12º Encuentro del CLLFM con MIGUEL CÓRDOBA

Voz serena, relajada, casi hipnótica. Las palabras de Miguel poseen el timbre de voz preciso de los que saben hacerse oír, de los que gusta escuchar, ese que acompaña a los triunfadores. Más aún lo que dice: revela una inquietud innata, la necesidad que siente por saber más, por conocer todo en cualquier campo de la existencia, sobre todo la cultura, el conocimiento y cuanto supone; un vasto bagaje que trasluce en sus palabras y escritos, cada cosa que cuenta, que te captura y capta, te arrastra sin remisión hacia el fondo de sus aguas, donde te dejas ahogar, satisfecho.

Convocatoria del 12º encuentro, con Miguel Córdoba

La velada transcurre fluida, intercambio de ideas en torno a las palabras del invitado, plagadas de citas de sus autores fetiche, de forma natural, sin necesidad de iniciar el encuentro de forma oficial. El primer titular lo deja Miguel en torno a la figura del autor y por qué o para quien escribe:

« TENGO SUERTE DE NO HABER TRIUNFADO »

Y lo explica: «Cuando un autor gana popularidad y el público te va exigiendo, cuando la editorial te va exigiendo… eso deja de ser creación, te conviertes en un autor de oficio. Cuando alguien te dice «tienes que escribir una historia para dentro de un mes…» o en una redacción (también he trabajado en un periódico y sé lo que es la premura), estoy completamente seguro que no saldría una novela buena».

El diálogo se suscita, con intercambio de ideas contrapuestas, citas de Milan Kundera, opiniones y ejemplos propios o referencias a Lovecraft y Robert E. Howard y su diferente motivación para escribir. «Es desalentador encontrar autores que te lloran para que les compres un libro, o diciendo «léeme, por favor; quiéreme», suplicando amor a través de la literatura… No hay nada más patético».

«Comenzamos escribiendo para nosotros, después nos liberamos y lo hacemos para los demás. Aunque tengo un amigo, que escribe muy bien, que se bloquea por miedo; dice «¿cómo voy a superar a Los Hermanos Karamazov?». Si llegamos a ese extremo…».

Ideas, anécdotas… aparecen temas como ego y reconocimiento como motivación para escribir… incluso (por otro tema) Damián Cordones sale a relucir. Y es en este punto cuando Miguel desvela una de sus pasiones: «Sheakespeare, en Hamlet utiliza una obra de arte para decir lo que no tiene cojones de decir de otro modo. La ficción como espejo de la realidad, para cambiarla. Transformar la realidad, no como Sthendhal, «el espejo en el camino», que es todo igual… Un cuadro hiperrealista no me transmite nada, es como una foto; sin embargo, si aportas tu visión personal, la cosa cambia».

Ya veis la de referencias que ya han salido… y aún no hemos empezado. Es cuando Miguel pregunta ¿qué os ha parecido La Curación? (como si dijera «yo he venido a hablar de mi libro…»; aunque sea incapaz de quedarse ahí). Sin embargo -esta vez sí-, tras un recuerdo a los que se han quedado hoy en el camino (Fran, Pilar, Berni, Mota, Juanma, Jose…) y un agradecimiento a su presencia esa noche, un formato de Club de Lectura que nos gusta, pues no sólo damos nuestra opinión sobre una obra sino que disponemos del propio del autor, en persona y su visión, intento reconducir el tema hacia sus orígenes como escritor de relatos (premiados):

«Antes de eso, a los dieciséis, escribí cosas horrorosas… Pero también un relato «La Bicicleta» (con alguna inspiración de Carrie), al que hago referencia en Ciudad de Heridas como uno de los cuentos escritos por Damián Mustieles. Y después un tocho de unas 700 páginas, inspirado por un trabajo de David Bowie (¡cómo no, la música…), que después aparece en El Ruido… No sé, yo creo que hay que escribir mucho, como un ejercicio físico. Hay que escribir mil páginas antes de obtener una sola frase buena o perder el miedo a hacer el ridículo.»

Pero es imposible. Miguel se desata y, sin necesidad de preguntas, él sólo, revela y cuenta anécdotas de su pasado, influencias, sus profesores y amigos, su ansiedad, hacia dónde se encaminan sus pasos como autor (no desvela demasiado) o los lastres que ha dejado en el camino. Orador incansable, siempre rico en matices y referencias que fluyen entre sus palabras, al grupo sólo le queda escuchar cuanto dice, embelesados, insertar algún comentario -que dan origen a nuevos rumbos- y recoger alguna frase notable que destacar como resumen:

«La canción «Close to me«, a la que tanta referencia se hace en La Curación, justo el único momento en el que el hilo se destensa, habla de la ansiedad de la anticipación, de sentir ansiedad por algo que va a pasar. En un momento determinado dice «ojalá tuviera tu confianza». Si tuviera tu confianza todo saldría bien. Y durante toda mi vida, mi lucha ha sido esa: pasar la ansiedad de la anticipación. Sólo así he conseguido hacer algo».

«Stephen King fue, de inicio, mi referencia, mi gran maestro,, mi incentivo para escribir. Pero tú no puedes depender eternamente de un autor. Eso demuestra inmadurez. Tienes que despegarte, crecer… En La Curación parece que me he despegado, pero no lo he hecho, en absoluto. En lo que ahora estoy haciendo sí me he despegado… (y se acabó)».

» Nunca he sido más feliz que cuando leía a Dean R. Koontz, Stephen King, John Grisham.. Aquello era felicidad: la espera ilusionada a recibir Tommynockers Pero ¿qué ocurre? que eso ya no me interesa. Ni siquiera el el género de terror. Algunas de las obras que he leído últimamente, «La insoportable levedad del ser», de Kundera, «El final de la aventura«, de Graham Greene, o Julian Barnes, Silvia Plath… he descubierto que algunas de las novelas contemporáneas me provocan más terror que el horror sobrenatural; porque es el terror del ser humano, el engañarte con algo que crees y no es. Eso me parece mucho más interesante ahora. No me reconozco…

«Si hay un libro del que me siento orgulloso es de Ciudad de Heridas; mucho. Me pareció un libro valiente. Y de La Curación estoy especialmente orgulloso del ritmo adictivo, de la historia en sí; mejorable sin duda, quizás al final… Pero Miguel Ángel (Wolfville) que me conoce mejor de lo que creéis (lo cita al final de la obra) me dijo: «Corta. Este es el final, te guste o no...» Me gusta la gente así… Y ahí está. Lo que sí os digo es que Curación 2, no. Habrá surrealismo, habrá tal… pero Rata Gigante no. Y ya, me callo (muchos nos reímos), que lo que quiero es oíros a vosotros».

Sabíamos que no iba a ser así… Y, tras citas a Clive Barker («El Blues de la casa del cerdo»), «Rebeca» de Daphne du Maurier o «Alta FIdelidad», de Nick Hornby, un pase por la película francesa «Cena con Andrés» y un tiempo de receso para saludar la llegada (breve) de Pepe, el Cabrero Mayor de Filmtropía, la cosa deriva hacia Ciudad de Herida y su interpretación filosófica, o «Dios no quiere rivales«:

«Dos autores independientes que intentan salirse del sistema; pretenden revolucionar un mundo que no les gusta. Para ello, cada uno se convierte en personaje literario del otro y comienza a construir una ciudad al margen, un mundo paralelo. Lógicamente, Dios no les va a dejar… Porque, por mucho que no creas en él, no puedes escapar de Dios.»

