BRAN MAK MORN. El último rey de los Pictos.

Llevo tiempo sin publicar en el blog, pero la ocasión lo merece: no puedo dejar sin reseñar la aparición, al fin, en España de un volumen dedicado en solitario a uno de los personajes más emblemáticos de Robert E. Howard: Bran Mak Morn, El último rey de los Pictos; puede que no tan conocido por el gran público como Conan, Kull o Solomon Kane, pero de característica similares en cuanto a la épica de sus aventuras heroicas, con el componente añadido de oscuridad crepuscular en el entorno y visos de tragedia en sus actuaciones; relatos que a las reconocidas dotes narrativas del autor y su excelente descripción de las batallas añaden influencias ciertas de terror gótico, la atmósfera opresiva y decadente en el paisaje y ambiente que elabora Arthur Machen, y otras, muy evidentes, de su amigo epistolar H.P.Lovecraft y sus Mitos de Cthulhu. Se hacía necesario disponer de nuevo en castellano de una obra como ésta, que congrega alguno de los mejores relatos escritos por el tejano y sus cuentos sobre un pueblo, el picto, que -en diferentes concepciones- está presente a lo largo de toda su (corta) vida como escritor. En este caso, además, iluminados con las excelentes ilustraciones de un autor, Gary Gianni, recurrente en este blog (1), que interpreta a la perfección la imagen de ese rey salvaje pero inteligente que combate al imperialismo opresor (romano) por la libertad de su pueblo, y no duda en utilizar para ello todos los recursos que tiene a su disposición… aunque se arrepienta después de sus decisiones.

Resulta curiosa la fascinación de REH por el pueblo picto desde su infancia.   Él mismo comenta -en carta a H.P.Lovecraft en 1932-, que era fruto de su aversión «por instinto» hacia el imperialismo roma-no (2), que le llevó a idealizar a ese enemigo pequeño –«pictos y escoceses»– que frenaba a las poderosas legiones más allá del Muro de Adriano. Ver por primera vez el nombre pictos en mapas fuera de los vastos límites del imperio romano le sugería «guerras terro-ríficas, ataques salvajes y feroz resistencia; valor heroísmo y ferocidad», elementos reconocibles en todos sus personajes de acción.  Eso sí, sus pictos son en gran parte –y lo confiesa sin tapujos– mezcla de su simpatía por aquel pueblo bárbaro y salvaje que admiró de niño y «una pizca de fantasía» que le lleva a idealizar el linaje de su rey más allá de la realidad de una raza:

«Los convertí en una raza fuerte de guerreros bárbaros; les otorgué una historia honorable de glorias pasadas; y creé para ellos un gran rey, Bran Mak Morn

«…un hombre de mediana estatura, similar a una pantera, con ojos negros inescrutables, cabello negro y piel morena.»

El nombre del personaje lo construye en base a una fonética gaélica de las crónicas históricas que admiraba, con variantes, como esa k (inexistente en el alfabeto gaélico) en lugar de c, para darle distancia histórica y «raíces no arias que se pierden en los sombríos laberintos de la antiguedad», a fin de enlazarlo con «aquella raza mediterránea que fue la primera en habitar Inglaterra».  Así, le llama Bran por Brennus, personaje histórico galo al que admiraba por haber incendiado Roma, y Mak Morn por Goll mac Morna (Goal mac Morn), conocido héroe irlandés perteneciente al Fianna (3).

Fue tal la fijación de Robert E. Howard con el pueblo picto que lo utilizó en casi todos sus ciclos de Fantasía Heroica (salvo Solomon Kane, ambientado en una época más moderna y civilizada), aunque de forma diferente en su concepción y alianzas, depen-diendo del momento histórico en que se encontrara.   Así, antes de Bran Mak Morn, en el ciclo atlante de Kull (unos 300.000 años a.C.), resulta una raza noble, aliada del rey (un salvaje como ellos); y un picto, Brule, el asesino de la lanza, se convierte en su amigo y compañero inseparable, y su shaman en consejero habitual. Más cerca, en el conocido ciclo de Conan (unos 12.000 años a.C.) los utiliza en tres relatos importantes, Más allá del río Negro, El extranjero negro y Lobos más allá de la frontera, como un pueblo enemigo de los cimmerios, feroz, salvaje y traicionero, que no desdeña los sacrificios humanos; aquí su estética recuerda a veces a la de los primitivos indios americanos de los westerns, malos-malos y enemigos de los colonos.

El ciclo picto de Bran Mak Morn que recoge el presente volumen (junto a relatos posteriores), se sitúa al norte de la Inglaterra actual sobre el año 300 d.C., mientras los diversos pueblos que allí habitan resisten la invasión colonial romana. Son seis relatos, poemas o fragmentos los que contiene:

La Raza Perdida donde introduce a la gente pequeña, la primera raza, que sobrevive desde la Edad de Piedra oculta en cuevas, degradada físicamente y perdida su grandeza inicial. Está narrado por Cororuc, un explo-rador britano capturado y llevado al sacrificio, del que será liberado por Berula, jefe de los pictos de Alba (Escocia), a quien ha ayudado antes.  (Hay quien prefiere situar este relato más tarde, tras la desaparición de Bran, como exponente de la progresiva decadencia de la raza picta.  Pero fue el primero que escribió Howard sobre los pictos, y Javier Jiménez Barco, alma de esta compilación, decide seguir los pasos de Javier Martín Lalanda y situarlo como inicial).

Bran Mak Morn (una sinopsis de una historia no escrita) sirve para introducir al personaje y establecer su ubicación geográfica y temporal.

