SOMBRAS DE HIERRO A LA LUZ DE LA LUNA en BD (Conan le cimmérien, vol. 6)

Se trata de uno de los relatos menores de Conan (y, aún así, mejor que la mayoría de muchos autores), que sigue el conocido cliché de chica hermosa, desvalida y ligera de ropa, ciudad de entorno asfixiante y peligroso, y amenaza terrorífica sobrenatural, que tanto le sirvió a Howard para llegar al público. Sin embargo, es pura aventura y acción bien construida. También una de las sorpresas agradables de esta colección de Glénat, una adaptación excelente de Virginie Agustín, desconocida por mí hasta ahora, que encara el relato como autora completa, a cargo del guion, ilustraciones y color.

A finales de 1932, tras publicar El Coloso Negro (que, además de insinuaciones veladas o desnudos, finaliza con una escena de sexo sobre el altar de Thugra Khotan) y haber obtenido su primera portada en Weird Tales, Howard confirma que la introducción de elementos sexuales en sus relatos no perjudica sino ayuda a su publicación, y decide explotar este tema en los tres siguientes. El primero será Sombras de Hierro en la Luna, una historia de transición entre sus correrías como pícaro y ladrón en diversos reinos hiborios y su primera estancia en los reinos orientales de Turán e Hyrkania, como capitán de piratas del Vilayet (aunque, tradicionalmente, haya sido situado en una época posterior de su vida [1]).

Sea cual sea la cronología elegida, Conan se enrola como mercenario en las Compañías Libres durante una campaña en Koth, que, tras firmarse la paz y quedar sin trabajo, se dedican al pillaje y saqueo de caravanas en la frontera de Turán. Los hyrcanios los llaman kozaki. El reyYildiz envía un ejército de 15.000 hombres al mando del Sha Amurath, gobernador de Akif, que los detruye y sólo el cimmerio consigue escapar, escondido en el río Ilbars. Allí, por una feliz coincidencia, encuentra y masacra al gobernador en presencia de Olivia, una esclava que ha escapado de su harén. El relato contempla este encuentro, la huida de Conan y Olivia a una isla deshabitada en el mar Vilayet donde les aguardan todo tipo de peligros: el sobrenatural de unas extrañas estatuas de hierro, el animal de un gigantesco hombre-mono gris devorador de hombres y el de unos piratas de la Hermandad Roja, a los que finalmente se une y convierte en su capitán.

Pero, más que Conan, la verdadera protagonista del relato es Olivia, noble hija del rey de Ofir, vendida como esclava por negarse a ser la esposa de un príncipe de Koth («y os llaman bárbaros a vosotros, Conan de Cimmeria»). Howard decide adoptar un punto de vista femenino (no tanto feminista) para narrar la historia y mostrarnos los hechos, sus sensaciones y sentimientos ante la aventura y peligros que afronta. Y su evolución personal.

Porque si el cimmerio cambia de actitud durante el relato, y pasa de un perfil salvaje, furioso y acorralado, que obtiene justa venganza en la carnicería sangrienta que practica sobre el sádico Sha que orquestó la masacre de sus compañeros y, al terminar regresa a su estado habitual de bárbaro decidido, ingenioso y autosuficiente, Olivia, más que cambio experimenta una evolución completa de personalidad y carácter, desde la resignación y sumisión inicial a la aceptación, madurez, y reafirmación final de sí misma y sus circunstancias.

Ella es -sí- la típica princesita del cuento, desvalida y en peligro, que teme al kozaki por su salvajismo, pero menos que a Sha Amurath, el látigo o las vejaciones, por lo que supera el miedo que le produce y le pide huir con él, un proscrito, un paria… Ahí demuestra una personalidad que ya mostró en su negativa a aceptar la vida de sumisión que otros habían decidido por ella (y que, en parte, recuerda a Agnés de Chastillon, personaje que Howard concibió meses antes); una personalidad que se refuerza en la soledad de la isla, cuando encara el terror que la abruma, abandona la pasividad y libera a Conan de los piratas, un bárbaro, un salvaje, pero que la ha tratado mejor que ningún hombre antes. Al final, elige quedarse a su lado, por más que suponga aceptar una vida incierta como reina del mar azul, ensangrentado por el saqueo y el pillaje.

Una percepción que Virgine Agustin [2] -mujer- recoge en este cómic con maestría. Al igual que reproduce, con silencios, el ambiente opresivo y la malignidad del templo o las estatuas de hierro, la belleza de los paisajes en grandes planchas de vegetación y colores lujuriosos, o el detalle de miradas cómplices que intercambian los personajes. Pocas veces he encontrado tanta descripción mediante viñetas mudas, sin texto, o intercalando planos cambiantes.

El suyo no es un dibujo perfecto, sino efectivo; sus rostros -a veces caricaturas- transmiten emociones, sentimientos; sus cuerpos no sigue el canon pero no desentonan, impactan. Su Conan, de rasgos brutos y fieros, es un bárbaro real, salvaje y poco civilizado; Olivia una cortesana delicada, indefensa, temerosa o decidida cuando encarta; su Sergius de Krosha un ser gigantesco, deforme y, sin embargo, cuadra; las estatuas de hierro son gárgolas infernales que incitan pavor… Y su adaptación, muy digna, fiel al texto original, que respeta e interpreta pero no reescribe (como Howard merece).

¿Y qué es todo eso, en definitiva, sino buen cómic…?

