Mujeres Guerreras (III): ______ JIREL DE JOIRY, de CL Moore

Hablar de Jirel de Joiry supone, para mí, saldar una deuda que arrastro ya 35 años, cuando, en la editorial de Berserkr nº5, dedicado por completo a las mujeres guerreras (pero centrado en Red Sonja, Marada y Las Amazonas de Gianluiggi Zuddas) prometí dejarla (junto a Rifkind, de Lynn Abbey) para una mejor ocasión. Ha tardado, pero la dicha es buena.

Aprovechando la reciente edición de Costas de Carcosa (una colección de pequeñas maravillas del pulp que no me canso de recomendar) dedicamos el 9º encuentro del Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga a las Mujeres Guerreras, en la realidad y ficción, con lectura de la Saga de Jirel. De ahí surge esta reseña.

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Jirel de Joiry es la primera heroína de una serie de fantasía en la historia; escrita, además, por una mujer (aunque este detalle, de inicio, no lo llegaron a conocer sus lectores). Su primer relato, El beso del Dios Negro, se publicó en Weird Tales, en su número de octubre de 1934, que incluso le dedicó la portada, ilustrada por Margaret Brundage.

CL Moore era una firma conocida por los lectores de Weird Tales, seguidores devotos de su anterior personaje, Northwest Smith, un simpático canalla del espacio que llegó a rivalizar en fervor popular con el Conan de R.E.Howard. También lo haría Jirel, una heroína del mismo talante que el cimmerio, con quien compartía aventuras del género Espada y Brujería (más brujería que espada, en su caso) y también el entusiasmo del lector.

En EL BESO DEL DIOS NEGRO, su primera aventura se nos muestra ya a una Jirel, dama castellana de Joiry y alto comandante (sic.) del lugar, asentada en su cargo; un cargo aceptado sin discusión, aunque no sin disputa de algún enemigo. Nada se nos explica de su pasado ni cómo accedió al mismo, si por alcurnia o la fuerza de las armas, aunque se da a entender lo primero (se cita el castillo, no lejano, de un primo suyo). En este sentido, la castellana ejerce como tal, dueña y señora de sus dominios y respetada por sus hombres, que no dudan en seguirla al combate a su comandante, «una mujer valiente, guerrera salvaje, y la más temeraria de todos los soldados a su mando«. También, como señora feudal que es, ha conocido el amor y numerosos amantes a los que, siempre, elige ella. Una buena descripción la encontramos al inicio de La sombra del dios negro:

«… ella había comandado la fortaleza más firme del reino sin llamar «señor» a ningún hombre y alardeaba, orgullosa, de que Joiry jamás caería, y de que ningún amante se atrevía jamás a ponerle las manos encima salvo como respuesta a su sonrisa» .


Sin embargo, cuando comienza el primer relato, Joiry ha caído en manos de Gillaume, que se sienta en el estrado y, para colmo, le arranca un beso forzado, no consentido. No puede haber mayor injuria para Jirel en tales momentos, tras ser vencida y derrotada, que la vejación de ser besada a la fuerza por quien es su conquistador. Y la ira y el odio se desatan en su interior humillado, hasta el punto de desear y estar dispuesta a bajar a los infiernos, en busca de un arma infernal que le permita destruir para siempre al único hombre que la ha vencido en batalla y, sobre todo, se ha atrevido a mancillar su imagen, besándola sin invitación. Y bien que lo hace. Tras obtener la bendición del padre Gervasio, y desoyendo sus ruegos y advertencias, se introduce en el pasadizo que nace en las mazmorras del castillo y desciende a los infiernos más oscuros. Tampoco se explica -ni es necesario- por qué existe ese túnel que sólo
ambos conocen, ni cuando lo descubrieron, pero que desciende hasta tierras «que no son de Dios» (ha de quitarse la cruz que porta al cuello para seguir avanzando). Y cuando lo hace, penetra en un mundo diferente, una extraña dimensión oscura donde, en realidad, transcurre la verdadera historia.

Y es dónde CL Moore diferencia su personaje y estilo del de otros, como RE Howard: mientras, antes, la batalla se obvia y es descrita de forma sucinta, como de paso (algo que sucede también en otros relatos), las descripciones de y sobre la dimensión oscura son ricas, amplias, numerosas, continuas y seguidas hasta casi el exceso, forman la base de la narración. Y por ella pululan nume-rosas criaturas distintas, diferentes, y es su propio reflejo oscuro, encarnado en su propio cuerpo, quien le indica dónde encontrar el arma que busca, la estatua del dios negro que le ofrece su oscuro beso de muerte.

