Mujeres Guerreras (III): ______ JIREL DE JOIRY, de CL Moore

Hablar de Jirel de Joiry supone, para mí, saldar una deuda que arrastro ya 35 años, cuando, en la editorial de Berserkr nº5, dedicado por completo a las mujeres guerreras (pero centrado en Red Sonja, Marada y Las Amazonas de Gianluiggi Zuddas) prometí dejarla (junto a Rifkind, de Lynn Abbey) para una mejor ocasión. Ha tardado, pero la dicha es buena.

Aprovechando la reciente edición de Costas de Carcosa (una colección de pequeñas maravillas del pulp que no me canso de recomendar) dedicamos el 9º encuentro del Club de Lectura de Literatura Fantástica en Málaga a las Mujeres Guerreras, en la realidad y ficción, con lectura de la Saga de Jirel. De ahí surge esta reseña.

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Jirel de Joiry es la primera heroína de una serie de fantasía en la historia; escrita, además, por una mujer (aunque este detalle, de inicio, no lo llegaron a conocer sus lectores). Su primer relato, El beso del Dios Negro, se publicó en Weird Tales, en su número de octubre de 1934, que incluso le dedicó la portada, ilustrada por Margaret Brundage.

CL Moore era una firma conocida por los lectores de Weird Tales, seguidores devotos de su anterior personaje, Northwest Smith, un simpático canalla del espacio que llegó a rivalizar en fervor popular con el Conan de R.E.Howard. También lo haría Jirel, una heroína del mismo talante que el cimmerio, con quien compartía aventuras del género Espada y Brujería (más brujería que espada, en su caso) y también el entusiasmo del lector.

En EL BESO DEL DIOS NEGRO, su primera aventura se nos muestra ya a una Jirel, dama castellana de Joiry y alto comandante (sic.) del lugar, asentada en su cargo; un cargo aceptado sin discusión, aunque no sin disputa de algún enemigo. Nada se nos explica de su pasado ni cómo accedió al mismo, si por alcurnia o la fuerza de las armas, aunque se da a entender lo primero (se cita el castillo, no lejano, de un primo suyo). En este sentido, la castellana ejerce como tal, dueña y señora de sus dominios y respetada por sus hombres, que no dudan en seguirla al combate a su comandante, «una mujer valiente, guerrera salvaje, y la más temeraria de todos los soldados a su mando«. También, como señora feudal que es, ha conocido el amor y numerosos amantes a los que, siempre, elige ella. Una buena descripción la encontramos al inicio de La sombra del dios negro:

«… ella había comandado la fortaleza más firme del reino sin llamar «señor» a ningún hombre y alardeaba, orgullosa, de que Joiry jamás caería, y de que ningún amante se atrevía jamás a ponerle las manos encima salvo como respuesta a su sonrisa» .


Sin embargo, cuando comienza el primer relato, Joiry ha caído en manos de Gillaume, que se sienta en el estrado y, para colmo, le arranca un beso forzado, no consentido. No puede haber mayor injuria para Jirel en tales momentos, tras ser vencida y derrotada, que la vejación de ser besada a la fuerza por quien es su conquistador. Y la ira y el odio se desatan en su interior humillado, hasta el punto de desear y estar dispuesta a bajar a los infiernos, en busca de un arma infernal que le permita destruir para siempre al único hombre que la ha vencido en batalla y, sobre todo, se ha atrevido a mancillar su imagen, besándola sin invitación. Y bien que lo hace. Tras obtener la bendición del padre Gervasio, y desoyendo sus ruegos y advertencias, se introduce en el pasadizo que nace en las mazmorras del castillo y desciende a los infiernos más oscuros. Tampoco se explica -ni es necesario- por qué existe ese túnel que sólo
ambos conocen, ni cuando lo descubrieron, pero que desciende hasta tierras «que no son de Dios» (ha de quitarse la cruz que porta al cuello para seguir avanzando). Y cuando lo hace, penetra en un mundo diferente, una extraña dimensión oscura donde, en realidad, transcurre la verdadera historia.

Y es dónde CL Moore diferencia su personaje y estilo del de otros, como RE Howard: mientras, antes, la batalla se obvia y es descrita de forma sucinta, como de paso (algo que sucede también en otros relatos), las descripciones de y sobre la dimensión oscura son ricas, amplias, numerosas, continuas y seguidas hasta casi el exceso, forman la base de la narración. Y por ella pululan nume-rosas criaturas distintas, diferentes, y es su propio reflejo oscuro, encarnado en su propio cuerpo, quien le indica dónde encontrar el arma que busca, la estatua del dios negro que le ofrece su oscuro beso de muerte.

El regreso es rápido, así como la resolución de la historia en este primer arco del dios negro, que se cierra con la ansiada venganza, fulminante y decisiva sobre Guillaume cuando le besa. Sólo para descubrir que el demonio con su forma le había engañado y ella debe pagar de por vida el precio de haber aceptado el regalo de un demonio: ya no habrá luz en su vida sin Guillaume. Y llora amargamente su terrible destino.

Ya hemos comentado en otro lugar el éxito de público que obtuvo el personaje, por la sutil descripción del ambiente y el estilo personal de narrarlo, con tintes Lovecraftianos y Dunsanianos; de inmediato, lo elevó, junto a su autora, a ser considerada una de las preferidas entre los lectores de Weird Tales (ya lo era con Northwest Smith).