NOTAS

[1] — De forma tradicional, esta historia ha sido situada más adelante en la cronología del cimmerio, cuando tiene sobre 30 años y tras los sucesos de La Reina de la Costa Negra. Así lo hicieron tanto Miller y Clark, como Sprague de Camp, Robert Jordan o Joe Marek. Sin embargo, en 2003, un detallado estudio de Dale Rippke en las páginas de «Rehupa» lo resitúa tiempo atrás, sobre los 21-22 años del personaje, antes de sus aventuras con Bêlit. El motivo lo justifica y razona con hechos entresacados de los textos del autor tejano, sin la influencia o modificación posterior de otros: De un lado, la destreza con el arco que el cimmerio demuestra en alta mar, entre vaivenes de las olas, durante el primer ataque de los corsarios negros, que él mismo explica aprendió durante su estancia en Hyrkania. De otro, sus pertrechos de guerra y capa roja de mercenario en esa y otras aventuras, de los que carece aquí. Pero, sobre todo, porque si ocurre poco después de los tres años que pasa en el mar junto a Bêlit, con la marcada huella que debió dejarle, ¿por qué no se encuentra ésta entre sus recuerdos?. Y, en especial, porque los hechos de «Sombras de hierro…» transcurren durante el reinado de Yildiz en Turán, cuyo relevo debió suceder en algún momento entre «La Reina…» y El Diablo de Hierro, donde ya gobierna Yezdigerdz. En fin, matices e interpretaciones varias. Pero yo, tras las manipulaciones interesadas de Sprague de Camp, me quedo con la cronología más moderna, justificada y aceptada hoy, de Dale Rippke (que es también la que siguieron Kurt Busiek y Timothy Truman en la serie de Dark Horse).

[2] — Virgine Agustin proviene del mundo de la animación, habiendo colaborado con los estudios Disney Tarzán» y «Hércules») o televisión France3 y en la película «Corto Maltes, la corte secreta de los arcanos«. Después pasó al cómic (bande dessinée). En España, según Tebeosfera, tiene publicadas la serie «Alim, el curtidor» (Norma, 2005), «Whaligoë» (Yermo, 2014) y «Las cuarenta elefantas» (Yermo, integral, 2019). Y yo sin disfrutarla…

LA CIUDADELA ESCARLATA en BD (Conan le cimmérien, vol. 5)

Es, posiblemente (a mi entender), el más flojo de los 10 primeros volúmenes de la nueva adaptación al cómic (bande desinée) que está realizando Glénat sobre el personaje creado por Robert E. Howard. Debajo justifico el por qué lo digo.

Se trata del cuarto relato del personaje que escribió Robert E. Howard, si bien sería el segundo publicado (Weird tales, enero de 1933) tras El Fénix en la Espada, su primera historia (La hija del Gigante Helado y El Dios en el Cuenco fueron rechazados por Farnsworth Wright). Y, cómo el anterior, transcurre durante el periodo de madurez de Conan, cuando ya es rey de Aquilonia.

Ambas historias contienen puntos en común más allá de la amenaza/conspiración hacia el reino o su persona, que si en el primer relato proviene de un acto interno, ejecutado por súbditos disconformes que procuran derrocarlo, en el presente llega del exterior, por las pretensiones expansionistas de sus vecinos, los reyes Almarus de Ofir y Strabonus de Koth y el malvado brujo Tsotha Lanti, que lo capturan con una celada y preparan su abdicación a favor de un sátrapa de sangre real, Arpello de Pellia, por supuesto a su servicio.

La trama muestra la traición y captura de Conan, su huida accidentada de las oscuras mazmorras de la Ciudadela Escarlata, su encuentro con Pelias, hechicero prisionero y enemigo del anterior, que le facilita un regreso rápido a Aquilonia, a tiempo de detener las tropelías del usurpador, recuperar el trono, reunir al pueblo y los barones hasta conseguir la derrota del ejército invasor. Se ve claro que Howard, tras el rechazo previo de dos relatos de juventud del cimmerio (alguno muy bueno, aunque delicado en su motivación), decide regresar a un entorno de confort como el ya obtenido, aunque más elaborado:

En ambos relatos aparecen brujos que conspiran contra el rey, seres monstruosos invocados desde otro plano dimensional y fuerzas sobrenaturales -más hechicería- que apoyan la causa del rey bárbaro. Sin embargo, mientras en el primero utiliza para configurar Aquilonia un entorno medieval incipiente, poco diferenciado de una Antiguedad tardía y casi tribal, en el segundo incorpora de pleno un sistema de Medievo avanzado, con un feudalismo fuerte, barones enfrentados y gremios de comerciantes; y un pueblo veleta, ciudadanos y campesinos, que aspira a un líder natural, fuerte y consistente, sea éste cual sea. Por otro lado, en La Ciudadela Escarlata, además incorporar descripciones épicas de batallas grandiosas, tan propias del autor, Conan recuerda diversos roles de su pasado antes de ser rey que presagian historias futuras; también, un carcelero lo reconoce como «Amra«, el león, un pirata que asolaba tiempo atrás las costas de Kush (aún no se menciona a Bêlit, La reina de la Costa Negra y principal atractivo del que será su siguiente relato).

El problema de esta adaptación al cómic es que ignora el recurso infalible de Howard para entremezclar diferentes culturas y periodos de la historia, para infundir en el lector visiones claras del entorno sin recurrir a mayores explicaciones; y Le Roux lo interpreta de forma demasiado literal. Gráficamente, con un dibujo muy correcto y sin alaracas, su interpretación de Aquilonia (calles, adornos, armaduras, murallas, uniformes o vestimentas) nos sitúa en un entorno en exceso adelantado, cercano a la Guerra de los Cien Años, que desentona y a mí, personalmente, me saca de situación. Sin embargo, sus páginas de batallas, sin llegar a brillantes, están bien construidas y dotadas de cierta épica efectista. Étienne Le Roux («La memoria en los bolsillos», «14-18», ambas en Norma Editorial) es un buen dibujante que igual admira a los maestros franco-belgas que ilustra como Bernie Wrigtson; aquí utiliza un estilo realista intermedio que no está nada mal, aunque hubiese preferido un homenaje a Wrightson… En todo caso, me gusta su Conan de barba regia y constitución natural, diferente al que estamos acostumbrados.