De vueltas a La Curación, con similitudes de mundo fragmentado en ambas, se le cuestiona sobre los personajes que, todos, han sido creados por Dios (en este caso, una niña de nueve años, encerrada en un complejo militar en Nebraska, con depresión y tendencias suicidas), pero todos los protagonistas (los afortunados) han sido olvidados por Dios… Entonces, Dios es una enfermedad.

«Claro. Por supuesto, no te quepa la menor duda. En su día decidí dejar Filología Británica y pasé a la Hispánica donde, finalmente, encontré una asignatura que me llamó la atención: Teología Racional, cuyo profesor dijo el primer día «El examen final va a constar de una sola pregunta, que responderéis en un folio, por delante y por detrás: Demuestra racionalmente la existencia de Dios«. Durante el curso se hablaron de cosas impresionantes («Dios es la lente que corrige la miopía del Universo, por eso no se puede ver«, o «una de las pruebas de que Dios existe es que hay una conciencia superior que nos hace pensar, por eso el pensamiento es transparente«). Yo alucinaba, pero recogí sus enseñanzas. Por eso, El Hombre de la Chistera dice que el pensamiento es transparente y cosas así. Realmente, aunque nunca he compartido sus posiciones y creencias, siempre le escuché y le he tenido en cuenta. Pero claro, ¿como metes a Dios en una novela si no es como esa niña encerrada? Y ¿por qué matar a Dios? Es mejor dejarle que se suicide. Es más actual. La relación entre Dios y sus criaturas, su creación, es lo más trágico que hay.»

Es como pedirle explicaciones al padre, a tu creador.

«Sí. O los Cinco personaje en busca de un autor. Todos le reclaman al escritor el papel que les había prometido y no tienen… Es llegar a lo absurdo.»

Ahorro la extensa disquisición pseudofilosófica y multiparticipada sobre a quién puede reclamarle Dios, o la relación de un autor con su propia obra, su disolución extrema porque no acabaríamos nunca. Pero aseguro que fue interesante… y muy divertida.

La historia se sitúa en EE.UU. Y no desentona en descripciones.

«Bueno, me parecía coherente; lo de la base militar y demás. Muchos me han dicho que cómo me atrevo a describir esos sitios, o ponerme como seguidor de los Celtics… Pero es que yo nací en Alemania. A los siete años pensaba en alemán, y mis amigos eran alemanes, turcos o italianos hasta los trece, aunque yo seguía orgulloso a la selección española de fútbol. Pero nunca me he sentido de ningún sitio especialmente. En Alemania, yo era el español; pero en España era el alemán. No es extraño que me cueste escribir sobre Málaga. Además, por mi trabajo, viajo mucho, a diferentes países… No puedo tener un sentimiento de «esto es mío». Soy de todos los sitios. Y mis personajes mezclan nombres de un país con apellidos de otro, indistintamente. Lo que ahora escribo se sitúa en Bélgica, en Francia… Me apetece hacerlo en Europa.»

«Sobre la libertad, a los autores les pasa, a veces, como a sus personajes; parece que te anticipas a lo que va a pasar. En La Curación, cuando Magie nace con un hilo negro, está predeterminada, no tiene libertad, determinada desde que nace a encontrarse con una persona. Rüdiger Safranski, en el ensayo «El Mal. El drama de la libertad» habla precisamente de que el mal es ser libre, que puedes tomar la decisión que quieras porque nadie te va a decir que está mal, no hay moral, no hay nada. Pero sí, quería mostrar a Magie como un ser determinado, condicionado por su instinto.»

-Sobre el que ya le advierte Lor

-Y la determina. Hasta ese momento, Magie era libre de pensar, actuar.

-Ahí es dónde se hace adulta…

-Y le da las herramientas para defenderse: la música, que fue liberadora para sí misma.

Lor es un personaje trascendente, que ha superado su trauma mediante la música.

«Pues sí, Lor es una superviviente. Y cuántos supervivientes hay gracias a la música.»

-Además, al final, cuando encuentra al grupo de supervivientes en el que actúa como madre, la redime.

¿Escribes con música, como Stephen King, a mucho volumen?

«Si. Pero no a mucho volumen, porque no puedo. Tampoco podría hacerlo con ACDC o Pantera; no me puedo concentrar. Utilizo música relajada, que quede de fondo, como un mantra. Últimamente, Julee Cruise, en la música final de Twin Peaks, con Angelo Baladamenti. Sí, hay canciones que se van repitiendo a lo largo de la escritura. Además, estoy tentado a comentar algunas escenas… pero no, no lo voy a hacer.«

Háblanos más de música, Miguel (una de las pasiones de Juan Alberto, como el cine, y se nota). No sé ¿ZZ Top te gustan tanto, o utilizaste el elemento del coche como entorno…? Con lo de Machines of Loving Grace me dejaste impresionado; nunca había leído yo mencionar ese grupo.

«Hombre, tuve mi época con los ZZ Top, los concierto estos en los que Gibbons daba la vuelta a la guitarra eran geniales». Después nos habla de su época como cliente asido de Candilejas, o Discos Pat, del Black Album de Prince, o cómo descubrió allí muchos grupos de música electrónica en los 90, Órbita, Moloko, Goldie, Chemical Brothers... sobre todo mucho Beep Bop y mucho Grounge; o Suede, que era especial, «Still Live es una obra maestra, fuera de todo».

«La música siempre ha estado ahí. Ahora también, pero ya no es lo mismo. Ya todo suena a algo anterior, que ya he escuchado».

De forma distendida, ya comiendo (todo un lujo, gracia a otro Miguel, dueño de «La Marítima»), se le escapa alguna que otra confidencia, a raíz de un comentario de Paco sobre monolitos de cemento y Alvin Toffler y «La Tercera Ola»:

«Últimamente, hablo mucho sobre esos temas porque la novela en la que estoy trabajando va sobre el amor, que no es un tema muy novedoso, pero… desde un punto de vista terrorífico, ¿vale?, y surrealista. No vamos a aportar nada nuevo, sino el punto de vista del «noir». Pero ese es el tema.»

Procuro resumir, que aún queda; y omito comentarios sobre el amor o las relaciones humanas y de pareja, series y películas o libros que nos impactaron, que de todo se habló en un ambiente distendido y coloquial, magnífico, donde no faltaron citas a escritores amigos como Alejandro Castroguerse escribe también sobre lo que no se cuenta«) o David Luna.

