Deconstruyendo SARINARDZ. Crónica de un club de lectura sobre un sueño.

Es difícil escribir sobre algo cercano de forma objetiva. Pero, para continuar la norma de recoger los encuentros de los Club’s de Lectura en los que participo (en este caso Q pro Quo), procuraré hacerlo de forma imparcial, sin autobombo ni flagelamiento, y desvelar alguna curiosidad intrínseca a la novela:

Escribir puede representar, a veces, el intento de transmitir una inquietud, trasladar al lector algo interno que deseas exteriorizar. Otras, el simple ejercicio de contar una historia, dar forma a una idea que te inspira y quieres construir, aunque sea para ti mismo, no para compartir con otros. Por último, en ocasiones, el deseo de realizar un homenaje privado a alguien que admiras. Sarinard fue una mezcla de estos dos últimos casos: un homenaje particular a cierto autor muy querido. Por cierto, que inicialmente se tituló «Una ciudad lejana, perdida en la niebla del tiempo» (sí, era una época en la que me atraían los nombres largos…).

La historia original fue escrita hace más de treinta años. Desde entonces ha permanecido sin ver la luz (sólo para mí…). Por aquel tiempo, era un admirador absoluto del trabajo creativo de Héctor Germán Oesterheld, autor entre otras maravillas de «Ernie Pike» o «El Eternauta», y una infinidad de cómics geniales para la Editorial Columba argentina. Su compromiso social, la humanidad de sus personajes, el tratamiento de la muerte, presente en cada historia y la particular belleza de su estilo narrativo cargado de poesía, me cautivaron (también, el que hubiese sido una víctima de la represión militar argentina lo elevaba en mi pedestal). Y decidí escribir algo en su homenaje.

Era una época en la que me sentía muy influenciado (e implicado) por la Fantasía Heroica (con el fanzine Berserkr, premio europeo de SF en 1989); no sólo por Robert E. Howard, padre del género, sino por otros coetáneos y precursores, como Clark Ashton Smith o Lord Dunsany (muy presente y de gran influencia en la obra, como se verá); por ello, el homenaje que quería hacer se enmarcó en este género.

Entre los numerosos personajes de Oesterheld, había dos series «de espada» que me cautivaban entonces: «Roland el Corsario» (con dibujos de José Luis García López) y «Kabul de Bengala» (con un joven y todavía inexperto Horacio Altuna). Ya había escrito el relato inicial de mi personaje Noráx de Tartessos, y decidí que también él fuera el protagonista de este cuento (queda reflejado en la introducción). Por lo que tenía de ensoñación y misterio, y porque se trataba de un personaje más cercano al tartesio, elegí la historia «Tu despertar es mi morir» y Kabul se transformó en Nórax (aunque también el corsario influyó en las aventuras iniciales del tartesio: su concepción como compañero de Heracles en su noveno trabajo -que ya tenía en mente- está basado en el rol que ejerce su primo Gaspar, como colega y cronista de las aventuras de Roland).

La historia de Sarinardz es distinta a la que escribió Oesterheld, pero ambas comparten elementos comunes, como la obsesión, o la presencia continuada de la mujer que se le aparece (en mi caso en el sueño, como personificación de la ciudad) o el viaje del héroe (sin destino cierto aquí) hasta encontrarla; incluso alguna frase (casi literal) que me gustó; y ciertos personajes como Sylma, cuyo nombre decidí mantener como evidencia del homenaje, Dwil (Gruk en el cómic, de rasgos muy similares) y las sibilas. También difiere en su concepto base, una ciudad misteriosa, y en el planteamiento inicial, inspirado, para su regresión al pasado, en la serie de «memoria racial» de Robert E Howard (protagonizada por un moribundo James Allison que recuerda sus vidas pasadas). En este sentido, he de indicar que prefiero mil veces el nombre de «memoria ancestral» para definir el concepto, pues la raza no tiene sentido hoy, menos en un país como España, crisol de múltiples pueblos, culturas y razas.

En el club de lectura se comentaron tanto estilo como momentos concretos del relato, convertido finalmente en novela corta. A algunos sorprendió que no fuese tan howardiana como esperaban (me alegra: cuando creé el personaje de Nórax decidí que no sería un trasunto de Conan, tan en boga por entonces), o de contenido menos mitológico (eso queda para el segundo libro de Sueños y Reminiscencias, con los Mitos Vascos; y, por supuesto, la saga inicial, donde los mitos griegos y tartesios abundan y conforman la trama principal de la historia). Algunos comentaron que ciertos episodios del libro parecían romper la continuidad; y tienen razón: «El valle de la Extinción» no estaba en el relato inicial; es un cuento corto que escribí años después para el fanzine «Weird Tales de Lhork» e incluí como parte del vagabundeo en la búsqueda. Tampoco los capítulos de «La Cierva Blanca», añadido recientemente a fin de profundizar en la figura de Dwil, algo difuminada sin su presencia en La Dama de la montaña, y eso provoca la repetición de alguna metáfora descriptiva. A mí, particularmente, tras una nueva lectura, me chocó el cambio brusco de estilo entre los tres primeros capítulos (de presentación, demasiado dunsanianos, como he comprobado al contraste con «El País del Tiempo«) y el resto de la obra.

Pero, aparte de lo indicado, las opiniones fueron positivas. La novela gustó, como historia de aventuras fantásticas, un canto a la amistad y la entrega, bien escrito, con momentos inspirados y emotivos (incluso alguien afirmó haber derramado alguna que otra lágrima…). También se comentó el acierto de su publicación por La Biblioteca del Laberinto (en su sección dedicada a autores españoles), una editorial especializada en historias de contenido clásico, Pulp o incluso más antiguos, que tan bien se ajusta a la novela, con unas magníficas ilustraciones de Sidney Sime.

