentra a Guiscard de Clisson, jefe de los mercenarios y los Compañeros Francos, que busca hombres para enrolar en sus filas, en la campaña para evitar que el emperador eche a Lautrec de Milán. Ella se ofrece, pero la rechaza por no ser un hombre. Y tiene lugar uno de los mejores alegatos que Howard pone en sus labios:

«¡Siempre el hombre en un mundo de hombres! Una mujer debe saber cuál es su puesto. (…) ¡Mujeres: vacas, esclavas! Siervas temerosas que gimen y se arrastran, que inclinan la espalda bajo los golpes y se vengan…matándose con sus propias manos, como mi hermana me proponía. ¡Ja! ¿Me niegas un sitio entre tus hombres? Por Dios, viviré como quiera y moriré como el Señor lo desee, pero si no soy digna de ser camarada de un hombre, menos lo soy de ser su amante. Así que ¡vete al infierno Guiscard de Glisson, y que el diablo te arranque el corazón!».

ROBERT E. HOWARD. «LA ESPADACHINA» (2).

Leídas hoy, estas palabras suenan a habituales, incluso ya vistas (a mí me recuerdan, salvando las diferencias, a las que pronuncia Scarlett O’Hara en «Lo que el viento se llevó«). Pero recordad que están escritas sobre 1932, cuatro años antes que la novela de Margaret Mitchell y siete antes de la afamada película.

Inmediatamente después, sube a visitar a Étienne, quien se disculpa ante ella por sus actos. Pero cinco antiguos compinches hacen su aparición en busca de venganza por la muerte de Thibaud, de la que acusan al hombre, incapaces de creer que haya sido Agnès. Y es cuando ella manifiesta su capacidad innata: esgrime la espada de Villiers y se deshace uno a uno de los cinco, que mueren sin dar crédito a cuanto contemplan. No así Étienne Villiers, que siente cómo crece su admiración por ella. Ni Guiscard de Clisson que, ahora sí, la enrola en sus filas.

«—Como compañera de armas -le respondí-. No soy amante de nadie.

De nadie, salvo de la muerte -replicó, mirando los cadáveres».

ROBERT E. HOWARD. «LA ESPADACHINA» (2).
Dark Agnès, por Mark Schultz.

La historia no acaba ahí (ya os dije que es intensa). Tras semanas de entrenamiento en la esgrima y ya equipada como uno de los Compañeros Francos, parte con de Clissson hacia Italia, donde les esperan el resto de sus tropas. Nunca llegarán. Por el camino, les esperan los secuaces de D’Alençon, al mando del capitán De Valence, quienes confunden a Giscard con Étienne y lo matan de un balazo. Después persiguen y acorralan a Agnés en un acantilado, de donde escapa, finalmente, con ayuda de un canalla arrepentido.

En «Espadas por Francia»,(«Blades for France»), segundo episodio del personaje y continuación del anterior, Agnés de La Fère cabalga sola por los caminos. Ha quedado con Étienne (a quien ahora llama amigo) para huir juntos a Italia, lejos de los hombres de De Valence que les persiguen: a Villiers, por cuenta de D’Alençon como sabemos; a ella por ser la única testigo que puede relacionarlo con el asesinato de Guiscard de Clisson.

Dibujo de Aaron McDonnell para el cómic «Savage Sword of R.E.Howard» , de Dark Horse

Cuando un rufián malcarado se cruza con ella y la molesta, critica su forma de vestir como un hombre y requiere sus caricias a la fuerza («¿tendré que matar a la mitad de los hombre de Francia para que aprendan lo que es el respeto?»), se ve obligada a cruzar su espada con él y cumple lo prometido. Después, cambia su capa escarlata raída por la del hombre, negra, de calidad y con un brocado dorado que la adorna, y guarda el antifaz negro que encuentra en ella.

Este hecho la introduce en un complot interna-cional al más puro estilo de Alejandro Dumas en Los Tres Mosqueteros«, cambiando su época, detalles y ambientación histórica. Así, aparecen como personajes, Françoise de Foix, amante oficial del rey Francisco I; Charles, duque de Borbón (que puede ser tanto Charles de Montpensier, III de Borbón, que terminó enemistado con el rey y cambiando de bando en 1521, como Charles IV de Vendôme, par del reino y su ferviente partidario, duque de Borbón desde 1527; aunque es más posible el primero, por su enfrentamiento de herencia con Louise de Saboya, madre del rey y regente ella misma, conflicto que se cita en el texto). Y, a modo de Cardenal Richelieu, Thomas Wosley, cardenal también y Lord Canciller del Reino de Inglaterra, carismático, inteligente y tan dado a la intriga como aquel. Con todo, el folletín está dispuesto; y en él no podía faltar nuestro conocido Renault de Valence, uno de los enmascarados, y enemigo declarado de Agnès y Étienne, al servicio de D’Alençon y Louise.

