Y TERRA NOVA vio la luz.

Fiel a su promesa de publicación y entrega en diciembre , hace unos días recibí el esperado volumen de Terra Nova, antología de ciencia ficción contemporánea, al que me había suscrito.

Confieso que recogí el paquete con cierta emoción -propia de antiguo fan-editor-, puesto que en mi opinión constituye un proyecto ilusionante y valiente en una época poco propicia a aventuras editoriales, digno de apoyar por cualquier aficionado a la literatura fantástica de calidad, por su intención de promover un nuevo espacio dedicado a la buena narrativa de ficción escrita originalmente en castellano (sin descartar por ello la inclusión de obras maestras en otra lengua, como las que se integran en este primer volumen).

Y es precisamente eso, calidad, lo que más destaca en esta obra y proyecto.  Desde su idea inicial, concebida por uno de nuestros mayores entendidos en el medio (¡¡felicidades, Mariano; has de sentirte orgulloso, con motivo!!), a su contenido, ocho estupendos relatos seleccionado de entre 190 enviados (más allá de esos impresionantes premios Hugo, Locus, Nebula o World Fantasy recientes) relacionados más abajo; la garantía indiscutible de sus dos coordinadores, responsables de la selección; su resultado final, ya en forma de volumen impreso de notable presencia; y esa increíble portada.

Pero también porque Terra Nova aúna, en distintas fases de su realización, nombres y conceptos (Cuásar, Literatura Fantástica, Sportula, La Biblioteca del Laberinto) íntimamente ligados a la edición independiente de narrativa de ficción en nuestro país, que resuenan en nuestra memoria de siempre con ecos de fanzines antaño, y hoy consolidan un proyecto de futuro (de mucho futuro, espero), y alegran en lo más profundo un viejo corazón curtido en esas lides.

¡Bienvenida, por tanto, a Terra Nova; y larga vida a un proyecto que recomiendo encarecidamente, y todo buen aficionado debería apoyar (además de disfrutar)!

Contenido:

  • Portada, por Ángel Benito Gastañaga (España)
  • Presentación, por Luis Pestarini y Mariano Villarreal (Argentina – España)
  • “El zoo de papel” (The Paper Menagerie), de Ken Liu (Estados Unidos) 
    premio Nebula de relato corto 2011
    premio Hugo de relato corto 2012
    premio World Fantasy de relato corto 2012
    finalista del premio Locus de relato 2012
    finalista del premio Theodore Sturgeon Memorial 2012
  • “Deirdre”, de Lola Robles (España)
  • “Recuerdos de un país zombi”, de Erick J. Mota (Cuba)
  • “Enciende una vela solitaria”, de Víctor Conde (España)
  • “Cuerpos”, de Juanfran Jiménez (España)
  • “Un día sin papá” (A Day Without Dad), de Ian Watson (Gran Bretaña)
  • “Memoria”, de Teresa P. Mira de Echeverría (República Argentina)
  • “El ciclo de vida de los objetos de software” (The Lifecycle of Software Objects), de Ted Chiang (Estados Unidos) 
    premio Hugo de novela corta 2011
    premio Locus de novela corta 2011
    finalista del premio Nebula de novela corta 2011

Edición en rústica: 16€
ebook in español: 2,99€

Más información, sobre el proyecto, contenido y autores, en Novaficcion 

Edición y adquisición: Sportula

 

TERRA NOVA. Antología de Ciencia Ficción contemporánea

Otro de los proyectos que me parecen ilusionantes y no quiero dejar de recoger en este regreso es el de la antología Terra Nova, que un día concibió con acierto y desde entonces coordina un buen entendedor y trabajador incansable de la Literatura Fantástica como es Mariano Villarreal.  Sabéis que sólo muy de vez en cuando comento en estas páginas algo diferente al Fantasy; este caso, creedme, la ocasión lo merece.

