“Conan le Cimmérien” Vs. “Conan the Barbarian”. El «toque francés» en el cómic.

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He querido encabezar el artículo parafraseando la introducción de Michael Moorcock al volumen “La Fille du Geant du Gel”, que titula “La «French Touch»”, para resaltar ese toque de distinción que Robin Recht, autor completo del citado volumen, le había otorgado al personaje de Conan, al igual que años antes hizo con el suyo, Elric (1):

«…posee esa capacidad de capturar la esencia de un personaje y aportarle una dimensión complementaria.  Se podría decir de él que agrega y quita, hasta identificar la forma más pura y absoluta de lo que ve.  Quizás sea eso que los anglosajones llamamos el “toque francés”».

Porque llevamos casi 50 años cantando las alabanzas y maravillas de unos autores  (Thomas, Smith, Buscema…) que consiguieron alcanzar con el personaje las más altas cotas en el olimpo del cómic, pero no es menos cierto que, a fuerza de insistir y entre todos, también mataron a esa gallina de oro en que se había convertido el personaje y hay mucho bodrio, mucha mierda vendida bajo la marca Conan.  La nueva edición USA de Dark Horse en 2003, con Kurt Busiek y Cary Nord, aportó cierta frescura porque, en sus inicios al menos, se basó exclusivamente sobre originales y fragmentos del propio Robert E. Howard, actuando con criterio a la hora de “rellenar” huecos entre historias y crear un nexo lógico de unión, utilizando como referencia la nueva cronología oficial de Dale Rippke.  Pero cuando Busiek decidió abandonar el proyecto en 2006 y poco después lo hizo Nord, la editorial optó por utilizar autores diferentes en cada arco argumental, cambiados conforme avanzaba la cronología del cimmerio.  Y esto fue su perdición, porque ni la presencia de Richard Corben al dibujo (pura anécdota) ni el regreso de Roy Thomas al guión (mejor olvidarlo), y salvo realizaciones notables como las de Timoty Truman y Thomás Giorello para los episodios de Conan Rey, pocos de los responsables del guión y dibujo estuvieron a la altura de lo esperado y se merecía el personaje, ni se mantuvo la premisa de seguir los relatos originales de REH o la cronología de Rippke

Así hasta este 2019, cuando, pese a todo, los echaremos de menos, pues los derechos de la gallina de los huevos oro han revertido a Marvel donde, con seguridad, según se deduce de su primer número y sin criterio para situar sus nuevas historias (¿quedan acaso huecos donde situarlas? ¿existe alguna lógica en su concepción?) se volverá a exprimir esa gallina que, por mentalidad y agotamiento de ideas, cayó difunta en el campo de batalla hace ya tiempo y sólo conseguirán revivirla como un muerto viviente (¿un Conan-zombie…? quien sabe).  De las tres series con que realizan este relanzamiento pantagruélico, “Conan the Barbarian”, “Savaje Sword of Conan” y “Age of Conan”, sólo esta última tendría cierto sentido, si la dedican a desarrollar personajes complementarios, como parece, en lugar de insistir y repetir con más de lo mismo; aunque siempre me quedará la pregunta si es realmente necesario… O ¿por qué no desarrollar otros personajes de Fantasía Heroica como Kane, que tanto juego podría dar, o series limitadas sobre la base de otras franquicias y autores, como están haciendo -con mucho más criterio- las cadenas de televisión?. Geralt de Rivia,  La Compañía Negra, La Primera Ley…  ¿será por opciones y posibilidades?

Por ello, sin renunciar a lo que ya tenemos y nunca podrán quitarnos, creo que es hora de cambiar de enfoque.  Ya lo dijo Edward de Bono en 1967: para obtener nuevas ideas es necesario un pensamiento lateral.  Y, en el caso de Conan, una nueva mirada, un nuevo aliento, un nuevo toque… quizá ese “french touch” al que se refiere Moorcock.

Tras quedar libres en Europa los derechos del personaje (no la marca), parece que, en Francia, así lo han sabido ver (2-) y Glénat, el gigante francés de la BD, tras enfocar con gran éxito la adaptación de las novelas de Elric de Melniboné, de Michael Moorcock (tres tomos, de momento, en la que el propio autor reconoce “la mejor versión gráfica de Elric” (-3-)), decide lanzar una nueva colección dedicada al cimmerio, dirigida por Patrice Louinet y Jean-David Morvan, en la que han propuesto, a los mejores autores de cómic (BD) francófonos, realizar su versión de los textos originales de Howard con la siguiente premisa:

una obra = una aventura completa = una visión = un autor (o equipo de autores).