LA SOMBRA DEL DIOS NEGRO continúa la historia donde ha quedado, muy poco tiempo después, cuando encontramos a Jirel agobiada y entristecida, acosada en sueños por una voz lastimera que la llama, mientras en su corazón sabe que no es odio lo que sentía por Guillaume («aunque el fuego y la ira habían brotado de su interior como la locura»), sino amor. Esa y no otra es la maldición que trajo desde el infierno en su venganza. Esa, y el saber que quien la llama en sueños y suplica misericordia es el alma de Guillaume, que vaga y sufre, indefensa, los rigores de su castigo. Castigo que ella misma le provocó. Jirel ha matado a muchos hombres, pero ninguno con esa magia oscura e infernal que condena su alma; y la maldición del amor por un lado y los remordimientos por otro, la llevan a adoptar una decisión terrible para su integridad: bajará de nuevo a los infiernos y salvará el alma perdida de Guillaume. Y lo hace.

En este sentido, La sombra del dios negro no es sólo la continuación del relato anterior sino que, por mucho que cambie el entorno físico de la dimensión y bien escrita que esté, contiene una repetición de éste y sus conceptos, una búsqueda interminable por planos oscuros y extraños con asombrosas criaturas infernales, hasta conseguir lo que persigue y regresar con el deber cumplido, tras obtener la tranquilidad del alma maldita. Así lo entendió no sólo el editor de Weird Tales, que otorgó la portada del número (WT de diciembre de 1934) al relato «Nacerá una bruja«, de R.E. Howard (sin duda, mucho mejor, en mi opinión), elegido también como mejor relato por el público. Las alabanzas y buenas críticas hacia Jirel continuaban, pero también surgían críticas, algunas muy duras; como la de Fred Anger que, al calificarlo como el peor relato de CL Moore hasta el momento, generó que HP Lovecraft (quien había catalogado el relato como «un buen segundo») dedicase, en privado, una efervorizada respuesta en su defensa:

«La señorita Moore (…) en la actualidad, ciertamente pertenece al nivel superior de colaboradores de WT, junto con Smith, Howard, etc.»

HP Lovecraft a William F. Anger, 28 de enero de 1935 (1)
Dibujo de Jeanne Dangelo

En JIREL SE ENCUENTRA CON LA MAGIA (WT, julio de 1935), CL Moore recupera la Jirel guerrera y valiente, dueña de sí misma y sus actos, a la que siguen sus hombres sin cuestionar el peligro; en este caso, al asalto y conquista del la fortaleza de Guischart, donde se oculta el mago Giraud, culpable de la muerte de diez de sus hombres y sobre quien, de nuevo, buscará la venganza. En la que quizás sea la mayor escena de batalla de toda la serie, Jirel se nos presenta actuando como verdadero comandante de sus hombres, escupiendo amenazas e improperios para animarlos y empujarlos, envuelta en armadura completa y portando una espada poderosa y pesada. Pero, tras la conquista, Giraud ha conseguido escapar por una amplia ventana de la torre, que se abre a una tierra extraña, que no corresponde con el paisaje que realmente existe más allá de ésta. Sin dudarlo, Jirel, sin armadura ni la espada de dos filos, sólo la cota de malla y una larga daga al cinto, se introduce sola en la dimensión mágica, donde encontrará una dríade y una poderosa maga capaz de cambiar de formas, jefa del mago Giraud, a los que habrá de derrotar, en una tierra extraña y cambiante, llena de magia. Y en ese entorno, CL Moore se desenvuelve de maravillas en descripciones de paisajes y entes, como para construir una historia interesante sin necesidad de batallas.

Jirel de Joiry, según Philippe Caza

LA TIERRA OSCURA (WT, enero de 1936) comienza con Jirel en el lecho, moribunda, tras sufrir una herida profunda de pica en el costado, en la carga que acaba de capitanear. Cuando el padre Gervasio acude a confesarla no la encuentra en la cama. Su cuerpo acaba de desaparecer y todos en la habitación lloran su pérdida y lamentan su destino, pues comentan:

«¡El mismo diablo se ha apoderado en cuerpo y alma de Jirel de Joiry en su lecho de muerte!»

Portada de la edición inglesa de Gandalf

Y no andan descaminados, pues la castellana se encuentra en Romne, un reino oscuro (de esos que a CL Moore encantan), donde reina la negritud más absoluta, raptada por Pav, su rey, un extraño hombre negro de rostro duro y majestuoso, tocado con una perilla que le recuerda al mismísimo diablo, que la mira con lujuria desde sus pequeños ojos rojos brillantes; y que confiesa haberla arrebatado de su lecho de muerte, llevando su cuerpo y su mente a través del espacio curvo que separa ambos mundos para hacerla su reina. Porque está profundamente enamorado de ella, de su «fuerza ardiente y salvaje, que ninguna otra mujer posee en ninguna de las tierras que conozco. Una fuerza igual que la mía, señora Jirel». Por supuesto, ella no acepta, y tras un duelo dialéctico, una lucha feroz de voluntades en la que descubre que Pav la puede dominar y forzar su voluntad hasta obligarla, dice que antes de ceder se matará ella misma; o que encontrará un arma para matarlo a él. Cuando presume de que no existe, ella promete encontrarla; de lo contrario, él la podrá tomar. Y Pav acepta (pobre iluso…). La historia principal narra el periplo de Jirel por aquel mundo oscuro y cambiante, en el que no rigen las mismas normas y reglas físicas que en la tierra, en busca de posibles aliados y el arma que acabe con su rey.

Ya hemos comentado que la inesperada muerte de Robert E. Howard, en junio de 1936, supuso para Catherine Lucille un duro golpe, que incluso pudo ocasionar el abandono de Jirel como personaje, por tánto como compartían en cuanto a género. Pero la irrupción en su vida de Henry Kutner, a la larga su marido, que le propuso (e inició) una colaboración entre ambos, en un difícil crossover de sus dos personaje, Jirel y NW Smith, podría haberlo evitado.