Quienes habían leído La Dama de la Montaña, volumen 2 de Sueños y Reminiscencias, con los Mitos Vascos como protagonistas, coincidieron en que se trata de una historia mejor y más completa que esta primera. Tiempo habrá para tratar sobre ella…

Como curiosidad, para los interesados, dejo imágenes de la historia de Kabul de Bengala «Tu despertar es mi morir», de H.G.Oesteheld y Horacio Altuna, que inspiró Sarinardz (imágenes ampliables. Recomendable leer después de la novela):

Trilogía «LA PRIMERA LEY» de Joe Abercrombie. Reseña tras su re-lectura (I): Claves.

Tras la aparición del primer volumen de la nueva trilogía «La Era de la Locura» (reseña aquí), me decidí a releer la anterior, desperdigada en la memoria tras los años. Y no me arrepentí. Aunque sean historias diferentes, la primera contiene elementos, situaciones y personas relevantes que enriquecen y ayudan a comprender la segunda, a la vez que ésta complementa ideas y personajes que en su primera lectura fueron secundarios y quedaron diluidos en la grandiosidad de la mejor serie de fantasía épica de estos tiempos. He aquí las claves para su lectura, que recomiendo encarecidamente (más si no la has leído aún).

La Primera Ley, por Darey Dawn

En mayo de 2006, Joe Abercrombie sorprendió a todos con el primer volumen de la trilogía La Primera Ley (La Voz de las Espadas (2006), Antes de que los cuelguen (2007), y El Último Argumento de los Reyes (2008)) con la que construye una compleja historia de Fantasía Heroica enfocada a un público adulto. Las novelas fueron muy bien acogidas por el público y la crítica que, por su realismo extremo, sucio, violento y desinhibido, y su visión casi nihilista de la realidad, fue catalogado dentro del subgénero llamado Grimdark (precisamente, Lord Grimdark es el alias del autor en Twitter), en el que también se encuadran las obras de Glen Cook, G.R.R. Martin o Richard K. Morgan. Desde entonces, y gracias a su facilidad de escritura, el autor continúa alimentando a sus seguidores y mantiene vivo el espíritu de La Primera Ley con, prácticamente, un volumen de la saga cada año (excepto entre 2014 a 2015, que se dedicó a la Trilogía del Mar Quebrado, que nada tiene que ver con la presente y cuya reseña, en dos partes, puedes encontrar aquí y aquí).

ANTECEDENTES.

Los hijos de Euz, por Darey Dawn

Abercrombie sitúa los hechos, en una tierra imaginaria, durante un periodo que podemos considerar medieval de un mundo que ha vivido eras previas de esplendor y decadencia, bajo auspicios de demonios y seres superiores (Euz y sus hijos, Juvens, Kanedias, Bedesh y Glustrod). Euz, antes de retirarse a otro plano, confinó a los demonios al «Otro lado» y permitió que los humanos florecieran, otorgando poder a sus hijos para imponer el Orden, con dos restricciones:

  • La Primera Ley: «Está prohibido tocar el Otro Lado» (comunicarse con el mundo de abajo, abrir las puertas del infierno y convocar a los demonios).
  • La Segunda Ley: «Está prohibido comer la carne de los hombres» (quien lo hace, absorbe poderes mágicos y se convierte en un devorador).

Pero ambas leyes están llenas de contradicciones, pues toda la magia proviene del otro lado y tres de sus hijos tienen poderes (*) para utilizarla (y ellos mismos poseen sangre de demonios). El enfrentamiento estaba garantizado. Y mientras la civilización de los hombres florece en un gran imperio frente a razas semi-desarrolladas, Glustrod, envidioso, rompe la Primera Ley, se alía con los demonios y éstos destruyen Aulcus, la capital del imperio. Juvens se une a Bedesh y lo asedian (Kanedias está demasiado ocupado en La Casa del Constructor, en Adua). Glustrod termina consigo mismo, por error, no sin convertir antes el antiguo imperio en un páramo desértico.

LOS MAGOS.

Juvens creó la Orden de los Magos. Su primer aprendiz fue Bayaz, el segundo Khalul, y ambos mantenían una fuerte rivalidad. En una de sus disputas, Juvens los exilió, al norte el primero y el segundo al sur, a su Kanta natal.

Tras un tiempo, Bayaz acude a La Casa del Creador en Adua, solicita a Kanedias ser su aprendiz y éste le acepta. Allí conoce y seduce a su hija, Tolomei, por la que sabe que su padre utiliza material del Otro Lado para fabricar sus instrumentos. Pero Kanedias los descubre y tiene que huir con Juvens, a quien cuenta que está violando La Primera Ley. Ambos hermanos se enfrentan y Kanedias mata a Juvens. Bayaz reune a once de los doce magos (todos menos Khalul), que se enfrentan y dan muerte al Creador, falleciendo también en la batalla Tolomei y otro mago.

Khalul , que se había negado a acudir, acusa a Bayaz de la muerte de Juvens, y jura venganza. Bayaz se retira a su Biblioteca en el Norte, pero, durante cientos de años, regresa, influye en los hombres y los conduce a la civilización, como había hecho Juvens con el primer imperio: convence a Harod para que unifique el reino y establezca en Adua la capital, donde se reserva una silla permanente en el concejo; y, cada cierto tiempo regresa y participa, bajo distintas personalidades, en los hechos más trascendentes, hasta que los conduce a La Unión, el nuevo gran Imperio que se está formando.

(Estos antecedentes (aquí condensados) se cuentan a lo largo de la Trilogía, como flash-backs históricos puntuales, narrados por distintas personas).

ESCENARIO Y AMBIENTACIÓN.

El Círculo del Mundo.