El regreso es rápido, así como la resolución de la historia en este primer arco del dios negro, que se cierra con la ansiada venganza, fulminante y decisiva sobre Guillaume cuando le besa. Sólo para descubrir que el demonio con su forma le había engañado y ella debe pagar de por vida el precio de haber aceptado el regalo de un demonio: ya no habrá luz en su vida sin Guillaume. Y llora amargamente su terrible destino.

Ya hemos comentado en otro lugar el éxito de público que obtuvo el personaje, por la sutil descripción del ambiente y el estilo personal de narrarlo, con tintes Lovecraftianos y Dunsanianos; de inmediato, lo elevó, junto a su autora, a ser considerada una de las preferidas entre los lectores de Weird Tales (ya lo era con Northwest Smith).

LA SOMBRA DEL DIOS NEGRO continúa la historia donde ha quedado, muy poco tiempo después, cuando encontramos a Jirel agobiada y entristecida, acosada en sueños por una voz lastimera que la llama, mientras en su corazón sabe que no es odio lo que sentía por Guillaume («aunque el fuego y la ira habían brotado de su interior como la locura»), sino amor. Esa y no otra es la maldición que trajo desde el infierno en su venganza. Esa, y el saber que quien la llama en sueños y suplica misericordia es el alma de Guillaume, que vaga y sufre, indefensa, los rigores de su castigo. Castigo que ella misma le provocó. Jirel ha matado a muchos hombres, pero ninguno con esa magia oscura e infernal que condena su alma; y la maldición del amor por un lado y los remordimientos por otro, la llevan a adoptar una decisión terrible para su integridad: bajará de nuevo a los infiernos y salvará el alma perdida de Guillaume. Y lo hace.

En este sentido, La sombra del dios negro no es sólo la continuación del relato anterior sino que, por mucho que cambie el entorno físico de la dimensión y bien escrita que esté, contiene una repetición de éste y sus conceptos, una búsqueda interminable por planos oscuros y extraños con asombrosas criaturas infernales, hasta conseguir lo que persigue y regresar con el deber cumplido, tras obtener la tranquilidad del alma maldita. Así lo entendió no sólo el editor de Weird Tales, que otorgó la portada del número (WT de diciembre de 1934) al relato «Nacerá una bruja«, de R.E. Howard (sin duda, mucho mejor, en mi opinión), elegido también como mejor relato por el público. Las alabanzas y buenas críticas hacia Jirel continuaban, pero también surgían críticas, algunas muy duras; como la de Fred Anger que, al calificarlo como el peor relato de CL Moore hasta el momento, generó que HP Lovecraft (quien había catalogado el relato como «un buen segundo») dedicase, en privado, una efervorizada respuesta en su defensa:

«La señorita Moore (…) en la actualidad, ciertamente pertenece al nivel superior de colaboradores de WT, junto con Smith, Howard, etc.»

HP Lovecraft a William F. Anger, 28 de enero de 1935 (1)
Dibujo de Jeanne Dangelo

En JIREL SE ENCUENTRA CON LA MAGIA (WT, julio de 1935), CL Moore recupera la Jirel guerrera y valiente, dueña de sí misma y sus actos, a la que siguen sus hombres sin cuestionar el peligro; en este caso, al asalto y conquista del la fortaleza de Guischart, donde se oculta el mago Giraud, culpable de la muerte de diez de sus hombres y sobre quien, de nuevo, buscará la venganza. En la que quizás sea la mayor escena de batalla de toda la serie, Jirel se nos presenta actuando como verdadero comandante de sus hombres, escupiendo amenazas e improperios para animarlos y empujarlos, envuelta en armadura completa y portando una espada poderosa y pesada. Pero, tras la conquista, Giraud ha conseguido escapar por una amplia ventana de la torre, que se abre a una tierra extraña, que no corresponde con el paisaje que realmente existe más allá de ésta. Sin dudarlo, Jirel, sin armadura ni la espada de dos filos, sólo la cota de malla y una larga daga al cinto, se introduce sola en la dimensión mágica, donde encontrará una dríade y una poderosa maga capaz de cambiar de formas, jefa del mago Giraud, a los que habrá de derrotar, en una tierra extraña y cambiante, llena de magia. Y en ese entorno, CL Moore se desenvuelve de maravillas en descripciones de paisajes y entes, como para construir una historia interesante sin necesidad de batallas.