Portada de Francesco Francavilla, para «Robert E. Howard’s Savage Sword»#6, de Dark Horse

«La Amante de la Muerte«Mistress of Death«), último de los relatos dedicados a Agnès la Negra, quedó incompleto a la muerte de R. E. Howard. Fue acabado por Gerald W. Page (en WItchcraft and Sorcery, enero-febrero 1971) gracias a un resumen que el tejano dejó de su argumento. Es la única aventura que incluye elementos sobrenaturales y magia, frente a la propensión de Howard de utilizar un mayor componente histórico, como hemos visto. La acción se traslada a Bretaña, en un momento indeterminado a partir de 1522 (la única referencia disponibles es el personaje de Françoise de Bretaña, que se cita como amante del duque de Orléans. Charles de Valois, hijo de Francisco I, lo fue de 1522 a 1546).

La historia sucede en Chartres. Comienza con Agnés envuelta en una reyerta callejera con tres enmascarados que la atacan, y John Stuart, un escocés exiliado, le ayuda. Junto a los cadáveres de los rufianes encuentran el del nigromante italiano Costranno, ajusticiado en la horca por envenenar al hijo del duque de Tours, que fue desenmascarado por Françoise de Bretagne. El mago resucita (por medio de una joya que, como bien indica Javier Martin Lalanda (3), recuerda al Corazón de Ahriman y Xaltotum en «La Hora del Dragón», novela del ciclo Conan) y busca venganza sobre Françoise, a la que salvan los dos espadachines, que continuarán juntos hacia nuevas aventuras.

Es muy posible que Dark Agnès naciera de la mente prolífica de Robert E. Howard, en su intención de crear un personaje femenino fuerte y liberado de prejuicios. Hay quien dice que está inspirado en su novia, Novaline Pryce. Pero ¿no existían mujeres que pudieran servir de estímulo a su imaginación? Aparte de las ya referidas en el primer punto de esta extensa reseña (aquí), es factible que Howard, lector voraz de cuantos textos de aventuras e historia caían en sus manos, tuviese acceso a la obra de Théophile Gautier «Mademoiselle de Gaupin», publicada en 1835, donde novelaba la vida de Julie d’Aubigny, «La Maupin» (1673-1707), famosa cantante de ópera y espadachina excepcional, cuya vida tumultuosa fue acogida bajo el prisma romántico del «todo por amor», tanto como chismes e historias dio origen en su época:

Julie d’Aubigny, hija única de Gaston d’Aubigny, secretario del conde de Armagnac, adjunto al rey Luis XIV de Francia, se educa en la corte, donde aprende a bailar, leer, dibujar y la práctica de esgrima, vestida como un niño desde temprana edad. En 1687, con 14 años, el conde comienza a violarla, y la casa con Sieur de Maupin (de ahí su apelativo), que envía a su marido al sur, pero a ella la mantiene a su lado, para sus propios fines.

La Maupin

Por esa época se lía con su maestro de esgrima, Sérannes, pero un conflicto con la policía, por un duelo ilegal, hace que ambos huyan a Marsella. Por el camino, se ganan la vida dando exhibiciones de esgrima y actuando en espectáculos improvisados, La Maupin vestida de hombre, pero sin ocultar su sexo. En Marsella se une a la compañía de ópera. Aburrida de Sérannes, se hace amante de una joven. Cuando sus padres la encierran en un convento, ella la sigue como postulante. Para huir juntas, roba el cuerpo de una monja muerta, que sitúa en la cama de su amante y prende fuego a la habitación. Tres meses después, la chica vuelve con sus padres. Ella es juzgada en ausencia, como un hombre, y sentenciada a la hoguera (muerte por fuego).

La Maupin, en París,vuelve a ganarse la vida cantando. Conoce a un viejo actor, que la enseña y con quien se lía, pero al que abandona por alcohólico. Insultada por un joven por su atuendo de hombre, le reta a un duelo de espadas, en el que le atraviesa el hombro. Después se interesa por él y descubre que es el hijo del duque de Luynes; se disculpa y se hacen amantes, hasta que él debe reintegrarse a su unidad. Ella continúa hasta Rouen, donde se une a otro cantante famoso y, juntos, pretenden unirse a la Ópera de París. Contacta con el conde de Armagnac para que interceda ante el rey, revoque su condena y le permita actuar en la Ópera; y lo consigue.

«Mademoiselle Maupin, de la Ópera de París, impresión de la época; anónimo.

En 1690 es contratada. Allí comienza su ascenso y éxito de público, debido a su hermosa voz, habilidad para actuar y su atuendo andrógino. Llegó a ser calificada como «la voz más bella del mundo». Pero no cesan sus amoríos con personas de ambos sexos o su tempestuosa relación otros sus compañeros. Se recuerda una vez que besó a otra cantante en un baile de sociedad y tres caballeros la retaron a un duelo. Les derrotó a los tres.