«Muchas veces, cuando hablas con un tono sarcástico no todo el mundo te pilla. En Ciudad de heridas, el escritor tenía una novela «Malahierba«, sobre perros que se convertían en zombies. Lo que utilicé ahí fue un homenaje a todo ese cine de serie B de Sam Raimi, de Tom Savini, especialista en maquillaje. Con diez años yo quería ser Tom Savini, quería trabajar en efectos especiales; en Alemania, tenía un amigo cuyo hermano hacía maquetas de zombies, y aún recuerdo algunos que eran geniales. En aquella época ese mundo me fascinaba; «Posesión Infernal» era lo máximo. Se trataba de ver quién tenía el valor de verla aunque, después, «Terroríficamente Muertos» me pareció una obra maestra. Y es que este tipo, Bruce Campbell, era todo un personaje. Pero fijaos cómo -y viene a cuento de que los personajes derrotados me parecen mucho más interesante que los vencedores- poco a poco, conforme avanza la película y se convierte en el macho alfa, la película deja de tener valor e interés; el personaje defrauda, porque rebasa los límites.»

«De Clive Barker, «El gran espectáculo secreto» me parece una obra maestra. Al final, todo es que te llegue la gracia. Cuando te pones a escribir, siempre hay un momento en que te llega la luz y te sale; claro que te tiene que pillar trabajando, tienes que estar ahí metido. Stephen King dice en «La Historia de Lisey» que iban al lago a pescar historias, y muy pocos se atreven a ir a ese lago, porque son las historias que más estremecen, que producen más estremecimiento.

King nunca será como Barker porque le separan muchas cosas, como la sexualidad.

«No, es porque es británico. La sexualidad no es el motivo, sino la imaginación, el refinamiento. King tiene algo de cateto… que a mí me encanta. Eso del americano, la camioneta, la gorra de béisbol; me gusta ese estilo de humildad, de ir con tenis a una ceremonia, como Steven Spielberg

¿Crees que King podría escribir algo como «En las colinas, las ciudades?» Cuando uno de los amantes homosexuales nota el sabor del esperma en la boca del otro al besarlo? Él no puede mostrar esa misma sensibilidad.

«No creo que King tenga ningún problema con la homosexualidad. Su hija, que además de predicadora creo que es lesbiana, y superfeminista, aunque últimamente se está pasando y llega a la ridiculez. Pero creo que nadie, nadie, en la literatura comercial ha sabido describir mejor a la mujer, y el niño. A los niños y las mujeres les ha sabido describir muy bien. Barker tiene la genialidnad del barroquismo, la del escritor británico. Tú lees, por ejemplo, a Julian Barnes y estás viendo la brillantez británica. El americano no deja de ser catetillo. Pero eso de tomarte la cerveza directamente de la lata, la hamburguesa –Joe Hill lo hace muy bien-, yo me siento cómodo con eso. Pero intento mezclar ambas cosas, el surrealismo de Barker y el ritmo de King

«Creo que Richard Matheson es uno de esos autores con ideas buenas. Cada relato, cada historia es una genialidad, un regalo. Ahora, King consigue entretener a un público, durante ciento cincuenta páginas, con una llamada de telefóno; eso no lo logra cualquiera. Matheson es como Borges: es el cuento, lo corto, va a lo concreto.»

«Nunca he sido más feliz que cuando he leído literatura fantástica. Pero, últimamente, el cuerpo no me pide eso; no me pide fantástico. Me pide literatura contemporánea, entender al ser humano, las relaciones actuales y cómo son, que me parecen terroríficas. Por ejemplo, llegar a odiar tanto lo que no eres tú, lo que no comprendes, lo que no aceptas o compartes, el miedo a todo lo que venga de fuera y me contamine. Como repetía siempre Felipe González, es carpetovetónico. Eso es lo que me interesa ahora, porque es aterrador. El odio, el miedo, el desengaño, no en sí, sino descubrir el tiempo que has estado engañado. O un diagnóstico médico; la angustia de estar en una sala a la espera de que te den el resultado de una prueba. Ese creo que es el terror real del ser humano.»

En este punto, algunos se retiran, tienen que madrugar. Otros continuamos -ya acompañados de bebidas más fuertes- hablando de temas tan dispares como física cuántica, elitismo, Mr.Ripley, geishas, economía o teoría de juegos, que para todo da tiempo, aunque terminamos regresando a La Curación. Miguel, ahora que nos encontramos casi en familia, resalta palabras, enfatiza los términos que más le interesan.

«Somos gracias a con quien estamos; si tienes una pareja que te potencie, serás la mejor versión de ti; pero si tienes a un Jeremy Heinz a tu lado no vas a prosperar, te va a hundir, vas a tener una eterna sombra encima. Salvo que cortes el hilo. Y cortar el hilo, en esta novela, significa morir… y parirte a ti mismo, que es renacer. Pero tú no puedes renacer. Para eso tienes que morir.»

«A decir verdad, desde la época universitaria, terminando la carrera, siempre tuve en la cabeza la imagen de una niña metida en una urna, muchas niñas iguales que ser convertían en una sola. Y pensaba que esa urna era para contener su poder mental, un poder tan grande como para cambiar la materia, y todo lo que ella pudiera pensar (de ahí venían también los tulpas). Esa historia se llamaba «La Grieta» porque, en un momento dado, uno de los científicos que vigilaban la urna detectaba una grieta, a través de la cual se creaban las mayores catástrofes, atrocidades y monstruos increíbles, que ella contenía en su imaginación. Eso, poco a poco, se fue transformando en Dios. Cuando el Hombre de la Chistera dice «es una niña de nueve años…», la historia ya estaba en mi cabeza. Claro, cuando Alejandro Castroguer dijo «esa historia cuéntala», la conté.»

«Una de las cosas que me gusta de Lor era su capacidad para adivinar. El tema de la adivinación me resulta curioso. Nunca he sido creyente, de hecho, siempre me ha parecido una estafa, pero hay gente muy intuitiva, capaz de prever o imaginar lo que ocurre. Yo a Sherlock no le he leído mucho, pero a Pendergast, de Preston y Child, un personaje magnífico, le pasaba igual, que era capaz de centrarse, meditar y reconstruir un asesinato con sólo observar lo que tenía delante.»

No, no acabamos ahí, aún quedó mucho por hablar, pero más cosas de amigos y tertulia que de un club de lectura, salvo citas a gente admirada y admirable, como Guillem López, Ferran Varela, Miguel Delibes y Pilar Márquez. El resto, mejor queda para el recuerdo.

Salvo, eso sí, el corto «La Cuerda«, de Pablo Sola, con guión de Miguel Córdoba, que fue galardonado con el primer premio en el Festival Internacional de Cine Fantástico, Terror y Sci-Fi de México :

PÁNIKAS, de Pilar Pedraza: El gran Dios Pan no ha muerto.

Qué decir de Pilar Pedraza (Toledo, 1951); doctora en Historia, investigadora, profesora titular de universidad, ex-Consellera de Cultura en la Generalitat Valenciana y reconocida escritora de ensayo o narrativa de terror, en la que se mezclan rebeldía y feminismo, mitología y sensualidad, horror y muerte. Por sus escritos ha recibido todos los premios posibles.

Su último trabajo, Pánikas, publicado por Ediciones El Transbordador a inicios de año, es una excelente novela corta (se lee de un tirón) que le confiere, sin duda, el distintivo de gran dama gótica y sublime de la literatura española (su obra trasciende el género, sin dejar de serlo).