Jirel de Joiry, según Philippe Caza

LA TIERRA OSCURA (WT, enero de 1936) comienza con Jirel en el lecho, moribunda, tras sufrir una herida profunda de pica en el costado, en la carga que acaba de capitanear. Cuando el padre Gervasio acude a confesarla no la encuentra en la cama. Su cuerpo acaba de desaparecer y todos en la habitación lloran su pérdida y lamentan su destino, pues comentan:

«¡El mismo diablo se ha apoderado en cuerpo y alma de Jirel de Joiry en su lecho de muerte!»

Portada de la edición inglesa de Gandalf

Y no andan descaminados, pues la castellana se encuentra en Romne, un reino oscuro (de esos que a CL Moore encantan), donde reina la negritud más absoluta, raptada por Pav, su rey, un extraño hombre negro de rostro duro y majestuoso, tocado con una perilla que le recuerda al mismísimo diablo, que la mira con lujuria desde sus pequeños ojos rojos brillantes; y que confiesa haberla arrebatado de su lecho de muerte, llevando su cuerpo y su mente a través del espacio curvo que separa ambos mundos para hacerla su reina. Porque está profundamente enamorado de ella, de su «fuerza ardiente y salvaje, que ninguna otra mujer posee en ninguna de las tierras que conozco. Una fuerza igual que la mía, señora Jirel». Por supuesto, ella no acepta, y tras un duelo dialéctico, una lucha feroz de voluntades en la que descubre que Pav la puede dominar y forzar su voluntad hasta obligarla, dice que antes de ceder se matará ella misma; o que encontrará un arma para matarlo a él. Cuando presume de que no existe, ella promete encontrarla; de lo contrario, él la podrá tomar. Y Pav acepta (pobre iluso…). La historia principal narra el periplo de Jirel por aquel mundo oscuro y cambiante, en el que no rigen las mismas normas y reglas físicas que en la tierra, en busca de posibles aliados y el arma que acabe con su rey.

Ya hemos comentado que la inesperada muerte de Robert E. Howard, en junio de 1936, supuso para Catherine Lucille un duro golpe, que incluso pudo ocasionar el abandono de Jirel como personaje, por tánto como compartían en cuanto a género. Pero la irrupción en su vida de Henry Kutner, a la larga su marido, que le propuso (e inició) una colaboración entre ambos, en un difícil crossover de sus dos personaje, Jirel y NW Smith, podría haberlo evitado.

La dos portada (unidas forman un todo) de la edición francesa de Folio SF para las obras completas de ambos personajes

LA BÚSQUEDA DE LA GEMA DE LAS ESTRELLAS (WT, noviembre de 1937) es el resultado de dicha colaboración. La historia comienza con el asalto de los hombres de Jirel -ella en cabeza- a la capilla impía del brujo Franga, un hechicero maligno que tiene en su poder la Gema de las Estrellas, una joya única que otorga a su poseedor fortuna y riquezas más allá de la imaginación. Pero Franga escapa en última instancia ocultándose en las sombras, donde crea una puerta a otra dimensión. La Gema de las Estrellas queda en poder de Jirel. Pero, desde las sombras, el brujo promete recuperarla utilizando un campeón capaz de vencer a la pelirroja, al que buscará a través del espacio y el tiempo; un campeón que no es ningún demonio infernal, sino nuestro amigo mercenario y contrabandista espacial Norwthest Smith, al que atrae desde el futuro, junto a su colega venusiano Yarol, contratando sus servicio para que recupere la gema a cambio de un atractivo botín, un collar doble de perlas, digno del rescate de un rey. El enfrentamiento entre ambos personajes está servido.

Las dos pistolas siseaban suavemente, abriendo un camino (Virgil Finlay)

La historia resulta curiosa, por el poco habitual enfrentamiento de dos personajes, conceptualmente muy diferentes y tan distantes en el tiempo. Pese a la dificultad inherente, el encuentro y resolución están bien resueltos, y nos recuerda (sería su precursor) aquellos eternos enfrenta-mientos entre superhéroes DC y Marvel, como artistas invitados en sus series o con cabecera doble, en los que primero se enfrentan como enemigos -debido a un malentendido o forzados por el villano de turno-, para acabar -como se espera- colaborando ambos por un bien común. Aunque sólo fuera por eso, sentar las bases y conceptos de lo que, posiblemente, sea el primer crossover de la historia (2), el relato constituye un hito a considerar y sus autores precursores de un estilo, no lo suficientemente reconocidos por ello.