Hombres de las Sombras es el primer relato donde Bran se convierte en protagonista. La narración es de un norteño, ciudadano y soldado de Roma en el Muro de Adriano, que ve cómo su compañía de 500 hombres va cayendo uno tras otros ante sucesivos ataques pictos, verdaderos lobos sal-vajes entre los brezos, y sólo él sobrevive. Perdonado por su rey, Bran Mak Morn,  por su valor en combate, asiste a un enfrentamiento dialéctico entre el rey y su shamán Gonar (concepción nueva y antigua de la raza picta), y conoce la historia de la Tribu Perdida, la primera raza, su grandeza y decadencia, su degradación y retroceso tras mezclarse con los salvajes que los invadieron; excepto el linaje real, que se man-tiene puro y Bran representa, exponente del nuevo futuro que desea para su pueblo. Pero en las visiones y profecías que emergen del fuego del campamento en la noche queda implícita una promesa: que la caída de Bran supondrá también la de su pueblo.  Para siempre.

Una Canción de la Raza, un poema que ahonda en el tema, y en el que el rey picto en su trono escucha cómo la primera raza en habitar la tierra, la de los pictos, será también la del último hombre cuando se extinga.

Reyes de la Noche. Uno de los mejores relatos de Howard; de narrativa excelente, ágil, y una vívida descripción de los combates, uno de los puntos fuertes del autor.  Pertenece también al ciclo atlante, puesto que Kull es convocado a través de las eras por Gonar para comandar la fuerza norteña aliada de Bran, que sólo seguirá a un rey no picto, gaélico ni britano.  Pero ahí acaban las referencias fantásticas de la historia, convertida en un relato pseudo-histórico de la batalla, estrategia, combate sangriento y épica.  Bran Mak Morn no ha logrado aún unificar las tribus pictas bajo su mando (lo conseguirá si vence en la batalla), pero sí una alianza entre los distintos pueblos que habitan la isla contra el invasor romano, junto al gaélico Cormac na Connatch… y ahora Kull.  Y demuestra que sabe actuar como rey de su pueblo, aunque para ello precise sacrificar aliados.

Gusanos de la Tierra.  Considerado por muchos el mejor relato del ciclo y referente de terror del autor, no en vano su título ha encabezado numerosas antologías de uno y otro tipo.  En él, la sombra de Machen y la influencia de Lovecraft es tan clara, los guiños a los Mitos tan evidentes, que incluso utiliza los nombres de R’lyeh y Dagon, mientra nos sumerje en pantanos infectos, marjales grisáceos, cabañas sombrías de brujas arteras y sonrientes, o angostos pasillos irrespirables horadados bajo tierra para conseguir una atmósfera tenebrosa, asfixiante. Es la historia sombría de una sucia venganza; la lucha oscura de Bran contra el imperio por cualquier medio («¡No hay armas que deje de utilizar contra Roma!»). Y para ello no duda en yacer con una bruja lupina que le facilita alcanzar la Piedra Negra, objeto que permite el acceso y favor de unas criaturas deformes y ponzoñozas, los Gusanos de la Tierra, artífices de su vengan-za.  Aunque con ello condene su alma y a su pueblo…

Bran Mak Morn (una obra de teatro) es un corto fragmento en el que Bran se lamenta de sus esfuerzos baldíos por evitar el retroceso de su raza a la barbarie.  También se recoge un Fragmento sin título en el que aparece Partha Mac Othna, alias que utiliza el rey mientras recorre las tierras de incógnito, y una mujer guerrera, pelirroja y altiva, que le desafía en combate, y que bien puede ser el embrión de esa Sonya la Roja que tan bien supo definir más tarde.

El volumen no recoge ningún relato del ciclo de Cormac Mac Art, pirata gaélico aliado de una banda de vikingos daneses, que transcurren unos 200 años después de Bran Mak Morn, durante el reinado mítico de Arturo Pendragon.  Y eso que Mac Art se ha enfrentado (y aliado) a los pictos de Caledonia en más de una ocasión.  En sus historias aparecen descritos desde un punto de vista enemigo y casi como una involución del pueblo de Bran: bajos, robustos, de caminar encorvado, silenciosos como sombras, «adoran a dioses extraños y aborrecibles». Son cuatro relatos de piratas y vikingos que no poseen -salvo el último- componentes fantásticos, en los que prima la aventura y una novelización histórica con ciertas licencias.  Quien se interese por ellos tendrá muy pronto la oportunidad de disfrutarlos (4).

El Hombre Oscuro pertenece al ciclo de Turlogh Dubh O’Brien, el Negro, un guerrero irlandés en los albores del S.XI, del que Howard escribió tres magníficos relatos y un fragmento.   El que nos ocupa transcurre unos años después de la batalla de Clontarf (1014) que el autor recogió en un excelente relato repleto de belleza y poesía épica como El Dios Gris pasa. Éste no le anda a la zaga: narra su encuentro con pictos descendientes de Bran, y una extraña estatua de piedra negra del antiguo rey, cuando acude al rescate de una mujer de su clan secuestrada por unos saqueadores daneses. Un relato excelente, muy bien construido, bajo las mejores pautas heroicas que marcan la obra del autor.

Dos relatos del ciclo de “Memoria Racial”, con protagonistas ya contemporáneos, Los Hijos de la Noche y El Pueblo de la Oscuridad forman parte de esta compilación.  No son de los mejores de la serie, en la que sobresale El Valle del Gusano.  En el primero, John O’Donnell, en una conversación sobre Machen, Lovecraft, von Juntz y el Necronomicon, regresa en espíritu hasta un picto que se enfrenta a los Hijos de la Noche, una raza de origen ofidio que recuerda a los Gusanos de la tierra.  En el segundo, otro irlandés, John o’Brian, recuerda su experiencia pasada como Conan, un gaélico, antes de dar muerte al último Hijo de la Noche, acto con el que salda la deuda de su ancestro.  También con protagonista moderno es La Gente Pequeña, un cuento de inspiración en Machen que incluye seres deformes y horripilantes semejantes a los anteriores, y un extraño druida que los detiene.