Retomó su relación con su amigo d’Albert de Luynes, y ambos mantienen más de un enfrentamiento con la ley, debido a duelos. Triunfa en diversas óperas del país y en la corte. En los últimos años de su vida mantiene una relación con la Marquesa de Florensac, cuya muerte la deja desconsolada.

Se retiró a un convento en Provenza, donde se cree que murió en 1707. Tenía 33 años; una vida intensa, sin duda. Como se ve, a veces, la realidad supera a la ficción.

SONYA «LA ROJA», DE ROGATINO

En «La Sombra del Buitre«, relato de ficción histórica que transcurre en 1529, durante el asedio otomano a Viena, capital del archiducado de Austria (y publicado en la revista The Magic Carpet, en enero de 1934), REH presenta a Sonya de Rogatino, apodada «la Roja» por el color de sus cabellos, como contrapunto femenino al caballero germano de la Orden de Malta (Orden militar de San Juan) Gottfried von Kalmbach, un aventurero vividor, desencantado y algo borrachín, que ahoga sus penas en cerveza (buena gente, sin duda). Sonya forma parte de la defensa de la ciudad frente al cerco que mantienen los turcos, donde mantiene fama de luchadora implacable y arriesgada, que odia a los otomanos por un asunto familiar (su hermana Roxelana es la Walad de Saladino -su odalisca favorita-, y ella no le perdona ese sometimiento).

Sonya la Roja, por Donato Giacolla

La historia, cuya primera parte la protagoniza von Kalmbach en solitario, en tierra santa, está repleta de acción y datos históricos reales, con un final sorprendente que muchos conocéis, pues la historia fue adaptada por Roy Thomas y Barry Smith -en un episodio que mantuvo el título del relato, pero reempla- zando el nombre de Sonya por el «más hiborio» de Sonja– en el nº 23 de la serie de cómics Marvel Conan el bárbaro (febrero de 1973). El número tuvo tal éxito de público y crítica que el personaje se convirtió en el complemento perfecto del cimmerio y obtuvo serie propia (que se mantiene hoy día), con el sugerente pero ridículo bikini de mallas, inútil para la batalla, que diseñó Esteban Maroto.

Si a alguno está interesado ahondar en el personaje y la historia original, le sugiero revisar el artículo que publiqué al respecto en 2012 (SONIA LA ROJA. Ficción e Historia real en R.E.Howard).

Preciosa fotografía de un cosplay artístico (y brevísimo) de Red Sonja (Anat Oliy Khubodin).

HELEN TAVREL

Es la tercera y última espadachina de la gran selección que realiza Paco Arellano en la edición que citamos abajo. Sólo aparece en un relato de Howard, «La Isla de la Condenación de los Piratas» («The Isle of Pirate’s Doom»), publicado cuarenta años después de su muerte, en 1976, en una selección del editor Donald M. Grant, junto a otros de sus relatos de piratas.

Helen Tavrel, diseño de un juego de ordenador en buccaneersreef.com

La historia está contada desde el punto de vista de Steven Harmer, segundo a bordo y único superviviente de La Condesa Azul, navío de Virginia que ardió por completo, y ahora náufrago en una isla. Oculto entre la vegetación ve que se acerca un barco con mala pinta y desembarcan una chalupa con ocho hombres que se dirigen a la orilla. Tras una discusión, al llegar a tierra, un joven corre hacia los árboles y los otros le persiguen. Más tarde, entre la espesura, descubre el cadáver de un pirata y toma sus armas, pero el joven aparece a su espalda, con su larga levita y un tricornio. Pero no es un hombre, sino una hermosa joven que le apunta con su espada. No puede ser otra que Helen Tavrel, la única pirata que actúa por entonces en el Caribe, una mujer temeraria y cruel, que ha cambiado las faldas por los pantalones, cuyos labios no han podido besar ningún hombre.

Ella se muestra como la describen, dura e insensible ante la muerte del pirata, irónica e hiriente frente a los comentarios de Steve, pero explica que nada tiene que ver con los bucaneros, quienes la persiguen por haber marcado la cara del capitán, tras hacerle ir con ellos a la isla, con no claras intenciones. Juntos se esconden y van eliminando piratas, que buscan un templo, oculto en la isla, de una civilización antigua, anterior a los indígenas que masacraron los españoles (siempre la leyenda negra…), que contiene un fabuloso tesoro escondido. Conforme intiman, Helen (que sólo tiene 20 años pese a su trayectoria) deja caer la máscara tras la que se oculta y se muestra cercana; incluso sensible, y llora cuando Harmer la acusa con crueldad. Le explica que fue cuidada por Roger O’Farrel, un pirata de familia noble que la rescató y cuidó de niña, y quien la educó a su estilo, rodeada de crueldad, pero un hombre al que admira por su nobleza.