La acción transcurre en 1993. La vida de su protagonista, Sofía Fontbona O’Connor −profesora universitaria de literatura griega, casada, feúcha y con gafas, aquejada de síndrome bipolar− ha estado siempre relacionada con el mundo antiguo; ahora se cubre de una pátina hermosa de mitología pagana, en el curso de verano al que asiste en la isla griega de Astipalea.  Allí, los dioses de antaño se confunden y hacen presente, toman cuerpo de sátiro y despiertan en ella sueños pánicos de sensualidad y deseo; pasiones no satisfechas que, a su regreso a España, derivan en pesadillas, alucinaciones surrealistas de su síndrome bipolar, que la desconectan del mundo días enteros y la hunden en un mar de opresión.  Y es ahí, en ese surfear en los infiernos, donde la maestría de Pedraza como escritora se desata; su narrativa eficaz y fácil y unas descripciones intensas, nos lleva a vivir, a su lado, las terrible pesadillas que agobian sus sueños hasta la asfixia.

Su tratamiento y proceso de curación, desde la experiencia lisérgica de Lucy in the Sky with Diamonds, los fármacos más fuertes (“Menos pastillas y más Teócrito”) o la meditación budista, deben mucho a quienes la rodean; personajes entrañables que Pilar Pedraza retrata e ilumina con destreza: Amador, su adonis-marido, la armonía de Freddy LaBerge y su sueño lúcido (un concepto muy atractivo), o el magnetismo animal del seductor Janos Hunyàdi. Cuando los lazos del sueño se restauran con el cosmos, en un proceso dramático donde no falta la muerte, presente siempre en la obra de Pedraza, la enfermedad remite. Y Sofía regresa a lo pagano…

Pánikas es un canto sublime a la esencia del ser humano encarnado en mujer; en palabras de Luis Pérez Ochando (en un prólogo excepcional), es la obra más femenina e interna de Pilar Pedraza.  En ella, sensualidad e intelecto se entremezclan; lo sagrado y lo mundano, la razón y la locura se fusionan con la parte más salvaje del ser, esa que desea con anhelo el abrazo imaginario de Pan. 

Pero el gran dios Pan no ha muerto…

El Transbordador se luce con una edición espléndida (como merece la obra), que recrea el color y dibujos de su portada (también compuesta por el prologuista) y la convierte en una obra imprescindible para todo aquel que ame la buena literatura.

«Conan le Cimmérien» Vs. «Conan the Barbarian». El «toque francés» en el cómic.

He querido encabezar el artículo parafraseando la introducción de Michael Moorcock al volumen «La Fille du Geant du Gel», que titula «La «French Touch»», para resaltar ese toque de distinción que Robin Recht, autor completo del citado volumen, le había otorgado al personaje de Conan, al igual que años antes hizo con el suyo, Elric (1):

«…posee esa capacidad de capturar la esencia de un personaje y aportarle una dimensión complementaria.  Se podría decir de él que agrega y quita, hasta identificar la forma más pura y absoluta de lo que ve.  Quizás sea eso que los anglosajones llamamos el «toque francés»».

Porque llevamos casi 50 años cantando las alabanzas y maravillas de unos autores  (Thomas, Smith, Buscema…) que consiguieron alcanzar con el personaje las más altas cotas en el olimpo del cómic, pero no es menos cierto que, a fuerza de insistir y entre todos, también mataron a esa gallina de oro en que se había convertido el personaje y hay mucho bodrio, mucha mierda vendida bajo la marca Conan.  La nueva edición USA de Dark Horse en 2003, con Kurt Busiek y Cary Nord, aportó cierta frescura porque, en sus inicios al menos, se basó exclusivamente sobre originales y fragmentos del propio Robert E. Howard, actuando con criterio a la hora de «rellenar» huecos entre historias y crear un nexo lógico de unión, utilizando como referencia la nueva cronología oficial de Dale Rippke.  Pero cuando Busiek decidió abandonar el proyecto en 2006 y poco después lo hizo Nord, la editorial optó por utilizar autores diferentes en cada arco argumental, cambiados conforme avanzaba la cronología del cimmerio.  Y esto fue su perdición, porque ni la presencia de Richard Corben al dibujo (pura anécdota) ni el regreso de Roy Thomas al guión (mejor olvidarlo), y salvo realizaciones notables como las de Timoty Truman y Thomás Giorello para los episodios de Conan Rey, pocos de los responsables del guión y dibujo estuvieron a la altura de lo esperado y se merecía el personaje, ni se mantuvo la premisa de seguir los relatos originales de REH o la cronología de Rippke

Así hasta este 2019, cuando, pese a todo, los echaremos de menos, pues los derechos de la gallina de los huevos oro han revertido a Marvel donde, con seguridad, según se deduce de su primer número y sin criterio para situar sus nuevas historias (¿quedan acaso huecos donde situarlas? ¿existe alguna lógica en su concepción?) se volverá a exprimir esa gallina que, por mentalidad y agotamiento de ideas, cayó difunta en el campo de batalla hace ya tiempo y sólo conseguirán revivirla como un muerto viviente (¿un Conan-zombie…? quien sabe).  De las tres series con que realizan este relanzamiento pantagruélico, «Conan the Barbarian», «Savaje Sword of Conan» y «Age of Conan», sólo esta última tendría cierto sentido, si la dedican a desarrollar personajes complementarios, como parece, en lugar de insistir y repetir con más de lo mismo; aunque siempre me quedará la pregunta si es realmente necesario… O ¿por qué no desarrollar otros personajes de Fantasía Heroica como Kane, que tanto juego podría dar, o series limitadas sobre la base de otras franquicias y autores, como están haciendo -con mucho más criterio- las cadenas de televisión?. Geralt de Rivia,  La Compañía Negra, La Primera Ley…  ¿será por opciones y posibilidades?

Por ello, sin renunciar a lo que ya tenemos y nunca podrán quitarnos, creo que es hora de cambiar de enfoque.  Ya lo dijo Edward de Bono en 1967: para obtener nuevas ideas es necesario un pensamiento lateral.  Y, en el caso de Conan, una nueva mirada, un nuevo aliento, un nuevo toque… quizá ese «french touch» al que se refiere Moorcock.

Tras quedar libres en Europa los derechos del personaje (no la marca), parece que, en Francia, así lo han sabido ver (2-) y Glénat, el gigante francés de la BD, tras enfocar con gran éxito la adaptación de las novelas de Elric de Melniboné, de Michael Moorcock (tres tomos, de momento, en la que el propio autor reconoce «la mejor versión gráfica de Elric» (-3-)), decide lanzar una nueva colección dedicada al cimmerio, dirigida por Patrice Louinet y Jean-David Morvan, en la que han propuesto, a los mejores autores de cómic (BD) francófonos, realizar «su« versión de los textos originales de Howard con la siguiente premisa:

una obra = una aventura completa = una visión = un autor (o equipo de autores).