«El Círculo del Mundo» es la tierra donde donde Abercrombie sitúa sus historias, un lugar que crece hacia la civilización tras años de pequeños reinos de taifas enfrentados en continuas guerras con sus vecinos. En el centro, bajo la mano guía de Bayaz, la mayoría de las veces de forma oculta, florece La Unión, un conjunto de tierras unificadas bajo un mismo rey, que incluye la isla de Midderland -con capital en Adua, el centro del mundo- e incluye la península de Angland al norte, Starikland al oeste, y las ciudades de Westport al este y Dagoska en el sur. El rey -mera figura decorativa- está asistido por el Concejo Cerrado, que constituye el verdadero poder central y una especie de Parlamento, el Concejo Abierto, con representación de los nobles y familias importante de Adua y otras ciudades limítrofes. Su economía se basa en el comercio entre diferentes partes del mundo, la agricultura y prácticas artesanas de diferente índole, cada día más descontentas. Un ejército organizado, costoso y con levas obligatorias es la salida natural de los nobles y mantiene el orden exterior; la Inquisición, una organización cerrada y temida por todos, en manos de unos pocos, se encarga del orden interior, supuestamente en nombre del rey. Es una sociedad de corte machista, donde las mujeres, salvo excepciones muy contadas, mantienen un perfil meramente decorativo (también en el resto del mundo).

En el Norte habitan tribus aguerridas al estilo de los normandos (literalmente, «hombres del norte»), que siguen a líderes guerreros que obtienen el poder a la fuerza y con lealtades cambiantes, acostumbrados a rencillas constantes, que dirimen en los Círculos de escudos donde se enfrentan. Pero últimamente, Bethod ha conseguido unirlas baja su mando, incluso a los salvajes montañeses, y amenazan los territorios de la Unión en Angland.

En el oeste se encuentra el Antiguo Imperio, destruido por Glustrod. Al este, la gran isla de Styria, compuesta por ciudades-estado en perpetuo enfrentamiento con el apoyo de otros reinos, al estilo de las Guerras Italianas del siglo XIV en nuestra era. La Unión busca una alianza con el Duque Orso de Talins, que posee una gran flota de guerra y es candidato a la unificación de la isla, mediante el casamiento de su hija con el príncipe heredero del rey.

Por otro lado, en el sur, Khalul, llamado ahora El Profeta, ha actuado igual que Bayaz y consolida, desde su Kanta natal, el gran Imperio Gurko que se expande e impone su religión mediante la guerra santa…

>> Sigue: (II) Estructura de la historia.

NOTAS:

(*) Regalos de Euz a sus hijos:

  • Juvens: El poder de cambiar el mundo extrayendo fuerza del otro lado
  • Kanedias: El poder de transformar materiales terrenos en artefactos de otro mundo
  • Bedesh: El poder de hablar con los espíritus y hacer que le obedezcan.
  • Glustrod: No recibió ningún poder, sólo sus bendiciones.

«La Era de la Locura», volumen I: UN POCO DE ODIO. Abercrombie en estado puro.

«Esa mañana habían llegado a un claro lleno de cadáveres. Más de una docena. Hombres de ambos bandos, que habían pasado a estar todos en el mismo. Ya se decía que la Gran Niveladora resolvía todas las diferencias.»

Han pasado más de treinta años desde los hechos narrados en El Último argumento de los Reyes (volumen 3 de La Primera Ley), veintiuno desde Los Héroes (la novela más cercana a los hechos actuales de las tres que completan la trilogía). En el Norte, pocas cosas han cambiado aunque las personas lo hagan: entre los clanes persiste el clima de enfrentamiento y lealtades, las rencillas continuas, el deseo de independencia del protectorado de La Unión, un «brexit» a la fuerza. Scale «Mano de Hierro» continúa como rey en el norte, pero sólo de nombre; su hermano Calder «el Negro» es quien toma las decisiones, un estadista que, sin renunciar a nada, busca el momento oportuno; pero se ve arrollado por la fuerza y juventud de su propio hijo, Stour Ocaso, «El Gran Lobo», impetuoso y poco templado -como ellos antaño- que se ha convertido en líder guerrero de las nuevas fuerzas norteñas, el futuro rey en ciernes. La juventud crea nuevos Mejores Guerreros y no se detiene ante nada, ni siquiera a pensar.

Leo dan Brock, por Stacey

En Angland, Harold dan Brock ha muerto y su viuda Finree lleva tres años ejerciendo como Gobernadora del Protectorado. Mujer capacitada para el mando y gran estratega, ha sabido contener la situación con apoyo de El Sabueso, jefe de Uffrith. Pero su hijo, Leo dan Brock, gobernador en ciernes, desespera sin que llegue de Adua su confirmación en el cargo. Guerrero audaz aunque temerario, El joven león» como le llaman sus hombres, aspira a alcanzar la gloria y enfrentarse al «gran lobo» en batalla o en el Círculo de Escudos, donde se forjan los nombres de las leyendas que oye y admira desde que nació. Ese enfrentamiento llegará…

Rikke, por Wichever Flower

Y Rikke, la hija del Sabueso, tendrá mucho que decir o ver. Bendecida (o maldita) con el «ojo largo», visiones que se manifiestan como ataques incontrolados, que intenta dominar con ayuda de la bruja montañesa Isern-i-Phail. Rikke y Leo se conocieron de niños y están condenados a encontrarse, aunque el destino les depara nuevos rumbos. Cuando el conflicto comienza, se encuentra en las montañas con Isern, tras las filas que atacan Uffrith. Perseguida por El Gran Lobo, deberá atravesarlas para llegar hasta Angland y las huestes de su padre.