La dos portada (unidas forman un todo) de la edición francesa de Folio SF para las obras completas de ambos personajes

LA BÚSQUEDA DE LA GEMA DE LAS ESTRELLAS (WT, noviembre de 1937) es el resultado de dicha colaboración. La historia comienza con el asalto de los hombres de Jirel -ella en cabeza- a la capilla impía del brujo Franga, un hechicero maligno que tiene en su poder la Gema de las Estrellas, una joya única que otorga a su poseedor fortuna y riquezas más allá de la imaginación. Pero Franga escapa en última instancia ocultándose en las sombras, donde crea una puerta a otra dimensión. La Gema de las Estrellas queda en poder de Jirel. Pero, desde las sombras, el brujo promete recuperarla utilizando un campeón capaz de vencer a la pelirroja, al que buscará a través del espacio y el tiempo; un campeón que no es ningún demonio infernal, sino nuestro amigo mercenario y contrabandista espacial Norwthest Smith, al que atrae desde el futuro, junto a su colega venusiano Yarol, contratando sus servicio para que recupere la gema a cambio de un atractivo botín, un collar doble de perlas, digno del rescate de un rey. El enfrentamiento entre ambos personajes está servido.

Las dos pistolas siseaban suavemente, abriendo un camino (Virgil Finlay)

La historia resulta curiosa, por el poco habitual enfrentamiento de dos personajes, conceptualmente muy diferentes y tan distantes en el tiempo. Pese a la dificultad inherente, el encuentro y resolución están bien resueltos, y nos recuerda (sería su precursor) aquellos eternos enfrenta-mientos entre superhéroes DC y Marvel, como artistas invitados en sus series o con cabecera doble, en los que primero se enfrentan como enemigos -debido a un malentendido o forzados por el villano de turno-, para acabar -como se espera- colaborando ambos por un bien común. Aunque sólo fuera por eso, sentar las bases y conceptos de lo que, posiblemente, sea el primer crossover de la historia (2), el relato constituye un hito a considerar y sus autores precursores de un estilo, no lo suficientemente reconocidos por ello.

HELLSGARDE (WT, abril 1939) es el último relato que CL Moore escribe del personaje, dedicándose a partir de entonces sólo a la ciencia ficción.

Hellsgarde es el nombre de una fortaleza maldita que todos rehuyen, tras la muerte y tortura de su señor, André de Hellsgarde, que murió sin confesar donde escondía su tesoro. Desde entonces, ha permanecido desierta durante doscientos años; un lugar triste, cubierto de brumas y neblinas del pantano que le rodea, entre cuyas aguas cenagosas, se dice, se encuentra el cuerpo desmembrado de André, cuyo espíritu guarda celosamente, aún hoy, el misterioso tesoro que acaparó en vida. Un lugar al que sólo es posible acceder cuando anochece.

Hacia ese castillo tenebroso de ambiente opresivo, magistralmente descrito por CL Moore, se dirige Jirel. Una veintena de sus hombres yacen prisioneros en el castillo de Guy de Garlot, un extraño hombre oscuro de sonrisa cruel y maldad innata que exige, como rescate, el tesoro de Hellsgarde, aunque no sepa de dónde vino y qué es. Y la guerrera no duda. Con miedo en todo el cuerpo, pero por deber hacia sus hombres, no duda en internarse en la fortaleza fantasma.

Portada de Boris Vallejo para la edición italiana de Fantacollana-Nord

CL Moore compone un relato muy entretenido, con excelentes descripciones del ambiente y entorno que rodea a la construcción y alrededores, los muertos empalados que vigilan su entrada y, sobre todo, la singular caterva de personajes extraños que la ocupan, imposibles de definir por sus acciones, y la ominosa noche que le espera a Jirel en su compañía. Ya hemos comentado que la autora no se prodiga en escenas de acción, batallas y peleas como hace Howard (cuyo dinamismo narrativo es difícil de igualar), pero en cuanto a creación de ambientes opresivos y nuevos mundos CL Moore es toda una experta, al nivel de los mejores maestro contemporáneos que todos sabemos. En este relato, además, introduce cambios que lo distinguen y diferencian de los cuatro primeros, con cierta tendencia inherente a la repetición temática. Para mí, el mejor de la serie, tras El Beso del Dios Negro, por su originalidad.

Es de agradecer que Costas de Carcosa decidiera recuperar el personaje, la saga completa de Jirel de Joiry en un sólo volumen, atractivo y accesible para todos, que incluye las ilustraciones originales que acompañaron a los relatos en su publicación inicial (la de Virgil Finlay, extraordinaria). Un personaje casi desconocido en España, donde sólo se recuerda una edición anterior, de Anaya, en la colección Última Thule, en 1996, traducida por su director, Javier Martín Lalanda. Si una pega se le puede poner a esta nueva edición es la traducción de los relatos por tres personas diferentes, que ocasiona pequeñas desavenencias entre relatos, en los nombre de personajes (Gervase / Gervasio, por ejemplo). Pero se trata de un detalle menor, fácilmente subsanable y no se lo tenemos en cuenta.