Una premisa un tanto arriesgada tras la experiencia en los arcos argumentales de Dark Horse, pero bien calculada: no en vano cuentan con la dirección y asesoramiento de uno de los mayores entendidos mundiales en HowardPatrice Louinet (4) quien, respetando la libertad creativa de cada autor, permitirá situar al personaje en su entorno y sensación concreta de cada momento, así como transmitir los sentimientos y percepciones de REH, su creador, en el instante de dar vida al relato.  Cada álbum contiene por ello un extenso artículo de Louinet para orientar al lector, más allá de la propia versión de sus respon-sables.

En resumen, en lugar de pretender contar nuevas historias, que nada nuevo aportan al personaje, volver a narrar gráficamente las mismas historias que concibió su creador aportando un nuevo enfoque, una nueva interpretación e imagen, distinta entre sí de un álbum a otro, y distinta también, en ocasiones, de ese canon que estableció Frazetta y continuó Buscema, y ha marcado el estándar más reconocible del bárbaro.

El resultado es una obra que aporta frescura y creatividad añadida a un personaje que estaba perdido y consigue regresar a sus orígenes; que estaba muerto y hoy luce con más vitalidad que nunca.

Porque, independientemente de que algún resultado guste más o menos a alguien (son muchas  las visiones, diferentes y no todas bajo los estándares previos), es imposible negar la fuerza con que estas creaciones enfocan al cimmerio, que nos llega más vivo y sorprendente que nunca.

Al igual que no pienso comentar de forma regular la evolución de las colecciones del Conan-zombie (salvo que alguna me sorprenda agradablemente) tened por seguro que sí estaré al tanto de «Conan le cimmérien» de quien espero sea publicado pronto en España (ojalá que por Yermo, que tan buena labor está haciendo).  Hasta la fecha, han aparecido 4 volúmenes (formato europeo, álbum de tapa dura, entre 48 y 72 páginas de ilustración más complementos), y otros en preparación (siguiendo el enlace tenéis impresiones sobre cada uno):

Conan el cimmerio, 1:  La Reina de la Costa Negra

Conan el cimmerio, 2:  El Coloso Negro

Conan el cimmerio, 3:  Más allá del río Negro

Conan el cimmerio, 4:  La Hija del Gigante de Hielo

Conan el cimmerio, 5:  La Ciudadela Escarlata.

NOTAS:

1 «ELRIC«, 3 tomos (hasta el momento), de Julien Blondel, Jean Luc Cano, Didier Poli, Robin Recht, Jean Bastide y Julien Telo. Éditions Glénat 2013-2017. Publicado en España por Yermo ediciones,

2 Recientemente, se ha anunciado una nueva concepción italo-brasileña, de la editorial Red Dragon, de la que sabemos poco y aún no podemos opinar (aunque parece seguir los pasos USA del Conan-zombie).

3 «Entre todas las adaptaciones gráficas de las historias de Elric, hay una muy cercana a la visión original del personaje.  Esta que tienes en tus manos.» Michael Moorcock, marzo 2013, en el prólogo a Elric #1, «El trono de rubí».

4 Patrice Louinet. Co-director de la Fundación Robert E. Howard (USA). Director de la 1ª edición integral de los volúmenes dedicados a Conan en los EE.UU.  Director de la colección Howard de éditions Bragelonne (Francia) de los cuales ha traducido doce volúmenes. Autor de la «Guide Howard» (2015).  Galardonado con diversos premios en Francia y USA por su trabajo.  Actualmente, finaliza la redacción de su tesis doctoral sobre Howard en la Sorbona.

CINCO HORAS CON URSULA K. LE GUIN

Sé que esa noche, en su cielo del Ekumen o Terramar, donde quiera que se encuentre, Úrsula sonrió complacida.

Porque pocas veces en esta vida 15 personas habrán pasado tanto tiempo comentando (entre bebidas y comida, por supuesto) lo más destacado de su obra (1).  ¡¡5 horas seguidas, sin parar!!, disfrutando entretenidos de esa palabra que libera y el poder que evoca un nombre, el de Ursula Kroeber Le Guin, gran dama americana de la literatura (sin etiquetas), eterna aspirante al Nobel para muchos, nombrada y considerada por todos Gran Maestra de la Fantasía y la Ciencia Ficción, géneros en los que recibió su mayor reconocimiento (2).

Fue una convocatoria extraordinaria del Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga, un oportuno descanso en nuestra revisita a Sapkowski mediante la Saga de Geralt de Rivia y un necesario homenaje, que propuse en el encuentro del mes pasado, tras su fallecimiento días antes, el 22 de enero. La propuesta -acogida por todos con entusiasmo- era simple: leer cada uno una de sus obras, a elección, y compartir después la experiencia, las sensaciones que nos había causado.  Creo que es el mejor homenaje que, en la modestia de un grupo de amigos amantes de lo fantástico como el nuestro, se le podía rendir a una gran escritora.  Y ella -estoy convencido- lo habrá acogido complacida.

El encuentro no fue un monólogo, como esa obra inolvidable de Miguel Delibes cuyo titulo remeda el de esta crónica (Cinco horas con Mario, de emotiva y magistral interpretación de Lola Herreraotra gran dama, esta vez de la escena) sino, al contrario, una reunión donde manifestamos opinión y sentimientos, las sensaciones que la autora nos transmitía en su obra.  Pero algo más que el título hay de semejanza en esa comparación: si la obra de Delibes representa una crítica feroz a la burguesía española en los años sesenta a partir de un velatorio intimista, el homenaje de ayer -casi un velatorio emocionado tras la muerte de la autora- fue el recuerdo a una mujer precursora que transmitió con su obra un análisis crítico de la sociedad, con mensajes y toma de posición militante desde el feminismo, el anarquismo utópico y pacifista, o la búsqueda de un mundo sostenible y en equilibrio con la naturaleza, consecuente con sus ideas taoístas.  Sobre todo, fue el reconocimiento particular del grupo a una excelente autora, de narrativa accesible y sencilla, humanista y serena, bella hasta rozar en ocasiones la prosa poética; suave, al tiempo que radical y contundente en su contenido e ideas.  Una mujer precursora (poco reconocida, la verdad), que utiliza protagonistas de piel oscura en una época donde no era habitual y -como vimos a lo largo de la noche-, ideas y conceptos en los que se han «inspirado» obras posteriores que han alcanzado fama y prestigio (3).

EL CICLO EKUMEN (o Universo Hainish).

La primera inmersión en su obra fue en el universo Hainish, el Ekumen, ese «hogar universal» de la humanidad, que utiliza como entorno en el que situar sus historias de ciencia ficción; una confederación galáctica de planetas habitados por seres humanoides, descendientes todos (La Tierra incluida) de un misma rama común, miles o millones de años después de haber sido colonizados por seres humanos del planeta Hain.  Con el transcurso del tiempo, ese origen común ha sido olvidado o convertido en leyenda; cada planeta ha seguido su discurrir y evolución propios y, ahora, con el resurgir de los viajes interestelares, la historia se repite.  Primero una Liga de Mundos (en sus tres novelas iniciales), más tarde el Ekumen, una Confederación inter-planetaria similar a la Federación Unida de Planetas de Star Trek, de Gene Rodenberry (4) y que, como en ésta, viaja a mundos lejanos con la intención de incorporarlos a la Federación -si están preparados-, y la directiva de no intervenir -si no lo están-.  Una directiva que no se cumple, normalmente.