Una premisa un tanto arriesgada tras la experiencia en los arcos argumentales de Dark Horse, pero bien calculada: no en vano cuentan con la dirección y asesoramiento de uno de los mayores entendidos mundiales en HowardPatrice Louinet (4) quien, respetando la libertad creativa de cada autor, permitirá situar al personaje en su entorno y sensación concreta de cada momento, así como transmitir los sentimientos y percepciones de REH, su creador, en el instante de dar vida al relato.  Cada álbum contiene por ello un extenso artículo de Louinet para orientar al lector, más allá de la propia versión de sus respon-sables.

En resumen, en lugar de pretender contar nuevas historias, que nada nuevo aportan al personaje, volver a narrar gráficamente las mismas historias que concibió su creador aportando un nuevo enfoque, una nueva interpretación e imagen, distinta entre sí de un álbum a otro, y distinta también, en ocasiones, de ese canon que estableció Frazetta y continuó Buscema, y ha marcado el estándar más reconocible del bárbaro.

El resultado es una obra que aporta frescura y creatividad añadida a un personaje que estaba perdido y consigue regresar a sus orígenes; que estaba muerto y hoy luce con más vitalidad que nunca.

Porque, independientemente de que algún resultado guste más o menos a alguien (son muchas  las visiones, diferentes y no todas bajo los estándares previos), es imposible negar la fuerza con que estas creaciones enfocan al cimmerio, que nos llega más vivo y sorprendente que nunca.

Al igual que no pienso comentar de forma regular la evolución de las colecciones del Conan-zombie (salvo que alguna me sorprenda agradablemente) tened por seguro que sí estaré al tanto de «Conan le cimmérien» de quien espero sea publicado pronto en España (ojalá que por Yermo, que tan buena labor está haciendo).  Hasta la fecha, han aparecido 4 volúmenes (formato europeo, álbum de tapa dura, entre 48 y 72 páginas de ilustración más complementos), y otros en preparación (siguiendo el enlace tenéis impresiones sobre cada uno):

Conan el cimmerio, 1:  La Reina de la Costa Negra

Conan el cimmerio, 2:  El Coloso Negro

Conan el cimmerio, 3:  Más allá del río Negro

Conan el cimmerio, 4:  La Hija del Gigante de Hielo

Conan el cimmerio, 5:  La Ciudadela Escarlata.

NOTAS:

1ELRIC“, 3 tomos (hasta el momento), de Julien Blondel, Jean Luc Cano, Didier Poli, Robin Recht, Jean Bastide y Julien Telo. Éditions Glénat 2013-2017. Publicado en España por Yermo ediciones,

2 Recientemente, se ha anunciado una nueva concepción italo-brasileña, de la editorial Red Dragon, de la que sabemos poco y aún no podemos opinar (aunque parece seguir los pasos USA del Conan-zombie).

3 «Entre todas las adaptaciones gráficas de las historias de Elric, hay una muy cercana a la visión original del personaje.  Esta que tienes en tus manos.» Michael Moorcock, marzo 2013, en el prólogo a Elric #1, “El trono de rubí”.

4 Patrice Louinet. Co-director de la Fundación Robert E. Howard (USA). Director de la 1ª edición integral de los volúmenes dedicados a Conan en los EE.UU.  Director de la colección Howard de éditions Bragelonne (Francia) de los cuales ha traducido doce volúmenes. Autor de la “Guide Howard” (2015).  Galardonado con diversos premios en Francia y USA por su trabajo.  Actualmente, finaliza la redacción de su tesis doctoral sobre Howard en la Sorbona.

CONAN REY. La Ciudadela Escarlata.

Planeta de Agostini comics continúa ofreciéndonos la nueva versión de Conan en cómics que realiza Dark Horse.  Desde hace varios números, directamente como Novela Gráfica, formato que siempre he defendido y solicitado, no sólo porque añade un plus de calidad a unas muy buenas adaptaciones del personaje al medio gráfico y permiten su lectura completa, sino porque así fueron concebidas en origen, independiente a su primera publicación en forma de mini-serie y cuadernillos mensuales.