Concebido como un proyecto para publicar ciencia ficción contemporánea (ficción especulativa de un mundo cercano al nuestro, similar al estilo de obras como las de Paolo Bacigaluppi, Cormac MacCarthy, o Kazuo Ishiguro, por ejemplo) escrita originalmente en castellano (aunque incluyendo obras o colaboraciones de autores extranjeros de calidad), Terra Nova volumen 1 verá muy pronto la luz – en diciembre de 2012- , con distribución simultánea en España y Argentina y contenidos de muy alta calidad (como esa portada -arriba- de Ángel Benito Gastañaga):

  • Presentación, por Luis Pestarini y Mariano Villarreal (Argentina – España)
  • “El zoo de papel”, de Ken Liu (Estados Unidos)
    premio Nebula de relato corto 2011
    premio Hugo de relato corto 2012
    finalista del premio Locus de relato 2012
    finalista del premio Theodore Sturgeon Memorial 2012
    finalista del premio World Fantasy 2012
  • “Deirdre”, de Lola Robles (España)
  • “Recuerdos de un país zombi”, de Erick J. Mota (Cuba)
  • “Enciende una vela solitaria”, de Víctor Conde (España)
  • “Cuerpos”, de Juanfran Jiménez (España)
  • “Un día sin papá”, de Ian Watson (Gran Bretaña)
  • “Memoria”, de Teresa P. Mira de Echeverría (República Argentina)
  • “The Lifecycle of Software Objects”, de Ted Chiang (Estados Unidos)
    premio Hugo de novela corta 2011
    premio Locus de novela corta 2011
    finalista del premio Nebula de novela corta 2011
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Terra Nova volumen 1 (unas 250 páginas,  formato 15,5×22 cm, en rústica con solapas) saldrá a la venta con un precio de 15€, aunque con distribución limitada.
Una forma de asegurarse un ejemplar -y ayudar de paso a consolidar el proyecto y su tirada definitiva- es mediante suscripción (enlace aquí).  Pero antes del 1 de diciembre.
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Más información, avance de contenidos y última hora, en http://novaficcion.wordpress.com
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Como antes digo, merece la pena.

LA CHICA MECÁNICA, una Distopía de Paolo Bacigalupi.

Tras un tiempo de retiro voluntario de obras de Ciencia Ficción, para la lectura de este verano dudaba entre elegir una novela de aquellos maestros clásicos de tan grato recuerdo en su día (Asimov, Bradbury, Clark, Dick, Anderson, Aldiss, Pohl, Heinlein, Lessing, Wyndham… una lista enorme), o alguien de nuevo cuño, desconocido (pero premiado), que me abriese nuevas puertas de conocimiento.  Alguien decidió por mí, cuando me recomendó La Chica Mecánica, de Bacigalupi, novela premiada como pocas últimamente, de estilo cercano (nada de space-opera o mundos lejanos) y sugerente, con un cierto ambiente y personajes a lo Blade Runner, obra de culto personal… (ver más sobre autor y premios en la entrada previa de hace un mes).

¿Ha sido una buena elección?  Aún no lo sé.  Pero no me arrepiento de su lectura.

De lo que sí estoy seguro es que La Chica Mecánica no es -como indicaba entonces- uno de esos libros para el verano, lectura agradable con la que pasar un buen rato en vacaciones.  Se trata de una Distopía, término acuñado por John Stuart Mill (filósofo, político, y uno de los padres de la economía) en el siglo XIX en contraposición al de Utopía, para definir una sociedad ficticia -normalmente en un futuro cercano- opuesta a la ideal, donde la manipulación del hombre conduce al totalitarismo y control sobre los individuos en aras a un pretendido bien común; un concepto ya utilizado en la (ciencia) ficción por Orwell (1984), Huxley (Un Mundo Feliz), Pohl (Mercaderes del Espacio), o Bradbury (Farenheit 451), entre otros.

El futuro que plantea Bacigalupi (un siglo XXII tremendamente cercano) es aterrador, por lo identificable que resulta con una plausible evolución del nuestro (ninguno lo viviremos, pero sí nuestros descendientes; y no lejanos).  Un mundo donde el combustible fósil se ha agotado prácticamente sin disponer de energías alternativas, como la solar o eólica (un fallo de planteamiento, quizás), y se vive un retroceso tecnológico; al igual que se han extinguido especies animales y agotado los recursos alimenticios básicos, sustituidos ahora por semillas transgénicas, origen a su vez de nuevas plagas para las que el organismo humano no está preparado; donde los regímenes políticos han cambiado (el imperio americano caído, la unión europea dispersa -¿ha estado alguna vez unida de verdad?-), y son las grandes multinacionales genéticas y bio-alimentarias las que dominan el mundo (igual que «el mercado» condiciona la política actual…).