Cabe destacar la inclusión en el volumen -por primera vez en castellano- de El Giro de la Rueda (the wheel turns),  la novela inconclusa que Howard comenta haber escrito en carta a su amigo Tevis Clyde Smith en 1923 y que se creía perdida; Patrice Luinet, editora de The Wandering Star y entendida como pocos en la obra de Howard la rescató en 2004 de entre los numerosos papeles del autor que conser-vaba Glenn Lord, su albacea literario (5). Falta precisamente la parte dedicada a Bran Mak Morn; aunque aparece otro picto, junto a diversos personajes guerreros de diversas épocas cuyas narraciones se alternan a través del tiempo, enlazadas en una rueda que gira sin detenerse.  Esta circunstancia, junto a los poemas que incluye -en castellano también por primera vez-, el ensayo literario que el autor escribió sobre sus pictos, y la extensa correspondencia que mantuvo sobre ellos con H.P.Lovecraft, Howard Price o Clyde Smith, hacen de El Último Rey de los Pictos un volumen único para el aficionado a la obra de Howard.  La traducción es buena, descargada en su gran parte -no toda- de los grandes defectos que a menudo acompañan a las traducciones demasiado literales de sus escritos.  Si, además, los textos se presentan iluminados con las magníficas ilustraciones (9 láminas a color en el interior, además de portadas y solapas, y numerosas en blanco y negro) que Gary Gianni  realizó para el personaje (como para casi todos los del autor), este Libro de Barsoom que compila la obra de Howard dedicada a los pictos resulta imprescindible.

Porque Bran Mak Morn no es un personaje desconocido en castellano, ni siquiera en un volumen único.  Muchos recordamos aquel Gusanos de la Tierra, número 14 de la ya mítica colección Fantasy de Martínez Roca que tan buenas obras nos dio.  Pero de aquello se cumplen ahora 30 años (Berserkr recogió la noticia en su día), demasiados para un personaje tan especial.  Después, sólo relatos sueltos en diversas recopilaciones de terror, del propio Howard o de varios autores; curiosamente, casi todas recogidas bajo un título protagonizado por el rey de los pictos (como Los Gusanos de La Tierra y otros relatos de horror sobrenatural, nº 38 de Valdemar Gótica).  De ahí la importancia de este volumen de Los Libros de Barsoom.

No hace mucho meditaba sobre la necesidad en España de una edición completa de la obra de Howard en el formato que se merece.  Es de destacar la labor de recopilación que vienen realizando tanto Los Libros de Barsoom en distintas colecciones, como La Biblioteca del Laberinto en formatos diferentes.  Yo quiero más, sueño con más: una edición uniforme en gran formato, de calidad, incluso de lujo, similar a la que Timun-Mas realizara en tres volúmenes para Conan en 2006, recogiendo la previa en inglés de Wandering Star o Del Rey.  Incluso rememoraba la francesa de Bragelonne (gran formato y numerosas ilustraciones, tanto de ediciones previas como realizadas expresamente), dirigida y traducida por una entendida como Patrice Luinet (6).   El Último Rey de los Pictos es lo que más se le acerca, por el momento, como volumen dedicado al ciclo de Bran Mak Morn. Si alguna editorial profesional en España tuviera dos dedos de frente y un poco de iniciativa fantástica, ya sabe dónde debería mirar.


1 – Para ver otras entradas en el blog relacionadas con Gary Gianni pulsar aquí.

2 – Siempre me he preguntado si, de haber vivido y seguir escribiendo, Robert E. Howard hubiese tomado también partido frente al imperialismo yanky -en Vietnam, por ejemplo-; quién sabe…  De lo que sí estoy seguro es que sería fan irredento de “Asterix el galo“.

3 – Bandas de guerreros semi independientes en el Ciclo Feniano de la mitología irlandesa

4 – En abril volveremos a disfrutar en España de las historias de Cormac Mac Art, en el volumen que prepara Kelonia Editorial, ya en preventa en este enlace

5 – Fallecido en 2011.  En 1987 Glenn Lord colaboró personalmente en Berserkr, fanzine de y sobre Fantasía Heroica con un artículo sobre sus recuerdos de Howard.  Seguir este enlace para ver su reproducción y diversos artículos sobre su persona aparecidos en el blog.

6 – Ediciones de Rober E. Howard por Bragelonne (A algo parecido a esto me refiero.  ¿No os da envidia?  Posiblemente recupere más adelante la idea de escribir una entrada al respecto):

SEMILLAS DE CTHULHU. Relatos, de Jose Fco. Sastre. Serie Autores Españoles 1.

Ficha de Semillas de Tchulhu

No voy a negar que, para alguien que lleva muchos años relacionado con esto de lo fantástico, y además ha vivido de cerca la edición -aunque sea fanedición-,  es un verdadero placer y alegría saludar la aparición de nuevas editoriales o coleccio-nes dedicadas a la literatura de género.  Últimamente, la alegría es grande, pues son varias las propuesta que han surgido en este campo, con el nacimiento de editoriales como Costas de Carcosa, especializada en literatura pulp, o Ediciones El Transbordador para autores actuales (y además en mi ciudad), a las prometo dedicar espacio en próximas entradas.

Pero esa alegría es doble en el caso de esta nueva Serie Autores Españoles de La Biblioteca del Laberinto, y quiero felicitar a Francisco (Paco) Arellano a quien tanto debe el género (autor, traductor, recopilador y editor; a quien conocí en persona), por esta apuesta decidida a dar paso a autores españoles actuales, en una serie dedicada de su conocida Biblioteca; e incluso triple, por cuanto el autor elegido para su nº1, José Francisco Sastre, es todo un trabajador del relato, colaborador incansable de artículos para revistas, escritor de libros de fantasía o terror, y colega.