«Encontré la palabra griega oikumene, que significa hogar -como en ecuménico (universal)-, en uno de los libros de antropología de mi padre, y la recordé más tarde, cuando necesitaba una palabra que implicase una humanidad más amplia, extendida desde un hogar original. La deletreé Ekumen. Cuando escribes ciencia ficción, puedes deletrear las cosas como más te interese, casi siempre». («El cumpleaños del mundo», en  www.ursulakleguin.com).

Pero la ciencia ficción de Le Guin no es de aventura o acción; ni hard (dura), en la que predominan aspectos científicos, físicos o astronómicos.  La suya entra en esa evolución posterior denominada soft (blanda) en contraposición, que introduce aspectos antropológicos y sociales y da preferencia a las relaciones humanas, su cultura, el entorno que le rodea, el análisis del comportamiento humano y cómo influye en el hombre la sociedad que ha creado.  Curiosamente, sus explicaciones son a veces más exactas que otras coetáneas de la rama hard.

«La ciencia ficción no es algo menor. No es solo la EnterpriseStar wars o las Tropas del espacio. Significa experimentar con la imaginación, responder preguntas que no tienen respuesta.  Implica cosas profundas…  La ciencia ficción es una gran metáfora de la vida» (Entrevista de Jacinto Antón en «El País Semanal», 28-10-2012)

TudorPopa en Devianart

No hay orden lógico de lectura en el ciclo de Ekumen, ni continuidad entre sus historias (la dilatación del tiempo lo impide); relatos que transcurren en mundos muy diferentes, separados entre sí por años luz de distancia y tiempo.  Aunque casi todos poseen un elemento común que los une, además del «ansible» (5): la presencia de un explorador exterior, un extraño que, a través de sus ojos y mentalidad humana, analiza y contrasta una cultura ajena, en la que se ve inmerso y con la que debe interactuar. Unas pautas ya marcadas en El mundo de Rocannon (1966), su primera novela, y que se repiten en casi todas las novelas del ciclo.

«No era importante, después de todo. Él no era sino un hombre. El destino de un hombre no tiene importancia».

  • EL MUNDO DE ROCANNON, por FRAN M. ROMERO. 

Pautas siempre inteligentes, que permiten a la autora observar con ojos distintos, desde fuera, nuestra sociedad (la de su época, aunque no ha cambiado tanto) y realizar un análisis nue-vo, profundo y crítico de temas poco habituales en la ciencia ficción. Como el sexo y las relaciones de género en un mundo donde no existe la dominación de uno por el otro, en La mano izquierda de la oscuridad (1969), ganadora de los premios Nebula 1969 y Hugo 1970, que supuso todo un hito para la época en que fue escrita (6).

«La luz es la mano izquierda de la oscuridad, y la oscuridad es la mano derecha de la luz; las dos son una, vida y muerte, juntas como amantes».

El medio ambiente, la no violencia y la desforestación de todo un planeta se erigen en protagonistas en El nombre del mundo es Bosque (1972, 1976), una de sus historias más aclamadas (Premio Hugo 1973 a la mejor novela corta).  Ocupación colonial y arrogancia de un militar invasor terrestre, violento en extremo, frente a un pueblo pacífico en los inicios de su evolución…¡Cuánto de inspiración nunca reconocida le debe «Avatar» de James Cameron (2009) a esta novela!

«…cuando se consigue una enorme cantidad de dinero apropiándose de las ideas de otros artistas (…) hay cierto sentido de violación. Me siento obligada a sentir desprecio por el que se ha aprovechado» ( «El País Semanal», 28-10-2012)

«La ecología de un bosque es muy delicada. Si el bosque perece, la fauna puede extinguirse con él».

Los Desposeídos: una utopía ambigua (1974), quizá sea la novela más polémica de la autora, al tiempo que interesante y premiada (Nebula 1974, Hugo 1975, Locus 1975, Gigamesh 1984, Prometheus 1993); una de las grandes obras de la literatura del S.XX.  Sin etiquetas.  Porque Le Guin utiliza en ella la CF como una de esas «metáfora de la vida» que cita, un medio para analizar capitalismo y comunismo en plena Guerra Fría, sin maniqueísmos ni concesiones a su ideología; al tiempo que reflexiona sobre cómo el uso del lenguaje condiciona las relaciones sociales.

«Los desposeídos tienen todo un mundo que ganar». (Karl Marx).

Para finalizar el ciclo de EkumenMaría Jesús Sánchez comentó El Relato (2000), una historia sobre la importancia de la tradición oral y la palabra escrita; también del enfrentamiento entre una sociedad en progreso y la tradición que conforma su identidad, o el equilibrio entre ambas.  Pero, especialmente, Mª Jesús definió la influencia que la etnografía tiene en Le Guin a través de su padre, el prestigioso antropólogo Alfred Louis Kroeber, autor de diversos tratados sobre culturas indígenas de los indios americano, en las que la tradición oral era predominante, y profundizó en las escuelas y métodos de investigación sobre sociedades antiguas,  un tema que domina, pues no en vano dedicó tres años de su vida a una tesis que le acercó a ellas. 

«El Futuro, en la ficción, no es más que una forma de mirar el Presente». (El Relato)

  • EL RELATO, por Mª. JESÚS SÁNCHEZ.


LEJOS DEL UNIVERSO HAINISH.

De entre las obras de ciencia ficción no ambientadas en el universo Ekumen,  El Ojo de la Garza, transcurre en un planeta que es colonia penal de una Tierra futura donde son desterrados presos peligrosos sin posibilidad de regreso.  Organizados en dos comunidades, una descendiente de presos comunes y otra de presos políticos, herederos del antiguo movimiento pacifista, la autora construye una sencilla historia sobre la toma de posición de una mujer, en su camino a la libertad.

«Somos volcanes. Cuando nosotras las mujeres ofrecemos nuestra experiencia como verdad, como la verdad humana, cambian todos los mapas».

El Eterno regreso a casa es una obra distinta, muy diferente a otras de la autora, no sólo por su extensión (762 páginas) sino por su contenido, donde Le Guin, con la belleza de una prosa poética que llega al alma del lector, construye y analiza toda una sociedad futura que ya se ha extinguido, en un sorprendente ejercicio de antropología-ficción digno de los mejores estudios de su padre.  Una obra que es más que una novela, y constituye un pequeño tesoro para todos aquellos que aman los libros, además de la lectura.

«Resulta difícil traducir de un idioma que no ha llegado a existir, pero tampoco hay que exagerar.  Al fin y al cabo, el pasado puede llegar a ser tan oscuro como el futuro».


SAGA DE  TERRAMAR.

Mapa de Terramar, por Lyam Davis

El mundo de Terramar y su inmenso piélago de islas conforma el ciclo más famoso de la autora; puede que no el más premiado -quizá por ser fantasía y no ciencia-ficción-, pero sí el más conocido y el que más ediciones disfruta, siendo difícil encontrar un momento en el que se encuentre descatalogado, como ocurre con la mayor parte de su obra.  Y no es difícil de entender, pues si entre sus páginas habitan dragones,  magos, hechiceras,  espectros y talismanes junto al nombre verdadero de las cosas, también lo hace gente cercana, de sabiduría sencilla, pacífica, y sus historias de hermosas palabras contienen la belleza y armonía que sólo te ofrecen las pequeñas lecciones sobre la vida.