Es en el guion adaptado de Luc Brunschwig donde encuentro más problemas. La historia comienza en Tamar, con la noticia de la derrota de Conan, comunicada por Flavio, el juglar del rey (¿?) (que cabalga a lomos de un oso…¿?), y desencadena los acontecimientos que suceden en Aquilonia en paralelo a los hechos que vive el cimmerio en la planicie de Shamu y la frontera de Ofir. No está mal como recurso (por más que Howard los trate con rapidez, al final, y aquí cobran relevancia y destacan en exceso la figura del títere Arpello, figura gris en el original). Pero excluye y obvia otros personajes de vital importancia como el Conde Trocero de Poitain o el canciller Publio, a quienes ni nombra o los cita con nombres cambiados, como los barones Pomero de Shamar o Enaro de Sica (¿?) y deja como principal valedor de Conan en la ciudad al juglar Flavio…

No contento con ello, sustituye la enorme serpiente Satha, «la vieja» (imagen icónica donde las haya, tras la genial ilustración de Frazetta) por un gran sapo repugnante, que debió entender más terrorífico… Todo ello me lleva a pensar que Brunschwig desconoce al autor, el personaje y su entorno, o –lo que es peor, teniendo tan cerca a Patrice Louinet-, decide pasar de él y reescribir la historia a su criterio, creyendo ser más interesante que el propio autor (el gran pecado de más de un guionista y director «genial»…).

Y es una lástima, porque el resto de la historia, la principal, no está mal adaptada.

Para colmo, el ensayo de Patrice Louinet, co-director de la colección y uno de los mayores entendidos del mundo en R.E. Howard, dentro de su maestría habitual, no me ha parecido de las mejores, lo que contribuye a una menor puntuación general.

Por todo ello, esta adaptación de La Ciudadela Escarlata al cómic se convierte en la más floja de cuantas realiza Glénat y, posiblemente, de cuantas se hicieron antes (por Marvel y Dark Horse), lejos del respecto y fidelidad al original que demostraron Roy Thomas y Timothy Truman en su día. Puestos a comparar, de ellas, y aunque venero la interpretación realizada por Frank Brunner, que me impactó en su día (aunque, vista hoy, quede algo constreñida y confusa en 40 páginas), prefiero sin duda la de Dark Horse y el dibujo impresionante de Tomás Giorello (mucho más libre y grandioso, en una auténtica novela gráfica de casi 100 páginas).

Como digo, una verdadera lástima, pues si hasta ahora la edición de Glénat (escribo tras leer sus 10 primeros títulos) alcanza un notable alto, incluso el sobresaliente, este volumen se queda sólo en suficiente; el único por el momento.

Para otros comentarios sobre La Ciudadela Escarlata (Dark Horse) en este blog,

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Dibujo de Tomás Giorello, para la versión de Dark Horse

VILLANOS EN LA CASA, en BD (Conan le cimmérien, vol.10)

Nos encontramos ante una excelente adaptación al cómic de «Villanos en la casa», de Robert E. Howard, realizada por Patrice Louinet con dibujos de Paolo Martinello, como nº 10 de la colección «Conan le Cimmérien» de Ediciones Glénat.

(Todas las imágenes se amplían al hacer clik sobre ellas. Recomiendo hacerlo, para contemplar la espectacularidad de algunas escenas.)

La historia (curiosamente titulada en francés «La casa de los tres bandidos» [Conan, Murillo y Nabónidus]), una de las últimas del primer ciclo del personaje (publicada en enero de 1934), contiene interesantes peculiaridades o cambios respecto a las precedentes:

De un lado, la casi nula presencia femenina entre sus páginas (el ajuste de cuentas con la novieta de turno es testimonial) lo que le priva -de nuevo- de la portada en Weird Tales, pese a ser uno de los personajes mejor valorados por los lectores. De otro, y sobre todo, destaca la introducción de la tecnología y la ciencia para justificar lo sobrenatural: el Sacerdote Rojo, un poderoso villano que despierta el terror de sus conciudadanos como hechicero, resulta ser un científico avanzado a su tiempo que, frente a la magia, utiliza elementos tecnológicos y ardides psicológicos para obtener sus fines corruptos, y habla sin tapujos de «evolución natural». Howard recoge, sin duda, el enfrentamiento candente en la época (y que aún mantienen algunos) entre evolucionistas y creacionistas y toma partido, mostrando claras sus preferencias.

Pero revela también su desprecio por la política (en este caso local), en la que sitúa por igual a sacerdotes y aristócratas, ambos ávidos de poder, y la concibe como un defecto inherente a la civilización. Aún no utiliza el conocido discurso de enfrentamiento con la barbarie (entendida como elemento natural, no sujeta a leyes opresoras) que expondrá un año después en Más allá del río Negro. Pero Patrice Louinet sí lo hace, poniendo en sus labio la frase «Por lo que se ve, es ilegal matar a un jodido sacerdote, aunque sea el peor de los bandidos», anticipo quizás del desconcierto que siente ante el juez unos meses más tarde, en La Reina de la Costa Negra, para justificar sus actos transgresores como ladrón o asesino («el más honesto de los tres villanos» en palabras de Murillo).