La historia es la aventura típica de piratas, con el añadido del templo misterioso, una civilización extinguida y la promesa de un antiguo tesoro, en un paisaje idílico junto a pantanos sombríos, serpientes venenosas y la amenaza siempre presente de los temibles bucaneros, que da origen al acercamiento de los protagonistas. Pero, aunque describe someramente bien a los personajes, no es una de las mejores de Howard. Incluso, y pese a que defiende la libertad de la mujer frente a los hombre, o la respuesta final de Helen a Steven, que no cae rendida ante su propuesta («soy demasiado joven para casarme y tengo que recorrer el mundo como siempre he deseado. No olvides que sigo siendo Helen Tavrel»), en varias ocasiones desliza, en boca de él, opiniones de claro tinte machista (que no necesariamente han de ser las suyas, como autor) .

Fueron muchas las mujeres piratas a lo largo de la historia que pudieron inspirar la figura de Helen Tavrel a Robert E. Howard; pero, sin duda, Anne Bonny, junto a Mary Read, fueron las más conocidas. No se conocen demasiados datos de su biografía, salvo lo recogido en la «Historia general de los piratas», del capitán Charles Johnson, contemporáneo, en 1724.

Tras una tumultuosa vida anterior, llena de aventuras y violencia, Anne Bonny navegó en el «Revenge» con el pirata Jack Rackman, «Calico Jack», de quien era pareja, y participaba en los combates de forma activa, muy efectiva en la lucha y respetada por sus compañeros, que la consideraban uno más de ellos. Cuando capturan un mercante holandés encuentran a Mary Read, que se había alistado como mercenaria, también disfrazada de hombre. Hay quien comentan que las dos mujeres iniciaron una relación de pareja (incluso el movimiento gay las reivindicó en los años ’70), pero no hay constancia de ello, sino que las dos tenían su hombre. Cuando el barco de Rackman es capturado (ellas fueron las últimas en rendirse y ofrecer resistencia, pues toda la tripulación estaba borracha), son juzgadas y condenadas por piratería, pero no ahorcadas, debido a su embarazo. Se dice que las últimas palabras de Anne Bonny a Rackman fueron: «Si hubieses luchado como un hombre, no serías ahorcado como un perro». Parece que ambas tenían 20 años por entonces.

Próximo: RIFKIND, de Lynn Abbey

NOTAS:

  • (1) «Ambición a la luz de la luna y otros textos autobiográficos».  Robert E. Howard. GasMask Editores, colección Desiderata nº 2. Málaga, junio 2017, pág. 338
  • (2) «Espadachinas». Robert E. Howard. La Biblioteca del Laberinto. Madrid, julio de 2006.
  • (3) En la introducción a «Espadachinas», de Robert E. Howard, edición antes citada.

LA HIJA DEL GIGANTE DE HIELO en BD (CONAN le Cimmérien, v.4)

No es una adaptación fiel al relato de Robert E. Howard. Por el contrario, es un intento de interpretar, ampliada, la historia que REH quiso y no pudo contar por el puritanismo de la época. Robin Recht, parte de los orígenes para construir un relato cargado de erotismo y muerte, con una Atali-Lolita encantadora, mediante la sucesión de unas imágenes impactantes en blanco y negro o color.

La Hija del Gigante de los Hielos fue el primer relato genuino de Conan que escribió Howard, en 1932 (El Fénix en la Espada había sido adaptado de un relato anterior del rey Kull, que fue rechazado y escrito de nuevo para el cimmerio, con un mayor compo-nente fantástico). Pero también fue rechazado por Farnsworth Wright, editor jefe de Weird Tales con la única justificación de que no le gustaba. Podemos imaginar por qué: la historia que cuenta, simplificando los hechos, bien puede ser la persecución por la nieve de un bárbaro a una joven a la que pretende violar; ni más, ni menos, y eso, en 1932 (incluso hoy) no está bien visto. Por supuesto, el relato es mucho más que eso; contiene un alto componente épico-onírico de gran hermosura, pero, simplificando, esa podría ser la mirada. La historia, idéntica salvo algunos cambios, entre ellos su prota-gonista, Amra de Akbitana, se publicó en uno de los primeros fanzines conocidos, The Fantasy Fan, con el título Gods of the North («Dioses del Norte»). El relato de Conan quedó traspapelado hasta 1950, que la descubre L.Sprague de Camp, quien la publica -reescrita-, en 1953. Hasta 1976 no se publicó la versión de Howard.

Los estudiosos de la obra de REH (Patrice Louinet, co-director de la colección Glénat, entre ellos),
siempre pendientes de detectar influencias en sus relatos (no olvidemos que era prácticamente un solitario, ávido de lecturas pero perdido en un pueblo de la América profunda), además de ver en Atali una concepción de las Valquirias de la mitología germana, que trasladan al Valhalla a los héroes caídos en batalla, especulan con que su nombre bien podría derivar del de Atalanta, personaje de la mitología griega que desafiaba a sus pretendientes a vencerla en una carrera cuya pérdida significaba la muerte. También en la leyenda de Daphne y Apolo, cambiando el sexo de sus protagonistas. Ambas historias las habría podido leer en «The Outline of Mythology«, de Thomas Bulfinch.