HELLSGARDE (WT, abril 1939) es el último relato que CL Moore escribe del personaje, dedicándose a partir de entonces sólo a la ciencia ficción.

Hellsgarde es el nombre de una fortaleza maldita que todos rehuyen, tras la muerte y tortura de su señor, André de Hellsgarde, que murió sin confesar donde escondía su tesoro. Desde entonces, ha permanecido desierta durante doscientos años; un lugar triste, cubierto de brumas y neblinas del pantano que le rodea, entre cuyas aguas cenagosas, se dice, se encuentra el cuerpo desmembrado de André, cuyo espíritu guarda celosamente, aún hoy, el misterioso tesoro que acaparó en vida. Un lugar al que sólo es posible acceder cuando anochece.

Hacia ese castillo tenebroso de ambiente opresivo, magistralmente descrito por CL Moore, se dirige Jirel. Una veintena de sus hombres yacen prisioneros en el castillo de Guy de Garlot, un extraño hombre oscuro de sonrisa cruel y maldad innata que exige, como rescate, el tesoro de Hellsgarde, aunque no sepa de dónde vino y qué es. Y la guerrera no duda. Con miedo en todo el cuerpo, pero por deber hacia sus hombres, no duda en internarse en la fortaleza fantasma.

Portada de Boris Vallejo para la edición italiana de Fantacollana-Nord

CL Moore compone un relato muy entretenido, con excelentes descripciones del ambiente y entorno que rodea a la construcción y alrededores, los muertos empalados que vigilan su entrada y, sobre todo, la singular caterva de personajes extraños que la ocupan, imposibles de definir por sus acciones, y la ominosa noche que le espera a Jirel en su compañía. Ya hemos comentado que la autora no se prodiga en escenas de acción, batallas y peleas como hace Howard (cuyo dinamismo narrativo es difícil de igualar), pero en cuanto a creación de ambientes opresivos y nuevos mundos CL Moore es toda una experta, al nivel de los mejores maestro contemporáneos que todos sabemos. En este relato, además, introduce cambios que lo distinguen y diferencian de los cuatro primeros, con cierta tendencia inherente a la repetición temática. Para mí, el mejor de la serie, tras El Beso del Dios Negro, por su originalidad.

Es de agradecer que Costas de Carcosa decidiera recuperar el personaje, la saga completa de Jirel de Joiry en un sólo volumen, atractivo y accesible para todos, que incluye las ilustraciones originales que acompañaron a los relatos en su publicación inicial (la de Virgil Finlay, extraordinaria). Un personaje casi desconocido en España, donde sólo se recuerda una edición anterior, de Anaya, en la colección Última Thule, en 1996, traducida por su director, Javier Martín Lalanda. Si una pega se le puede poner a esta nueva edición es la traducción de los relatos por tres personas diferentes, que ocasiona pequeñas desavenencias entre relatos, en los nombre de personajes (Gervase / Gervasio, por ejemplo). Pero se trata de un detalle menor, fácilmente subsanable y no se lo tenemos en cuenta.

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NOTAS:

  1. Extraído de «Conan y Jirel: Robert E. Howard y CL.Moore», de Bobby Derie. En www.onanunderwood5.blogspot.com
  2. El crossover es un concepto muy utilizado en los cómics de superhéroes DC y Marvel. Se popularizó en los años ’60 y se extendió en los ’80 y fue imparable a partir del año 2000. Sin embargo, el primer crossover conocido en cómics tuvo lugar en 1940, durante la llamada Edad de Oro de los cómics, en:
    • Marvel Mystery Comics #8-10 (junio-agosto de 1940), cuando Namor y la Antorcha humana original pelean entre sí y establecen las bases de continuidad del universo Marvel
    • All Star Cómics #3 (invierno de 1940), cuando el escritor Gardner F. Fox crea la Sociedad de la Justicia de América con la unión de varios héroes que actuaban por separado

Mujeres Guerreras (II): CATHERINE LUCILLE MOORE

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CL Moore

Catherine Lucille Moore (1911-1987, Indianápolis) fue una niña enferma en sus primeros años; tras ingresar en primer grado, una enfermedad la obligó a dejar la escuela, a la que no regresó hasta quinto. Mientras, aprendió en casa, rodeada de libros de mitología griega, novelas de Oz, de Frank Baum, o los Ciclos de Marte y Tarzán, de Edgard Rice Burroughs. (Comenzaba a estar perdida…)