El relato (Howard confiesa por carta a Clark Ashton Smith que se escribió solo, de un tirón y apenas sin corregir) transcurre intramuros, dentro de la ciudad, la cárcel o la mansión del sacerdote rojo, lejos de los espacios abiertos que contemplan grandes batallas. Howard nos introduce en el ambiente ominoso de las cloacas (incluidas las políticas), pasillos amenazadores y habitaciones llenas de trampas; un interiorismo que propicia la reflexión y que prevalezcan los personajes. El autor prefiere la narrativa a los diálogos, y ello propicia una adaptación al cómic en grandes grandes planchas que enlazan viñetas sin texto, ilustraciones plenas de pequeños detalles y un sin fin de personajes de adorno, planos que cambian de enfoque y secuencias bien dirigidas, que consiguen el equilibrio perfecto en una narración secuencial de lujo.

Howard inicia el relato con la historia ya planteada, el cimmerio en la cárcel y, después, con una concisión precisa, propia de un maestro, traza y nos explica en sólo unos párrafos lo sucedido (la ejecución del compañero y su venganza sobre el sacerdote de Anu que los traicionó). En el cómic, la historia se comprende mejor si se cuenta en secuencia, desde su inicio (1). Los autores se permiten utilizar 16 páginas (europeas, grandes planchas) para narrarla; y funciona muy bien. Nos encontramos ante una gran versión, una adaptación que respeta el original y demuestra que se puede ser creativo sin cambiar ni reescribir lo que ha contado el autor.

Me gusta que Patrice Luinet opte por la opción propuesta por Dale Ripke en su cronología «Tormenta Oscura»(2) y que el amigo ajusticiado sea el mismo Néstor de Gunderland que Conan conoce en la sinopsis de El aposento de los muertos (3). Como me ha parecido magnífica la recreación gráfica de Thak por Paolo Martinelli, mucho más humana en su bestialidad que otras (incluida la de Frazetta) y acorde a lo que el escritor tejano quiso reflejar en las palabras de Conan:

«Esta noche he matado a un hombre y no a una bestia».

El aspecto gráfico resulta impactante, como podéis comprobar. El cimmerio se nos presenta como un joven bárbaro (de 19 años) que impresiona por su corpulencia pero a la vez es ágil, de reacciones felinas y mirada viva, salvaje e inteligente. También acierta Martinelli con el resto de personajes, la ambientación y los fondos, incluso el color o intercalando planos y contrapicados, obteniendo en conjunto una narrativa muy ágil. Incluso añade un guiño de humor en la taberna, cuando representa a la veterana prostituta pelirroja, inflada y deforme, de nombre Sonia, que viste un conjunto bikini de mallas plateadas.

Sólo le encuentro una pega (ínfima): los escenarios; ese eclecticismo arquitectónico que mezcla indiscri-minadamente construcciones antiguas, torres estilizadas, muros medievales, templos de corte oriental o arcos de todo tipo, junto a elementos decorativos de diversas épocas y enormes adornos renacentistas o neoclásicos; incluso en un barrio bajo como El Laberinto. A mi entender, otorgan espectacularidad al ambiente, pero despojan de personalidad a la ciudad de Corinthia. Por lo demás, grandioso.

El ensayo final de Louinet que acompaña a cada álbum de la serie, aunque magnífico como siempre, me resulta menos brillante que otros; pero sus comentarios añaden un plus de calidad al álbum. No en vano lo firma uno de los mayores entendidos en Robert E. Howard o su obra; en este caso, también el guionista.

En suma, un nuevo ejemplo del buen hacer de esta colección de Glénat, que demuestra que es posible realizar una gran historia personal respetando las fuentes, adaptar sin inventar ni reescribir a su autor.

NOTAS:

(1) – Todas las adaptaciones previas lo han hecho así: en Marvel, Roy Thomas, en un número anterior, mientras utiliza dos cuadernillos para completar la historia; en Dark Horse, Timothy Truman usa cuatro para narrarla (88 páginas), más una extensa precuela.

(2) –The Dark Storm Conan Cronologie, publicada en los números 180, 181 y 182 de REHUPA (2003). Timothy Truman sigue ya esta cronología, adoptada en su mayor parte por la colección de Dark Horse. La versión de Roy Thomas es bastante anterior, y se encuentra contaminada por las acciones de L. Sprague deCamp.

(3) -Sinopsis de una historia de Conan no narrada por Howard. Diversos autores la han continuado y reescrito después, como relato y en diferentes cómics.

«La Era de la Locura», volumen I: UN POCO DE ODIO. Abercrombie en estado puro.

«Esa mañana habían llegado a un claro lleno de cadáveres. Más de una docena. Hombres de ambos bandos, que habían pasado a estar todos en el mismo. Ya se decía que la Gran Niveladora resolvía todas las diferencias.»

Han pasado más de treinta años desde los hechos narrados en El Último argumento de los Reyes (volumen 3 de La Primera Ley), veintiuno desde Los Héroes (la novela más cercana a los hechos actuales de las tres que completan la trilogía). En el Norte, pocas cosas han cambiado aunque las personas lo hagan: entre los clanes persiste el clima de enfrentamiento y lealtades, las rencillas continuas, el deseo de independencia del protectorado de La Unión, un «brexit» a la fuerza. Scale «Mano de Hierro» continúa como rey en el norte, pero sólo de nombre; su hermano Calder «el Negro» es quien toma las decisiones, un estadista que, sin renunciar a nada, busca el momento oportuno; pero se ve arrollado por la fuerza y juventud de su propio hijo, Stour Ocaso, «El Gran Lobo», impetuoso y poco templado -como ellos antaño- que se ha convertido en líder guerrero de las nuevas fuerzas norteñas, el futuro rey en ciernes. La juventud crea nuevos Mejores Guerreros y no se detiene ante nada, ni siquiera a pensar.