Sin embargo, en 2011, Brian Leno, colaborador habitual de The Cimmerian o REH: Two-Gun Raconteur, publicó en el nº 15 de esta revista un artículo en el que indicaba que el relato «The Lady of the Frozen North«, de Alan Forsyth (pseudonimo de Leonard Cline) aparecido en la revista pulp Ghost Stories en 1928, contenía puntos en común suficientes con la obra de Howard como para considerarla inspiración real de este relato de Conan (-1-).

Así las cosas, y salvo el combate inicial (de narración y puesta en escena excelentes en el original) y el encuentro final con sus aliados aesires, con sorpresa, la historia se limita al relato plano de la persecución de Atali entre la nieve por parte de Conan, con intenciones no del todo definidas ni claras, si no es violarla cuando la alcance, como triunfo y botín de guerra. Pero no es del cimmerio de quien parten esos sentimientos, es ella quien los provoca. Cuando aparece de repente, al terminar el combate a muerte con Heimdull, aún aturdido y agotado, sin saberla amiga o enemiga (sus cabellos son rojos y dorados a un tiempo) él la trata y le habla con naturalidad y contiene el deseo pese a que está desnuda; será ella quien le provoque y pinche, hiriendo sus sentimientos hasta despertar en él la adrenalina caída tras el combate y soliviantar su ánimo:

«Mi aldea está más allá de lo que puedes alcanzar, Conan de Cimmeria. ¿No me encuentras bella?… ¿Por qué no te pones en pie y me sigues? ¡Menudo guerrero, ahí postrado…! Date por vencido y muere en la nieve como los otros necios, Conan de cabellos negros. No puedes seguirme allá donde te guiaría…»

Robin Recht ahonda y profundiza en esta herida de forma mucho más libidinosa y descarada que Howard (ver textos traducidos en los dibujos).  Noventa años más tarde puede permitirse hacerlo, incluso en imágenes, algo que nunca hubiésemos imaginado encontrar en una adaptación «seria» de Conan, salvo que la realizase Milo Manara. Pero no traiciona ni rompe la idea original de REH. Al contrario, el tejano, se sentiría satisfecho, contento con su versión, tras la sorpresa inicial…

La Atali que dibuja y construye Recht es un encanto (a mí me encanta…), mezcla de ternura y provocación, inocencia y descaro, indecencia y suavidad; un retaco pecoso y adolescente, diminuta (no le llega a Conan al pecho; la imagen de ambos juntos, o la portada, son extraordinarias) al tiempo que detenta un gran poder (poder erótico, lo define Louinet).

Ligera, vaporosa, evanescente; no corre sobre la nieve al saltar: flota y se eleva sobre ella como un elfo. La provocación para que Conan la siga es indecente, viciosa, la de una meretriz que, en un cuerpo adolescente como el suyo la convierte en Lolita de cabellos ardientes: descarada y directa a su hombría en momentos álgidos, seductora y de mirada sensual en las treguas; hasta acabar infantil, lanzando una bola de nieve a su rostro…

Ella es, sin duda, la verdadera protagonista del cómic, quien desplaza a Conan en el papel principal por deseo de Robin Recht,  demiurgo completo de una obra en la que interpreta todos sus papeles: adaptación, dibujo y color. Y lo hace de forma compro-metida: no sólo adapta el relato de Howard, lo amplía y engrandece hasta elevarlo a historia mitológica del Nordheim, recreándose en las imágenes y, dado el caso, en el color, un juego de azules y blancos del cielo y la nieve y el rojo de la sangre, entre los que entremezcla el negro del miedo.

Para ello, antecede el relato con 18 páginas en las que, por un lado, sitúa a Atali y sus pensamientos como introducción (en una doble página extraordinaria) y, por otro, la vorágine de sangre y muerte en que se convierte el enfrentamiento entre Aesires y Vanires en la llanura helada. No es hasta la página 19 que se inicia el enfrentamiento entre Conan y Heimdull, Jarl del clan de los lobos. Y, salvo en diálogos, no hay «narrador omnipresente» en la historia, son los pensamientos de la diosa-niña quien nos conducen por ella.

Esta es, pues, la historia de Atali la diosa, hija del primero y más grande de los gigante, Ymir, cuya sangre creó el mundo de los hombres, y ella cumple su misión de conducir a los héroes hasta el Odroerir, el pico más alto de las montañas:

«Y yo, Atali, debo llevarte ahora ante de él. Pues quien cae con las armas en la mano no muere realmente. No desaparece en la nada como el rico o el cobarde. Está invitado al banquete de mi padre».