Lo que si ha cambiado, y no poco en 30 años (al menos en su apariencia externa), es Adua, la ciudad de las torres blancas, el centro del mundo y La Unión, la capital del imperio. Aunque nada en su estructura interna ha dejado de ser como estaba en La Primera Ley (aquello de «cambiar para que nada cambie» del «Gatopardo», de Giuseppe Tomasi de Lampedusa):

Bayaz, el Primero de los Magos

Jezal dan Lutar continúa como Gran Rey, aceptando el rol de títere inútil que le toca desempeñar; sometido al Consejo Abierto, dominado por el Consejo Cerrado, que sigue en manos del Archilector Sand dan Glokta, Inquisidor Real, el hombre más temido del mundo… quien, a su vez, teme a la poderosa Orden de los Magos, con Bayaz (sí, el eterno Primer Mago de siempre) aún al mando; nadie sabe en realidad qué papel desempeña, pero él se muestra prepotente, confiado, superior y risueño, y parece estar en todas partes, en cada acción importante; él, o su acólito Yoru Sulfur. (Os suenan los nombres, ¿verdad?).

Pero no, ninguno de ellos será protagonista en esta aventura donde las mujeres alcanzan mayor relevancia, sino comparsas de lujo, actores de segunda fila, en la compleja representación que teje Abercrombie sobre sus herederos, la nueva generación de ciudadanos de la Adua floreciente y moderna del capitalismo industrial:

Savine dan Glokta, por Heliaofbuda

De un lado, Savine dan Glotka, la bella hija del Archilector y Ardee; miembro destacada de la alta sociedad, brillante inversora y adulada dueña de los negocios de media ciudad. Frívola e inteligente, decide sobre las vidas y destinos de sus administrados, que la admiran, odian o pretenden imitar. Porque en este nuevo mundo en que se ha transformado La Unión, son los negocios, la visión comercial y la especulación industrial quienes conceden imagen pública y otorgan poder (bajo la mirada atenta y consentimiento de quienes deciden…).

Orso dan Luthar, por Autoapocrypha

De otro, Orso dan Luthar, el Príncipe heredero, quien sigue el ejemplo de su padre y lo que de él se espera y desperdicia (es un decir) una vida disipada en mujeres, alcohol, drogas y espectáculos (ahorcamientos), mientras intenta llenar el vacío de su existencia inútil, carente de sentido o razón. ¿O es sólo una fachada a la que se ve abocado y en el fondo (muy al fondo) esconde valores y sentimientos profundos que, algún día, aflorarán?

Hechas las presentaciones, dispuestos los personajes (hay más, conocidos y nuevos), ¡que comience el espectáculo…! Porque si algo no falta en las novelas de Abercrombie, es acción. Una acción retorcida, contada sin miedo a la suciedad que acompaña la más baja categoría moral del ser humano llevado al límite; personas de sentimientos extremos y retorcidos; pasiones que, salvo excepciones, no siempre transitan por los límites del espectro y admiten una amplia gama de grises intermedios o su extremo más opuesto. Descripciones frescas, realistas, serenas, o duras y desgarradas, que alterna con diálogos ingeniosos, cínicos y con ese punto de humor negro que los convierte en humanos, para componer, en conjunto, una obra ágil y de lectura rápida, que te atrapa, engancha y no puedes dejar hasta el final.

Con Abercrombie en el Celsius 2019

Lo mejor que tiene Abercrombie es que, además de ser un tipo cercano y dispuesto a complacer a sus fans, sabe lo que quiere y cómo lo quiere contar; y que, cuando publica, no se hace esperar siete o diez años para ofrecer una continuidad. Lo bueno, también, es que sabe reinventarse y reinventar el mundo que ha construido (o deconstruye) y presentar historias distintas siendo fiel a sí mismo; que, tras recrear de forma magnífica una trilogía de fantasía épica hard-boiled (el estilo Grimdark que es su marca personal), sobre la misma, y sin traicionarse, dibuja tres novelas diferentes de corte fantástico para adultos: un thriller con vendetta (La Mejor Venganza), la aventura bélica de una batalla (Los Héroes) y una historia del far west (Tierras Rojas).

Iniciar una segunda trilogía sobre esta base, sin rebajar el listón ni autofagocitarse, suponía, sin duda, correr un riesgo elevado; que, a mi entender, supera ampliamente.

De principio, el entorno.

Un mundo de corte medieval que responde bien a los cánones de la fantasía; trazas de imperialismo, una estructura compleja de poder centralizado, el ejército costoso y desperdigado por reinos inquietos, promesas y lealtades difíciles de mantener; una población disconforme cada día más amplia y dispar (la inmigración hacia la capital crece y conforma una amalgama de razas y etnias), dividida en estratos y clases sociales cada vez más extremos, al borde del estallido social.

En el norte, escenario de antiguas contiendas sangrientas, la paz tras la batalla de Osrung, dos décadas antes, se quiebra y estalla la guerra; un ambiente que Abercrombie domina con maestría y en el que se siente a sus anchas. Sus descripciones de batallas son únicas: crudas, descarnadas, de un realismo sin concesiones, a veces cruel; gritos que se entremezclan con sangre y barro, sesos y tripas evisceradas, vómitos, fluidos corporales, brazos cortados, acompañados de la angustia previa y posterior al combate, el sentimiento de pérdida, la agonía del caminar sobre el barro sin rumbo determinado o sin destino, la soledad de la huida.