En ese entorno de retroceso industrial, rascacielos inservibles y en ruinas, recursos reinventados (ordenadores a pedales, motores de muelles percutores, ventiladores a cuerda, luz de gas…), y neoseres, criaturas creadas mediante ingeniería genética (gatos chessire que se volatilizan en el aire, como en el país de las maravillas; grandes mamuts, recreados como fuente de tracción mecánica «a sangre») Thailandia es un reducto agrícola que resiste frente al poder exterior.  Poseedora de reservas ecológicas propias, semillas no mutadas ni infectas, codiciadas por las grandes multinacionales farangs (extranjeros, occidentales), que mantiene espías camuflados de directores de fábricas o embajadores para conseguirlas, ofreciendo a cambio avances tecnológicos o cuanto sea necesario (la reunión de farangs en un garito en ruinas rebautizado «Sir Francis Drake», bebiendo whisky sin hielo, con trajes de lino blanco, es toda una imagen que rememora la época colonial de principios de siglo pasado). Thailandia, una monarquía vigilada regentada por la reina-niña, con dos ministerios principales, ambos al mando de generales enfrentados entre sí: el de Medio Ambiente con sus camisas blancas, fuerza policial creada para preservar su independencia ecológica, y el de Comercio, partidario de la integración con la tecnología farang, partícipes ambos en un juego de lealtades enfrentadas, sobornos comunes, y espías mutuos; un país empobrecido, al borde del enfrentamiento civil, y la amenaza siempre de un nuevo golpe militar (alentado, como no, por las multinacionales).

En ese entorno, también, deambulan los personajes: creaciones de todo tipo, origen y entorno social.  Anderson Lake, directivo de AgriGen, que peina los mercados y calles en busca de nuevas semillas, hasta que encuentra a Emiko; Hock Seng, el tarjeta amarilla a su servicio, antiguo pirata y traficante chino, que busca la forma de recuperar su viejo estatus; Jaidee, capitán de los camisas blancas, luchador idealista por la independencia de su país, que defiende hasta el extremo, incluso por encima de su familia; o Kanya, su segunda al mando, siempre seria y circunspecta por un conflicto de lealtades que mantiene desde su niñez; Carlyle, el traficante farang; o los generales Akkarat y Pracha en los ministerios… Y Emiko, la heechy-keechy, la chica-mecánica, neoser biogenético creado por los japoneses como chica de compañía de alto standing, abandonada después en Thailandia cuando su billete de vuelta resulta más caro que adquirir una nueva.  Sin papeles en un país que niega los avances tecno-genéticos, y condicionada en origen para obedecer y servir, se ve obligada desde entonces a dar placer y diversión exótica en un tugurio, mientras sueña con esa ciudad en la selva donde otros neoseres como ella viven libres…  Será Emiko, llevada a límites extremos en su humanidad recreada, quien desencadene los acontecimientos que otros aprovechan para romper el difícil equilibrio de intereses que mantiene estable la situación del país…  Pero mientras ocurre, su tristeza infinita queda reflejada en esta secuencia de vídeo dirigido por Guillermo del Toro:

La Chica Mecánica (The Windup Girl) es una novela extraña.  Como antes digo, podría no ser la mejor lectura para unas vacaciones de verano, pero no me arrepiento de haberla escogido; ahora, rememorando para esta reseña su historia y los sentimientos, agradezco a Mónica su recomendación.

Bacigalupi utiliza un estilo de lectura fácil, lineal, cómodo para el lector; típico de un Best Seller. Quizás al comienzo, mientras te sitúas y haces con los personajes, resulta lento y un tanto confuso (tampoco ayuda la narración en tercera persona del presente, que contribuye poco a meterte en situación); después todo fluye, sin contrastes ni apenas flashbacks al pasado, sin intrigas profundas ni misterios que desentrañar (más allá de Gi Bu Sen); sólo el desarrollo secuencial de una historia a través del punto de vista de sus protagonistas, hasta el desenlace final. No se trata, pues, de una obra brillante, de esas que dejan una sensación placentera y alta satisfacción tras su lectura (no es El Nombre del Viento, de Rothfuss, para entendernos; ni Blade Runner [Sueñan los androides… de P.K. Dick], con quien tendría líneas en común), pero contiene algo que tampoco deja indiferente.  Quizás esa sensación de normalidad en un mundo post-apocalíptico y transmutado como el que describe; o puede que esos sentimientos intensos generados por una chica sin alma...

Así las cosas, La Chica Mecánica ¿se hace acreedora a tantos premios como ha obtenido?

No me considero ahora experto en el tema, ni he leído -por ejemplo- The City & The City, de China Meiville, con quien comparte el Hugo.  Pero si alguien me preguntara si recomiendo su lectura, diría que sí.

Que juzgue por sí mismo.  Será siempre la mejor opinión.