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NOTAS:

  1. Extraído de «Conan y Jirel: Robert E. Howard y CL.Moore«, de Bobby Derie. En www.onanunderwood5.blogspot.com
  2. El crossover es un concepto muy utilizado en los cómics de superhéroes DC y Marvel. Se popularizó en los años ’60 y se extendió en los ’80 y fue imparable a partir del año 2000. Sin embargo, el primer crossover conocido en cómics tuvo lugar en 1940, durante la llamada Edad de Oro de los cómics, en:
    • Marvel Mystery Comics #8-10 (junio-agosto de 1940), cuando Namor y la Antorcha humana original pelean entre sí y establecen las bases de continuidad del universo Marvel
    • All Star Cómics #3 (invierno de 1940), cuando el escritor Gardner F. Fox crea la Sociedad de la Justicia de América con la unión de varios héroes que actuaban por separado

LA HIJA DEL GIGANTE DE HIELO en BD (CONAN le Cimmérien, v.4)

No es una adaptación fiel al relato de Robert E. Howard. Por el contrario, es un intento de interpretar, ampliada, la historia que REH quiso y no pudo contar por el puritanismo de la época. Robin Recht, parte de los orígenes para construir un relato cargado de erotismo y muerte, con una Atali-Lolita encantadora, mediante la sucesión de unas imágenes impactantes en blanco y negro o color.

La Hija del Gigante de los Hielos fue el primer relato genuino de Conan que escribió Howard, en 1932 (El Fénix en la Espada había sido adaptado de un relato anterior del rey Kull, que fue rechazado y escrito de nuevo para el cimmerio, con un mayor compo-nente fantástico). Pero también fue rechazado por Farnsworth Wright, editor jefe de Weird Tales con la única justificación de que no le gustaba. Podemos imaginar por qué: la historia que cuenta, simplificando los hechos, bien puede ser la persecución por la nieve de un bárbaro a una joven a la que pretende violar; ni más, ni menos, y eso, en 1932 (incluso hoy) no está bien visto. Por supuesto, el relato es mucho más que eso; contiene un alto componente épico-onírico de gran hermosura, pero, simplificando, esa podría ser la mirada. La historia, idéntica salvo algunos cambios, entre ellos su prota-gonista, Amra de Akbitana, se publicó en uno de los primeros fanzines conocidos, The Fantasy Fan, con el título Gods of the North («Dioses del Norte»). El relato de Conan quedó traspapelado hasta 1950, que la descubre L.Sprague de Camp, quien la publica -reescrita-, en 1953. Hasta 1976 no se publicó la versión de Howard.

Los estudiosos de la obra de REH (Patrice Louinet, co-director de la colección Glénat, entre ellos),
siempre pendientes de detectar influencias en sus relatos (no olvidemos que era prácticamente un solitario, ávido de lecturas pero perdido en un pueblo de la América profunda), además de ver en Atali una concepción de las Valquirias de la mitología germana, que trasladan al Valhalla a los héroes caídos en batalla, especulan con que su nombre bien podría derivar del de Atalanta, personaje de la mitología griega que desafiaba a sus pretendientes a vencerla en una carrera cuya pérdida significaba la muerte. También en la leyenda de Daphne y Apolo, cambiando el sexo de sus protagonistas. Ambas historias las habría podido leer en «The Outline of Mythology«, de Thomas Bulfinch.

Sin embargo, en 2011, Brian Leno, colaborador habitual de The Cimmerian o REH: Two-Gun Raconteur, publicó en el nº 15 de esta revista un artículo en el que indicaba que el relato «The Lady of the Frozen North«, de Alan Forsyth (pseudonimo de Leonard Cline) aparecido en la revista pulp Ghost Stories en 1928, contenía puntos en común suficientes con la obra de Howard como para considerarla inspiración real de este relato de Conan (-1-).

Así las cosas, y salvo el combate inicial (de narración y puesta en escena excelentes en el original) y el encuentro final con sus aliados aesires, con sorpresa, la historia se limita al relato plano de la persecución de Atali entre la nieve por parte de Conan, con intenciones no del todo definidas ni claras, si no es violarla cuando la alcance, como triunfo y botín de guerra. Pero no es del cimmerio de quien parten esos sentimientos, es ella quien los provoca. Cuando aparece de repente, al terminar el combate a muerte con Heimdull, aún aturdido y agotado, sin saberla amiga o enemiga (sus cabellos son rojos y dorados a un tiempo) él la trata y le habla con naturalidad y contiene el deseo pese a que está desnuda; será ella quien le provoque y pinche, hiriendo sus sentimientos hasta despertar en él la adrenalina caída tras el combate y soliviantar su ánimo:

«Mi aldea está más allá de lo que puedes alcanzar, Conan de Cimmeria. ¿No me encuentras bella?… ¿Por qué no te pones en pie y me sigues? ¡Menudo guerrero, ahí postrado…! Date por vencido y muere en la nieve como los otros necios, Conan de cabellos negros. No puedes seguirme allá donde te guiaría…»

Robin Recht ahonda y profundiza en esta herida de forma mucho más libidinosa y descarada que Howard (ver textos traducidos en los dibujos).  Noventa años más tarde puede permitirse hacerlo, incluso en imágenes, algo que nunca hubiésemos imaginado encontrar en una adaptación «seria» de Conan, salvo que la realizase Milo Manara. Pero no traiciona ni rompe la idea original de REH. Al contrario, el tejano, se sentiría satisfecho, contento con su versión, tras la sorpresa inicial…

La Atali que dibuja y construye Recht es un encanto (a mí me encanta…), mezcla de ternura y provocación, inocencia y descaro, indecencia y suavidad; un retaco pecoso y adolescente, diminuta (no le llega a Conan al pecho; la imagen de ambos juntos, o la portada, son extraordinarias) al tiempo que detenta un gran poder (poder erótico, lo define Louinet).