Pero no abusa de ellos, los dosifica hábilmente y crea un clima; ofrecer la ración justa de dolor y muerte que la historia requiere; se contiene. Porque en Un poco de odio la batalla abierta no es el centro de la historia como en Los Héroes sino la anécdota que la sostiene. Hay otra guerra, larvada ya en La Primera Ley, que ahora estalla: la injusticia social, la rebelión de las masas que, en sus manos, se convierte en odiosa y visceral. En los treinta años que han trascurrido, la transformación social de Middlerland ha sido fuerte -demasiado rápida quizás- y pasa de sociedad medieval de gremios artesanos a una revolución industrial incipiente, en la que el carbón y el vapor son la moneda de cambio y la máquina el eje vertebrador de la industria y las relaciones. El incremento de costes del sector primario, los impuestos y levas para pagar la guerra, conllevan paro e inmigración hacia las ciudades; la agricultura y ganadería ya no sostienen a las familias, que abandonan su hábitat natural y buscan trabajo en las fábrica, pero en éstas no hay para todos; la confección industrial reduce los precios de la mano de obra y se usan niños para el manejo de máquinas que elaboran más producto en menos tiempo, en largas jornadas sin descanso ni apenas coste; una esclavitud encubierta. Las familias viven en paro, arracimadas en sótanos y barrios mal atendidos, sucios y contaminados por el humo y los residuos.

Nuevos trabajos nacen; los hombres, a falta de trabajo honrado, se refugian en grupos de chulos y matones, las mujeres y niños recurren a la prostitución para alimentarse. La industrialización se ha convertido en un medio de destrucción masiva de costumbres y valores y es el capital quien reina en esta vorágine a punto de estallar. Los inversores marcan la pauta, deciden sin pasión sobre títulos de propiedad y las vidas que conllevan, sin considerar consecuencias… Savine dan Glokta es la más ávida inversora de Adua, pero precisa también financiación, un aspecto que domina como nadie la banca Valint&Balk. Y ya sabemos en manos de quién se encuentra… como toda La Unión.

El descontento se apodera del pueblo. En especial, en Valbeck, ciudad industrializada, y surgen grupos radicales; como los Rompedores (idealistas, que persiguen reformas sociales y mejoras en las condiciones de trabajo) y los Quemadores (hostiles a la monarquía y la aristocracia, que buscan desmantelar la Unión); ambos inspirados en aquellos luditas ingleses que quemaron y destrozaron las máquinas como protesta por la pérdida de empleos. Sólo que cuando la protesta social de la clase obrera se une a la marginación, explotación y el hambre, todo estalla, la acción popular se convierte en revancha de masas, que pierden la razón y se manipulan con facilidad, el odio sustituye a la necesidad de justicia y el caos se desata.

Y en esos mares profundos de aguas revueltas, Abercrombie nada a sus anchas, desata su esencia más primaria y enarbola oficio, para narrar como pocos la injusticia y el desconcierto. Me llama la atención cómo, en una obra de capítulos cortos que trasladan el foco de acción de un escenario a otro, enlaza varios capítulos -de los más largos- para describir la revuelta social hasta el supuesto Gran Cambio; en ellos, contemplamos los hechos a través de los ojos y pensamientos de los personajes, en un largo traveling literario que recorre las calles y pasa de un actor a otro, para reflejar los distintos estados de la contienda, la evolución de sucesos, a partir de los sentimientos: sorpresa, exaltación, desconcierto, destrucción, venganza, humillación, odio, dolor, suciedad, miedo… decepción.

La importancia de los personajes.

La Primera Ley, ilustración de Darey Dawn

El acierto de Abercrombie en La Primera Ley consistió en diseñar unos personajes complejos, de fuerza y atractivo excepcional, que, sin ser novedosos (Logen es un trasunto del Conan de R.E. Howard o el Caín (Kane) de K.E. Wagner, insertado en una historia más amplia; Sand dan Glokta, salvando distancias, recoge la trágica amoralidad de Elric de Melniboné -o El Doctor Burlón-, de M.Moorcock) sorprendieron y cautivaron al lector (también los secundarios, como Ardee en su primera aparición). No sólo por la personalidad que demostraban, la intensidad de sus actos o cómo evolucionaron a lo largo de la historia, sino su capacidad para el contraste, sus claroscuros, cómo podía existir ternura en un torturador o un sanguinario y depravación en quien se presentaba como el más noble y excelso de los salvadores. Algo que, sin duda, ya hizo antes George R.R. Martin, con el matiz de que Abercrombie no defrauda con el tiempo y consigue terminar lo que empieza. Cuestión de perspectiva, o planificación.

Ilustración de Raymond Swanland

El reto que enfrenta ahora con La Era de la Locura (segunda trilogía, tras otras tres novelas y una colección de relatos) no es otro que repetir el éxito obtenido y mantener intacto su interés, sabiendo que, por muy atractivos que sean los personajes, ya no podrán sorprender como entonces. Por eso, Abercrombie, tipo listo donde los haya y con oficio de sobra, opta por no insistir en los mismos y crear una segunda generación, a la que cambia de trasfondo y motivación, sin desprenderse -de inicio- de los que triunfaron entonces (una parte, al menos), que utiliza como secundarios de lujo en guiños cómplices al lector curtido, para arrancar sus recuerdos y mantener viva la llama, con la promesa (válida también para el que se acerca por primera vez) de igualar su entusiasmo. Y el interés no decrece.

Raymond Swanland

Los personajes de Un poco de Odio atraen y poseen personalidad propia; no disponen -aún- de la fuerza de sus precursores, pero resultan interesantes y disponen de recorrido para un desarrollo más amplio. También gozan de mayor presencia femenina entre protagonistas y les mueven nuevas causas: de un lado, el conflicto generacional, ese ansia irracional de la juventud por alcanzar pronto la gloria, frente a la reflexión y experiencia (no siempre positivas) de sus mayores (la repetición de roles en la camarilla de Mejores Guerreros, jóvenes y viejos, es un ejemplo). De otro, el conflicto social, un trasfondo economicista (muy del agrado del amigo Pacoman) que ya aparece en la primera trilogía como motor del cambio. Y, en ambos casos, sin ser conscientes de las instancias superiores, siempre en las sombras, que manejan los hilos del poder en función de sus intereses.