Leo dan Brock, por Stacey

En Angland, Harold dan Brock ha muerto y su viuda Finree lleva tres años ejerciendo como Gobernadora del Protectorado. Mujer capacitada para el mando y gran estratega, ha sabido contener la situación con apoyo de El Sabueso, jefe de Uffrith. Pero su hijo, Leo dan Brock, gobernador en ciernes, desespera sin que llegue de Adua su confirmación en el cargo. Guerrero audaz aunque temerario, El joven león» como le llaman sus hombres, aspira a alcanzar la gloria y enfrentarse al «gran lobo» en batalla o en el Círculo de Escudos, donde se forjan los nombres de las leyendas que oye y admira desde que nació. Ese enfrentamiento llegará…

Rikke, por Wichever Flower

Y Rikke, la hija del Sabueso, tendrá mucho que decir o ver. Bendecida (o maldita) con el «ojo largo», visiones que se manifiestan como ataques incontrolados, que intenta dominar con ayuda de la bruja montañesa Isern-i-Phail. Rikke y Leo se conocieron de niños y están condenados a encontrarse, aunque el destino les depara nuevos rumbos. Cuando el conflicto comienza, se encuentra en las montañas con Isern, tras las filas que atacan Uffrith. Perseguida por El Gran Lobo, deberá atravesarlas para llegar hasta Angland y las huestes de su padre.

Lo que si ha cambiado, y no poco en 30 años (al menos en su apariencia externa), es Adua, la ciudad de las torres blancas, el centro del mundo y La Unión, la capital del imperio. Aunque nada en su estructura interna ha dejado de ser como estaba en La Primera Ley (aquello de «cambiar para que nada cambie» del «Gatopardo», de Giuseppe Tomasi de Lampedusa):

Bayaz, el Primero de los Magos

Jezal dan Lutar continúa como Gran Rey, aceptando el rol de títere inútil que le toca desempeñar; sometido al Consejo Abierto, dominado por el Consejo Cerrado, que sigue en manos del Archilector Sand dan Glokta, Inquisidor Real, el hombre más temido del mundo… quien, a su vez, teme a la poderosa Orden de los Magos, con Bayaz (sí, el eterno Primer Mago de siempre) aún al mando; nadie sabe en realidad qué papel desempeña, pero él se muestra prepotente, confiado, superior y risueño, y parece estar en todas partes, en cada acción importante; él, o su acólito Yoru Sulfur. (Os suenan los nombres, ¿verdad?).

Pero no, ninguno de ellos será protagonista en esta aventura donde las mujeres alcanzan mayor relevancia, sino comparsas de lujo, actores de segunda fila, en la compleja representación que teje Abercrombie sobre sus herederos, la nueva generación de ciudadanos de la Adua floreciente y moderna del capitalismo industrial:

Savine dan Glokta, por Heliaofbuda

De un lado, Savine dan Glotka, la bella hija del Archilector y Ardee; miembro destacada de la alta sociedad, brillante inversora y adulada dueña de los negocios de media ciudad. Frívola e inteligente, decide sobre las vidas y destinos de sus administrados, que la admiran, odian o pretenden imitar. Porque en este nuevo mundo en que se ha transformado La Unión, son los negocios, la visión comercial y la especulación industrial quienes conceden imagen pública y otorgan poder (bajo la mirada atenta y consentimiento de quienes deciden…).

Orso dan Luthar, por Autoapocrypha

De otro, Orso dan Luthar, el Príncipe heredero, quien sigue el ejemplo de su padre y lo que de él se espera y desperdicia (es un decir) una vida disipada en mujeres, alcohol, drogas y espectáculos (ahorcamientos), mientras intenta llenar el vacío de su existencia inútil, carente de sentido o razón. ¿O es sólo una fachada a la que se ve abocado y en el fondo (muy al fondo) esconde valores y sentimientos profundos que, algún día, aflorarán?

Hechas las presentaciones, dispuestos los personajes (hay más, conocidos y nuevos), ¡que comience el espectáculo…! Porque si algo no falta en las novelas de Abercrombie, es acción. Una acción retorcida, contada sin miedo a la suciedad que acompaña la más baja categoría moral del ser humano llevado al límite; personas de sentimientos extremos y retorcidos; pasiones que, salvo excepciones, no siempre transitan por los límites del espectro y admiten una amplia gama de grises intermedios o su extremo más opuesto. Descripciones frescas, realistas, serenas, o duras y desgarradas, que alterna con diálogos ingeniosos, cínicos y con ese punto de humor negro que los convierte en humanos, para componer, en conjunto, una obra ágil y de lectura rápida, que te atrapa, engancha y no puedes dejar hasta el final.

Con Abercrombie en el Celsius 2019

Lo mejor que tiene Abercrombie es que, además de ser un tipo cercano y dispuesto a complacer a sus fans, sabe lo que quiere y cómo lo quiere contar; y que, cuando publica, no se hace esperar siete o diez años para ofrecer una continuidad. Lo bueno, también, es que sabe reinventarse y reinventar el mundo que ha construido (o deconstruye) y presentar historias distintas siendo fiel a sí mismo; que, tras recrear de forma magnífica una trilogía de fantasía épica hard-boiled (el estilo Grimdark que es su marca personal), sobre la misma, y sin traicionarse, dibuja tres novelas diferentes de corte fantástico para adultos: un thriller con vendetta (La Mejor Venganza), la aventura bélica de una batalla (Los Héroes) y una historia del far west (Tierras Rojas).