«El sabio no pregunta.  El necio pregunta en vano» (Un mago de Terramar).

Un Mago de Terramar (1968) contiene una historia de contrastes y crecimiento, de lucha y superación de los propios miedos y fantasmas de Gavilán siendo aprendiz, antes de convertirse en el gran Archimago que se nos anuncia.  Una historia que liga la magia a la naturaleza y fija el precio, el coste, que supone usarla.  Un poder que, si bien se posee, también se aprende… en una escuela de magia ideada como tal 30 años antes de que J.K.Rowling imaginara Hogwarts.  Tampoco  costaba tanto acreditarla…

«Me parece convencional y predecible. Pero está bien para los niños.  Ella podría ser generosa y reconocer la influencia de Un mago de Terramar. En fin, son obras muy diferentes» («El País Semanal», 28-10-2012)

Si la trilogía inicial se completa con Las tumbas de Atuan (1971) y La costa más lejana (1972), todo un tratado sobre crecimiento personal, a partir del viaje iniciático de unos jóvenes adultos, bajo la ética de su autora, 18 años más tarde reemprende un «regreso a los orígenes» bajo perspectivas adultas con Tehanu, su continuación (1990, Premios Nebula 1990 y Locus 1991); Cuentos de Terramar (1999), un libro de relatos ambientados en distintas épocas del archipiélago y enlace a En el otro viento (2001), el último de la serie.  Un regreso con las mismas hermosas palabras que utiliza, pero con personajes y enfoques feministas mucho más adultos y complejos.

«Sólo en el silencio la palabra, sólo en la oscuridad la luz, sólo en la muerte la vida; el vuelo del halcón brilla en el firmamento vacío».

  • CRÓNICAS DE TERRAMAR, por MANUEL BERLANGA.


CUENTOS.

Parte importante de la producción de Le Guin son sus relatos, más de cien, de todo tipo, frecuentemente premiados.

Carlos de Miguel (2004)

Las doce moradas del viento (1975, Premio Locus 1976 a la mejor colección), fue elegida por dos veces. Recopila historias previas, cuentos que en muchos casos son el embrión de novelas posteriores, como La palabra que libera (1964) o El poder de un nombre (1965), que darían paso a Terramar; El collar de Semley (1964), prólogo al El mundo de Rocannon; El rey de Invierno (1969), sobre el planeta de La mano izquierda de la Oscuridad; o El día antes de la Revolución (1974, Premios Nebula 1974 y Locus 1975 al mejor relato corto), que cuenta la historia de Odo, la anarquista líder de Anarres en Los Desposeídos…  Y Los que se alejan de Omelas (1974, Premio Hugo al mejor relato corto), de una sensibilidad exquisita… y crudeza trágica.


RESUMEN.

Cinco horas continuadas podrían parecer muchas, demasiadas, para hablar de una autora.  Sin embargo, en el caso de Ursula Kroeber Le Guin, son pocas, muy pocas para disfrutar de su obra.  La noche se hizo corta y, al final, tuvimos que aligerar para no abusar de la paciencia y disposición de Miguel, en La Marítima, que tan bien nos atiende siempre.  No dio tiempo a conclusiones, un resumen de pareceres o conjunción de ideas comunes, que dejo a la memoria.

Le Guin es, más allá de su obra (y también en ésta), una gran dama, sencilla, apacible como sus textos, de ideas claras y pensamientos serenos aunque rotundos, alguien que te gustaría haber conocido y tratado en persona; sólo hay que leer sus palabras en una entrevista o un texto, una colaboración, para saber que las cosas que dice son las que escribe, está convencida, las siente como las cuenta, sólo que bajo el tamiz de la alegoría y componiendo metáforas sobre la vida.  Y lo hace con hermosas palabras trenzadas con arte, urdidas con belleza ya desde el título ¿Os habéis fijado?: todos parecen extraídos de un poema.  Decir que hay poesía en un título suena a exageración… salvo que sea de Le Guin. ¡Qué  decir del resto de la obra!

«Entre el pensamiento y la palabra hablada existe una fisura en la que puede penetrar la intención…» (La ciudad de las ilusiones).

Tal vez, si algo puede achacarse a su estilo sea una cierta calma en la trama y un desarrollo rápido de acontecimientos; como si, concebido el mensaje que desea transmitir, le importase más cómo contarlo.  Temo que, en la actualidad -cuando los efectos especiales priman sobre el contenido y la acción al razonamiento-, a las nuevas generaciones, curtidas en la adrenalina de los vídeo-juegos, no les atraiga igual la magia de las palabras, la construcción de una idea y el mensaje se pierda; no porque no lo entiendan, sino porque ni les llega, no les da tiempo.  Démosle tiempo… ya crecerán:

«El hambre de un dragón tarda en despertar, pero luego es difícil saciarla»  (Un Mago de Terramar)

Fue una gran noche. ¡¡5 horas con Ursula K. Le Guin!!  La mayor satisfacción para quien convoca este Club de Lectura fue que muchos de los asistentes accedían a la autora por primera vez y, prácticamente todos, manifestaron entusiasmados su interés por repetir.  ¡Sabia decisión!


.NOTAS:

  1. 6 libros de poesía, 20 novelas, más de 100 relatos, 4 antologías de ensayos, 11 libros para niños, diversas traducciones de autores del español, chino o francés.
  2. Más de 30 premios en total, entre ellos los cuatro «grandes» de fantasía y ciencia ficción: Nebula (en 6 ocasiones), Hugo (5), Locus (8), y World Fantasy (3), además del J.Teptree (3), Gran Premio de lo Imaginario, Librería del Congreso a una leyenda viviente… En 2003 fue nombrada Gran Maestra por la SFWA (asociación de escritores americanos de Ciencia ficción y Fantasía), siendo la primera mujer que consiguió tal distinción.
  3. Diversos conceptos iniciados por Le Guin han inspirado otros:
    • El Nombre del mundo es Bosque (1972) <=> Avatar, de James Cameron (2009)
    • La Escuela de Magia de Roke (1968) <=> Hogwarts, de J.K. Rowling (1997)
    • La sombra oscura de Ged (1968) <=>  El reverso tenebroso de la fuerza (Star Wars, 1977)
    • Los Magos se vacían de poder, olvidan las palabras y se convierten en gente gris y sin alegría (La Costa más Lejana<=> La  Nada, de la Historia Interminable, de M. Ende (1979)
  4. Ambos, la primera emisión de la serie y su primera novela, son simultáneos, de 1966
  5. Dispositivo que permite la comunicación instantánea entre dos puntos, indepen-dientemente a la distancia.  Más tarde ha sido utilizado por otros autores, como Orson Scot Card, en La Saga de Ender.
  6. No es la única vez que Ursula K. Le Guin utiliza y profundiza en el tema del sexo y las relaciones de género como fondo de la historia, con propuestas novedosas, capaces de explorar planteamientos distintos y combinaciones diversas. Ella misma confiesa que, en 1969, «yo era muy joven, y la sociedad americana muy puritana», tal vez, por ello, no pudo avanzar más en sus propuestas.  Lo hará años más tarde, en 1995, con el cuento Mayoría de edad en Karhide, publicado en El cumpleaños del mundo y otros relatos. «Ahí sí se explica pormenorizadamente cómo es el sexo en Invierno-Gueden, «clitopenis» incluido. Completa la novela en cierta manera». No comentamos esta selección, pero en gran parte de sus relatos  (1995-2002, con premios Nebula 1995,  J.Tiptree 1995 y 1997Locus 1997 y 2001) utiliza la diversidad cultural de planetas del universo Hainish para explorar las relaciones de género en diferentes vertientes: sexo, amor, matrimonio, dominación, soledad… y combinaciones de todo tipo, incluida una donde las mujeres dominan la sociedad y los hombres (en proporción 1/16) son utilizados para diversión y como objetos sexuales, pagando por sus servicios