Allí esperan sus hermanos, gigantes de hielo hijos de Ymir, también que, en esta ocasión, no portan cota de malla ni conforman la imagen que tan bien definió Frazzetta y permanece en nuestra memoria, sino que adoptan la forma de dos osos blancos enormes, gigantescos sin duda, que son quienes se encargan del héroe, rendido de agotamiento:

«Levantaos, hermanos míos, y tomad ahora su corazón, pues he oídos sus latidos y merece que lo depositemos, todavía humeante, en la mesa de nuestro padre para que lo devore».

Sólo que, esta vez, el héroe es un cimmerio poco dispuesto a rendirse.

El Conan de Robin Recht es grande, enorme en comparación con Atali. De rostro juvenil, como corresponde a la primera historia -también cronológica- del personaje, antes de viajar a la civilización, pero de espaldas amplias y poderosas; una figura que alcanza proporciones colosales cuando supera el agotamiento al que le somete la diosa, se levanta, al ritmo constante de sus latidos agónicos, vence a los gigantes y se convierte en el primer mortal que domina a esa Lolita de cabello rojos y dorados, que debe ser salvada, en última instancia, por su padre Ymir, el Gigante de los Hielos.

Robin Recht construye un cómic grandioso, con esas imágenes espectaculares a las que nos tiene acostumbrado en los álbumes de Elric (-2-).

Con libertad en recursos y medios, lejos de la esclavitud de un espacio limitado (es el único cómic de la serie con 80 páginas de historia [una historia simple, en realidad], frente a las 48 de los anteriores, aunque todos, se venden al mismo precio), se permite el lujo de describir la historia que quiere en la forma que desea, sin restricciones, recurriendo a viñetas enormes de una o dos páginas, o recreando un ejercicio de autosatisfacción sexual de la diosa, mientras el guerrero elegido (el cimmerio en este caso), engañado, lucha por su vida; ella alcanza el orgasmo justo cuando éste salva su vida.

De dibujo elegante al tiempo que personal, con un blanco y negro muy detallado, Recht estalla en una sinfonía única de tres colores, que él mismo añade. Una obra muy personal en todos los sentidos, muy en la línea fijada para esta colección (una obra = una aventura completa = una visión = un autor (o equipo de autores).

Como en números previos, la obra se ofrece en dos formatos:

  • edición estándar ,a color, 80 págs. 24×32 cms. 14,95 €
  • edición coleccionista, blanco y negro, 80 págs. a mayor tamaño: 28×36,8 cms. y tirada limitada, por 29,50 €.

Como complemento, las ediciones incluyen el consabido artículo de Patrice Louinet (2 páginas), donde ofrece valiosa información y anécdotas sobre la obra y el autor, en la época de su publicación, un portafolio de cuatro ilustraciones pintadas por el propio Recth, así como otra pintura homenaje al cimmerio, de Mathieu Lauffray. Y un prólogo excepcional de Michael Moorcock («La French Touch», al que nos hemos referido en otra ocasión), donde glosa las excelencias de Recht, encantado con su visión de Elric de Melniboné; también con esta de Conan el cimmerio.

Como en otras ocasiones, para la presentación de la obra, entre el 7 de diciembre de 2018 y 12 de Enero de 2019, la Huberty Breyne Gallery organizó una exposición con los originales de Robin Recht en blanco y negro. Para todo aquel que esté interesado, en la página web de la galería se ofrece la reproducción de, prácticamente, todas las planchas del álbum y otros dibujos adicionales.

NOTAS:

-1- Ver REH: Two-Gun Raconteur #15. verano de 2011, p.13-18 : “Atali, the Lady of Frozen Death” («Atali, la Dama de la Muerte helada»). Este artículo le valió, en 2012, a Brian Leno el tercer premio al mejor ensayo de la Fundación Robert E. Howard («Hyrkanian»).

-2- Robin Recht, nacido en 1974, es uno de los grandes autores actuales de la BD francesa. Su trabajo está prácticamente ligado a la Fantasía Heroica, tema que domina y le atrae especialmente, y los escenarios históricos. Sus primeras obras, un álbum de «El último ritual» (2002), y la serie de FH «Totendom«, Acto I (2005) y Acto 2 (2007), no han sido publicadas en España. Pero sí las siguientes, a partir de entonces: «El Tercer Testamento. Julius», recuperado recientemente por Yermo ediciones en dos integrales (X-2016 y II-2019), y los 3 álbumes (hasta el momento) de Elric «El Trono de Rubí», «Stormbringer» y «El Lobo Blanco», en la misma editorial.

MÁS ALLÁ DEL RÍO NEGRO en BD (Conan le Cimmérien, vol.3)

«La barbarie es el estado natural del hombre.  La civilización es antinatural, un capricho de las circunstancias. Y, en definitiva, siempre acabará triunfando».