Iniciar una segunda trilogía sobre esta base, sin rebajar el listón ni autofagocitarse, suponía, sin duda, correr un riesgo elevado; que, a mi entender, supera ampliamente.

De principio, el entorno.

Un mundo de corte medieval que responde bien a los cánones de la fantasía; trazas de imperialismo, una estructura compleja de poder centralizado, el ejército costoso y desperdigado por reinos inquietos, promesas y lealtades difíciles de mantener; una población disconforme cada día más amplia y dispar (la inmigración hacia la capital crece y conforma una amalgama de razas y etnias), dividida en estratos y clases sociales cada vez más extremos, al borde del estallido social.

En el norte, escenario de antiguas contiendas sangrientas, la paz tras la batalla de Osrung, dos décadas antes, se quiebra y estalla la guerra; un ambiente que Abercrombie domina con maestría y en el que se siente a sus anchas. Sus descripciones de batallas son únicas: crudas, descarnadas, de un realismo sin concesiones, a veces cruel; gritos que se entremezclan con sangre y barro, sesos y tripas evisceradas, vómitos, fluidos corporales, brazos cortados, acompañados de la angustia previa y posterior al combate, el sentimiento de pérdida, la agonía del caminar sobre el barro sin rumbo determinado o sin destino, la soledad de la huida.

Pero no abusa de ellos, los dosifica hábilmente y crea un clima; ofrecer la ración justa de dolor y muerte que la historia requiere; se contiene. Porque en Un poco de odio la batalla abierta no es el centro de la historia como en Los Héroes sino la anécdota que la sostiene. Hay otra guerra, larvada ya en La Primera Ley, que ahora estalla: la injusticia social, la rebelión de las masas que, en sus manos, se convierte en odiosa y visceral. En los treinta años que han trascurrido, la transformación social de Middlerland ha sido fuerte -demasiado rápida quizás- y pasa de sociedad medieval de gremios artesanos a una revolución industrial incipiente, en la que el carbón y el vapor son la moneda de cambio y la máquina el eje vertebrador de la industria y las relaciones. El incremento de costes del sector primario, los impuestos y levas para pagar la guerra, conllevan paro e inmigración hacia las ciudades; la agricultura y ganadería ya no sostienen a las familias, que abandonan su hábitat natural y buscan trabajo en las fábrica, pero en éstas no hay para todos; la confección industrial reduce los precios de la mano de obra y se usan niños para el manejo de máquinas que elaboran más producto en menos tiempo, en largas jornadas sin descanso ni apenas coste; una esclavitud encubierta. Las familias viven en paro, arracimadas en sótanos y barrios mal atendidos, sucios y contaminados por el humo y los residuos.

Nuevos trabajos nacen; los hombres, a falta de trabajo honrado, se refugian en grupos de chulos y matones, las mujeres y niños recurren a la prostitución para alimentarse. La industrialización se ha convertido en un medio de destrucción masiva de costumbres y valores y es el capital quien reina en esta vorágine a punto de estallar. Los inversores marcan la pauta, deciden sin pasión sobre títulos de propiedad y las vidas que conllevan, sin considerar consecuencias… Savine dan Glokta es la más ávida inversora de Adua, pero precisa también financiación, un aspecto que domina como nadie la banca Valint&Balk. Y ya sabemos en manos de quién se encuentra… como toda La Unión.

El descontento se apodera del pueblo. En especial, en Valbeck, ciudad industrializada, y surgen grupos radicales; como los Rompedores (idealistas, que persiguen reformas sociales y mejoras en las condiciones de trabajo) y los Quemadores (hostiles a la monarquía y la aristocracia, que buscan desmantelar la Unión); ambos inspirados en aquellos luditas ingleses que quemaron y destrozaron las máquinas como protesta por la pérdida de empleos. Sólo que cuando la protesta social de la clase obrera se une a la marginación, explotación y el hambre, todo estalla, la acción popular se convierte en revancha de masas, que pierden la razón y se manipulan con facilidad, el odio sustituye a la necesidad de justicia y el caos se desata.

Y en esos mares profundos de aguas revueltas, Abercrombie nada a sus anchas, desata su esencia más primaria y enarbola oficio, para narrar como pocos la injusticia y el desconcierto. Me llama la atención cómo, en una obra de capítulos cortos que trasladan el foco de acción de un escenario a otro, enlaza varios capítulos -de los más largos- para describir la revuelta social hasta el supuesto Gran Cambio; en ellos, contemplamos los hechos a través de los ojos y pensamientos de los personajes, en un largo traveling literario que recorre las calles y pasa de un actor a otro, para reflejar los distintos estados de la contienda, la evolución de sucesos, a partir de los sentimientos: sorpresa, exaltación, desconcierto, destrucción, venganza, humillación, odio, dolor, suciedad, miedo… decepción.

La importancia de los personajes.

La Primera Ley, ilustración de Darey Dawn

El acierto de Abercrombie en La Primera Ley consistió en diseñar unos personajes complejos, de fuerza y atractivo excepcional, que, sin ser novedosos (Logen es un trasunto del Conan de R.E. Howard o el Caín (Kane) de K.E. Wagner, insertado en una historia más amplia; Sand dan Glokta, salvando distancias, recoge la trágica amoralidad de Elric de Melniboné -o El Doctor Burlón-, de M.Moorcock) sorprendieron y cautivaron al lector (también los secundarios, como Ardee en su primera aparición). No sólo por la personalidad que demostraban, la intensidad de sus actos o cómo evolucionaron a lo largo de la historia, sino su capacidad para el contraste, sus claroscuros, cómo podía existir ternura en un torturador o un sanguinario y depravación en quien se presentaba como el más noble y excelso de los salvadores. Algo que, sin duda, ya hizo antes George R.R. Martin, con el matiz de que Abercrombie no defrauda con el tiempo y consigue terminar lo que empieza. Cuestión de perspectiva, o planificación.