Cthulhu por Dominic Qwek

Cthulhu por Dominic Qwek

Semillas de Cthulhu recoge seis relatos suyos ambientados en esa atmósfera asfixiante y opresiva que caracteriza a los Mitos que creó Howard Phillips Lovecraft:: lugares oscuros y misteriosos, sombras amenazantes, simas infinitas de las que surgen vientos espectrales, seres reptantes o reptiloides con tentáculos y fungosidades; grimorios y grabados de saber ancestral; signos o símbolos protectores; puertas dimensionales, meteoritos caídos que portan las semillas del mal; sueños premonitorios, pesadillas atávicas; situaciones imposibles llevadas al límite de lo racional… y sobrevolando todo, la omnipresente sombra ominosa de unos dioses primigenios ante cuya elección es imposible actuar…

El Símbolo Arcano

Y es que, salvo excepciones, Jose Francisco Sastre imbuye en sus protagonistas de esa misma pasividad o impotencia que caracteriza a los personajes del maestro de Providence. Y cuando, como August Derleth, considera posible que un humano sea capaz de enfrentar a los Primordiales o sus mensajeros (o provoque al menos esa confrontación entre elementales que Derleth define en «El Morador de la Oscuridad»), casi siempre gracias a la disposición de un Símbolo de los ArcanosSastre opta por esa visión pesimista y letal de los hechos que es habitual en Lovecraft, y la victoria, si es que llega, sucede a costa de un precio muy alto pagado a cambio; a veces, más aún que la vida…

cthulhu_spawn por mrzarono

cthulhu_spawn por mrzarono

Sastre se deja arrastrar a veces por el propio creador de los Mitos para ubicar alguno de sus relatos: así ocurre en El Final del Camino, un remedo sin duda de La Ciudad sin Nombre con todo tipo de monstruosidad similar, cuya acción transcurre de nuevo en el desierto árabe de Rub al Khali, el Lugar Vacío, la mayor extensión de arena del mundo, donde su supone se ubica la perdida Iram; y es en Arkhamy su famosa universidad de Miskatonic, donde tienen lugar los hechos narrados en La Sombra de Horus.  Pero ahí acaba todo paralelismo.  En el resto de historias da un paso adelante y abandona ese complejo provinciano que -cada día menos- abate a veces a nuestros autores hispanos (hoy mismo he defendido esta tesis, tras una presentación en la Feria del Libro de imageMálaga), y se decide -felizmente- a ubicar los Mitos de Cthulu también en nuestro país, y con protagonistas autóctonos.  Y así, aunque En las Salas de los Reyes Perdidos los hechos suceden en mitad del Atlántico y un barco de la Fundación Cousteau, la acción se inicia en Madrid, con Alberto Ballesteros, un investigador español en busca de la Atlántida. Y en otros relatos sus protagonistas se llaman Carlos, Sonia, Jaime, Martín, Laura o Jerónimo, nombres que, para ser expuestos a penurias demoníacas y hechos sobrenaturales, suenan tan bien como los Herbert, George, Walter, Jan o Gustaff que ya conocemos.

Nyarlathotep por Alcatena

Nyarlathotep por Alcatena

Y es que -digo yo- ¿por qué el Caos Reptante, Señor del Engaño, Nyarlathotep, para preparar el advenimiento de su Amo y los Señores Primigenios va a desear menos poseer un buen cuerpo serrano de cálida sangre española que otro frío y más pálido de lejanas latitudes…?  Si ya, antes, Gustavo Adolfo Becquer o Pedro Antonio de Alarcón, Tirso de MolinaZorrilla, condenaron el alma de algunos nuestros; y, más recientemente, Carlo Sisí o Alejandro Castroguer trajeron la desolación zombie a nuestras costas ¿por qué no condenar también durante la Eternidad Primigienia a otros compatriotas?

R'Lyeh por Alcatena

R’Lyeh por Alcatena

Eso es lo que hace José Francisco Sastre en Semillas de Cthulhu, sin que sus relatos o contenido desentonen o chirríen.  Y es en esos relatos situados en tierra patria y con protagonistas de nombres cercanos donde mejor funcionan sus historias.  Y aunque La Puerta en el Cielo -un relato que bebe del ciclo onírico y los Mitos a un tiempo- no requiera ubicación y pueda ser situado en cualquier parte, La Semilla, transcurre en Errillun, un supuesto pueblecito cercano al bosque de Irati, en Navarra; y El Negro Vacío, el más largo (y, para mí, mejor construido) traslada su acción por diversas localidades del noroeste de España: un pueblo en León, una capital de provincia (muy posiblemente la Valladolid de adopción del autor) Madrid,capital del reino, con final en Cantabria.

8F2El acierto de José Francisco no se limita a trasladar hechos terroríficos a lugares conocidos; más allá de ello, se atreve a realizar aportaciones propias a los Mitos, como Sham’Goath (Los Ojos del Vacio, o el Ladrón de Almas), una deidad menor, afín a Yogh Sothoth, incluso grimorios o tratados antiguos sobre magia, como «Hijo de las Estrellas», de Tomás Salvador, del S.X, copia de una copia de un tal Axanias de Tartessos; o «Magia Prohibida y Abominaciones», de Pedro de la Riva, quien en 1887 llegó a escribir una edición comentada del mismísimo «Necronomicon», ambas conservadas en secreto en la Biblioteca Nacional.  Pero, quizá, su aportación más interesante a los Mitos se encuentre en esos «triángulos necronomiconmalditos» que indica De la Riva como zonas de influencia de algún Ser; el más conocido, sobre el que escribió Lovecraft, se encontraría en Norteamérica, entre las poblaciones de Arkham, Dunwich e Innsmouth; aunque los hay también en otros países como México, Perú, China… o España: entre Valmeiga en Lugo, Errillum en Navarra, y Draguestel en la costa Asturiana.

Azathoth por Alcatena

Azathoth por Alcatena

Puede que no todo sea excelente en Semillas de Cthulhu; y algunos relatos serán mejores que otros, están narrados con estilos diferentes, y en eso, como en todo, el gusto individual decide.  Personalmente, si algo no me ha atraído es esa reitera-ción en citar a Lovecraft como referencia en todos y cada unos de los escritos, ya sea como oposición o justificación a unos hechos imposibles, increíbles, e injustificables. Y es que Jose Francisco, todo autor que siga los pasos de Lovecraft, ha de saber que no es necesario predicar a los conversos, y aquel que va a leer un libro con Cthulhu en el título lo es, y sabe a qué se expone.

Aparte de eso, saludo la aparición de este libro y alabo el paso dado por Arellano con esta nueva Serie de Autores Españoles de La Biblioteca del Laberinto, que no puedo sino apoyar, animar su continuidad, y recomendar a todos su lectura.