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CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO y JUEGO DE TRONOS: spin off’s y reivindicación necesaria

Parece que últimamente todo el mundo critica a G.R.R. Martin, su obra Canción de Hielo y Fuego y, por extensión, la serie televisiva Juego de Tronos, que la adapta (más o menos).  Y es posible que motivos no falten para hacerlo, debido a la desidia y poco respeto que el autor demuestra hacia sus lectores, por el tiempo que tarda en continuar sus escritos (en este punto, me adhiero).  Sin embargo, cuando la crítica se realiza de forma gratuita y sin criterio, me enerva.  Esta mañana me he llegado a enfadar (con cariño) por lo comentado en un grupo de wathsapp sobre la serie Juego de Tronos, principalmente porque se realizaron comentarios gratuitos, sin haber leído los libros ni visto la serie.  Como mi respuesta en el grupo sería extensa, me decido a hacerla por este medio, de forma un tanto privada, pero también en público.

A mí -lo sabéis si habéis seguido este blog- las novelas de Canción de Hielo y Fuego me engancharon tanto que, en 2010, tras la tercera, llegué a afirmar por aquí que si J.R.R. Tolkien fue el mejor escritor de Fantasía del siglo XX, G.R.R. Martin lo es, sin duda, del XXI.  Por la obra que comentamos (mucho mejor que Sueño del Fevre, que ya me encantó), con un desarrollo de personajes increíbles, historias complejas, batallas, intrigas palaciegas, luchas de familias (basada en la historia inglesa de los York y los LancasterStark y Lannister en las novelas-) y un punto de fantasía, no demasiado extenso, que las engrandece (podéis leer las reseñas realizadas entonces aquí  y aquí).

Hoy, siete años después de aquello, seguiría pensando lo mismo si el éxito mediático de entonces no hubiese descontrolado la mente del autor, llevándole a crear más y más subtramas y personajes (casi todos excelentes), querer desarrollar tanto la historia como para abarcar los Siete Reinos, construir un universo tan amplio que le ha llevado a perderse en el infinito de su propia gloria…  Le va a costar recuperar la trama inicial, escrita e ideada desde un inicio; una trama que hubiese resultado magnífica, toda una obra de arte, de haberla culminado en los 4 volúmenes iniciales (3 de origen).  Ahora todo el mundo la sabe, no va a sorprender a nadie; y él se ve incapaz de cerrar en condiciones todas las subtramas abiertas…  Y a sus seguidores nos tiene aburridos; hastiados de tanta espera.

Respecto a Juego de Tronos, su adaptación a TV, afirmo rotundamente que es la mejor serie de Fantasía Épica que se haya rodado nunca; costará superarla.  Está a nivel de cualquier serie histórica conocida (Roma, Los Tudor…), con un componente adulto y serio, sucio, en las relaciones personales, incluido el sexo, pero con un punto fantástico que la convierte en única.  Nunca se han creado unos muertos vivientes tan terroríficos como Los Otros; nunca unos dragones han llegado a poseer tanta vida…  Ningún aficionado al género debería perdérsela.

No sólo adapta con fidelidad la obra (bueno, hasta donde puede), sino que en algunos aspectos corrige la dispersión de Martin.  Sus productores han realizado un trabajo enorme (con participación inicial del escritor, aunque después han debido seguir por su cuenta).  Conocen el final y varias ideas intermedias, y llegarán al mismo puerto que las novelas (si éstas lo hacen algún día), pero por caminos diferentes desde la 6ª temporada.  Tiene fallos, por supuesto.  El desarrollo de tramas y personajes es menos profundo que en los libros (en algún caso, como Dorne, Doran Martel y las Serpientes de Arena, resulta doloroso).  Siempre pasa.  Pero también eso ha resultado una ventaja, pues al restringir tramas para que el espectador no se pierda, han eliminado buena parte de la gran dispersión del autor.

Y no es verdad que se vayan a quedar sin presupuesto.  Al contrario.  Si en las primeras temporadas se echaron en falta desarrollos mayores en movimientos de masas y batallas debido a la falta de presupuesto (que ya era alto para una serie de TV), en las últimas, tras el éxito, resulta espectacular, se corrige y amplía, y desarrolla el CGI hasta límites increíbles.  Os recomiendo ver sólo un episodio, el noveno de cada temporada, donde la espectacularidad es grandiosa.  Y en la última, T6, “La Batalla de los Bastardos”, donde se recrea la mejor batalla medieval que haya visto jamás, incluido el cine.  Si después de eso no os engancháis a la serie es que no os gusta la épica, ni la fantasía, ni una buena historia.

Respecto a los spin off (algo casi esperado dado que se trata de la serie de mayor éxito de público de la historia de HBO), van a ser 5, no 4 como se anunció inicialmente, donde no aparecerá ninguno de los personajes actuales. George R.R. Martin va a participar en todos, como ha anunciado en su blog. Ya ha trabajado con los respectivos guio-nistas, todos ellos de renombre: Max Borenstein (Kong: La Isla Calavera), Jane Goldman (X-Men: Primera generación), Brian Helgeland (L.A. Confidential) y Carly Wray (Mad Men).  No se conoce aún el quinto, pero si es del cariz de los anteriores, ¡wow!

Lo que deberá esperar para más adelante es la adaptación de “Los cuentos de Dunk y Egg” (historias que transcurren en el mismo mundo de Poniente, unos 80 años antes que éstas). Martin confiesa no querer que le pase como con la serie principal.  Tiene pensado escribir varios episodios más de la pareja, y no se grabará nada -una nueva serie completa- hasta que los termine (¿…?).  Pero ya podéis abonaros a la misma cuando se haga:  son pura aventura e historias de un caballero andante y su escudero, centradas en los dos personajes principales, sin tanta dispersión, con el grandioso colorido de los torneos medievales y algo de política de trasfondo.  Si no los conocéis, tardáis en buscar el libro “El caballero de los siete reinos” que recoge los tres primeros cuentos.  O cualquiera de sus adaptaciones al cómic.  Os encantarán.