Lo peor es que, junto a un primo, comenzó a imaginar historias romáticas de jóvenes héroes llenas de aventuras, en una época situada alrededor de 1200-1250, para la que desa-rrollaron una teología y mitología propia, tradiciones y leyendas, mapas, la casa gober-nante con su árbol genealógico, batallas y canciones de una larga saga de héroes. Y un personaje en concreto: Dalmar j’Penyra, pelirrojo de ojos negros, duque y pirata, picaresco y poderoso amante, invencible en cualquier tarea que decidiera emprender; todo un canalla… al que decidieron dar muerte en 1256, a los 35 años, la edad máxima a la que unas jovencitas como ellas imaginaban que un hombrepodía mantener su atractivo… (1)

Más tarde, ingresaría en la universidad de Indiana. Pero la Gran Depresión la obligó a dejarla y buscar trabajo en un banco. Y fue en un quiosco frente a su oficina donde, en 1931, encuentra un ejemplar de «Amazing Stories«, al que siguieron muchos otros , de «Wonder Stories«, «Astouding» y «Weird Tales«. (Definitivamente, estaba perdida…)

«Estas cosas son como una droga, ¿no? . Una, simplemente, no puede detenerse» (1)

Pero lo que Moore realmente deseaba era escribir, más allá de tres historias casi de cuentos de hadas que había publicado en un periódico estudiantil. Y, como tenía tiempo de sobra en el trabajo y debía aparentar que estaba ocupada, comenzó a escribir poemas en su máquina de escribir, para mejorar su velocidad. Y uno de esos poemas le llevó a pergeñar el comienzo de Shambleau, la primera historia de Northwest Smith, que apareció publicada en Weird Tales en noviembre de 1933. En la firma, utilizó sus iniciales, «CL«, para que en el banco no supieran que tenía ingresos adiciona-les, por temor a que la despidiesen. Cobró por ello 100$, su sueldo de un mes.

La carrera de Catherine Lucille (mejor dicho, CL) fue meteórica. No sólo los críticos la alababan, sino también el gran público, que la votó como historia más popular del año y la segunda de la década, por encima de personalidades de reconocido prestigio, como C.A.Smith, E.Hoffman Price, H.P.Lovecraft, R.E.Howard o S.Quinn, a quienes admiraba y muchos de ellos se deshicieron también en elogios hacia su obra. En abril de 1934 se publicó su segundo relato, Sed Negra, que fue valorada por los lectores por encima de «Sombras de Hierro en la Luna» de Robert E. Howard, publicada en el mismo número. Pero ella tenía clara su propia opinión:

«Me gustaría leer todo lo que Robert E. Howard ha escrito.  Su primera historia que leí fue «Gusanos de la Tierra» y, desde entonces, he sido su fan. Y, por supuesto, de Lovecraft y Price. (1)

También ellos lo tenían claro, por las apasionadas referencias que de ella hacían en sus cartas, tanto particulares como públicas en «Eyrie«. Tanto, que no tardaría en ser parte del llamado Círculo Lovecraft (extendido), con el apodo de Sister Katy (2).

Es por esa época (en carta de 28 de marzo) que CLM revela a Barlow su género. No está claro cómo se extendió el rumor, pero en el número de mayo de «The Fantasy Man», se anunció con descaro y alegría que el creador de las historias de éxito de Northwest Smith era una mujer. Puede que Howard, como suscriptor de la revista, se enterase por este medio. Lo que sí está claro es que su interés por ella iba en aumento y recurría a Barlow (interlocutor epistolar de casi todos ellos a través de HPL) para conocerla mejor; al tiempo que Moore indagaba en Lovecraft sobre el tejano a quien admiraba. Y ambos, sin conocerse, extasiaban a los lectores de «Weird Tales» con sus personajes, Smith y Conan, a los que alababan, comparaban y exaltaban en su favor, prácticamente a la par.

Tras publicar el tercer relato de Northwest Smith, «Sueño Escarlata», CL Moore decide enterrarlo… temporalmente. Farnswort Wright editor de Weird Tales le ha aceptado ya una nueva historia, con una dama medieval pelirroja como personaje…

JIREL DE JOIRY

CL Moore seguiría publicando de forma regular y continua historias de ambos persona-jes (la conjunción completa y definitiva de aquel Dalmar j’Penyra, pelirrojo y canalla, de su juventud), que gozan del fervor de sus propios colegas escritores y, muy especialmente, de los lectores, que situaban a Jirel y NW Smith a la altura de Conan; los escasos detractores de su obra o estilo generaban defensas apasionadas de colegas como R.E.Howard y, sobre todo, HP Lovecraft.