Ligera, vaporosa, evanescente; no corre sobre la nieve al saltar: flota y se eleva sobre ella como un elfo. La provocación para que Conan la siga es indecente, viciosa, la de una meretriz que, en un cuerpo adolescente como el suyo la convierte en Lolita de cabellos ardientes: descarada y directa a su hombría en momentos álgidos, seductora y de mirada sensual en las treguas; hasta acabar infantil, lanzando una bola de nieve a su rostro…

Ella es, sin duda, la verdadera protagonista del cómic, quien desplaza a Conan en el papel principal por deseo de Robin Recht,  demiurgo completo de una obra en la que interpreta todos sus papeles: adaptación, dibujo y color. Y lo hace de forma compro-metida: no sólo adapta el relato de Howard, lo amplía y engrandece hasta elevarlo a historia mitológica del Nordheim, recreándose en las imágenes y, dado el caso, en el color, un juego de azules y blancos del cielo y la nieve y el rojo de la sangre, entre los que entremezcla el negro del miedo.

Para ello, antecede el relato con 18 páginas en las que, por un lado, sitúa a Atali y sus pensamientos como introducción (en una doble página extraordinaria) y, por otro, la vorágine de sangre y muerte en que se convierte el enfrentamiento entre Aesires y Vanires en la llanura helada. No es hasta la página 19 que se inicia el enfrentamiento entre Conan y Heimdull, Jarl del clan de los lobos. Y, salvo en diálogos, no hay «narrador omnipresente» en la historia, son los pensamientos de la diosa-niña quien nos conducen por ella.

Esta es, pues, la historia de Atali la diosa, hija del primero y más grande de los gigante, Ymir, cuya sangre creó el mundo de los hombres, y ella cumple su misión de conducir a los héroes hasta el Odroerir, el pico más alto de las montañas:

«Y yo, Atali, debo llevarte ahora ante de él. Pues quien cae con las armas en la mano no muere realmente. No desaparece en la nada como el rico o el cobarde. Está invitado al banquete de mi padre».

Allí esperan sus hermanos, gigantes de hielo hijos de Ymir, también que, en esta ocasión, no portan cota de malla ni conforman la imagen que tan bien definió Frazzetta y permanece en nuestra memoria, sino que adoptan la forma de dos osos blancos enormes, gigantescos sin duda, que son quienes se encargan del héroe, rendido de agotamiento:

«Levantaos, hermanos míos, y tomad ahora su corazón, pues he oídos sus latidos y merece que lo depositemos, todavía humeante, en la mesa de nuestro padre para que lo devore».

Sólo que, esta vez, el héroe es un cimmerio poco dispuesto a rendirse.

El Conan de Robin Recht es grande, enorme en comparación con Atali. De rostro juvenil, como corresponde a la primera historia -también cronológica- del personaje, antes de viajar a la civilización, pero de espaldas amplias y poderosas; una figura que alcanza proporciones colosales cuando supera el agotamiento al que le somete la diosa, se levanta, al ritmo constante de sus latidos agónicos, vence a los gigantes y se convierte en el primer mortal que domina a esa Lolita de cabello rojos y dorados, que debe ser salvada, en última instancia, por su padre Ymir, el Gigante de los Hielos.

Robin Recht construye un cómic grandioso, con esas imágenes espectaculares a las que nos tiene acostumbrado en los álbumes de Elric (-2-).

Con libertad en recursos y medios, lejos de la esclavitud de un espacio limitado (es el único cómic de la serie con 80 páginas de historia [una historia simple, en realidad], frente a las 48 de los anteriores, aunque todos, se venden al mismo precio), se permite el lujo de describir la historia que quiere en la forma que desea, sin restricciones, recurriendo a viñetas enormes de una o dos páginas, o recreando un ejercicio de autosatisfacción sexual de la diosa, mientras el guerrero elegido (el cimmerio en este caso), engañado, lucha por su vida; ella alcanza el orgasmo justo cuando éste salva su vida.

De dibujo elegante al tiempo que personal, con un blanco y negro muy detallado, Recht estalla en una sinfonía única de tres colores, que él mismo añade. Una obra muy personal en todos los sentidos, muy en la línea fijada para esta colección (una obra = una aventura completa = una visión = un autor (o equipo de autores).

Como en números previos, la obra se ofrece en dos formatos:

  • edición estándar ,a color, 80 págs. 24×32 cms. 14,95 €
  • edición coleccionista, blanco y negro, 80 págs. a mayor tamaño: 28×36,8 cms. y tirada limitada, por 29,50 €.

Como complemento, las ediciones incluyen el consabido artículo de Patrice Louinet (2 páginas), donde ofrece valiosa información y anécdotas sobre la obra y el autor, en la época de su publicación, un portafolio de cuatro ilustraciones pintadas por el propio Recth, así como otra pintura homenaje al cimmerio, de Mathieu Lauffray. Y un prólogo excepcional de Michael Moorcock («La French Touch», al que nos hemos referido en otra ocasión), donde glosa las excelencias de Recht, encantado con su visión de Elric de Melniboné; también con esta de Conan el cimmerio.

Como en otras ocasiones, para la presentación de la obra, entre el 7 de diciembre de 2018 y 12 de Enero de 2019, la Huberty Breyne Gallery organizó una exposición con los originales de Robin Recht en blanco y negro. Para todo aquel que esté interesado, en la página web de la galería se ofrece la reproducción de, prácticamente, todas las planchas del álbum y otros dibujos adicionales.

NOTAS:

-1- Ver REH: Two-Gun Raconteur #15. verano de 2011, p.13-18 : “Atali, the Lady of Frozen Death” («Atali, la Dama de la Muerte helada»). Este artículo le valió, en 2012, a Brian Leno el tercer premio al mejor ensayo de la Fundación Robert E. Howard («Hyrkanian»).