LOS NOMBRES MUERTOS, de Jesús Cañadas

Ficha Los Nombres MuertosSi buscar el Necronomicon podría parece una misión improbable, e imposible que la lleve a cabo el mismo Howard Phillips Lovecraft, autor que lo concibió, producto de su imaginación, que además lo haga recorriendo el mundo acompañado de dos amigos, autores tan famosos -o más- que él mismo, Frank Belknap Long y Robert E. Howard, no puede ser sino el guión de una película de ficción o -como es el caso- una sorprendente novela que ha revolucionando el panorama fantástico español, asombrando a todos con su imaginativa propuesta, y está llamada a ser uno de los protagonistas del género este año 2014.

Jesús Cañadas es un gaditano conocido en el fandom (estoo… ¿quién sigue utilizando ese término?) por sus relatos en diversas revistas y fanzines, y ya destacó con su obra anterior, El Baile de los Secretos.  Pero con Los Nombres Muertos no sólo demuestra que escribe bien, sabe recrear situaciones, definir personajes creíbles, y mantener el interés y tensión necesaria a lo largo de una obra (al menos, gran parte de ella), sino que es listo -mucho-, y ha sabido “encontrar un filón” (lo que en las escuelas de negocio llaman un “nicho de mercado”) trasladando personajes que todos imaginamos sentados frente a su pluma o máquina de escribir, a un periplo por diversas partes del mundo en pos de una misión asombrosa, una aventura imposible.  Personajes famosos, conocidos; sobre todo, complicados (por no decir raros) en su vida real, que sin embargo define con corrección y dota de una personalidad específica mediante estereotipos marcados, a veces exagerados hasta el borde de la sonrisa (el humor se convierte en otra buena cualidad que utiliza); personajes que no son planos, cuyo temperamento y temple inicial evoluciona hasta hacerlos diferentes al finalizar la obra; a los que cambia su vida conocida (demasiado tal vez, hablaremos de ello) en beneficio de la aventura y la historia.  Una buena historia, por cierto, repleta de guiños interesantes.

HPL y FBL 1931

H.P. Lovecraft y F. Belknap Long, en 1931 (www.hplovecraft.com)

Corre el año 1931.  En Providence (Rhode Island), encontramos a un decaído H.P.L. que a los 41 años, tras su desafortunada estancia en New York y malogrado su matrimonio con Sonia Greene, vive acogido y mimado por sus tías, como un señorito inútil; se autodenomina Abuelo en su Círculo de amigos epistolares, y considera fracasada su carrera como escritor, hasta el extremo de decidir abandonarla.  Cuando su amigo Belknapius (F.Belknap Long) se presenta con una ficha de biblioteca codificada para el Necronomicon y el encargo de personas muy poderosas de encontrarlo, la curiosidad supera a la lógica de la imposibilidad y acometen el allanamiento nocturno de la biblioteca John Hay.  No acaba bien, y ambos se ven forzados a iniciar un viaje en busca del libro, al que se les une (de forma un poco forzada, hay que decirlo) otro escritor amigo y miembro del Círculo, el tejano Bob Dos Pistolas, Robert E. Howard, quien aportará al equipo el componente de arrojo y decisión que les falta a ambos.

Sonia Greene 1921Si, como digo, los tres personajes están bien definidos (desde una estereotipación ciertamente divertida: HPL indeciso y barroco, FBL pusilánime y secundón, REH fanfarrón y lanzado como uno de sus personajes), el mayor acierto, sin duda, se encuentra en la personalidad de Sonia, una mujer moderna, decidida y serena, dueña de la situación en cada momento, el pilar básico del equipo y contrapunto perfecto (e imposible) a la indecisión de Howard (P. Lovecraft).  Pero no son los únicos.  Por la novela transitan infinidad de caracteres (demasiados tal vez), muchos de ellos reales: Arthur Machen, Aleister Crowley, Fernando Pessoa, John Raskob, el propio Hitler…  La subasta del libro innombrable en Sotheby’s, descrita de forma seria e impecable, se transforma en un despliegue de extras y figurantes conocidos de la época (Alfred Hitchcock, Peter Lorre, Charles Chaplin, Sara Allgood, Aldous Huxley, George Orwell, Ezra Pound, Salvador Dalí, Trostki… hasta el mismo J.R.R. Tolkien hace un cameo y obtiene una edición inalcanzable -que le cuesta cara- del Beowulf, gracias a HPL), para acabar convertida en un tiroteo frenético, y una persecución implacable por el Museo Británico, propios de una película de Indiana Jones.

Sonia Greene y H.P.Lovecraft, 1924   (Fotos: www.yakeeclassics.com)

Sonia Greene y H.P.Lovecraft, 1924   (Fotos: www.yakeeclassics.com)

Porque Los Nombres Muertos no es una novela de terror, sino de aventuras, al más puro estilo clásico y pulp del género, donde la acción y la intriga dominan sobre el miedo que suscita el libro prohibido o subyace como trasfondo.  Una aventura imparable que su autor  conduce con pasión descriptiva y un atrevimiento fuera de lo común (¿en exceso quizás?) durante buena parte de la obra. Después decae, en favor de un tratamiento más lovecraftiano de la situación; también algo más confuso, donde el lector puede llegar a perder el hilo por momentos y pensar que se alarga dema-siado, fruto de ese despliegue de personajes y nombres, algún cierre indefinido, y una cerrazón de la trama que no existía antes.  Eso sí, obtiene un final de ruptura que nadie puede presuponer.

HPL y FBL

HPL y FBL (www.hplovecraft.com)

Jesús Cañadas es un valor en alza en el panorama de la literatura fantástica española (aunque, por circunstancias, resida fuera, como muchos jóvenes hoy).  Estoy convencido que volveremos a hablar de su obra (apuesto que será reconocido en la Celsius 232 de este año), y nos hará disfrutar buenos momentos futuros, si mantiene el desparpajo demostrado en Los Nombres Muertos, y esa visión para elegir temas, situaciones o personajes con que nos ha sorprendido.  Calidad y estilo tiene para conseguirlo, siempre que no se pierda en el exceso incipiente o la autosuficiencia que podría generar el éxito.