Raymond Swanland

Junto a los actores principales hay otros que se nos muestran con punto de vista propio (POV) y están llamados a alcanzar mayor relevancia: Vick dan Teufel, hija de aquel Maestro de la Ceca acusado por Glokta y desterrado a Angland al inicio de La Voz de las Espadas, de rostro impenetrable y pensamientos turbios; y «Toro» Broad, un ex-soldado de asalto con buen corazón y fuertes impulsos a la violencia; también Jonás Trébol, antiguo jefe guerrero del Norte, cómodo y pragmático ahora, que ha sabido conservar la vida gracias a mantener un perfil bajo y aprovechar cada oportunidad que se le presenta; incluso veo posibilidades en Selest dan Heugen, admiradora y rival de Savine dan Glokta en los negocios. Por supuesto, y aunque la magia se diluye en un mundo moderno e industrializado, el Consejo de Magos, siempre presente en segundo plano (no en vano dijo Bayaz a Logen, al conocerle, «hay muchas formas de cascar un huevo»); queda aún por aclarar su implicación en dos sucesos importantes al final del libro, que han de marcar el curso de los acontecimientos en el segundo volumen de la trilogía, El Problema de la Paz.

En resumen, con Un poco de odio, Joe Abercrombie demuestra mantener templado el acero de su pluma y afilado el oficio de escritor, para construir una serie que -con los diez libros previstos hasta el momento- se encamina, de forma sibilina y casi sin hacer ruido, a ser toda una epopeya fantástica.

La mejor, más inteligente, sucia y marrullera saga Grimdark de estos tiempos.

Mapa del Círculo del Mundo, escenario de La Primera Ley y La Era de la Locura

LA CURACIÓN, de MIGUEL CÓRDOBA

«Magie nació con una característica muy particular: tiene un hilo negro atado al dedo anular de su mano izquierda, ve y habla con fantasmas y presiente muertes trágicas en el futuro. Dios es una niña de nueve años que vive dentro de una urna en una base secreta de Nebraska, sufre una grave depresión y muestras preocupantes tendencias suicidas…»

La Curación, de Miguel Córdoba, es la historia de los olvidados de Dios.

Leer La Curación (cualquier obra de Miguel Córdoba) supone recibir un impacto sensorial múltiple: no sólo has de utilizar la vista para hacerlo (o el tacto si lees en papel); tus oídos reverberan con la abundante (excelente) música que inunda el texto disuelta en palabras con magia, y tu mente se agita con los recuerdos (cientos de imágenes conocidas) que evoca –como quien no quiere la cosa– en cada una de sus descripciones; imágenes que, más allá de definir la riqueza cultural del autor, son el instrumento que utiliza para hacernos más cercano el surrealismo que impregna su obra, suavizar el horror que ocultan alguno de los hechos que narra. Eso es oficio, no magia; recursos innatos, armas de perro viejo que sorprenden en un autor joven. La magia queda para sus palabras, para cómo escribe y consigue transmitir sensaciones, cómo retuerce la realidad y nos hace ver y sentir lo que desea. Pura magia…

Magie (magia en francés) es un ser especial que, más allá de ese hilo negro que oprime su dedo y nadie ve, los fantasmas o la muerte, que presiente tiempo antes de ocurrir (alguna demasiado cercana), tiene todas las papeletas para ser desgraciada: la muerte del padre, una familia rota que la madre ha de sacar -sola- adelante; se trata de una niña fea y gorda, que sufre el bulling de sus compañeros en la infancia y adolescencia y la condena a la soledad… salvo por el fantasma (que se esconde en la lavadora para no afrontar la angustia de la vida en el Más Allá) y otros espíritus de muertos recientes que ve, o el árbol que sembró su padre y le habla… ¿Cómo puede sobrevivir una cría a tales experiencias? ¿Cómo no le van a afectar cuando crezca…?

Miguel nos lo cuenta, en una historia inquietante aderezada con trazos de surrealismo profundo (máscaras que reflejan los sentimientos mejor que el rostro, hormigas que le marcan el camino a seguir, una dominadora rata gigante, los tulpas…) que suaviza con la música y evocación de personajes, situaciones e imágenes conocidas hasta hacerlo cercano, amigable y conseguir que nos resulte una historia natural, cotidiana, nada extraña y repleta de frases maravillosas, tan contundentes que merecerían, ellas solas, una entrada propia en el blog, que las recopilase:

« … después de morir hay una prueba que superar. Y no es fácil. Algo así como mirarte en un espejo y aceptarte como eres. Si no la pasas no hay paz, ni puedes avanzar».

« … un vertedero de sueños rotos, un lugar donde es posible el reciclaje de lo que pudo haber sido».

«No dejaba de ser bello el hecho de vivir sin la cicatriz de una eterna dependencia».

Una historia que se entrecruza con la de ese Dios-Anna, niña de nueve años con tendencias al suicidio y que, en la terrible soledad de su depresión (¿o viceversa?), olvida alguna de sus creaciones.

En la ficha (y la contraportada del libro) se califica la obra como de Terror Surrealista. Sin embargo, no la considero una obra de terror. Tal vez, sí, de angustia, pues busca el desasosiego del lector; y, por supuesto, es surrealista. Angustia Surrealista podría ser un buen calificativo para ella.

Pero, pese a las penalidades que han de sufrir los personajes, la brutalidad de algunos actos en sus vidas, la obra esconde, en el fondo, un mensaje de lucha y superación personal, una apuesta por sobreponerse al desasosiego y la angustia que genera el miedo, el terror cotidiano que atenaza la existencia y a todas las pruebas (reales o surreales) que nos agobian; un mensaje claro de que, aunque puedas caer en el camino, lo importante es levantarse. Lo vemos en la lucha diaria de Naomi, la madre, que saca adelante a sus hijas, con alegría y buena disposición («las tres guerreras»). En Lor, capaz de superar el trauma de la infancia gracias a la música (y Flip). En Tim, contrapartida a la maldad negativa de Jeremy, o la propia Magie, tras todo lo que ha debido sufrir y cuantas veces caiga. Y, por supuesto, en Carey Mahoney, que no se resigna a permanecer en las páginas de un libro que no es el suyo y salta a éste. O en el final, que es un nuevo comienzo, y en el mensaje que un niño imaginario repite a Magie a lo largo de la obra y es una solución:

«Cuando Dios se olvide de sus hijos debes ir a Nebraska a recoger los trozos de tus sueños rotos».