-2- Robin Recht, nacido en 1974, es uno de los grandes autores actuales de la BD francesa. Su trabajo está prácticamente ligado a la Fantasía Heroica, tema que domina y le atrae especialmente, y los escenarios históricos. Sus primeras obras, un álbum de «El último ritual» (2002), y la serie de FH «Totendom«, Acto I (2005) y Acto 2 (2007), no han sido publicadas en España. Pero sí las siguientes, a partir de entonces: «El Tercer Testamento. Julius», recuperado recientemente por Yermo ediciones en dos integrales (X-2016 y II-2019), y los 3 álbumes (hasta el momento) de Elric «El Trono de Rubí», «Stormbringer» y «El Lobo Blanco», en la misma editorial.

MÁS ALLÁ DEL RÍO NEGRO en BD (Conan le Cimmérien, vol.3)

«La barbarie es el estado natural del hombre.  La civilización es antinatural, un capricho de las circunstancias. Y, en definitiva, siempre acabará triunfando».

Se trata de la adaptación de una de las últimas novelas de Conan que escribió Robert E. Howard, ya en su plena madurez como autor.  A decir de muchos aficionados y especialistas, su mejor relato; quizás, junto a Clavos Rojos.  Escrito sobre agosto de 1934, tras una racha de éxito personal (en esos momentos, encadena varios relatos vendidos; Conan es ya un personaje consolidado entre los lectores y lectoras) y sin necesidad económica que le acucie, decide escribir el relato que le pide el cuerpo, sin concesiones comerciales o sexuales (-1-), con un entorno que refleja sus inquietudes por aquella época (los primeros colonos americanos, que le son tan cercanos, enfrentados a los indios en la frontera de su propia tierra: Texas, Nuevo México…), y con el mensaje principal que siempre quiso transmitir, esta vez sin tapujos ni distracciones que atenúen su salvajismo: la barbarie natural, frente a la decadencia de la civilización. 

Y bien que lo consigue.

Más allá del Río Negro es una obra completa, contundente, donde el tejano nos muestra la personalidad más sombría y concentrada, silenciosa, del cimmerio, acorde a las circunstancias del relato.  Tan orgulloso se siente REH del resultado que así lo transmite a August Derleth  H.P.Lovecraft  en sendas cartas personales.  O -como recuerda Patrice Luinet, co-director de la colección-, se lo confiesa a Novalyne Price, en una de las conversaciones que recogió su amiga en su diario personal: «He escrito esta novela de forma experimental, para ver qué hacía Wright (editor de «Weird Tales«).  Tenía miedo de que no la aceptara, pero la ha comprado» (-2-)

La adaptación del relato a BD que realizan Mathieu Gabella y Anthony Jean (-3-) es, como el original, contundente, una adaptación muy fiel al relato de Robert E. Howard.  La pareja, cuyo trabajo conjunto se remonta a 2005, cuando deciden iniciar su andadura con La Licorne, una sola historia, una obra que, hasta el momento, contempla 4 álbumes (-4-), consigue recoger en las 48 páginas de la historia el ambiente opresivo de las selvas situadas entre el río del Trueno y el Negro, tierras pictas, la región de Conajohara, que los aquilonios empiezan a colonizar tras arrebatarla a sus dueños, al amparo del Fuerte Tuscelan, en la frontera del Rio Negro.  Los pictos, pequeños clanes y tribus dispersas, no lo pueden impedir si alguien no los une.  Y ese alguien será Zogar Sag, un picto ultrajado por los hombres del fuerte, que ha jurado venganza; también un mago, capaz de convocar demonios de los pantanos y bestias antiguas, que pueden desequilibrar la balanza a su favor.

El Conan que dibuja Anthony Jean es también contundente, sombrío; refleja espléndidamente el carácter rudo, maduro, cínico y a vueltas de todo  y no por ello menos comprometido, del mercenario veterano en mil batallas que tan bien retrata Howard en su relato.  Un Conan que, según la nueva cronología «oficial» de Dale Ripppke tiene casi 35 años (unos 40 en la de Miller y Clark, que sigue deCamp (-5-)), y ha sido de todo en la vida (bromea con que sólo le falta ser rey).  Su imagen poco convencional con las sienes rapadas (tan a la moda hoy) podrá disgustar a unos y entusiasmar a otros, entre quienes me encuentro, pero fue una acción consciente del dibujante, admitida por los directores de la colección (Louinet uno de ellos), a quienes se la dedica y agradece en los créditos finales (-6-) que, además, no desentona ni con el cimmerio de REH en esta época de su vida, ni con la intención declarada para la colección de ofrecer en cada obra una nueva visión del personaje, por un autor diferente.  En este caso, como digo, aciertan de pleno, pues aporta frescura a un personaje ya muy manido tanto en imágenes como en aventuras impropias.

Algo menos conseguido puede quedar el otro protagonista de la historia, Balthus, el aquilonio de Tauran, verdadero trasunto del autor, en quien se refleja (junto a su perro Patch, como Segador) y con quien el lector puede identificarse  (no con Conan, demasiado elevado aquí, en su elemento, para un simple mortal).  No sé si su heroísmo y actitud heroica, su concepción como verdadero hombre de la frontera en el relato, queda suficientemente patente en BD tras el brindis en su honor del cimmerio, o ensombrecido por su figura. Pero no desentona, en ese ambiente opresivo de las selvas y eriales pictos, sombríos por cerrados y en una acción que transcurre de noche.