Pues si bien he disfrutado bastante con la lectura de Los Nombres Muertos, que ha mantenido despierto mi interés hasta conocer cómo se resuelve el final, y la recomiendo, también opino que una cierta contención en la espectacularidad de algunos hechos (“daños colaterales” innecesarios) no hubiese estado mal. Porque aunque la novela recrea “lo que podría haber sido” y no lo ocurrido en realidad, utilizar personajes reales y conocidos para hacer más espectacular la historia tiene su peligro.  Y consecuencias bastante significativas, a mi entender: de suceder los hechos como propone Jesús, alguno de los escritores que cita y trata jamás habrían sido famosos, y él no hubiese podido utilizarlos como personajes… Círculos que no se cierran y crean espirales inciertas… (que, para no generar spoilers, comento al final, bajo la foto, en tinta blanca.  Para verlas, selecciona el texto).

Robert E. Howard (Weid Tales Magazine)

Robert E. Howard (Weird Tales Magazine)

Jesús Cañadas parece emular a G.R.R. Martin en el trato de algunos personajes llamativos; solo que, en su caso, éstos nos han dejado un legado fantástico que no existiría:

  • En septiembre de 1931, Arthur Machen ya había escrito toda su obra significativa, por lo que 16 añitos de nada pueden perdonarse (no sé si él…). Pero,
  • John Ronald Reuel Tolkien, aunque tenia publicado El Hobbit, no concebiría El Señor de los Anillos hasta 1937, obra por la que es considerado “padre de la Fantasía moderna”.
  • Por esas fechas, Robert E. Howard sólo había escrito de sus personajes más carismáticos varios relatos de Solomon Kane y dos de Kull; por lo que, con seguridad, no sería más que otro entre muchos autores pulp. (Eso sí, le concede un final bastante más heroico y guerrero que en la vida real -que él mismo agradecería, por conducirle al Valhalla- en una escena que podría ser extraída de un relato de Kirby O’Donnel o Francis X. Gordon, El Borak).  El primer relato de Conan el Bárbaro no se publica hasta 1932…

 Y, en ambos casos, Jesús, muchos no podríamos perdonarte…  

😉

LA FRATI NIGRA y las Sombras del Caos, de Lem Ryan

Ficha  La Frati Nigra

Para mí resulta un placer traer a estas páginas la obra de alguien que, aún sin conocerlo, ya casi es de la familia y tuteas, tras tanto tiempo de tenerlo cerca: Lem Ryan, uno de escritores españoles de ficción más recordados y admirados de aquellas “novelas de a duro” o Bolsilibros que formaron parte de nuestra cultura popular de antaño; el más joven de sus autores, allá por los años 80 (más o menos, cuando iniciaba Berserkr), prolífico en sus creaciones (30 obras en sólo cuatro años, del 82 al 86) y, para mí, uno de los más interesantes y de mayor calidad, con abundante inspiración en dos maestros como H.P. Lovecraft y Robert E. Howard.  La caída de Bruguera truncó una prometedora carrera literaria, a la que no regresaría sino hasta 2007, con Nueva Era.

La Frati Nigra fue escrita a continuación. Y debió aparecer entonces, aunque las circunstancias lo impidieron. Quizás no era el momento, y ahora sí. Recientemente, Francisco Javier Miguel Gómez, nombre real de Lem Ryan, decidió retomar su publicación, realizando cambios profundos en su concepción original; esta vez en auto-edición, y bajo un proyecto de crowfunding que apoyamos muchos de sus seguidores.  Sólo puedo decir que valió la pena, y La Frati Nigra es una obra que se merece haber visto la luz.  También su autor.

Para ello, Lem decidió abandonar en parte la frati nigra (1)un entorno completo de fantasía y construir una novela de suspense realista al estilo best-seller de moda; eso sí, con tintes fantásticos que nunca podían faltar. Los hechos transcurren en Londres, en nuestros días, donde Lewis Miller, un escritor fracasado especializado en temas parapsicológicos en los que no cree, se ve envuelto en una serie de extraños asesinatos rituales en serie, cometido por un desconocido que envía notas enigmáticas firmadas como Hermes. Miller se convierte en objetivo del (o los) asesinos, al tiempo que sospechoso para la policía, y la acción se desata de forma trepidante.  Pronto se desvelará la conexión con un libro, Las Clavículas de Salomón, que parece contener la clave para encontrar el verdadero Al-Azif, el Necronomicon; pero no aquel cuya traducción de 1228 un errado Lovecraft atribuye a Olaus Wormius, quien en realidad vivió 350 años más tarde, sino el Libro de Raziel que el rabino Eleazar de Worms sí escribió en el S.XIII, y años más tarde le fue entregado a un copista francés llamado Nicolás Flamel, quien gracias a su información consigue la piedra filosofal y la inmortalidad… Una mujer enigmática de nombre Perenelle, como la de Flamel, es quien le pone sobre la pista del libro y le informa sobre una antigua hermandad, una secta, la Frati Nigra, infiltrada hoy en los poderes fácticos de todo el orbe, dispuesta a cualquier cosa para conseguirlo, y desatar las Sombras del Caos sobre el mundo; y que piensa que la clave para acceder al libro se encuentra en poder de Miller

Nicolás FlamelCon esos mimbres, Lem Ryan construye su historia, utilizando un lenguaje sencillo y fácil para el lector; dinámico, con cambios continuos de puntos de vista entre personajes, que hacen entretenida su lectura, y saltos en la narración que interrumpen el transcurso de los hechos y deja con ganas de conocer qué ocurrirá más tarde, se cuando retome el hilo dejado; el famoso efecto Zeigarnik del “continuará.  Y en eso demuestra que es perro viejo en la narrativa, y se le notan tablas en el arte de crear suspense.  También en la construcción de los personajes, bien definidos en su mayoría (extraordinario el de Farmer; aunque alguno quede a medias). Si le unimos una amplia documentación histórica y fantástica (pudimos intuir su verdadera extensión en la preparación a la obra realizada en redes sociales y el blog dedicado a la misma), que entremezcla hechos reales con ficticios para convencer al lector que todo es lo mismo y está ocurriendo realmente, aunque sea ficción, La Frati Nigra resulta una obra que se deja leer con facilidad y de forma rápida…