Fue así hasta 1936, un año de fuertes impresiones para ella: por un lado, en junio, se suicidó REH, noticia que le afectó muy especialmente, por la amistad (epistolar) que se profesaban y afinidad de género (espada y brujería) que cultivaban, cada uno de forma y enfoques muy diferentes. Su carta de despedida fue, entre las de otros colegas, de las más apasionadas y cercanas. Tanto le afecta, que incluso llega a abandonar el personaje de Jirel de Joiry.

Por otro lado, 1936 fue el año en que Henry Kuttner comienza su correspondencia con ella. Kuttner había sido muy bien acogido por Lovecraft, con quien compartía admiración, llegando a realizar una defensa apasionada de su estilo, hasta decir: «CL Moore me parece mejor escritor que Lovecraft… que el Lovecraft actual» (3).  A inicios de año decide escribir a CL Moore (tratándola de inicio de Sr. Moore), y más tarde, en una de sus cartas le incitará a recuperar el personaje de Jirel, incluso proponiendo una colaboración entre ambos. CL acepta y así lo comenta a HPL, que se alegra por ambos y les anima. El relato es un crossover entre Jirel y NW Smith, «La búsqueda de la gema de las estrellas«, que supone el regreso de la guerrera y la conjunción completa, pelirrojo y canalla, de aquel personaje de antaño, Dalmar j’Penyra. Sólo ´que HPL no llegaría a verlo: se publicó en WT en septiembre de 1937, y el había fallecido el 15 de marzo.

Catherine Lucille Moore y Henry Kuttner se casaron en 1940. CL Moore no volvería a publicar con su nombre, pero no dejó de escribir por ello. Desde ese momento, son muchos los relatos que ambos publican, sólo con la firma de él o bajo pseudónimos como Lewis Padgett, C. H. Liddell o Lawrence O’Donell. (5) Hasta 1958, que Kuttner muere prematuramente, a los 42 años.

CL Moore no volvió a escribir desde entonces. Casada en segundas nuncias, murió el 4 de abril de 1987, víctima del Alzehimer.

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NOTAS:

  • (1) Extracto de diversas cartas de C.L.Moore a R.H.Barlow en 1934
  • (2) El Círculo principal estaría compuesto por 
    • H.P.Lovecraft («Luveh-Kerapf«, Sumo sacerdote «Ech-Pi-El»)
    • lark Ashton Smith (el mago oscuro «Clarkash-Ton«)
    • Robert E. Howard Bob dos pistolas«)
    • August Derleth (el «Conde D’Erlette«, autor del Culto a los Gules)
    • Frank Belnap Long Belknapius«)
    • En el Círculo ampliado también podrían considerarse otros corresponsales (con «nick» o no) que participaron o intercambiaron personajes o Mitos, como:  Robert BlochBoh-Blok» o «Robert Blake» en «El morador de las tinieblas»),Donald Wandrei («Melmoth«), Henry KuttnerCL Moore («Sister Katy»), Henry Hasse, E. Hoffman Price, Fritz Leiber…
  • (3) Weird Tales, septiembre de 1934
  • (4) Para mayor documentación sobre la autora y citas a las que se hace referencia, consultar el excelente prólogo de Javier Jiménez Barco a la reciente edición «Jirel de Joiry, la saga completa», de Costas de Carcosa (marzo 2019) o el artículo «Conan y Jirel: Robert E. Howard y CL Moore» por Bobby Derie, publicado en tres partes en http://onanunderwood5.blogspot.com
  • (5) En el año 2007 se estrenó la película The Last Mimzy (Mimzy: Más allá de la imaginación en España e iberoamérica), que adapta el cuento «Mimzy Were the Borogoves», de Lewis Padget, uno de sus pseudónimos conjuntos.

LOS HALCONES DE ULTRAMAR, de Robert E. Howard, y otros Libros de Barsoom.

Cumplo con este post una deuda pospuesta y una promesa incumplida (ambas conmigo mismo y largo tiempo postergadas): la de reseñar algún comentario sobre la revista (fanzine me gusta más) Barsoom, o sus extraordinarias recopilaciones Los Libros de Barsoom.  Con ambas publicaciones de La Hermandad del Enmascarado llevo tiempo «sufriendo» uno de los Regresos a los Orígenes más entretenidos que recuerdo, y de los que más he disfrutado últimamente.