Más allá de cómo dibuja Jean la figura humana o su realismo, agrada la definición de página que utiliza la pareja, en composición individual -ninguna página doble al estilo de Brugeas y Toulhoat, como en el álbum anterior- en la que se intercalan y alternan de forma sucesiva viñetas horizontales o verticales, entre 6 y 10 por página que no por ello resultan sobrecargadas, gracias a un dibujo fino y puntillista que, en ocasiones, resulta grandioso: grandes espacios naturales, abiertos en planos generales y lejanos, al tiempo que opresivos, incluso asfixiantes, en la mayor cercanía del plano medio y americano.  Todo en el diseño genera una sensación de movimiento y dinámica; una acción que, lejos de utilizar las descripciones y narrativa de Howard -como hacía en abundancia Roy Thomas-, deja paso a una sucesión de viñetas mudas, sin palabras, en la que el propio dibujo, con cambios continuos en planos y enfoques, se erige en protagonista único de la acción y consigue un dinamismo extraordinario.  El resultado es excelente, a mi entender, hasta el punto de que, sin ser perfecto, lo considero el mejor álbum de los publicados hasta el momento.

Un álbum que, al igual que los anteriores, se ofrece en dos versiones, en edición estándar (a color, 64 págs. 24×32 cms. 14,95 €) y en edición coleccionista (blanco y negro, 64 págs. a mayor tamaño: 27,5×36,8 cms. y tirada limitada, por 29,50 €). Ambos incluyen el habitual artículo de Patrice Louinet: tres páginas en la que sitúa al lector en el contexto de la obra y Howard en el momento en que escribió el relato; una amplia galería de dibujos y estudios de personajes de Anthony Jean, y otra con sendas láminas de seis dibujantes: Mikaël Bourgouin, Laurence Baldetti, Cristophe Regnault, Yann Tisseron y Jean-Baptiste Andreade.

Tanto una versión como otra no desmerecen su contenido: en una, el trazo fino y sombreado detallista en blanco y negro de Jean resalta con fuerza; en otra, el color suave que él mismo aplica en tonos casi pasteles y distintos degradados, contrasta con las tintas sin ocultarlas. Para que podáis comprobarlo y decidir cuál os gusta más incluimos dos planchas en ambos formatos (se amplían al pinchar en ellas).

Curiosamente, de este álbum se ha editado por Bruno Graff una tercera versión, de lujo, con las siguientes características:
– Edición limitada a 300 ejemplares 
– Nuevas ilustraciones de portada (abajo) y contraportada
24 páginas adicionales en color no publicadas previamente
96 páginas en blanco y negro con el story-board y las planchas entintadas 
– La historia en color publicada en el álbum de Glénat 
– Un ex libris firmado por Anthony Jean

Eso sí, al módico precio de 109,00€ …

NOTAS:

  • -1-  Muy al contrario de lo ocurrido en sus inicios, sus primeras obras, como se ha comentado en la reseña anterior, para  El Coloso Negro.
  • -2- Sin duda, Farnsworth Wright era consciente de su calidad, pero no llegó a encontrarle suficiente «punch» comercial hacia sus lectores, pues publicó el relato dividido en dos números de WT (mayo y junio de 1935), y en ninguno le concedió portada (previamente, parecía abonado a las portadas «picantes» de Margaret Brundage).
  • -3- Fichas en Wikipedia de Mathieu Gabella, y Anthony Jean, autores desconocidos en España, excepto por su obra conjunta El Unicornio, a continuación. De este último incluimos aquí un enlace a su blog, donde se recoge un reportaje fotográfico sobre la exposición de planchas del álbum en la Galería 9ºArte, así como numerosas muestras de éstas.
  • -4- El Unicornio integral, publicado en España por Ponent Mon en 2018, en base al volumen francés de 2014, que reúne los 4 álbumes previos: 1 – El último templo de Asclepios (2006), 2 – Ad Naturam (2008), 3 – Las aguas negras de Venecia (2009) y 4 – El día del bautismo (2012).
  • -5- Miller y Clark sitúan a Conan en este relato con casi 40 años y poco antes de hacerse con el trono de Aquilonia; una solución factible, teniendo en cuenta que es mercenario de sus tropas en la frontera. Pero en el esquema original de la cronología que ambos remiten a Howard y éste acepta, no aparecen los últimos relatos que escribió, algunos sin publicar en ese momento; entre ellos, El Negro desconocido, íntimamente ligado a éste, y donde se ofrece información adicional:
    • DeCamp alteró después el relato a su conveniencia y lo publicó como El Tesoro de Tranicos, en el que, sin reparo alguno para cambiar su final, utiliza dicho tesoro (que no pueden conseguir en el original) para financiar la campaña de Conan contra Numédides.
    • En El Negro desconocido queda claro que tanto Zarono como Strom conocen a Conan, como capitán pirata de la Barachas. También se indica (capítulo V) que el hundimiento del Wastrell, el barco del que es capitán (tras El Estanque del Negro), acontece tres años antes de los hechos que
      aquí se narran. Conan tiene unos 32 años cuando pierde su barco.
    • Cierta información sobre un personaje que aparece en Lobos Más allá de la Frontera (fragmento incompleto de unos hechos que suceden mientras Conan asciende al trono de Aquilonia, y Miller y Clark no llegaron a conocer) y que recuerda los hechos de Conajohara siendo un niño hace pensar que han pasado 5-6 años desde entonces.
  • -6- «Gracias al equipo editorial, Benoit, Jean-David y Patrice, por confiar en este álbum y permitirme ofrecer un nuevo corte de pelo al cimmerio más conocido del planeta».