Demasiado rápido, tal vez…  Porque si algo puede achacarse en su contra, sería eso que voy a llamar el “efecto Bolsilibro”: su desenlace resulta precipitado.  Da la impresión que el Lem Ryan del siglo XXI sigue condicionado, frente a su voluntad, por las limitaciones de espacio y páginas impuestas en una etapa anterior, cuando muchas buenas historias planteadas en aquellas novelas “de a duro” fueron desperdiciadas en un final en exceso rápido.  No es el caso de La Frati Nigra, cuyo final está bien explicado, y sin carencias apenas; pero habría admitido una mayor extensión, más calma, ese ritmo pausado (al tiempo que imparable) del primer tramo, donde los hechos y pistas se sucedían sin precipitación; mayor detención en algún personaje, Perenelle o Benson, difuminados en la traca final, o Sariel, y esa Hermandad Blanca, que parecen introducidos con calzador, casi por obligación, sin mayor detenimiento…

Con todo, La Frati Nigra es una novela muy entretenida, interesante, digna de elogio y recomendable; y, como tal, la recomiendo a todos sin reparos.

Y (salvo el párrafo final) este hubiese sido mi comentario a la obra sin más, como volumen único…

Khatam Sombras del CaosSólo que ahí no termina todo (ni tampoco comienza), y se hace preciso comentar también ese “spin-off” de la misma que es Katham y las Sombras del Caos (excelente Baixauli, en la portada), donde Lem recupera uno de sus personajes más famo-sos de los bolsilibros (también en ese formato) y lo trae a nuestra época.  Porque más que un derivado, Las Sombras del Caos es una continuación a La Frati Nigra, su principio y el final de aquella se solapan y transcurren en paralelo (de ahí el título de este post), donde se justifica algo de aquella precipitación final criticada, o la indefinición de algunos personajes y conceptos: Benson, Sariel, la Hermandad Blanca (no tanto Perenelle, que -imagino- queda para otra ocasión).  Eso sí, con un cambio notable de registro, conceptos, y estilo.

Y es que Katham y las Sombras del Caos es un bolsilibro, en toda su extensión.  No ya por el formato en que se presenta, nº 1 de la Colección Savage, sino porque entra de lleno en el terreno fantástico (y también algo pulp), y adolece de ese componente de realismo y documentación que hoy marca estilo, y del que hace gala la novela madre.  Y como tal, contiene situaciones que no requieren ser explicadas, al menos no de forma tan racional, y entre sus páginas discurren bárbaros y magos de otras eras transmutados a nuestros días; el Necronomicon tradicional, aparecido como por ensalmo; horripilantes criaturas malignas nacidas del caos primordial; seres zoomorfos de mundos paralelos en espacio y tiempo, con atmósfera similar, o puertas dimensionales que facilitan su acceso; ese eclectismo de géneros con sabor a pulpa con el que Lem nos encantaba antaño, ahora recuperado.

Dicho esto, no entraré en comparaciones, Grimorio marc-simonettigustos personales, situaciones o personajes compartidos en historias de registros tan dispares; alargaría en exceso este comentario, ya de por sí  extenso. Sí lo haré sobre algo que he observado en las últimas obras: una tendencia a la unificación, la confluencia de personajes, en la que Nicolás Farmer (un acierto, sin duda) aparece como elemento integrador. Su presencia en el cierre de ambas historias comentadas, y en el cuento El Sueño del Nilo, escrito como enlace entre ellas y la novela anterior, Nueva Era, lo demuestra y presagia hechos venideros. También la doctora Montalt, protagonista en aquella, acompaña a Katham de Kaal… Y quiero intuir que volveremos a verlos,  en otra historia.  De ser así, el autor deberá decidir qué registro elige para mostrarla: si el bosilibro de antaño, o la novela actual.  En cualquiera de ellos, sus seguidores vamos a aceptarla; pero consideraría un error su mezcla.

Y para terminar, una reflexión personal.  Alguien me dijo hace tiempo que un autor se considera importante cuando su nombre aparece en portada por encima del título (vende más, sea éste cual sea).  Considero que la marca Lem Ryan reúne atractivo suficiente para ello, y los muchos seguidores que tiene vamos a continuar , independiente a como se llame la novela (así que… para la próxima) 

GLENN LORD in memoriam: RECUERDOS DE UN AGENTE DE HOWARD

El presente artículo apareció publicado originalmente en las páginas 24 y 25 de Berserkr, Fanzine de y sobre Fantasía Heroica, nº 6 (enero de 1987), dedicado a la memoria de Robert. E Howard, con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento.

Valga también, hoy, reproducido íntegramente, como homenaje particular a ese trabajador incansable, fan nº 1 del autor tejano que fue Glenn Lord, su albacea literario, fallecido el pasado 31 de diciembre (ver artículo previo en estas páginas pulsando aquí). 

Me enteré por primera vez de la existencia de Robert E. Howard hacia 1951, cuando Bradford M.Day, un corresponsal que vendía algunos libros, me recomendó SKULL-FACE & OTHERS.  Enseguida me fascinó; empecé a buscar otros títulos de Howard, pero el único que estaba en venta por aquel entonces era la edición de ‘Gnome Press’ de “Conan the Conqueror”.

Algunos meses más tarde me incorporé al ejército, pues la guerra de Corea había estallado, y por eso sólo pude comprar los títulos de Conan de ‘Gnome Press’ a medida que fueron apareciendo.