La que ahora nos presenta es la primera que Dark Horse realiza del reinado de Conan siguiendo los relatos originales de Robert E. Howard.  Y he de reconocer que Timothy Truman, un enamorado estudioso de la obra original (como demostró a lo largo de los casi cuatro años anteriores que se encargó de las series Conan y Conan el Cimmerio) realiza una magnífica adaptación del relato inicial y sigue fielmente la historia de Howard, al tiempo que le aporta un toque muy personal, basado en datos sugeridos por el propio autor tejano:

En la introducción al tomo, Truman nos confiesa que siempre le intrigó y atrajo aquella famosa carta que Howard escribió a P. Schuyler Miller en marzo de 1936, poco antes de quitarse la vida, donde ofrece aspectos de la vida del cimmerio complementarios a los descritos en sus relatos.  Allí indicaba que Conan reinó muchos años en Aquilonia, en un periodo turbulento e inquietante…  En otro momento, Howard confesó también tener la sensación de ser el propio cimmerio quien le trasladaba personalmente las historias de su vida, que él transcribía después; historias de guerrero, contadas en periodos de descanso junto a la lumbre, sin orden ni cronología…

Por ello, cuando Dark Horse le encarga la adaptación de las historias del reinado de Conan, decide utilizar al propio monarca, en un periodo avanzado de su reinado, como hilo conductor de la misma, y será el propio cimmerio, ya envejecido pero aún con un aspecto formidable (magníficamente representado por Giorello), quien narra en primera persona sus aventuras a un escriba nemedio (enviado por el consejero Publius para dejar registro de su regencia), dando origen así a las conocidas Crónicas Nemedias que nos han legado sus hazañas.  Este recurso será utilizado también en el segundo arco argumental que ambos adaptan, El Fénix en la Espada, cronológicamente anterior al actual (publicado recientemente en USA; ojalá se encarguen ambos de adaptar también La Hora del Dragón).

Gráficamente, la obra es impresionante; no sólo por esa excelente portada de Gerald Parel, sino también el interior, con  ilustraciones de un Giorello que continúa la progresión artística que demostrara en las series de juventud del bárbaro, que tan bien se adapta a su imagen clásica en cómic desde el cánon que marcaran Buscema y otros en Marvel, siguiendo la estela de Frazetta (y que tánto se echa en falta en las series más recientes de Dark Horse, desde que ambos las abandonaran para hacerse cargo de su época crepuscular).  El Conan de Giorello se adapta perfectamente a la edad que representa el personaje en cada instante: maduro y en pleno desarrollo muscular sobre los 40, cuando transcurren los hechos; robusto, pero sin perder el tono, unos 20 años después, mientras los narra al escriba, dotado de una serenidad imponente que le han aportado los años (en este caso, también de una barba poblada, concesión -quizás inconsciente- a la propuesta de un denostado hoy -con razón- Lyon Sprague de Camp en su Conan de Las Islas).  Sus ilustraciones, con un aceptable desarrollo de planos cambiantes, reflejan fuerza en cada una de las viñetas, pues ya sean éstas pequeñas, medianas, a un tercio, página completa o doble página, aparecen todas cargadas de detalles que acompañan a las figuras; sus rostros reflejan emociones; sus escenas de batallas transmiten acción, reviven ejércitos numerosos de muchos “extras”; sus escenas de populacho crean sensación de muchedumbre; y las de interior, las que apenas contienen figuras, son generosas en detalles complementarios.  Todo ello aderezado por José Villarrubia con colores en claroscuros donde dominan tonos sombríos y crepusculares, en los que no escapan pequeños detalles de colorido vivo como iluminación en contraste, y una sorprendente fidelidad también a los pequeños detalles del relato original, como esa planta infernal que mantiene confinado a Pelias.

Una obra, en resumen, muy recomendable, tanto por su fidelidad a la historia como las aportaciones intermedias (las narraciones del rey al escriba, como nexo de unión entre los cuatro números de la miniserie, donde no faltan recuerdos a Rinaldo u otros personajes y situaciones conocidas) o final (un recuerdo emocionado a las propias palabras de Howard que le inspiraron, y su máquina de escribir, que constituye el mejor homenaje a un autor admirado); o las imágenes, verdaderos retablos de ilustraciones cargadas de detalles alrededor de la acción principal, que hacen disfrutar al aficionado a la buena narrativa gráfica secuencial, el buen cómic.  Si alguna pega le encuentro es no haberse recreado lo suficiente en esa escena final en la que el cuerpo de Tsotha-Lanti persigue al águila-Pelias que le ha arrebatado una parte importante (no entro en detalles, pero ya me entendéis), que constituye uno de esos finales sorprendentemente geniales a los que el tejano nos tiene acostumbrados.  Pero no resta méritos al conjunto.  Y, tal vez, ese homenaje final al autor lo hacía imposible.

Disfrutadla, pues, os lo recomiendo, mientras quedamos a la espera de El Fénix en la Espada.  El siguiente volumen que nos aguarda (ya anunciado, en breve), La Reina de la Costa Negra, con todo su atractivo innato, mantiene registros muy diferentes, sobre todo a nivel gráfico.