Ilustración de Raymond Swanland

El reto que enfrenta ahora con La Era de la Locura (segunda trilogía, tras otras tres novelas y una colección de relatos) no es otro que repetir el éxito obtenido y mantener intacto su interés, sabiendo que, por muy atractivos que sean los personajes, ya no podrán sorprender como entonces. Por eso, Abercrombie, tipo listo donde los haya y con oficio de sobra, opta por no insistir en los mismos y crear una segunda generación, a la que cambia de trasfondo y motivación, sin desprenderse -de inicio- de los que triunfaron entonces (una parte, al menos), que utiliza como secundarios de lujo en guiños cómplices al lector curtido, para arrancar sus recuerdos y mantener viva la llama, con la promesa (válida también para el que se acerca por primera vez) de igualar su entusiasmo. Y el interés no decrece.

Raymond Swanland

Los personajes de Un poco de Odio atraen y poseen personalidad propia; no disponen -aún- de la fuerza de sus precursores, pero resultan interesantes y disponen de recorrido para un desarrollo más amplio. También gozan de mayor presencia femenina entre protagonistas y les mueven nuevas causas: de un lado, el conflicto generacional, ese ansia irracional de la juventud por alcanzar pronto la gloria, frente a la reflexión y experiencia (no siempre positivas) de sus mayores (la repetición de roles en la camarilla de Mejores Guerreros, jóvenes y viejos, es un ejemplo). De otro, el conflicto social, un trasfondo economicista (muy del agrado del amigo Pacoman) que ya aparece en la primera trilogía como motor del cambio. Y, en ambos casos, sin ser conscientes de las instancias superiores, siempre en las sombras, que manejan los hilos del poder en función de sus intereses.

Raymond Swanland

Junto a los actores principales hay otros que se nos muestran con punto de vista propio (POV) y están llamados a alcanzar mayor relevancia: Vick dan Teufel, hija de aquel Maestro de la Ceca acusado por Glokta y desterrado a Angland al inicio de La Voz de las Espadas, de rostro impenetrable y pensamientos turbios; y «Toro» Broad, un ex-soldado de asalto con buen corazón y fuertes impulsos a la violencia; también Jonás Trébol, antiguo jefe guerrero del Norte, cómodo y pragmático ahora, que ha sabido conservar la vida gracias a mantener un perfil bajo y aprovechar cada oportunidad que se le presenta; incluso veo posibilidades en Selest dan Heugen, admiradora y rival de Savine dan Glokta en los negocios. Por supuesto, y aunque la magia se diluye en un mundo moderno e industrializado, el Consejo de Magos, siempre presente en segundo plano (no en vano dijo Bayaz a Logen, al conocerle, «hay muchas formas de cascar un huevo»); queda aún por aclarar su implicación en dos sucesos importantes al final del libro, que han de marcar el curso de los acontecimientos en el segundo volumen de la trilogía, El Problema de la Paz.

En resumen, con Un poco de odio, Joe Abercrombie demuestra mantener templado el acero de su pluma y afilado el oficio de escritor, para construir una serie que -con los diez libros previstos hasta el momento- se encamina, de forma sibilina y casi sin hacer ruido, a ser toda una epopeya fantástica.

La mejor, más inteligente, sucia y marrullera saga Grimdark de estos tiempos.

Mapa del Círculo del Mundo, escenario de La Primera Ley y La Era de la Locura

LA CURACIÓN, de MIGUEL CÓRDOBA

«Magie nació con una característica muy particular: tiene un hilo negro atado al dedo anular de su mano izquierda, ve y habla con fantasmas y presiente muertes trágicas en el futuro. Dios es una niña de nueve años que vive dentro de una urna en una base secreta de Nebraska, sufre una grave depresión y muestras preocupantes tendencias suicidas…»

La Curación, de Miguel Córdoba, es la historia de los olvidados de Dios.

Leer La Curación (cualquier obra de Miguel Córdoba) supone recibir un impacto sensorial múltiple: no sólo has de utilizar la vista para hacerlo (o el tacto si lees en papel); tus oídos reverberan con la abundante (excelente) música que inunda el texto disuelta en palabras con magia, y tu mente se agita con los recuerdos (cientos de imágenes conocidas) que evoca –como quien no quiere la cosa– en cada una de sus descripciones; imágenes que, más allá de definir la riqueza cultural del autor, son el instrumento que utiliza para hacernos más cercano el surrealismo que impregna su obra, suavizar el horror que ocultan alguno de los hechos que narra. Eso es oficio, no magia; recursos innatos, armas de perro viejo que sorprenden en un autor joven. La magia queda para sus palabras, para cómo escribe y consigue transmitir sensaciones, cómo retuerce la realidad y nos hace ver y sentir lo que desea. Pura magia…

Magie (magia en francés) es un ser especial que, más allá de ese hilo negro que oprime su dedo y nadie ve, los fantasmas o la muerte, que presiente tiempo antes de ocurrir (alguna demasiado cercana), tiene todas las papeletas para ser desgraciada: la muerte del padre, una familia rota que la madre ha de sacar -sola- adelante; se trata de una niña fea y gorda, que sufre el bulling de sus compañeros en la infancia y adolescencia y la condena a la soledad… salvo por el fantasma (que se esconde en la lavadora para no afrontar la angustia de la vida en el Más Allá) y otros espíritus de muertos recientes que ve, o el árbol que sembró su padre y le habla… ¿Cómo puede sobrevivir una cría a tales experiencias? ¿Cómo no le van a afectar cuando crezca…?