Y he elegido para hacerlo el último libro publicado, que acabo de terminar:  Los Halcones de Ultramar y otras narraciones de las Cruzadas, que recopila en un sólo volumen el ciclo de Cormac FitzGeoffrey, y varios de los escritos más atractivos del maestro de Cross Plain:

Halcones Ultramar Ficha

Contenido:

  • Las Puertas del Imperio (Giles Hobson)
  • Los Halcones de Ultramar (Cormac FitzGeoffrey)
  • La Sangre de Bel-Shazzar (Cormac FitzGeoffrey)
  • La Princesa Esclava (Cormac FitzGeoffrey)
  • Los que siembran el Trueno (Cahal el Rojo)
  • El Señor de Samarcanda (Donald Mac Deesa)
  • El León de Tiberias (John Norwald)
  • Los Aceros Rojos de la Negra Catay (Godric de Villehart)

Halcones de Ultramar Cormac Halcones de Ultramar 2

¿Que encontramos entre sus páginas?  Ni más ni menos que al más puro y genuino Robert E. Howard, en su época de madurez como escritor: su prodigiosa narrativa que nos presenta descripciones vívidas de las escenas de acción y batallas descarnadas, movimientos de masas o actos individuales, contadas con esa maestría que nos hace imaginarlas como si estuviésemos presentes, siendo testigos presenciales de las mismas.

Cormac FitzGeoffrey

Sus personajes, aquí secundarios frente a los más conocidos Conan o Kull, no son sino trasuntos de aquellos mismos en épocas distintas y diferentes entornos, pero con similares motivaciones y código de conducta: el honor de caballero frente a una dama en peligro, la palabra dada, la deuda de sangre o la venganza, incluso la avaricia y el deseo de enriquecimiento ante la oportunidad que se presenta en un entorno de guerra y desolación; arquetipos del luchador incansable, impulsivo, gigantesco y fornido frente a sus contemporáneos, que mantiene ese punto de salvajismo heredado de sus ancestros frente  la molicie de la civilización.  El irlandés (gaélico-normando) Cormac FitzGeoffrey, cuyas aventuras abarcan la mitad del volumen, es, físicamente, el mismo Conan, de fieros ojos azules y melena de cuervo («a los doce, yo corría por las marismas con el cabello revuelto… vestía pieles de lobo, pesaba casi catorce rocas y ya había matado a tres hombres»).  El highlander gaélico Donald MacDeesa, tres cuartos de lo mismo.  Cahal Ruadh O’Donnel, el Rojo, rey huido de Irlanda tras la traición de los suyos y una mujer, tiene ojos fríos como el hielo azulado y sólo difiere en color de su pelo, dorado con destellos rojizos; al igual que es rojo el de John Norwald, norteño inglés de Danelagh, de sangre danesa y herencia vikinga, y ojos azules, fríos y duros como el acero forjado por los gnomos de las Rhineland…  Sí difiere en parte el caballero normando sir Godric de Villehart, quien a su complexión de «lobo cazador» une una frente alta y despejada, cejas de pensador, boca amable y ojos soñadores.  Y muy, muy diferente resulta Giles de Hobson, pícaro, obeso, cobarde, pendenciero, mentiroso, embaucador y «mete-patas», quien sólo destaca en el arte de contar historias y beber como ningún otro, aunque al final, en el combate (al que siempre se ve arrastrado) demuestre estar a la altura que le corresponde; un personaje excepcional en la trayectoria de Howard, con el que demuestra que también era capaz de utilizar el humor fino para narrar historias geniales (esta, además, imbuida de realidad histórica), aunque no se prodigase en tal estilo.

Giles Hobson

Lo que nadie debe esperar encontrar en estas páginas son elementos sobrenaturales o mágicos, habituales y característicos en las series más conocidas de Howard.  Su propuesta en este caso es la de aventura, sólo aventura, acompañada de acción a raudales; y un componente histórico de trasfondo que deja claro el alto conocimiento que el autor poseía sobre el ambiente, hechos y pueblos que participaron en las cruzadas, o de forma colateral a las mismas en los reinos de Outremer, por donde transcurren estas aventuras en diferentes periodos de la historia.  Howard no duda en citar o incluir como personajes de sus relatos a figuras históricas con quienes se relacionan y codean sus protagonistas (Nour ed din, Salah ed din -Saladino-, Ricardo Corazón de León, Almaric), incluso utiliza como personajes directos a figuras legendarias como Shirkuh, Baibars, Bayazid o Tamerlan (Timür-i lang, ‘Timur el Cojo’), Subotai o el mismísimo Gengis Khan, a quienes en el fondo admira y exalta como grandes guerreros que eran, y -a veces- trata casi como a uno más de sus héroes indómitos y salvajes.