Hacia 1956, como estaba muy influenciado por las colecciones de poesía de ‘Arkham House’ publicadas por Clark Ashton Smith y Lea Bodine Drake, tuve la idea de reunir y publicar toda la poesía de Howard en un volumen similar.  Dale Hart, un amigo y admirador desde hacía mucho tiempo, aprobó la idea y escribí a Oscar J. Friend, que era el agente de los herederos de Howard por aquel entonces, y compré los derechos de publicación de su poesía.  Desgraciadamente, Friend no pudo facilitar la mayoría de los poemas, por lo que comencé a comprar ediciones de ‘Weird Tales’ que contuviesen aquellos que me faltaban; también me ayudaron algunos aficionados que me enviaron los poemas que habían sido publicados en fanzines, tales como “The Fantasy Fan” y “The Phantagraf”.  Estuve en la región de Brownwood-Cross Plain, donde poco pude obtener, pero sí conseguí la dirección de uno de los amigos de Howard, Norris R. Chambers, quien, como esperaba, había recibido algunos de sus poemas por correo.

ALWAYS COMES EVENING -así iba a titularse la colección- fue concebida como auto-publicación, limitada a 350 ejemplares.  Sin embargo, cuando hube terminado mis investigaciones y comencé a buscar impresor y encuadernador, descubrí que los costes locales serían demasiado elevados para el precio por el que esperaba vender el libro.  Se me ocurrió mencionar este hecho a August Derleth y el sugirió un acuerdo mediante el cual ‘Arkham House’ publicaría el líbro, pagando yo los costes de imprenta y conservando los beneficios de su venta, menos un pequeño coste de manipulación.  Nos pareció aceptable, y así, ALWAYS COMES EVENING llegó a ser uno de los tres o cuatro títulos de ‘Arkham House’ cuyos costes de edición fueron suscritos por alguien que no era el editor.

Las investigaciones que había realizado acerca de ALWAYS COMES EVENING me llevaron a interesarme aún más por Howard y su obra desconocida -publicada mayormente en revistas de aventuras, deportes y del oeste- durante su vida.  Aquella fue una tarea laboriosa y lenta, dado que no existía bibliografía alguna de su obra, y muy pocos de aquellos ‘pulps‘ habían llegado a tener índice.  Sin embargo, fue de gran ayuda el que se conocieran los títulos de algunas revistas.  Los ‘pulps‘ eran mucho más baratos y fáciles de conseguir y acabé por comprar series de algunos títulos durante ciertos años; todo ello tuvo que ser adquirido por correo, por lo que no podía comprobarlo de antemano.

Algunos editores de ‘pulps‘ seguían publicando –‘Street Smith’, ‘Popular Publications’, y ‘Thrilling Publications’– y me enviaron la relación de historias de Howard publicadas por ellos.

Poco después de la publicación de ALWAYS COMES EVENING, conseguí un gran número de poemas no publicados y cartas de Harold Preece y August Derleth.  Como deseaba presentar algo sobre los indices que iba recibiendo, empecé un pequeño fanzine titulado The Howard Collector en 1961.  Se publicaron 18 números antes de que fuera interrumpido en 1973.

En 1963 murió Oscar J. Friend, el agente de Howard, y a finales de 1964 su viuda e hija decidieron cerrar la agencia.  Los herederos de Howard les pidieron que buscasen a alguien que se encargara de los derechos de publicación.  Preguntaron a L. Sprague de Camp, pero éste lo rechazó argumentando que estaba muy ocupado con su propia obra, y me recomendó a mí, como conocedor del tema y alguien muy cercano a los herederos, ya que éstos vivían también en Texas.  Por lo tanto, a principios de 1965, llegué a ser agente de las propiedades intelectuales de Howard.

Recibí de la agencia Friend unos treinta manuscritos no publicados, además de lo que parecía ser un inventario de las historias de Howard, conteniendo un gran porcentaje de obras que desconocía.  Recordé que E. Hoffman Price me había dicho años antes que había recibido del Dr. Howard, hacia 1944, un baúl lleno de “borradores” y que se los había prestado a un aficionado y escritor que conoció algún tiempo después.

Pero dicha persona insistió en que los había prestado al difunto Francis T. Laney, un famoso aficionado que había publicado un fanzine que era una primicia, ‘The Acolyte’, en los años 40.

Así quedó el asunto hasta que encontré una relación de historias y, de pronto, empecé a sospechar que aquellos “borradores” eran realmente manuscritos.  Entré de nuevo en contacto con este aficionado, identificándome como el agente de Howard, y ofreciendo una recompensa si podía localizar los papeles que faltaban.

¡Qué sorpresa!  Recibí de él una carta en la que me decía que acababa de ponerse en contacto con la mecanógrafa a la que se suponía que Laney había dejado los manuscritos para pasar a máquina.  Se acordó una recompensa -en realidad, una cantidad bastante pequeña- y recibí unas cajas con papeles en 1965 y 1966.  Más tarde, las cartas de Howard a H.P. Lovecraft vendrían de la misma fuente.

Que yo recuerde, tardé varios meses en ordenar la cantidad de papeles, mal metidos en las cajas, muchos no numerados, copias, antiguos esquemas, apuntes, manuscritos sin terminar, historias escritas detrás de otras historias, etc…

Había poco trabajo como agente de Howard cuando empecé.  Pero el éxito de la serie Conan de ‘Lancer Books’, más tarde, en los años 60 (hay que decir que este proyecto ya había sido iniciado antes de que yo llegase a ser agente), marcó el inicio de las publicaciones de libros de Howard.  El fracaso de ‘Lancer‘ fue en cierto modo, malo durante un tiempo, pero quedó afortunadamente resuelto justo antes del auge, a mediados y finales de los 70.  Hoy, el “boom” ha decaido bastante, aunque la serie Conan sigue bien, así como la venta de las traducciones a otros idiomas.

Esta crónica no estaría completa sin mencionar Conan Properties, Inc., que fue creada en 1977 como holding propietario de todos los derechos sobre Conan, independientemente de quien fuera el autor de la historia.  Se observó que el personaje podía llegar a ser un gran negocio en sí, a través de libros, películas, derechos de venta, comics, etc… dada su alta cotización de poco después, así como al ser continuadas sus aventuras en nuevas obras.  Además, el hecho de que se halle localizada en Nueva York es muy ventajoso, puesto que la mayor parte de los posibles clientes tienen sus sedes y oficinas en esta ciudad.