LA DANZA DEL GOHUT | PROCESO DE REALIZACIÓN DE LA PORTADA

El pasado 26 de octubre tuve el honor de presentar en Málaga, junto a su autor y editora, una de las novelas más importantes de las publicadas durante 2018: «La Danza del Gohut», de Ferrán Varela (reseña y comentarios aquí).  Fue en ese evento donde conocí también a Manuel Gutiérrez, autor de la impactante portada que la precede y enriquece, y sus no menos impresionantes bocetos. Y supe que tenían que publicarse.  De ahí surgió el post anterior, en el que Manuel nos regaló ese avance dibujado del proceso de creación de la portada (ver aquí).  No contento, le pedí más.  El resultado: 


PROCESO DE REALIZACIÓN DE LA PORTADA DE «LA DANZA DEL GOHUT»

Por Manuel Gutiérrez

En el verano de 2018, Ediciones El Transbordador me encargó la realización de la portada de la primera novela de Ferran Varela, La danza del gohut.  En las siguientes líneas, hago un resumen del proceso de elaboración, desde su concepto a la maquetación.

Lo abstracto y la dirección.
Me enfrenté al diseño de la portada a partir de las primeras páginas de la novela. En ella hay dos momentos poderosos de la acción que Pilar Márquez, la editora, me sugirió como imágenes clave (a elección) para plasmar en la portada.
No obstante, me faltaba información sobre el mundo que Ferran había creado, de los personajes, los ambientes… Pedí estos datos y pronto tuve una perspectiva global que me permitió acercarme al universo del autor.
Pero me alejé de lo evidente y tomé otros caminos. Unas rutas no citadas en esas primeras páginas. Una senda que me enfrentaba a los personajes principales de la novela sin saber muy bien a dónde me llevarían.  Al menos ya tenía un objetivo.

Los bocetos de los bocetos.
Para centrarme en la idea y no perderme en detalles innecesarios, en esta fase suelo trabajar en un formato muy pequeño. Apenas unos 3×5 cm. donde respeto la proporción del tamaño final de la portada.
Poco a poco, con la dirección elegida y los personajes danzando en mi cabeza, me lancé a esquematizar con dibujos rápidos la esencia de lo que quería contar. En esta etapa no me pongo trabas creativas y acepto cualquier idea, por alejada que parezca en un primer momento.
El resultado para La danza del gohut fueron 38 esquemas. Bocetos arcaicos que ya hablaban el idioma que quería transmitir y que, sin estar reflejados literalmente en la novela, eran trozos de ella. O lo que es lo mismo, el germen del nacimiento de los verdaderos bocetos.

Los bocetos.
Comencé la fase de selección y eliminé aquellos que no pasaban un filtro autoimpuesto de contenido, forma y coherencia.  Me quedé con 9.
Con la selección hecha, aumenté el tamaño de estos bocetos a un formato A5. Sobre la marcha, cambié todo lo que fue necesario de estos esquemas rápidos en pos de los filtros antes mencionados.
Una vez terminados, era el momento de que, tanto la editorial como el autor, dieran su opinión de los enfoques de los bocetos. No hubo muchas dudas y la elección fue rápida. El primer boceto del documento fue el elegido.

El lápiz y el falso entintado.
Con el modelo seleccionado, empecé la documentación anatómica y realicé un lápiz muy terminado tanto en contraste como en matices. Así, evitaba la posterior fase de entintado que me suele matar la frescura de los trazos.
A pesar de todo, en la posterior etapa de edición digital, subí los contrastes para obtener un negro más intenso en aquellas partes que lo necesitaban. O lo que es lo mismo, hice un falso entintado.

El color.
Con el dibujo escaneado, limpio y editado, comencé el color digital.
En mi caso, esta parte no tiene mucho misterio ya que suelo usar paletas cromáticas muy sencillas, bastante veladas, que complementan el lápiz de fondo y dan el contraste necesario para que el mensaje sea claro.  Ya solo tocó pintar, elegir la tonalidad global y poco más.

La maquetación.
De la maquetación se encargó El transbordador. Para ello, usaron una tipografía sencilla que no competía con la ilustración y la dejaba respirar.

No me queda más que agradecer que pensaran en mí para este trabajo, fue grato de hacer, salió relativamente rápido y acabé contento con la edición. Además, la novela es una joya y las críticas están siendo excelentes.

Como curiosidad final, añadiré que me leí la novela una vez editada. Ahí fue cuando me di cuenta que la portada había dado con uno de los pilares conceptuales de la obra sin ser consciente de ello hasta terminarla. Como dice el propio Ferran: «La portada es mejor sinopsis que la sinopsis».  La mejor crítica que tendré sobre este trabajo nunca.

Posfacio
Desde que hice la portada ya no soy yo, volví a nacer con otro nombre.  Ahora soy Raíz Osada. Soy un gohut.

El Proceso del Gohut, de Manuel Gutiérrez

La danza del gohut, de Ferran Varela, es una obra que impacta.  Publicada por Ediciones El Transbordador lleva desde su aparición, semana a semana, siendo número 1 en ventas entre ediciones de género.  Algo debe tener que lo cause. Y algo podéis leer al respecto en la entrada dedicada a la obra en estas páginas (aquí) con motivo de su presentación en Málaga.

Pero en algo, también, contribuirá esa portada impactante de Manuel Gutiérrez, un artista cuyos dibujos poseen una fuerza extraordinaria.

Puede que algún día, en otro momento, podamos disfrutar la reseña de La danza del gohut acompañada de sus imágenes, los bocetos y borradores que compuso como muestras para la portada, diversas composiciones de fuerza increíble que recogen, en blanco y negro, diferentes momentos de la historia.  Por ahora, nos conformamos con  la evolución, el proceso de creación de la portada del libro, que Manuel ha cedido para que comprobemos su trabajo.  Aquí, a continuación o, ya en grande y en movimiento, picando sobre la imagen de arriba (recomendado).  Disfrutadla.