Miguel Córdoba lleva tiempo escribiendo, ésta es su tercera novela, después de obtener varios premios y menciones en concursos de relatos y algún que otro guión de cine, también premiado («La Cuerda«, dirigida por Pablo Sola, un corto de suspense y terror, de excelente factura). De hecho, es un autor fetiche para Ediciones El Transbordador, que inició su singladura en 2015 con Ciudad de Heridas, su primera novela (ver reseña aquí).

Si en aquel momento su temática y estilo sorprendieron con agrado («sorprende» es la palabra que más veces se repite en la reseña) y, aunque los recuerdos ya se pierden en la niebla del tiempo (si Dios puede olvidar, cuánto más no lo haremos nosotros), quiero constatar la madurez y evolución que ha experimentado Miguel en este tiempo, alejado ya de aquella sombra alargada de Stephen King que se intuía como influencia (sin que dejara de ser una obra personal) y que desaparece -o casi- en La Curación, lo que evidencia una personalidad y estilo propios que bullen con fuerza y prometen más sorpresas agradables en el futuro.

Como sorprende el prólogo -genial- de Darío Vilas, que parece integrarse y formar parte de La Curación como un capítulo previo -o posterior- a la misma. Todo un acierto, sin duda.

La segunda novela, Los tres abismos de Damián Mustieles supuso un complicado ejercicio de auto-control e ingenio, un reto arriesgado, propuesto por la editora, al que supo dar respuesta con brillantez y sin fagocitarse: desarrollar las historias que se referencian en la obra anterior, usando el mismo universo, sin repetirse.

De ahí surge el personaje de Carey Mahoney quien, como en la obra de Pirandello, «Seis personajes en busca de autor», reclama el papel apropiado (en este caso, la obra que le corresponde) y anhela consumar su propio destino. Y bien que lo consigue.

Miguel Córdoba escribe de maravillas; sus obras no dejan indiferente a nadie. En La Curación te atrapa, capta tu interés de inmediato, con un lenguaje cuidado a la vez que sencillo y fluido, y recursos culturales ilimitados (*) que engrandecen la obra y trasciende el surrealismo hasta hacerlo cercano al lector. Obra muy recomendable (que ha entusiasmado a muchos amigos del Club de Lectura).

Cuando sea mayor y, junto a otros olvidados de Dios, orbite la estrella Tabby en la constelación del Cisne, me gustaría escribir como él.

(*) – Leyendo ahora por encima, en diagonal, he hallado más de 70 referencias y citas a canciones, cantantes o grupos, películas, actores y directores, escritores, poetas y obras literarias, dibujantes y personajes de cómics, pintores, obras de arte, edificios famosos… sólo hasta mitad de la obra (después no seguí…).

EL ARCANO Y EL JILGUERO, de Ferran Varela

«Esperaré a que toda Hann sea conquistada. Esperaré a que no sea necesario un ejército, a que no haya adversario contra el que el Imperio pueda luchar. Esperaré a que el hijo del Emperador tenga edad para gobernar, con tal de evitar una guerra civil en pos del Trono de Mesetatrigo. Y entonces os mataré. A ti y al Emperador. Os daré la muerte más dolorosa que pueda concebirse en este mundo. Agonizaréis durante semanas, y eso no será más que el comienzo. Pasarán meses desde que empiece a torturaros hasta que vuestros rostros terminen en mi capa diabólica».

Nos encontramos ante una de las mejores obras de Fantasía escritas en castellano, llamada a marcar un hito extraordinario en el fantástico español. Y no es exageración; no la boutade de un cronista para llamar la atención sobre un autor o su obra más allá de lo que merece. El tiempo se encargará de darme razón o no. De hecho, ya lo está haciendo: pocas obras editadas en nuestro país han tenido una acogida tan espléndida entre el público y la crítica como la presente; pocas veces un autor ha sido tan reclamado en presentaciones y firmas tras su primera novela, que desde inicios copó los primeros puestos de venta, semana a semana, y continúa gozando de reseñas favorables meses después. Algún día traspasará fronteras. Entonces veremos que su éxito no es una solitaria raya en el agua en este país cainita, tan cruel con lo propio, sino un hecho cierto y fehaciente.

Ferran Varela, un joven abogado de Barcelona, que muy poco antes pensaba abandonar la escritura, ya nos sorprendió meses atrás con La Danza del Gohut (ediciones El Transbordador, 2018), una novela corta, estimulante, que precedió en éxito y acogida a la actual; ella nos mostró el inmenso poder de concisión de Varela, su facilidad para conectar con el público y hacer cercano lo extraordinario, cotidiano lo fantástico. Ya lo venía advirtiendo en sus relatos previos Profundo, Profundo en la Roca («Dark Fantasies», Sportula, 2017) y Las Cadenas de la Casa de Hadén («El Viento Soñador y otro relatos», Sportula, 2018). Uno, que ha tenido la suerte de acceder a sus relatos primerizos «Preta«, «La cola del lagarto» y «El Aquelarre« ha podido comprobar la rápida progresión experimentada por el autor en poco tiempo y sabe que aún no ha alcanzado su cenit.