Isabel de Cahal

Pero no sólo ellos.  Por sus páginas cabalgan y batallan, viven y mueren tanto cruzados europeos (conocidos de forma genérica como francos), templarios o caballeros de San Juan, como toda suerte de pueblos, etnias, tribus y sectas, tanto árabes como asiáticas: turcópolos, turcomanos, selyúcidas, kurdos, persas, armenios, circasianos, georgianos, mongoles, tártaros, kalmiquios… con referencias destacadas a los temibles ejércitos especializados de mamelucos, jenízaros o kharesmianos, sobre los que deja traslucir su admiración.  Curiosamente, en los enfrentamientos, Howard no toma partido por ningún bando en concreto; en sus relatos no hay buenos o malos estereotipados en base a su raza, etnia o pertenencia, sino enemigos o camaradas de armas, fruto de lealtades o alianzas nacidas de momentos concretos y circunstancias; y los cristianos no son precisamente quienes salen mejor parados…

Halcones de Ultramar 1Halcones de Ultramar 3

Si el fanzine Barsoom viene realizando una labor excelente de recuperación y publicación en nuestro país de aquellos relatos magistrales de la época pulp, Los Libros de Barsoom nos permiten disfrutar de ciclos completos de aventuras de personajes o lugares de forma conjunta; y aunque la mayoría de ellas son conocidas (sobre todo las de Howard), leerlas así, de forma unitaria le confieren otra perspectiva y valor.  Si además incluye numerosas ilustraciones de aquellos pulps originales donde aparecieron las historias en su día, o de ediciones posteriores específicas, estamos ante un lujo de edición que los aficionados disfrutamos y agradecemos por igual.

Pero como en toda reseña crítica conviene no resaltar sólo aspectos positivos, si algún concepto de mejora encontramos a la edición sería, en ciertas traducciones (sobre todo las últimas), el uso indiscriminado de ese recurso lingüístico (tan común en el género) de anteponer el adjetivo al sustantivo, la cualidad al nombre (curvos sables, lobunas figuras, fugaz vislumbre, la rojiza niebla…), que si utilizado de forma discreta sirve para resaltar/exaltar la narración, su abuso llega a cansar. Pero ello no impide disfrutar de este este extraordinario volumen de Howard, al igual que otros de la colección.

Javier y La Hermandad del Enmascarado están haciendo un excelente trabajo, sin duda.  Os lo recomiendo.

LOS LIBROS DE BARSOOM (hasta el momento):

ZONA WEIRD:

  • Los Habitantes del Espejismo.  Abraham Merritt
  • El Reinado de la Brujería.  Jack Williamson
  • El Cráneo Viviente.  Robert E. Howard
  • El Mundo Sombrío.  Henry Kuttner
  • Brachan el Celta.  Robert E. Howard
  • La Mujer Zorro.  Abraham Merritt
  • El Cubil del Engendro Estelar.  H. P. Lovecraft

ZONA AVENTURA:

  • Las Espadas de Shahrazar.  Robert E. Howard
  • El Salvaje.  Edgard R. Burroughs
  • La Llegada de El Borak.  Robert E. Howard
  • Los Halcones de Ultramar.  Robert E. Howard

ZONA ANTARES:

  • Más Allá de la Estrella más Lejana.  E. R. Burroughs
  • Las Ciudades Perdidas de Marte.  Leigh Brackett
  • Bucaneros de Venus. Otis Adelbert Kline
  • Comerciantes de las Estrellas.  Poul Anderson
  • El Embrujo de las Estrellas.  Edmond Hamilton
  • Los Hombres Monstruos.  E. R. Burroughs

ZONA CRIMINAL:

  • El Señor de la Muerte.  Robert E. Howard
  • El Secreto de la Tumba.  Robert E. Howard
  • De un cadáver… nada bueno.  Leigh Brackett
  • Los Hijos del Odio.  Robert E. Howard
  • La Sombra contra Shiwan Khan.  Walter Gibson (en preparación)

Barsoom Varios de REH