Se trata de la adaptación de una de las últimas novelas de Conan que escribió Robert E. Howard, ya en su plena madurez como autor.  A decir de muchos aficionados y especialistas, su mejor relato; quizás, junto a Clavos Rojos.  Escrito sobre agosto de 1934, tras una racha de éxito personal (en esos momentos, encadena varios relatos vendidos; Conan es ya un personaje consolidado entre los lectores y lectoras) y sin necesidad económica que le acucie, decide escribir el relato que le pide el cuerpo, sin concesiones comerciales o sexuales (-1-), con un entorno que refleja sus inquietudes por aquella época (los primeros colonos americanos, que le son tan cercanos, enfrentados a los indios en la frontera de su propia tierra: Texas, Nuevo México…), y con el mensaje principal que siempre quiso transmitir, esta vez sin tapujos ni distracciones que atenúen su salvajismo: la barbarie natural, frente a la decadencia de la civilización. 

Y bien que lo consigue.

Más allá del Río Negro es una obra completa, contundente, donde el tejano nos muestra la personalidad más sombría y concentrada, silenciosa, del cimmerio, acorde a las circunstancias del relato.  Tan orgulloso se siente REH del resultado que así lo transmite a August Derleth  H.P.Lovecraft  en sendas cartas personales.  O -como recuerda Patrice Luinet, co-director de la colección-, se lo confiesa a Novalyne Price, en una de las conversaciones que recogió su amiga en su diario personal: «He escrito esta novela de forma experimental, para ver qué hacía Wright (editor de «Weird Tales«).  Tenía miedo de que no la aceptara, pero la ha comprado» (-2-)

La adaptación del relato a BD que realizan Mathieu Gabella y Anthony Jean (-3-) es, como el original, contundente, una adaptación muy fiel al relato de Robert E. Howard.  La pareja, cuyo trabajo conjunto se remonta a 2005, cuando deciden iniciar su andadura con La Licorne, una sola historia, una obra que, hasta el momento, contempla 4 álbumes (-4-), consigue recoger en las 48 páginas de la historia el ambiente opresivo de las selvas situadas entre el río del Trueno y el Negro, tierras pictas, la región de Conajohara, que los aquilonios empiezan a colonizar tras arrebatarla a sus dueños, al amparo del Fuerte Tuscelan, en la frontera del Rio Negro.  Los pictos, pequeños clanes y tribus dispersas, no lo pueden impedir si alguien no los une.  Y ese alguien será Zogar Sag, un picto ultrajado por los hombres del fuerte, que ha jurado venganza; también un mago, capaz de convocar demonios de los pantanos y bestias antiguas, que pueden desequilibrar la balanza a su favor.

El Conan que dibuja Anthony Jean es también contundente, sombrío; refleja espléndidamente el carácter rudo, maduro, cínico y a vueltas de todo  y no por ello menos comprometido, del mercenario veterano en mil batallas que tan bien retrata Howard en su relato.  Un Conan que, según la nueva cronología «oficial» de Dale Ripppke tiene casi 35 años (unos 40 en la de Miller y Clark, que sigue deCamp (-5-)), y ha sido de todo en la vida (bromea con que sólo le falta ser rey).  Su imagen poco convencional con las sienes rapadas (tan a la moda hoy) podrá disgustar a unos y entusiasmar a otros, entre quienes me encuentro, pero fue una acción consciente del dibujante, admitida por los directores de la colección (Louinet uno de ellos), a quienes se la dedica y agradece en los créditos finales (-6-) que, además, no desentona ni con el cimmerio de REH en esta época de su vida, ni con la intención declarada para la colección de ofrecer en cada obra una nueva visión del personaje, por un autor diferente.  En este caso, como digo, aciertan de pleno, pues aporta frescura a un personaje ya muy manido tanto en imágenes como en aventuras impropias.

Algo menos conseguido puede quedar el otro protagonista de la historia, Balthus, el aquilonio de Tauran, verdadero trasunto del autor, en quien se refleja (junto a su perro Patch, como Segador) y con quien el lector puede identificarse  (no con Conan, demasiado elevado aquí, en su elemento, para un simple mortal).  No sé si su heroísmo y actitud heroica, su concepción como verdadero hombre de la frontera en el relato, queda suficientemente patente en BD tras el brindis en su honor del cimmerio, o ensombrecido por su figura. Pero no desentona, en ese ambiente opresivo de las selvas y eriales pictos, sombríos por cerrados y en una acción que transcurre de noche.

Más allá de cómo dibuja Jean la figura humana o su realismo, agrada la definición de página que utiliza la pareja, en composición individual -ninguna página doble al estilo de Brugeas y Toulhoat, como en el álbum anterior- en la que se intercalan y alternan de forma sucesiva viñetas horizontales o verticales, entre 6 y 10 por página que no por ello resultan sobrecargadas, gracias a un dibujo fino y puntillista que, en ocasiones, resulta grandioso: grandes espacios naturales, abiertos en planos generales y lejanos, al tiempo que opresivos, incluso asfixiantes, en la mayor cercanía del plano medio y americano.  Todo en el diseño genera una sensación de movimiento y dinámica; una acción que, lejos de utilizar las descripciones y narrativa de Howard -como hacía en abundancia Roy Thomas-, deja paso a una sucesión de viñetas mudas, sin palabras, en la que el propio dibujo, con cambios continuos en planos y enfoques, se erige en protagonista único de la acción y consigue un dinamismo extraordinario.  El resultado es excelente, a mi entender, hasta el punto de que, sin ser perfecto, lo considero el mejor álbum de los publicados hasta el momento.