El Arcano y el Jilguero es una novela distinta, difícil de catalogar bajo los clichés típicos que otros han utilizado y la pretenden encasillar («fantasía oscura», «épica», «grimdark»…). Como si lo necesitara… Es pura Fantasía, y eso debe bastar. Entiendo que, hoy, los editores y el público, incluso algunos autores utilicen etiquetas más o menos acertadas para definir y diferenciar su producto de otros, en un mercado saturado que exige diversidad, cierta especialización. El Arcano y el Jilguero, el sentido de la maravilla no lo precisa. Es Fantasía. Sin más.

Mezen el Ariete es uno de los cinco Altos Oficiales del Sacro Imperio Leenero que actúan y hablan en nombre del emperador. En su caso, el encargado de abrir las puertas, facilitar la caída de las ciudades que asedia en su política de conquista de todo el continente de Haan. Para hacerlo utiliza la figura de un Arcano del Tormento, un morador del Inframundo, responsable de infligir castigo a las almas condenadas. Con su larga capa de piel humana, confeccionada con los rostros despellejados de sus víctimas y unos métodos cuestionables que impactan por su crueldad, transmite el terror a los asediados, les infunde un miedo tan cerval que prefieren rendir la plaza antes que verse sometidos a su tortura. Unos métodos despreciables; un ser ruin… No tanto.

Lo que, en fondo, mueve a Mezen es un sentido particular de la justicia, la búsqueda del mal menor, salvar el máximo número de vidas del pillaje, saqueo, violación, muerte y destrucción que genera el ejército agresor («mejor una vida que mil»). Un personaje complejo, lleno de matices grises entre el blanco y el negro absolutos. A lo largo de la obra -narrada en primera persona- conocemos sus motivaciones y pensamientos, su conflicto, la lucha salvaje que mantiene entre una causa que considera justa y su demonio interior, el mal que acecha en lo profundo de su alma y aflora libre cuando no lo controla. Y cada vez lo hace menos…

Y conocemos a Nara, una joven de trece años, que ni es niña ni mujer y ya ha sufrido lo peor de la maldad humana, el rostro más oscuro de la depravación y el abuso, la crueldad de una guerra que se ha cebado en ella. Frágil, insegura, distante cuando la conoce, el trato que recibe de su salvador la hará evolucionar, capítulo a capítulo, hasta devenir en adolescente inquieta, cercana, despierta e inteligente, que pregunta y aprende sin cesar. Un jilguero cantor que provoca alegría en el Ariete y atempera su demonio interior; la única que le trata como persona y no como el monstruo que él mismo se considera. Una simbiosis que genera equilibrio en ambos personajes, pero no se completa en la obra.

Juntos inician un periplo por parte de las ciudades de Haan, en el que se nos muestra la cultura y diversidad de un continente rico en matices, animales imaginarios o la historia de cada ciudad y su gente, sus creencias y mitos divinos; todo un panteón de dioses y seres mitológicos con defectos y virtudes. Al tiempo, conocemos los secretos de Mezen, su entrega al deber y su causa, su ilusión de un mundo mejor o la imposibilidad de lograrlo, sus expectativas de traición, los monstruos que pueblan sus sueños… Y, todo, narrado de forma excepcional.

Ferran escribe de maravillas; mezcla un estilo sereno con la inquietud de la acción, ese punto de crueldad que requiere el grimdark con la ternura de lo onírico, en ocasiones rozando la prosa poética. Junto a descripciones brutales concede momentos de paz y extraordinaria belleza, secuencias tranquilas que evocan momentos feericos. Es hermosa la imagen de los siete puentes en Aguaclara, cada uno con la estatua de dos enamorados en bronce,cada uno con un nombre: suspiro, deseo, mirada, palabra, mano, beso robado, rubor, inquietud y baile; las estatuas no tienen rostro, el paseante ve el suyo reflejado en el bronce bruñido y construye su propia historia de amor… Bella -a la vez que inquietante- resulta la alegoría de las mariposas: «tres tintes, tres muertes saldan» (roja, la sangre que mana; verde, la enfermedad; morada la muerte).

Personalmente, siento muy cerca la relación de Mezen con Susurro. Una historia mutua de sentimientos, compartida en la distancia de treinta años: Bruma y Susurro…. Ferran entiende.

Los personajes están bien construidos. No sólo Mezen en su papel de Arcano del Tormento, al que necesariamente sentimos cerca por contemplar, a mente abierta, sus pensamientos, sueños y contradicciones. O Nara, cuya evolución observamos a lo largo de la historia. También los secundarios, menos definidos pero bien pincelados: Loria, la jinete de hipocampos o Dorlon, el traficante; sobre todo me interesan Zein la Cadena y Fura la Cicatriz, dos de los cinco Altos Oficiales que conforman la Zarpa del Oso Custodio del Sacro Imperio de Leene, que tanto juego pueden ofrecer en el futuro.

La historia queda abierta, da para más… necesitamos más. Sólo queda esperar ese día en que Ferran Varela deje correr su imaginación y de rienda suelta a su pluma para deleitarnos con su prosa serena, casi poética y nos cuente nuevas aventuras de Mezen el Ariete y Nara, el Jilguero. Las esperamos.

Respecto a la edición, El Arcano y el Jilguero supuso el inicio del nuevo formato para grandes novelas de Ediciones El Transbordador, de mayor tamaño y número de páginas, que se agradece y tan buen resultado está dando a esta editorial pequeña que, con su buen hacer, continúa escalando puestos en el mundillo editorial, tan complicado hoy. La calidad es una apuesta que da frutos. Y El Transbordador los está consiguiendo.

Todo cuanto diga de más no tiene sentido si lo contado no os mueve a leer esta novela -algo que recomiendo encarecidamente y agradeceréis- o ya lo habéis hecho. El Arcano y el Jilguero, de Ferran Varela en Ediciones el Transbordador lo merece.

Y dará mucho que hablar, ya veréis.