Miguel nos lo cuenta, en una historia inquietante aderezada con trazos de surrealismo profundo (máscaras que reflejan los sentimientos mejor que el rostro, hormigas que le marcan el camino a seguir, una dominadora rata gigante, los tulpas…) que suaviza con la música y evocación de personajes, situaciones e imágenes conocidas hasta hacerlo cercano, amigable y conseguir que nos resulte una historia natural, cotidiana, nada extraña y repleta de frases maravillosas, tan contundentes que merecerían, ellas solas, una entrada propia en el blog, que las recopilase:

« … después de morir hay una prueba que superar. Y no es fácil. Algo así como mirarte en un espejo y aceptarte como eres. Si no la pasas no hay paz, ni puedes avanzar».

« … un vertedero de sueños rotos, un lugar donde es posible el reciclaje de lo que pudo haber sido».

«No dejaba de ser bello el hecho de vivir sin la cicatriz de una eterna dependencia».

Una historia que se entrecruza con la de ese Dios-Anna, niña de nueve años con tendencias al suicidio y que, en la terrible soledad de su depresión (¿o viceversa?), olvida alguna de sus creaciones.

En la ficha (y la contraportada del libro) se califica la obra como de Terror Surrealista. Sin embargo, no la considero una obra de terror. Tal vez, sí, de angustia, pues busca el desasosiego del lector; y, por supuesto, es surrealista. Angustia Surrealista podría ser un buen calificativo para ella.

Pero, pese a las penalidades que han de sufrir los personajes, la brutalidad de algunos actos en sus vidas, la obra esconde, en el fondo, un mensaje de lucha y superación personal, una apuesta por sobreponerse al desasosiego y la angustia que genera el miedo, el terror cotidiano que atenaza la existencia y a todas las pruebas (reales o surreales) que nos agobian; un mensaje claro de que, aunque puedas caer en el camino, lo importante es levantarse. Lo vemos en la lucha diaria de Naomi, la madre, que saca adelante a sus hijas, con alegría y buena disposición («las tres guerreras»). En Lor, capaz de superar el trauma de la infancia gracias a la música (y Flip). En Tim, contrapartida a la maldad negativa de Jeremy, o la propia Magie, tras todo lo que ha debido sufrir y cuantas veces caiga. Y, por supuesto, en Carey Mahoney, que no se resigna a permanecer en las páginas de un libro que no es el suyo y salta a éste. O en el final, que es un nuevo comienzo, y en el mensaje que un niño imaginario repite a Magie a lo largo de la obra y es una solución:

«Cuando Dios se olvide de sus hijos debes ir a Nebraska a recoger los trozos de tus sueños rotos».

Miguel Córdoba lleva tiempo escribiendo, ésta es su tercera novela, después de obtener varios premios y menciones en concursos de relatos y algún que otro guión de cine, también premiado («La Cuerda«, dirigida por Pablo Sola, un corto de suspense y terror, de excelente factura). De hecho, es un autor fetiche para Ediciones El Transbordador, que inició su singladura en 2015 con Ciudad de Heridas, su primera novela (ver reseña aquí).

Si en aquel momento su temática y estilo sorprendieron con agrado («sorprende» es la palabra que más veces se repite en la reseña) y, aunque los recuerdos ya se pierden en la niebla del tiempo (si Dios puede olvidar, cuánto más no lo haremos nosotros), quiero constatar la madurez y evolución que ha experimentado Miguel en este tiempo, alejado ya de aquella sombra alargada de Stephen King que se intuía como influencia (sin que dejara de ser una obra personal) y que desaparece -o casi- en La Curación, lo que evidencia una personalidad y estilo propios que bullen con fuerza y prometen más sorpresas agradables en el futuro.

Como sorprende el prólogo -genial- de Darío Vilas, que parece integrarse y formar parte de La Curación como un capítulo previo -o posterior- a la misma. Todo un acierto, sin duda.

La segunda novela, Los tres abismos de Damián Mustieles supuso un complicado ejercicio de auto-control e ingenio, un reto arriesgado, propuesto por la editora, al que supo dar respuesta con brillantez y sin fagocitarse: desarrollar las historias que se referencian en la obra anterior, usando el mismo universo, sin repetirse.

De ahí surge el personaje de Carey Mahoney quien, como en la obra de Pirandello, «Seis personajes en busca de autor», reclama el papel apropiado (en este caso, la obra que le corresponde) y anhela consumar su propio destino. Y bien que lo consigue.

Miguel Córdoba escribe de maravillas; sus obras no dejan indiferente a nadie. En La Curación te atrapa, capta tu interés de inmediato, con un lenguaje cuidado a la vez que sencillo y fluido, y recursos culturales ilimitados (*) que engrandecen la obra y trasciende el surrealismo hasta hacerlo cercano al lector. Obra muy recomendable (que ha entusiasmado a muchos amigos del Club de Lectura).

Cuando sea mayor y, junto a otros olvidados de Dios, orbite la estrella Tabby en la constelación del Cisne, me gustaría escribir como él.

(*) – Leyendo ahora por encima, en diagonal, he hallado más de 70 referencias y citas a canciones, cantantes o grupos, películas, actores y directores, escritores, poetas y obras literarias, dibujantes y personajes de cómics, pintores, obras de arte, edificios famosos… sólo hasta mitad de la obra (después no seguí…).