Un álbum que, al igual que los anteriores, se ofrece en dos versiones, en edición estándar (a color, 64 págs. 24×32 cms. 14,95 €) y en edición coleccionista (blanco y negro, 64 págs. a mayor tamaño: 27,5×36,8 cms. y tirada limitada, por 29,50 €). Ambos incluyen el habitual artículo de Patrice Louinet: tres páginas en la que sitúa al lector en el contexto de la obra y Howard en el momento en que escribió el relato; una amplia galería de dibujos y estudios de personajes de Anthony Jean, y otra con sendas láminas de seis dibujantes: Mikaël Bourgouin, Laurence Baldetti, Cristophe Regnault, Yann Tisseron y Jean-Baptiste Andreade.

Tanto una versión como otra no desmerecen su contenido: en una, el trazo fino y sombreado detallista en blanco y negro de Jean resalta con fuerza; en otra, el color suave que él mismo aplica en tonos casi pasteles y distintos degradados, contrasta con las tintas sin ocultarlas. Para que podáis comprobarlo y decidir cuál os gusta más incluimos dos planchas en ambos formatos (se amplían al pinchar en ellas).

Curiosamente, de este álbum se ha editado por Bruno Graff una tercera versión, de lujo, con las siguientes características:
– Edición limitada a 300 ejemplares 
– Nuevas ilustraciones de portada (abajo) y contraportada
24 páginas adicionales en color no publicadas previamente
96 páginas en blanco y negro con el story-board y las planchas entintadas 
– La historia en color publicada en el álbum de Glénat 
– Un ex libris firmado por Anthony Jean

Eso sí, al módico precio de 109,00€ …

NOTAS:

  • -1-  Muy al contrario de lo ocurrido en sus inicios, sus primeras obras, como se ha comentado en la reseña anterior, para  El Coloso Negro.
  • -2- Sin duda, Farnsworth Wright era consciente de su calidad, pero no llegó a encontrarle suficiente «punch» comercial hacia sus lectores, pues publicó el relato dividido en dos números de WT (mayo y junio de 1935), y en ninguno le concedió portada (previamente, parecía abonado a las portadas «picantes» de Margaret Brundage).
  • -3- Fichas en Wikipedia de Mathieu Gabella, y Anthony Jean, autores desconocidos en España, excepto por su obra conjunta El Unicornio, a continuación. De este último incluimos aquí un enlace a su blog, donde se recoge un reportaje fotográfico sobre la exposición de planchas del álbum en la Galería 9ºArte, así como numerosas muestras de éstas.
  • -4- El Unicornio integral, publicado en España por Ponent Mon en 2018, en base al volumen francés de 2014, que reúne los 4 álbumes previos: 1 – El último templo de Asclepios (2006), 2 – Ad Naturam (2008), 3 – Las aguas negras de Venecia (2009) y 4 – El día del bautismo (2012).
  • -5- Miller y Clark sitúan a Conan en este relato con casi 40 años y poco antes de hacerse con el trono de Aquilonia; una solución factible, teniendo en cuenta que es mercenario de sus tropas en la frontera. Pero en el esquema original de la cronología que ambos remiten a Howard y éste acepta, no aparecen los últimos relatos que escribió, algunos sin publicar en ese momento; entre ellos, El Negro desconocido, íntimamente ligado a éste, y donde se ofrece información adicional:
    • DeCamp alteró después el relato a su conveniencia y lo publicó como El Tesoro de Tranicos, en el que, sin reparo alguno para cambiar su final, utiliza dicho tesoro (que no pueden conseguir en el original) para financiar la campaña de Conan contra Numédides.
    • En El Negro desconocido queda claro que tanto Zarono como Strom conocen a Conan, como capitán pirata de la Barachas. También se indica (capítulo V) que el hundimiento del Wastrell, el barco del que es capitán (tras El Estanque del Negro), acontece tres años antes de los hechos que
      aquí se narran. Conan tiene unos 32 años cuando pierde su barco.
    • Cierta información sobre un personaje que aparece en Lobos Más allá de la Frontera (fragmento incompleto de unos hechos que suceden mientras Conan asciende al trono de Aquilonia, y Miller y Clark no llegaron a conocer) y que recuerda los hechos de Conajohara siendo un niño hace pensar que han pasado 5-6 años desde entonces.
  • -6- «Gracias al equipo editorial, Benoit, Jean-David y Patrice, por confiar en este álbum y permitirme ofrecer un nuevo corte de pelo al cimmerio más conocido del planeta».